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Escritura y ensayo

Avedon 2020

30 diciembre 2019 — 6

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Se nos ha muerto 2019, vaya por dios. Ya no da tiempo a más. ¿Hacemos repaso de lo que ha pasado este año o ponemos la vista en lo que está por suceder el próximo año?

No hablo mucho de mí de manera explícita, pero de alguna forma siento que debo explicaciones, por que me consta que muchas de las personas que leen mi blog están esperando novedades, y no me refiero a estos artículos ensayo que a veces hago pasar por relatos. No, hablo de novelas. Nuevas novelas. Quiero que el último artículo del año sirva para informar y poneros los dientes largos.

Ahora mismo tengo cinco proyectos editoriales abiertos, que junto con mis hijos y mi trabajo son mis prioridades, pero tengo que compaginarlo con más vidas. Como en las tramas de mis libros, mi vida personal es complicada, aunque siempre termino por resolver todas las líneas argumentales tarde o temprano.

#1. Un reino feliz

un reino feliz - portada temporal

El proyecto más inminente es «Un reino feliz«. Una distopía extrema, que rompe con mis universos anteriores y donde me sumerjo en una historia descarnada, difícil y dramática sobre el futuro más cercano. Está ahora mismo en manos de algunos lectores selectos para ver si la quemo o intento publicarla mediante una editorial  lo largo de 2020. Se me hace un libro difícil de publicar, e incluso de leer, pero ya veremos qué ocurre, por lo menos puedo decir con satisfacción que el manuscrito ya está terminado, a falta de una buena corrección, eso sí. La portada que adjunto es temporal por supuesto.

#2. Mi siguiente proyecto ya arrancado y que verá la luz en 2020 no lo puedo poner por aquí porque va con mi nombre real. Es un ensayo sobre la tecnología y el mundo empresarial, no es muy extenso (apenas 120 páginas) y está en proceso editorial avanzado. Ya tengo editor, corrector y hasta ilustrador. Le he dedicado muchos fines de semana y por vez primera en mi vida, no tiene ficción de ningún tipo, aunque no he podido evitar meter bastante humor cínico y alguna referencia a Startrek. Es el principal culpable de que no haya podido arrancar Hijos de Brin este año como me hubiera gustado.

#3. En 2020 me he propuesto ganar algún premio literario, por que parece que si no mi currículum como autor está demasiado desierto. He logrado escribir cinco relatos nuevos que pienso presentar a unos cuantos concursos. Me da muchísima pereza, pero quizás dentro de unos meses pueda contaros algo. Sea como sea, tarde o temprano mis nuevos relatos terminarán en otro recopilatorio de relatos, junto con algunos textos de este blog.

#4. Hijos de brin

Hijos de Brin - media

No me olvido, no. Este año será el año en que termine oficialmente la saga de Brin, con la tercera y última novela: Hijos de Brin. Hay ciberpunk, distopía y también space opera, y mucha más acción que en mis anteriores novelas. El cierre de la saga está a la vuelta de la esquina, tengo toda la escaleta escrita y prometo cerrar todas las historias, incluidas las generadas por los personajes nuevos que se introducen en esta novela ¿os acordáis del hijo de Ariel de Santos? Joel Vega os va a encantar. También irá directo a la autopublicación, lo que espero me garantice que para las  navidades de 2020 esté disponible en Amazon.

#5. Brujas de Brin

¿Sabéis que al final le he cogido mucho cariño a Brin?, tanto que he decidido escribir una novela exclusivamente centrada en este mundo, es decir, escribiré una novela 100% de fantasía, eso sí, fantasía con algún toque ciberpunk. Si os gustó la magia, los dragones y la inteligencia artificial, esperad a ver «Brujas de Brin«. Espero que pueda terminarlo este año, ya que va a ser un experimento de novela corta, un «spinoff» en toda regla que romperá con los personajes de 11,4 sueños luz e iniciará otra historia muy diferente.

2021 y más

Proyectos para 2021 también tengo, pero dejad que pasen los meses y ya os iré contando. Por lo pronto ¡feliz año! y espero que podáis aprovechar las vacaciones para leer y soñar todo lo que os dejen.

Escritura y ensayo

Amigos sincericidas

28 septiembre 2019 — 1

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Hoy he invitado a Darío, un jovencísimo autor a colaborar en mi blog, tiene una interesante propuesta y una peculiar forma de expresarla. Sin más preámbulos, os dejo a solas con su prosa. Disfrutadla.

Escritura y ensayo

Pre-Ciberpunk, post-ciberpunk: al filo de la distopía.

15 julio 2019 — 4

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Soy un lector de distopías. En el sentido más amplio de la palabra, tan amplia que soy capaz de encontrar una distopía en lecturas que a otras personas ni se les pasaría por la cabeza que fuera una distopía. Para mí una distopía puede ser muy sutil o muy aparatosa. Lo que más me atrajo del ciberpunk original no fueron las luces de neón, las motos, las drogas o los implantes. No, tampoco fueron las IAs. La tecnología es la excusa para que el pavo real muestre sus plumas. La distopía que me seduce del ciberpunk es la distopía económica: un mundo donde las reglas que conocemos se aplican de manera diferente, o no existen y han sido reemplazadas por otras. Ese cambio de paradigma afecta, como las ondas de un terremoto, a toda la sociedad, y en concreto a los personajes de la historia que se relata y a cómo se relacionan. Me fascinan las relaciones de poder y la adaptabilidad del ser humano. Las Inteligencias Artificiales en el imaginario ciberpunk suelen ser una parte especialmente importante, pero la mayoría de las veces, si no siempre, estas IA trabajan para alguien o con un propósito comercial. Sí, un alguien sin nombre, al que solemos llamar megacorporación, sin rostro ni alma que decide el destino del mundo. No he encontrado demasiados referentes explícitos al germen de un mundo ciberpunk, lo que podríamos llamar pre-ciberpunk.

Por mi conocimiento del mundo de la tecnología y las empresas sé que vamos en esa dirección a marchas forzadas, pero más allá de explorar lo conocido, con sus implantes, prostitutas sintéticas y realidad virtual, yo me pregunto ¿cómo se formará la primera megacorporación?, ¿cúando?, ¿quiénes lo harán posible? Creo que tengo algunas respuestas y que no se ha escrito mucho acerca de ese tema, pero no solo para esa interesante cuestión, si no para una cuestión aún más allá: ¿qué hay después del ciberpunk?

Mis nuevos proyectos literarios: pre-ciberpunk y post-ciberpunk

Sé que algunos lectores de mis novelas «11,4 sueños luz» y «Lágrimas negras de Brin» esperan el final del ciclo con una tercera novela que cierre el destino de sus personajes. La buena noticia es que esa novela, de más de  trescientas páginas ya está escrita. La terminé allá por el año 2012, antes de escribir las novelas que la han precedido. Sé que es un poco raro, pero las cosas suceden así cuando escribes escuchando lo que te cuentan tus personajes. Tienes planes, pero hay que adaptarse a lo que sucede en tu cabeza. Ahora sólo tengo que reescribir aquella historia y arreglarla un poco, por que desde que la escribí hasta ahora he cambiado mucho como escritor. El destino de Ariel, Valerie y los miles de pasajeros de la Veluss MT2210 ya están sellados en la novela que se titulará «Hijos de Brin«, aunque como siempre, el título puede cambiar antes de que vea la luz.

La mala noticia viene ahora: antes de ponerme con Hijos de Brin, quiero terminar otra novela. Es más bien corta para lo que suelo escribir. No llega a 250 páginas y no tiene nada que ver con Brin o ese mundo. Será una novela pre-ciberpunk que perfectamente podría transcurrir mañana mismo. No hay tecnología, naves espaciales, implantes, ni siquiera una Inteligencia Artificial al uso. No existe aún nada de eso, pero sí que contiene algo presente en cualquier texto escrito por mi pluma: personajes con secretos. Mi protagonista, Mikel, es parte de la primera empresa privada del mundo con poder suficiente para defender su propio territorio, con sus propias leyes y por supuesto, sus propios ciudadanos, dedicados a defender un ideal. El ideal de una corporación por encima del orden mundial de naciones. La primera metacorporación de la historia, el germen del ciberpunk.

Esta novela, que por su temática no se podría considerar ni siquiera de ciencia ficción al uso, todavía no tiene título, aunque internamente la llamo «El reino», Espero que vea la luz a finales de 2019 o principios de 2020. Mi mundo literario va muy lento. Aunque ya está casi terminada de escribir, el proceso de revisión, corrección y publicación llevará lo suyo. Por eso y mi complicado ciclo de escritura (solo escribo durante cuatro meses al año), tengo que planificar a años vista.

Sí, planifico con mucho tiempo lo que voy a escribir, porque es la única manera de poder sacar algo coherente, tengo como tres o cuatro cadáveres en forma de novela que nunca verán la luz, y una docena de relatos cortos zombis e inconclusos, algunos son tan solo un esbozo escrito que me parece una gran idea, pero que me es imposible concretar. Es complicado terminar proyectos cuando hay otras prioridades más demandantes en la vida. Eso no impide que ya tenga pensada la que será mi siguiente novela, aunque para esa ni siquiera tengo título. Será una novela post-ciberpunk, una novela post-apocalíptica que narre los estertores de una sociedad ciberpunk extinta, agotada. Una distopía sobre el «ganador» de la batalla de las corporaciones, y un relato más parecido a «La carretera» que a Blade Runner, pero sí, con tecnología, y por supuesto… personajes con secretos. Será una distopía y a la vez una utopía, ya está bien de ver el lado malo de las cosas. Mostraré una alternativa al caos, una sociedad postciberpunk que vuelva a traer un rayo de luz a la humanidad después de tanto hedonismo y trasiego comercial de almas.

También tengo planes aún más distantes para cuando termine ese proyecto, pero ya estamos hablando de ¿tres años?, ¿cuatro años?, eso si que me parece ciencia ficción, pero Brin lo merece, algún día, si tengo la oportunidad y el tiempo, escribiré una saga completa de Brin, exclusivamente de fantasía mágica y espada, a la vieja usanza.

Tanto que escribir y tan poco tiempo…

Ciencia FiccionEscritura y ensayo

Mi primera novela

22 agosto 2018 — 12

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A menudo me pregunto porqué cuento todas estas cosas personales por internet, no nos engañemos, ni a Google ni a su SEO le importan. Tampoco es que reciba muchos comentarios en este tipo de entradas que en el fondo son un ejercicio de exhibicionismo del alma, así que he de reconocer que lo hago por mi, me gusta airearme aprovechando que escribo bajo pseudónimo. Hoy quiero hablaros de mi primera vez, concretamente de mi primera novela. Quiero contaros algo que nunca he contado a nadie antes.

Para ponernos en situación he de confesar que antes de ponerme a escribir esa novela escribí cuentos -casi todos inconclusos-, campañas de rol -especialmente AD&D- y sobre todo, comienzos de diferentes textos de alcance indeterminado, mas cortos o más largos que no llegaron nunca a nada. Creo que la mayoría de escritores tienen muchos cadáveres mutilados e incompletos en algún lugar de su historia vital. Mis únicas creaciones literarias con principio y fin de mi época adolescente fueron las cartas de amor, donde desarrollé una habilidad considerable. Pura literatura comercial, supongo. Gracias a ello me muevo ahora con soltura en el copywriting. Conservo varias cajas de aquellas cartas  aunque debo reconocer que mi estilo en aquella época no se parece en nada a mi voz actual. Todos tenemos un pasado que nos persigue y nos hace seguir caminando hacia delante.

No, no me he olvidado del tema principal: mi primera novela. Se titulaba Almas gemelas y es extremadamente mala. Mala de verdad, pero mala, mala, mala. Pero ¿importa eso?, cada hora, se escribe una novela en el planeta. En fin, me acabo de inventar ese dato, pero estoy convencido de que no andaré muy desencaminado, es bien sabido que hoy día hay casi más gente que escribe que gente que lee. Siempre tiene que haber una primera vez para todo: la primera vez que terminas un cuento, la primera vez que terminas una novela, la primera vez que publicas algo, la primera vez que un lector totalmente desconocido te dice algo de tu novela, la primera vez que recibes una crítica que te hunde durante días…

El otro día me contaron la historia de «Polla loca» de Henry Miller, una novela más bien mediocre y como años después el autor escribió la misma novela pero con la maestría que había adquirido a fuerza de golpes: «Trópico de cáncer». En mi caso, mi «Almas gemelas» sufre varios problemas irresolubles. El primero y más grave es que cuando la escribí tenía 19 años y mis referentes literarios eran el manga, La espada salvaje de Conan, y Asimov además de toneladas de cine de artes marciales de Hong Kong. No puedo presumir de una educación de calidad ni de haber tenido una juventud lectura rodeada de grandes libros. Lo mejor que leí hasta la adolescencia fue Emilio Salgari, así que no puedo decir mucho más. El segundo problema es que mi sintaxis, vocabulario y estilo eran los de alguien que no sabía ni que existieran esas distinciones sobre el oficio de escribir.

Conservo esa novela y de vez en cuando hasta leo algunos párrafos. Me sirve para comparar lo que escribo hoy día y lo que escribía hace veinticinco años. Nunca dejaré que la lea nadie, porque no exagero, es espantosa. Sin embargo esa novela se convirtió en algo muy importante para mi: es lo primero que terminé en toda mi vida por voluntad propia. La adolescencia y la juventud son una época marcada por los descubrimientos, los cambios y los impulsos. Recuerdo cuando la terminé, tras años de vaivenes y de abandonos. Estaba amaneciendo en la buhardilla donde vivía en aquel entonces y una emoción desconocida me sobrevino cuando coloqué esa pequeña palabra contundente: FIN. Estaba solo y me sentía pleno, lleno de energía y sin motivo aparente, inmensamente dichoso. En este sentido, la primera vez que haces el amor y la primera vez que terminas de escribir una novela tienen mucho en común, y con el tiempo descubres que fue bastante lamentable, pero gracias a haber comenzado el proceso, luego todo mejora hasta que el recuerdo se convierte en una postal de otra época.

Ser capaz de terminar algo es lo que te permite empezar algo nuevo. En caso contrario vivimos un ciclo marcado por la falta de decisión e incertidumbre acerca de uno mismo. Siempre que alguien que quiere ser escritor me pregunta algo le doy el mismo consejo: hagas lo que hagas, termina lo que has empezado, aunque sea una mierda. Será una medianía, como «Polla loca» de Henry Miller. Nadie recordará esa primera novela que escribiste, a no ser que sea como con Miller para poner de relevancia su progresión como escritor, pero cerrar un capítulo te permite comenzar otro,  y no hablo de literatura, hablo de etapas en la vida, de proyectos, de iniciativas vitales. Mi vida entera es un ir y venir de abrir y cerrar cosas. Y eso lo aprendí el día que terminé aquella novela mediocre que empezaba así:

La violencia es el recurso de los estúpidos y la debilidad es el recurso de los cobardes

Frank L. González «Caín», año 2174
Lema de las guerras de independencia

Sí, siempre he escrito Ciencia Ficción. Eso es algo que no ha cambiado desde que recuerdo mi primer relato, con catorce años. Algún tiempo después, escribí otra novela, que tampoco publiqué y también era bastante mala, pero ya bastante mejor que mi primera novela. Una amiga me dijo que le había gustado y que debería seguir escribiendo. Otro amigo me dijo que aunque tenía muchos fallos le había enganchado. Ellos me animaron a escribir otra novela, que me costó casi cuatro años terminar, ya que todavía no creía que mereciera la pena escribir. La llamé «11,4 sueños luz«. En ese punto estuve a punto de abandonar la escritura, porque la terminé poco convencido, casi forzado. Opté por la autopublicación porque quería saber lo antes posible si aquello que escribía valía para algo o no, no quería esperar meses o años hasta dar con una editorial.

Apenas tres semanas mas tarde de publicar «11,4 sueños luz» en Amazon, tenía las primeras críticas de lectores que no conocía de nada. Todavía las recuerdo con cariño, y gracias a ellas sigo escribiendo. Si no hubiera escrito aquella mala novela, «Almas gemelas» hoy no estaría aquí, contándoos esto. Por eso quería hablaros de ella, porque los fracasos y los comienzos son importantes. Sé que dentro de cuatro, doce o quizás veinte novelas llegará mi «Trópico de cáncer» y alguien la comparará con «11,4 sueños luz» y entonces, es cuando sonreiré en silencio, pensando en  «Almas gemelas» y su personaje liado con tres hermanas gemelas con poderes psiónicos que se esconden semidesnudas por la nave donde el protagonista hace de piloto.

Ahora mismo tengo cinco proyectos editoriales en el horizonte en diferentes estados de maduración: dos ensayos, un cuento ilustrado para niños y dos novelas, y tengo la absoluta confianza de que los terminaré y después vendrán otros. Sin gemelas semidesnudas con poderes psiónicos, espero.

Escritura y ensayo

Porqué no me gusta el fandom

16 julio 2018 — 6

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Acabo de volver del Celsius 232, una convención de fantasía y ciencia ficción, quizás la más conocida o una de las más conocidas de España. Me lo he pasado bien, pero ha supuesto un reto personal. Escribí un artículo hace años, y se lo he vuelto a decir a muchas de las personas que he conocido allí: odio a la gente.

Odio a la gente es una expresión fuerte, como las que me gusta usar, pero encierra una gran verdad. Soy una persona introvertida, a veces tímido, especialmente con las mujeres. Cuando digo odio a la gente lo digo refiriéndome a los grupos de personas, sean conocidos o desconocidos. Sólo puedo socializar cuando divido el grupo en personas individuales, y sólo me empiezo a sentir cómodo cuando hablo con una persona, a ser posible, al margen de más gente. No soporto formar parte del grupo, sea del tipo que sea. Soy individualista, como un gato. Puedo ronronearte, frotarme contigo o clavarte las uñas con cara de placer, pero disfruto siendo un yo individual, en soledad o en compañía. El fandom impide eso porque muchas personas van de partida con un grupo, un grupo cerrado y estanco, impermeable a seres como yo. El fandom es una manada, y yo soy un gato tuerto al que le mosquea las multitudes.

Mi estrategia para socializar consiste en pegarme a un grupo -suprimiendo mi instinto natural de huir- y esperar a que un tema de interés surja, encontrar a alguien que lo siga y tirarme al cuello, retóricamente hablando. Si puedo, lo acoso y aíslo del grupo para poder hablar sin intromisión. Secuestraría a la gente, pero es peligroso hacer cosas así. Suelo acortar y hacerlo más fácil tomándome dos copas, haciendo que me importe un pito estar rodeado de gente.. No obstante, Avedon siempre aparece justo antes de media noche, cuando la gente comienza a pensar en irse a dormir.

Es complicado encontrar un tema de conversación en una convención de ciencia ficción y fantasía cuando un mes antes has dicho públicamente que ya no lees ciencia ficción. No conozco a (casi) ninguno de los autores que van a dar charlas, ni siquiera conozco a la mayoría de los autores que son referencia de los autores o lectores que asisten al evento. De todas las charlas que había solo he asistido a unas pocas. Entonces…

¿porqué he ido al Celsius?

Buena pregunta.

Lo cierto es que he ido porque no hay nada que más me guste que una buena conversación con gente desconocida, y no conocía más que a un par de personas antes de ir. ¿Es contradictorio decir que odio a la gente y que me gusta mantener conversaciones profundas con personas que no conozco de nada? En absoluto. Personalizar a la gente y hablar con ellos de temas no triviales hace que dejen de ser «gente» y se conviertan en «una persona curiosa». He tenido el placer de conocer muchas personas interesantes estos días, incluso de pasar momentos memorables. No voy a nombrar a ninguno de ellos, porque soy malísimo con los nombres y si hago una lista de veinte o treinta nombres, seguro que me dejo a alguien. Ellos y ellas, personas con las que jamás hubiera iniciado una conversación sino hubiera sido de noche y con dos copas de más. A todos ellos, gracias por el placer de la conversación. Si en un momento dado me viste acoplado en tu grupo y no sabías quien coño era yo, lo siento, se me da fatal romper el hielo así que en situaciones así me dejo llevar y sigo la corriente, sobre todo cuando me sumo a un grupo donde no conozco a nadie, y esto me pasó varias veces. Es curioso como los autores más consagrados del Celsius llevan mejor que se acople un desconocido que los visitantes más jóvenes, que conste que alguno ha ganado un lector.

Una de esas personas que conocí me dijo por twitter que le daba miedo mi foto. La que puse en Twitter justo antes de ir al Celsius. Bien, más miedo me da a mi enfrentarme a la gente, me parece bien que sea mutuo… para eso está el cara a cara, para quitarnos un poco las máscaras y dejar de darnos miedo.

Cuanto más conozco a la gente, más me gusta.

Todo lo que escribo está basado en personas que he conocido alguna vez en mi vida. Alguna vez he conocido a alguien que tenía un poco de Valerie, o de Ariel de Santos, quizás de Carlos, o de Joanne y gracias a las personas que he conocido en estos cinco días, podré escribir mucho mejor mis próximas historias. Todos, ellos y ellas formarán parte de mí para siempre. Formaréis parte de Mikel, Mona o los próximos personajes que crecen en mi interior. Estos días me he sentido alegre, fascinado, triste, excitado, provocado, hastiado y hasta enamorado. Ha sido gracias a ellos. Los desconocidos y desconocidas que he conocido por primera y quizás última vez. Merecía la pena el esfuerzo titánico de sonreír e intentar romper el silencio, de intentar abrir las toneladas de acero que recubren mi verdadera personalidad, mostrar aunque solo fuera por un instante, una pequeña rendijita de mi yo verdadero.

De hecho, hubo quien se llegó a intrigar por saber quién demonios era realmente Nicholas Avedon de verdad. Debo decir que fue divertido mantener la intriga. Un nombre no es nunca nada especial después de todo, pero la magia de las palabras y los significados es bastante real, sobre todo cuando eres escritor. No lo saben, pero debo confesar que hasta tenía un DNI falso en mi cartera por si se daba la eventualidad que se hacían con ella.

Sé que muchas personas, como yo estaban en mi misma situación y se acorazaban tras su pila de libros, detrás de sus autores favoritos, o ocultos en su grupo de amantes de género o quizás en los amigos de sus propias redes sociales. A los que se dejaron conocer, gracias de todo corazón. Todos vosotros y vosotras habéis hecho que sienta que merece la pena vivir una experiencia así. No suelo hablar utilizando palabras que aludan al género masculino y al femenino de forma específica, pero no creo en la gente, creo en las personas, y cuando escribo pienso en vuestros rostros y en lo que compartimos no puedo ser genérico.

Es posible que no repita. Es mejor mantener en el recuerdo las cosas que sabes que jamás volverán a ocurrir. Sé que volveré a encontrar a muchas de esas personas en otro momento, en otro lugar. Y será especial, porque será inesperado, porque será… otra historia.

Escritura y ensayoFicción personal

Mi voz

1 julio 2018 — 18

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Por lo visto todos tenemos una. Creo que todos acabamos por ponerle un nombre, yo le puse uno hace ya mucho tiempo y no se lo he cambiado desde entonces, no sé muy bien la razón. Creo que no le hace justicia. Le llamo «el vendedor».

Es un pequeño hijo de puta insidioso que me recuerda constantemente lo patético y desgraciado que soy. Tiene la lista completa de mis cagadas e indecisiones desde que nací. A partes iguales, se regodea en mis errores o en las veces que no hice nada y me perdí algo increíble. Algunos lo llaman pepito grillo, o mala conciencia. En mi caso, mi vecino mental es lo más parecido al diablo. A veces, sus ideas se convierten en las mías. Soy un diablo encerrado en el cuerpo de una buena persona, o quizás sea al revés. El caso es que mi vendedor a veces gana, pero otras soy capaz de mandarlo de vacaciones unos días. Últimamente me está pegando una paliza, me está machacando. Durante mucho tiempo he intentado matarlo, ahogarlo o abrumarlo con evidencias. Le da igual, compartimos una virtud: somos persistentes hasta el hastío y podemos soportar cualquier castigo. Últimamente me dice que deje de escribir, así que hoy os voy a hablar de él, para que tenga también su momentito de gloria. Él por supuesto, es incapaz de construir nada, solo sabe destruir. Es muy cobarde y no piensa ni dar la cara ni saludar. Siempre se oculta cuando hablo de él o hay gente mirando. Saludadle, está aquí a mi lado, muy serio y enfadado conmigo. No le véis, pero él si os ve, vaya que si, y me dice lo que piensa de vosotros sin filtro alguno.

Mi voz nació en algún momento de mi infancia. La recuerdo susurrándome cosas terribles cuando me escondía de los demás niños. Lo que es terrible para un niño, a un adulto le parece un juego o una tontería. Pero mi voz ya era adulta cuando yo todavía era un niño. Durante un momento de mi vida fue mi único amigo, ese amigo imaginario que todos tenemos, solo que en mi caso no tenía rostro ni forma. A fin de cuentas, un niño no es capaz de ponerle rostro al diablo. La única forma de hacerle callar ha sido siempre el trabajo obsesivo, cuando me concentro el tiempo y el espacio desaparece. Así que tengo que darle gracias por otra de mis virtudes: mi capacidad obsesiva de abstracción. Soy capaz de huir del mundo mientras me concentro en algo durante horas, días o semanas. Sin pensar en otra cosa, sin apenas comer o dormir. Hace ya unos cuantos años hice que me pasaran una batería de test profesionales de personalidad y desde entonces creo fervientemente en ellos. Aprovecho para saludar a mi jefa de RRHH si me lee, que lo dudo.

Escribir para mi es otra forma de abstraerme de la realidad, a menudo lo hago de forma obsesiva. Me pongo la música al máximo de volumen y durante horas desaparezco del mundo. Mi voz no encuentra hueco y me deja un poco de respiro. También tengo otras formas de callarla. Las drogas, que descubrí en mi adolescencia. Que os voy a contar que no sepáis a estas alturas. No soy el primero que utiliza las drogas para acallar voces. En mi caso no la callo, sino que durante un rato me reconcilio con ella. Somos una, pero a fin de cuentas, desaparece y me hace sentir bien. La voz tampoco me persigue en los sueños, por eso dormir es algo que valoro casi más que cualquier otra cosa, jamás tengo pesadillas.

La voz literaria

Es algo que persiguen muchos escritores y que nadie te puede enseñar como lograrla. Quizás como pulirla, aunque lo dudo. La voz literaria es parte de uno mismo. En mi caso, mi voz literaria está ahí y lo sé. Siempre estuvo ahí, desde mi juventud, desde la primera historia que escribí ya me acompañaba, igual que acompaña el brillo de mi mirada cuando me observo en el espejo. Dicen que me brillan los ojos de una forma especial y es cierto. Pero a nadie le gustaría oír el secreto, si pudiera contarles de verdad el porqué me brillan así.

Durante años he intentado ocultarla o disfrazarla, porque dudo que a nadie le apetezca escucharla. A veces la he dejado salir por ver que pasa. Recuerdo la primera vez, hace apenas cuatro o cinco años, leyendo uno de mis cuentos en un taller literario. Es un cuento que no está publicado en mi libro de relatos porque el tema es desagradable y porque también es exquisitamente biográfico, lo mismo que diseccionar tu propio cadáver. Cuando lo leí en voz alta delante de aquella docena de desconocidos, una bruma helada invadió la estancia. Fue un acto de liberación salvaje, como pasearse desnudo en una playa llena de caníbales y tumbarse a tomar el sol en plena luna llena.

En mi libro de relatos, «Histerias ficticias», volví a dejar salir a mi voz en varias ocasiones, y después de todo este tiempo es quizás lo que más valoro de todo lo que he autopublicado. Sin duda es mi libro con menos difusión, a poca gente le interesan los relatos cortos, pero son las historias que más han calado en mí, con diferencia. Mi voz me urge a escribir más de ese tipo. El problema es que cuando la dejo escribir, toma el control de mí. No sé si merece la pena, pero por otro lado, creo que es lo único importante que tengo que aportar a mis letras. Todo lo demás ya está escrito de una forma u otra. Envidio a esos escritores que buscan su voz y que se limitan a escribir historias con más o menos acierto. Yo debo proteger a mis personajes y a mi lector de ella, no sea que se acerque demasiado a sus almas y de repente descubran quién está al otro lado.

Hediondo, infecto, contaminado, original

Poco después de publicar «Histerias ficticias«, Coral Carracedo, una conocida bloguera literaria, se tomó la molestia de escribir una reseña de mi libro de relatos, y he de reconocer que mi voz, por primer vez en mucho tiempo me hizo sentir algo bueno: orgullo. Os resumo visualmente la reseña, con una foto de los apuntes de Coral:

mi voz literaria

Supongo que a cualquiera que escuchara palabras como contaminado, inmundo, malvado, decadente, pervertido, sórdido o desasosiego en una opinión de su libro no le sentarían muy bien. Yo sentí que por una vez en mi vida, mi voz valía para algo.

Ahora que ha tenido su momento de gloria espero que me deje en paz una temporada. Sacaré a pasearla, escondida entre mis renglones de vez en cuando. Sé que mi voz no morirá hasta que yo lo haga y no existen metáforas para esto. Vivirá dentro de mí toda la vida, susurrándome ácido al oído y transformando las sonrisas de la gente en algo sin nombre. Si pudiera la mataría aunque no volviera a escribir una sola palabra en toda mi vida. Pero no puedo.

Por eso escribo.

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Escritura y ensayoFicción personal

El ciberpunk ha muerto (y yo con él)

9 junio 2018 — 30

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Voy a dejar de engañaros: llevo años sin leer ciencia ficción, y la poca que leo intento seleccionarla mucho, movido por la necesidad de tener ideas para mis artículos de blog, ¿pero para qué seguir pretendiendo lo que no es? Ha llovido mucho desde que la ciencia ficción hacía algo más que entretenerme.

En dos años habré leído unos noventa libros y no llegan a una decena las obras de ciencia ficción de esa escueta lista. La mitad de esas obras de C/F ni siquiera me han gustado, y las que lo han hecho han llegado solo a la categoría de entretenimiento, con dosis de buenos ratos.

Hace poco una buena amiga, amante de la ciencia ficción y sobre todo, de la lectura, me pidió que le recomendara libros de ciencia ficción y me costó lo mío elaborar una buena lista. Incluso -vergüenza debería darme- le recomendé algunos que ni siquiera he leído pero que sabía que le gustarían. Esta esa lista final, estaban Palahniuk, Amis, Updike, Welsh, Houllebecq, Morgan, Corey.

En las recomendaciones, estaban casi todos los libros que he leído últimamente, clásicos mezclados con libros de la década pasada. Así que me quitaré la máscara: no, no soy un escritor ciberpunk. Es más, no pienso volver a leer ciberpunk, pese a que GIbson me siga gustando. Sí, es un autor irrepetible, al que por cierto, no le gustaba la ciencia ficción ni la tecnología.

Voy a dejar de hablar de ciberpunk en mi blog, y de cosas que no sean totalmente personales. Que le den por culo al SEO. Mi blog no será una iniciativa de marketing para encontrar lectores y voy a convertirlo en lo que debió ser desde el principio: un escaparate donde tender mi alma, húmeda de malos pensamientos.

De todo lo que he escrito y he colgado publicado sólo hay un par de relatos que muestran realmente el tipo de escritor que quiero ser, y a poca gente le han llamado la atención. En ninguno de ellos había ciencia ficción, tal vez algo de fantasía gótica, pero nada más. Es cierto que en mis novelas hay algo de eso que creo que me caracteriza. Alguien dijo de mí una vez que soy un escritor lleno de nostalgia y cierta amargura y me gustó. Sin embargo, en mis novelas esas pequeñas dosis de mi verdadera voz se ven devoradas por la trama y por los efectos especiales. Lo que más odio de los lectores de ciencia ficción es que se obsesionen con los detalles y la plausibilidad de los futuribles que me invento. No, no, no y no. Yo no escribo para eso, yo escribo porque lo necesito. Necesito vivir en mis personajes, y las historias que los justifican me dan bastante igual. Lo importante son ellos y sus vidas: lo que les seduce, sus esperanzas y sus lamentos, sus decisiones erróneas tomadas en un arranque de pasión absurda. Sus derrotas y las pérdidas que arrastran en sus vidas. Soy sus penas, más que sus alegrías, ¿a quién cojones le importa la ley de la gravedad cuando alguien quiere suicidarse y no lo hace por amor?

Quizás sea ese el problema, que me había olvidado de porqué escribo. Entretanto, despistado también por la puta gramática y el SEO. Hijos de puta. Escribir no es una ciencia ni lo será jamás. Los escritores somos un irreductible grupo de humanos que quieren ser imperfectos. Jodemos a las reglas, por detrás y por delante, aunque muramos pobres de afecto, sin abrazos, pero llenos de mordiscos.

Cuando inventé el alias de Nicholas Avedon lo hice para esconderme de los que me conocían. Al principio quería escribir lo que realmente me pedían mis vísceras, algo que no podría firmar nunca con mi nombre, algo que no es bonito de ver, pero que necesito sacar dentro. Algo que nadie que me conozca demasiado debería ver. Algunas de las cosas que escribo son biográficas, otras me gustaría que lo fueran, pero todas son parte de mí.

Con el tiempo algunas personas de mi trabajo y de mi familia se han ido enterando de mi personalidad secreta. También algunos amigos, en ocasiones por mi propia voluntad. Con el tiempo, demasiada gente sabe quien es Nicholas en el mundo real. Incluso el pobre Nicholas se ha ido encontrando gente por el camino e involuntariamente se ha fijado en lo que le decían. Nicholas, aunque no existe, es humano, y quiere el afecto y la admiración de sus lectores, y es entonces cuando Nicholas debería dejar de existir, porque su propósito siempre fue otro.

Hace apenas tres semanas estuve valorando crear otra personalidad en la red, una verdaderamente secreta, una que nadie conociera, solo para poder contar lo que de verdad quiero contar, sin topes ni barreras. Esto implica salirme de la ciencia ficción, donde casi siempre el decorado tapa a los personajes. Volver a empezar. Una vez más, mi especialidad en la vida. Renacer. También valoré dejar de escribir, pero las alternativas que me quedaban para seguir cuerdo eran demasiado complicadas. Aunque estuve a punto.

Pero luego pensé que en el fondo, muchas de esas personas de mi familia o de mi oficina, no se tomarán la molestia de leer lo que escribo hasta el final. Cuando escribes y alguien compra tu libro por amistad o cercanía, suelen quedarse en la contraportada, leen un par de páginas y lo dejan. No creo que lean esta entrada en el blog. Pero si lo hacen, quedan avisadas. A partir de ahora, voy a ser yo, y si no os gusta, me alegro. Cuando estéis conmigo en una reunión, o cenando en grupo, por favor, no habléis de lo que os ha contado Avedon en el blog. Avedon no quiere discutirlo con vosotros. Avedon no os conoce, no sabe que le leéis, así que sed discretas. Y si de verdad queréis decirme algo, no reveléis vuestra identidad. A este juego podemos jugar todos. Avedon es capaz de sentir y contar cosas que mi yo real jamás podría.

Por otro lado Avedon ha conocido a gente fantástica en la red y me jode perder ese vínculo. Muchos de ellas, ni siquiera son lectoras de ciencia ficción. Hablo en femenino porque una mayoría abrumadora de la gente que me lee son mujeres. Y por qué no decirlo: siempre he escrito más para mujeres que para hombres, por muchos motivos que no vienen al caso ahora. Esto da para otro artículo y para que me crucifiquen a partes iguales misóginos y feministas. Ese tema será bueno, porque todo el mundo me odiará. Ese es Avedon, un mirón que nunca participa. Sólo observa y aprende. Nunca juego en equipo y creedme que tengo muchas que contar, llevo la vida entera observando sin hacerme notar.

Durante el último año se me olvidó una cosa muy importante. Para escribir bien hay que estar dispuesto a caer mal, ser incómodo y que la gente que creía que te conocía te mire de otra manera, pero yo no escribo porque quiera ganar dinero vendiendo libros o ser famoso. Yo escribo porque necesito escribir. Yo escribo porque estoy muy jodido y necesito escribir.

Queda muy bonita esta frase de «necesito escribir», pero poca gente la entiende de verdad. No es una suerte, es una maldición. Para Poe lo era, como para muchos otros, pero yo soy más listo. Antes de llegar aquí he fabricado una vida que me funciona, al menos de momento. Nada es eterno, y soy muy consciente de esa cuenta atrás. A partir de ahora, voy a dejarme de gilipolleces, y voy a poner encima de la mesa mis vísceras. Si crees que me conoces, mejor deja de leer, igual te decepciono.  Y si no lo hago me da igual Mi lector no eres tú, mi lector es el que no me conoce de nada y le pica la curiosidad. Una curiosidad que no es sana. Ese soy yo.

Olvidad el ciberpunk y la ciencia ficción.

Llega la vida. La muerte. Y lo que hay entre medias.

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Cómo y dónde escribí «Lagrimas negras de Brin»

15 abril 2018 — 6

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Acababa de publicar 11,4 sueños luz y ya tenía casi completo el boceto de la continuación. Venía de viaje desde Logroño (La rioja) y mientras atravesaba los campos de trigo de Burgos aterrizó en mi una idea poderosa. La  culpable, sin duda, fue la música. Yo quería escribir una continuación normal y corriente, pero algo húmedo, mágico y rítmico se interpuso en el camino. Durante esas cuatro horas de coche con la música atronando sin parar, mi cabeza saltó de una idea a otra. Cuando llegué a Madrid tenía la idea de una nueva novela que estaría relacionada con 11,4 sueños luz, pero que no sería una continuación al uso. Sería una novela que se podría leer suelta, sin necesidad de haber leído la anterior, y a la vez, si alguien terminaba 11,4 sueños luz y se ponía con Lágrimas negras, se encontraría con unos personajes inesperados, y tendría un momento de confusión y descubrimiento, para dar después lugar al puro placer de descubrir mas de lo que esperaba encontrar. Una novela de las que me gustan a mí, de 500 páginas. Quiero contaros algo más acerca del proceso creativo, algunos detalles sobre donde la escribí y cómo la escribí.

Donde escribí Lágrimas negras de Brin

Cada vez que viajo se me ocurre una idea, una historia. A veces es una historia corta, a veces una novela, y si estoy entre medias, es una mejora de la historia que tengo en la cabeza. Por desgracia viajo bastante más de lo que me gustaría, por temas personales o por temas laborales. Además no suelo poder elegir destino, con lo que mis viajes son una parte importante de la historia que estoy escribiendo, pues me transmiten un sentimiento que no puedo evitar dejar pasar a las letras. Estos son algunos de los lugares donde escribí una parte esencial de la historia, lo que no quita que la novela tenga escenas ambientadas gracias a lugares como Barcelona, Niza o Bilbao, entre otros.

Primera parada: Tokio

Es la segunda vez que iba por trabajo a Tokio, y es una ciudad de la que apenas recuerdo más que de noche. Espectacular, inmensa, infinita. Oleadas de metal, cristal y cemento negro. Cuando uno va por trabajo al lugar donde más se trabaja del planeta, es normal que no vea el día. Aquí concebí grandes esquemas del libro, especialmente la parte de una de las metacorporaciones, esencial para la historia y el ambiente necesario para recrear la parte corporativa donde transcurre parte del arranque. Sin duda, fue mi inspiración para los conceptos de Inteligencia Artificial. Hablé mucho de ello en twitter y en Instagram. Recuerdo especialmente una noche a las dos de la mañana, escribiendo en mi pequeño portátil y observando la marea de edificios alejándose por el horizonte, en la mas absoluta soledad que podáis imaginar, a miles de kilómetros de casa. Esa sensación creo que se transmitió a la novela en uno de los personajes, esencial para la existencia de Brin. La foto es de ese momento en concreto.

Segunda parada: Estocolmo

Aunque fue un viaje breve, me dejó muy mal sabor de boca. La soledad plagada de grandes ventanales y la individualidad de aquella sociedad me vino muy bien para trabajar el ambiente que quería recrear en otro de los escenarios clave de mi nueva novela y uno de mis nuevos personajes. Imaginé al personaje que da vida a Alanna en aquellas calles, atestadas pero vacías. En una sociedad hiperbólica, civilizada y cínica hasta forzar una soledad atroz e invisible. Un lugar perfecto para animar a miles de personas a querer huir del planeta en busca de una vida mejor en otro sistema solar.

Tercera parada: Amsterdam

No hay que leer mucho de la segunda parte de Lágrimas negras de Brin para darse cuenta de donde está ambientada la ciudad perdida y sus personajes. Utilicé Rotterdam por los túneles de metro, pero mi imagen estaba puesta en las luces de Amsterdam y su contraste entre civilización y decadencia. Una ciudad para perderse hacia dentro. Pobre Valerie.

CUARTA parada: LUXEMBURGO

Ya estaba escribiendo los compases finales, y aquel escenario me resultó útil para dar el toque perfecto de civilización comprimida, casi de juguete o cuento de hadas. El diminuto salón del hotel donde estaba y el origen extraño de todas las personas que habitaban la ciudad me situó sin problemas en la Veluss M2210, en una sociedad artificial, de la todo el mundo era inmigrante. Diferentes voces, acentos y rostros. Una simulación de civilización común, a punto de florecer a costa del esfuerzo de muchos y para el bien de unos pocos.

QUINTA parada: ESPAÑA

La parte central de la novela y la más vital la escribí en dos localizaciones: un pequeño pueblo de La Rioja, encerrada en un valle, muy cerca de Ezcaray, y un pequeño pueblo de la costa de Alicante: Villajoyosa. Mar y montaña. Muy lejos, lejísimos del ciberpunk más frío y solitario. Las maravillosas vistas del mediterráneo al amanecer me dieron las mejores escenas de Brin. Y las montañas, el frío de la piedra y el sonido de los pájaros en el verano Riojano me ayudaron a recrear la vida feliz en el Teachlagh, el bosque de Khirldan y las gentes que pueblan Brin, los deònach. Si, Brin es riojano y lo digo con mucho afecto, porque a pesar de haber nacido en Madrid, me considero más riojano que otra cosa.

Y por supuesto, Madrid. Ciudad fragmentada de infinitos barrios. Un mosaico complejo al que siempre le falta una pieza. Mi relación con Madrid es de amor-odio desde que nací aquí, y nunca podrá cambiar. Su skyline al anochecer, sus torres con reflejos de neón bajo la niebla espesa del invierno, y su inagotable vida nocturna en el Madrid antiguo y la Castellana viciosa son la inspiración perfecta para las noches heladas de Montreal donde transcurre la primera mitad de la novela, especialmente importante es la ambientación del uno de los locales donde transcurre el capítulo más largo de la historia y del que me siento especialmente orgulloso: el Dobbin. Aquí os dejo una foto de uno de los lugares que me inspiró gran parte de ese lugar imaginario e irrepetible:

 Cómo escribí Lágrimas Negras de Brin

Esto solo es revelante si eres un poco cotilla. Si te gusta husmear, como a mí, en lo mas profundo de las personas. Como todos los escritores, tengo un conjunto de manías muy particular. Debido a mis orígenes como niño precoz con la informática, tengo algunas muy especiales relacionados con la tecnología: he escrito la novela con más de diez ordenadores diferentes. Algunos de ellos sólo tienen un procesador de textos especial para escritores (Scrivener) y un Spotify, Tengo cuatro portátiles diferentes que uso según el tipo de lugar en el que estoy, o cómo quiero escribir. Algunos de ellos solo funcionan con una conexión a internet y no tienen ningún software dentro. Utilizo hasta cuatro sistemas operativos: MacOS, Windows, Linux(Fedora) y ChromeOS. Algunos de ellos tienen diez años de antigüedad. Otros son tan lentos y van tan justos que solo puedo escribir y escuchar música, ni siquiera puedo abrir el correo, es un truco que uso para no distraerme. Tres de ellos son sólo para Avedon, los otros los comparto con mi otro yo. El que madruga a diario, se pone traje y corbata cada día, peinado pulcramente con raya al lado. Ese que vive en blanco y negro para susurrárselo en sueños a Avedon, para que lo transforme todo en palabras de colores en sus historias.

Los ordenadores del otro no los suelo usar para escribir si no para todo lo demás: contestar correo, interactuar con las redes sociales, maquetar, corregir y diseñar material gráfico. Sí, tengo ordenadores sólo para escribir y ordenadores para todo lo demás. También tengo una manía que me encanta, y es que me gusta escribir en sitios diferentes, aunque sean incómodos. Me gusta escribir de noche, especialmente si me pilla el amanecer. Me gusta escribir con una copa de vino cerca, y sobre todo, me gusta escribir con frío. No puedo escribir si hace demasiado calor. Incapaz.

Y tal y como se puede ver en la foto: siempre, siempre, siempre, escribo con música. Hace poco escribí un artículo sobre la música que me había inspirado a la hora de escribir «Lágrimas negras de Brin» que puedes leer acerca de  la banda sonora de la novela.

Si tienes curiosidad y me quieres preguntar algo más, estaré mas que encantado de responder, por aquí, en los comentarios, en privado por email o través de Twitter/Facebook/Instagram.

Inmortalidad y libertad absoluta, sin límite.
480 páginas. Disponible en papel y eBook

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El presente ya es el futuro ciberpunk

18 marzo 2018 — 19

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La mayoría de los que disfrutamos la ciencia ficción lo hacemos también leyendo periódicos de actualidad. Me encantan los planes de viajes a Marte, las predicciones sobre la capacidad de los ordenadores de hacer tal o cual cosa dentro de cinco años o como serán las ciudades del futuro. Hablé de ello en mi artículo sobre como «inventar el futuro» pero tras la charla con un amigo mio economista con dos copas en un bar con muy poca luz, me gustaría tener la oportunidad de elaborar un poco más ese presente futuro ciberpunk que no espera al otro lado de la esquina. Algunos lo llaman futuro inmediato, y yo digo que ya lo estamos viviendo, aunque mucha gente aun no sea consciente del todo.  Otros sin embargo aseguran que han nacido ya en esa realidad, y que nuestro día a día y nuestro pasado feliz, es una utopía del cine y la literatura.

Como me gusta hacer, primero voy a hablar de aquellas cosas de las que algunas personas hablan entusiasmadas, como parte de ese procedo de futuro que dicen que ya está aquí. Yo creo, sin embargo, que nos están intentando vender una moto. Lo importante no es la moto en sí, si no que nos la están intentando colar.

El neurolink

Este quizás sea la tecnología más importante del género ciberpunk. La interfaz definitiva entre el hombre y la máquina. Es un clásico desde la publicación de Neuromante, e incluso aparece en alguno de los cuentos anteriores de Gibson. Ahora, Elon Musk, que parece la reencarnación de Tony Stark en el mundo real, nos deleita con otro titular: «Neuralink, la empresa que permitirá conectar tu cerebro con el ordenador» (aunque una visita a neurolink.com me dirige a neuralink.com con una web que parece sacada de una película de misterio…. WOW)

Esto es lo más parecido que tenemos al neurolink. Aun nos queda ¿verdad?

Este invento no lo veo: ni en cinco años ni en quince. Llevo siguiendo este tema desde hace dos décadas y los progresos son ínfimos. El problema sigue siendo el mismo: sabemos muy poco de como funciona el cerebro ¿como pretendemos hacer una interfaz completa, siendo capaces de reemplazar los sentidos orgánicos por una fuente digital externa generada por ordenador? Lo más avanzado que tenemos hoy día es un chip que permite emitir unos pocos pixels en el nervio óptico. Es prometedor, pero avanza muy despacio. ¿Cómo podemos pretender que el futuro esté «ya aquí»?, esta es una moto que ni tiene ruedas, ni planos de diseño ni nada de nada.

La realidad virtual inmersiva

Vaya, otro clásico ciberpunk. Os prometo que en mi día a día no hablo siempre de los mismos temas, solo en mi blog. Cuando hablo de este concepto, hablo de que haya gente que pase mas tiempo real dentro de un mundo virtual que fuera, en nuestra realidad. Gente que se pueda ganar la vida dentro de un mundo virtual, tal como menciono en «11,4 sueños luz«.  Tiene que ser algo que merezca la pena para que algunas personas prefieran vivir en él antes que el mundo físico que nos vio nacer.

realidad virtual inmersiva

He conocido de primera mano los avances en hardware y en software de la VR (tengo un Sony VR!), y conozco gente que trabaja en multinacionales precisamente en estos temas y la mala noticia es esta: no veremos eso en los próximos 5 o 10 años, ni de lejos. Todavía hace falta muchísimo hardware para que la experiencia, sin un Neurolink, sea inmersiva.

Colonias espaciales

Elon Musk (de nuevo!) tiene un gran plan para desembarcar en Marte allá por el 2024, con el diseño de una nave que podrás transportar hasta 100 personas directamente desde nuestro planeta, y ojo, que la nave podrá también aterrizar en cualquier cuerpo sólido del sistema solar. Solo el nombrecito del cohete dice mucho: BFR (Big Fucking Rocket) (Puto Cohete Enorme).

Los que tienen más edad y que vieron como el hombre pisaba la luna, probablemente soñaron algo parecido a lo que soñamos todos después de escuchar a Musk: ver como se establecían colonias en la Luna, y poco después, constatar que la realidad de la mayor fantasía de todo fan de la ciencia ficción se convertía poco a poco en algo cotidiano y maravilloso: el viaje espacial.

Pero la realidad es que seguimos utilizando la misma tecnología de cohete químico (algo mejorada por el software) que inventaron Von Braun y sus compañeros soviéticos. Big Fucking Rocket (100m) no deja de ser un cohete más bajito que el Saturno V que llevo a la luna a tres astronautas en el año 1969, hace la friolera de 46 años, casi medio siglo. No quiero ser agorero, porque quizás este sea el más realista de los tres (neurolink, realidad virtual y colonias espaciales), pero quizas 2024 sea una fecha poco realista. ¿Que tal 2030?

El futuro (ciberpunk) que ya está aquÍ

Ahora sí, ya llegamos. Pero me temo que no es una innovación tecnológica revolucionaria. No, no será la inteligencia artificial -de eso tengo otro artículo pendiente-, ni tampoco las drogas. ¿Ya has adivinado cuál es?

No, hoy no hablaré de la moda del futuro. Dios me libre.

Las mega-corporaciones

Evilcorp, Cyberdyne, Tyrell,Weyland-Yutani, Haselfroch, Umbrella. Llámalo X, pero todos sabemos de qué estamos hablando: de empresas mucho mas poderosas que cualquier estado del planeta. Aun no estamos ahí, porque empresas como Amazon todavía están ligadas fiscal y políticamente a un país: EEUU. Amazon es la primera empresa que empieza a asomar los dientes, creando subempresas que cada vez representan más las funciones de un estado, como la logística, seguridad, transporte, distribución y en próximos años veremos sin duda, seguridad social, seguros y planes de pensiones y un largo etcétera, ocupándose del 100% de las necesidades de sus trabajadores.

Ese cambio, de libertades de un ciudadano, a derechos de un trabajador, lo llevamos viendo ya en varias petro-monarquías. Lo que ocurre es que aún no es llamativo porque se da en segmentos de trabajadores con pocos recursos, pero el mismo cambio está llamado a ocurrir con las élites del mundo del trabajo del primero mundo. Y creo que este cambio lo veremos mucho antes que la realidad virtual inmersiva, muchísimo antes que el neurolink y probablemente a la vez que las primeras colonias espaciales, que sin duda serán privadas y fuera de la órbita de una protección nacional. Después de todo, si Elon Musk funda una colonia en Marte ¿quien le va a impedir que cree su propio país? Sus ciudadanos no habrán nacido allí, y tendrán derechos y obligaciones para con el nuevo pais reino, pero no tendrán que responder ante una carta magna, sino ante un contrato.

Podréis pensar que tengo una imaginación poderosa, pero esto ya existe, en pequeña escala en ciudades estado dentro de países de Oriente Medio,  donde tienen ciudades protegidas, al margen de sus propios estados con leyes diferentes y mucho más liberales. También se da, en menor escala en plataformas petrolíferas, y por supuesto, lo hemos visto en el cine, en peliculones como «Atmósfera cero«.

La democracia se agota, por la propia naturaleza de la tecnología que hace innecesaria la burocracia e incluso la ley. ¿Y quien domina la tecnología?, el que es capaz de aglutinar recursos y talento. Los impedimentos por importar talento de los gobiernos y sus políticas restrictivas de inmigración, provocarán que grandes empresas tarde o temprano, funden zonas francas, seguras y totalmente controladas por ellos para que sus trabajadores y su familia no tengan que preocuparse de absolutamente nada. Vivir en los nuevas ciudades gobernadas por las mega-corporaciones será vivir en un estado totalmente liberal, sin control por parte de un estado, tan solo bajo las reglas de una empresa privada. Una visión pervertida del capitalismo, donde el estado regulador no existe. La pesadilla del liberalismo absoluto.

Imaginaos el precio del alquiler en las grandes torres…

Este concepto es la esencia de ciberpunk, más allá de las fluorescencias tecnológicas y los personajes atormentados. Más allá de los implantes y las drogas. Ese ciberpunk significa vivir en un mundo donde todo se compra, todo se vende, y el valor de todo se mide en dinero. Un terrible futuro que estamos destinados a vivir.

Este es el futuro que planteo en la novela que ya he empezado a escribir (aun sin título). Un futuro tan inmediato que es casi indistinguible del presente. No se trata de ciberpunk al uso, sino más bien una ucronía demasiado cercana a la realidad. Un futuro donde un personaje como Mikel, su protagonista, puede esconder sus sombras a placer, y un lugar ideal para contar un thriller. En próximas entradas os contaré más acerca de ella.

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La música de Lágrimas Negras de Brin

4 marzo 2018 — 1

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El hilo conductor de mis historias no es lógico ni argumental, si no que se parece mucho más a la textura de un ambiente particular.

Sin la música, no podría escribir. Y en función del tipo de música que escucho me sale mejor una escena íntima, una trama compleja que se desarrolla a lo largo de varios capítulos o una pequeña secuencia de acción. Todo está ahí, encerrado en la música. Los estilos son circunstanciales, me gusta prácticamente de todo. Desde Mozart o Chopin, los Chemical Brothers, o  el synthpop alternativo. Aunque quizás la música electrónica, sea el género que más domina dentro de mi universo musical. Mi lema como escritor debería ser: Sexo, drogas y música electrónica, pero tiene mala rima.

La música que me inspiró 11,4 sueños luz fue ligeramente diferente a la de Lágrimas negras, algo menos oscura y dramática, menos frenética. Otro día escribiré un artículo específico sobre la banda sonora de «11,4 sueños luz», pero hoy quería hablar de «Lágrimas negras de Brin». Especialmente de la canción principal, la que sería la canción de cabecera del trailer de la película. Sí, sueño con que algún día, alguien haga una película de mis novelas. Decir lo contrario sería estúpido.

La canción de la que hablo es de un grupo Belga, fundado en 1997 y formado por una pareja: Vive la Fête. Como no podía ser menos, cantan en francés, y la canción que he usado para inspirar el ambiente ciberpunk de Montreal, se titula «Noir desir»

Os traduzco del francés la letra de esta canción que siempre que la escucho, me pone los pelos de punta y me hace entrar directamente en el siglo XXIII, como si fuera un chute de Trank directo en vena:

 

Quiero estar sola
quédate aquí, cállate
no puedo calmarme
déjame que rabie
tengo demasiados pensamientos tristes
por eso quiero gritar
no soy feliz
y estoy furiosa como una niña

Estoy obsesionada,
estoy obsesionada...

No estoy molesta
tengo un espíritu turbio
dame un poco de tiempo
se pasará con el viento
quédate aquí, cállate
no puedo calmarme
déjame que rabie
.....

 

Me sirve para imaginar el espíritu roto de Alanna, que es la protagonista indiscutible de la primera parte de la novela. Una mujer madura y fuerte, pero que ha perdido el rumbo de su vida. Es la música que acompaña escenas como esta, que transcurre en Montreal, en Mayo de 2206:

Cuando alguien tardaba tanto, solía tener una razón. Mala. Aquella vez no fue diferente. Recibió un escueto mensaje cifrado a través de su pod: «No puedo ir. No estoy seguro de que no me estén siguiendo»
Eso fue todo. Su única fuente informada, su mejor baza. Justo en el peor momento, cuando necesitaba ayuda. Otra vez a esperar y a mendigar migajas de información mientras todo ocurría fuera de su control. Dió un sorbo a su insípido té y pensó en las veces que había jugado a ese juego. Había ganado, había perdido, y tras tanto tiempo ¿qué había cambiado? Algunas corpos habían perdido decenas de millones a causa de su trabajo. Otras habían crecido, incluso engullido las presas más débiles, usando la información que había logrado hilar. Pero ¿qué había de ella? Quería creer que seguía igual que hace treinta años, pero tenía los dientes mellados de tanto morder. Se miró sus manos, y le parecieron viejas. Ya no parecían las de la niña que recordaba, que se creía más lista que los demás. El murmullo apagado de unas risa en la calle la distrajo de sus pensamientos. Una pareja de jóvenes entró al local. Parecían de alguna tribu nueva que ya no se molestó en reconocer. Llevaban la cara tatuada con símbolos celtas y el pelo teñido con rastas azules. Los ojos de la chica brillaban con el brillo característico del trank, y uno de los chicos se pavoneó delante suya, compitiendo con el resto de la pandilla. El mundo había cambiado mucho, pero ella había cambiado más.
Mojó sus labios en el té y miró a su alrededor. La mayoría de las mesas estaban vacías, y los pocos clientes que había sentados, tenían los ojos en blanco, conectados. Pensó que podrían ahorrarse la luz del local, así no habría que verse reflejado en ningún lugar.
Por un instante, sintió el deseo de lanzar la taza contra la pared y hacerla añicos. Gritar. Volcar la mesa. Pero nada cambió, el camarero que vigilaba a los clientes la miró, expectante, por si necesitase algo más. La mesa estaría anclada al suelo, los restos de la taza serían recogidos de forma rápida y diligente por decenas de bots de limpieza del tamaño de una cucaracha y nadie levantaría la vista. El camarero activaría la alarma silenciosa que usaban para los colgados de trank y tendría una patrulla de gorilas en cinco minutos. Lo había visto demasiadas veces. El comienzo de un viaje sin retorno. No lo entendió hasta que miró hacia abajo,  y vio como su mano aferraba la taza con fuerza. Temblaba, derramando pequeñas gotas a su alrededor.

Lágrimas negras combina un mundo fantástico (Brin) con Ciberpunk de la vieja escuela, para el mundo de Brin, he utilizado otro tipo de música, mucho más vital, en este caso un buen ejemplo sería «Rock & Roll queen» de The subways:

—Vamos demasiado rápido —la expresión de Alanna se cerró, y volvió a ser la mujer dura e insondable. Miró a su alrededor y su expresión cambió de nuevo.
Miedo. Grimm podía reconocerlo, olerlo, era tan familiar como el aire.
—¿Qué pasa? —preguntó Grimm alarmado.
Pero ella no contestó. Sus labios se movieron en silencio, hasta que finalmente, murmuró algo, casi inaudible:
—Falaich do smior, am falach agad dath agus do fhìrinn.
Grimm no sintió nada, excepto unas potentes vibraciones sordas a su alrededor.
—Vuelve a casa. Rápido. Y no mires atrás —ordenó Alanna, cuyo aura se volvió débil y casi descolorida.
—Pero…
—¡¡Corre!! —chilló Alanna.

Grimm corrió tan rápido como pudo, sendero abajo, en dirección a la casa. Le hizo caso y no miró atrás a pesar de su irritante curiosidad. Ya internado en el bosque escuchó gritos en la lejanía, y un gran estruendo. A lo lejos, una nube de humo negro, presagiaba algo malo. Sin dejar de correr, llegó a su refugio. No miró atrás ni una sola vez en todo el camino, solo prestó atención a no tropezar y a correr lo mas rápido posible. Cuando llegó, jadeando, Antón le miró como si nada hubiese pasado. Nikka, seguía de pie, esperando, tal y como la recordaba. Serena y calma. Ninguno sentía nada de lo que él tenía en pecho: angustia y algo más, sin nombre. Sin embargo, sus auras vibraban con la misma tonalidad grisácea que la suya, ajenas a todo.
—Alanna se ha ido —dijo con voz seca Grimm.
—Volverá —respondió Antón mientras limpiaba una copa con un trapo, sin siquiera mirarle.
Observó a Nikka, y ella le devolvió la mirada. Definitivamente no era como Alanna, pero necesitaba compañía. Ya no quería estar solo, nunca más.

Pero en «Lágrimas negras de Brin» no solo hay escenas oscuras e introspectivas o mundos virtuales como Brin que recrean un mundo fantástico. La trama nos llevará finalmente a la nave Veluss y a vivir algunas escenas de acción que aunque transcurren a cámara lenta, llevan dinamita en cada renglón.

Aquí que he utilizado música de diferentes autores, sin duda la canción que hace que Valerie y Ariel hagan lo que tengan que hacer, es «Krack» de Soulwax. Necesitas reventar tus tímpanos para entrar en trance y volar lejos hasta poder captar el sabor de la sangre y el olor de la pólvora quemada.

La lista de canciones y escenas sería larga (son más de 90 canciones). Así que he compartido una selección pública en Spotify:

Aquí va también una selección de la música más representativa, espero que os ayude mejor a entrar en trance y que cuando leáis el capítulo titulado «Dobbin», apreciéis la sinestesia producida por la música. También aparece narrado un sueño vívido, que también se entreteje gracias a la música. Bueno, ahí va la lista.

«Noir desir»,  Vive la Fête

«Trash – Original», The whip

«Moisture«, Headman, Luca Santucci

Price of Love (Extended mix)”, Client

Raining again”, Moby

Synthetics”, Metric

Thrill”, The sounds

«Show stopper«, Peaches

«Tick of the clock«, Chromatics

«I wish I was Someone better«, Blood Red Shoes

«Use it or lose it», Vitalic, Mark Kerr

«Hydrogen«, Moon

«Rock & Roll Queen», The subways

«Alma», Teddy Bears

«Drip Drop Teardrop«, The cardigans

«Hot N Cold«, Katy Perry

«Girl like me«, Ladyhawke

«Lonely is the night«, Billy Squier

«Son of a bitch«, Civet

«Superliminal«, Deadmau5

«Got love to kill«, Juliette & The licks

«Pass them by«, Agnes Obel

«Beat the devil’s tattoo«, Black rebel motorcycle Club

«Wonderwall», Oasis

«Hate or glory«, Gesaffelstein

«Uncle Jonny», The killers

«Kingdom of rust», Doves

«The passenger«, Iggy Pop

«Left too late«, Florrie

«While your girl’s away«, The ettes

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Escritura y ensayo

Lo que se esconde detrás del escritor

10 febrero 2018 — 5

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Durante muchos años he seguido de cerca a uno de los escritores españoles underground mas conocidos. Lo que más me atraía de él era la difusa barrera entre el personaje que proyectaba y el protagonista de sus obras. Un Chinasky español, 100% actual.

Aunque su literatura no tenía nada de especial, su personaje era único e imprevisible, con una mezcla entre la ternura y la constante provocación, que bordeaba lo inaceptable hasta el punto de dejarte con ganas de más, como cuando llevas follando demasiado tiempo y sientes que necesitas terminar, como sea.

Sé que muchos otros autores, conocidos y no tan conocidos han utilizado esa técnica de proyectar sus alter-ego literarios hacia el exterior, como una extensión de su marketing personal. Lo hacía Umbral y lo hacía Poe, a su manera, porque en el XIX todavía no tenían un concepto elaborado ni una palabra para el marketing, pero aún así, Poe también lo hacía, aunque fuera de manera inconsciente. A veces me pregunto si el secreto de lo que llaman «estilo propio» no se podría explicar sencillamente como una buena y cuidada proyección de la imagen del escritor y su obra, como un perfume y su personaje, con su bufanda a juego. Coño, Umbral, sal de ya mis pensamientos.

¿Qué es real?, ¿qué es imaginación?, ¿de qué se nutre la fábrica de sueños?

Aquellos que habéis leído mi primer libro de relatos «Histerias ficticias» (digo primer porque estoy preparando otro), sabéis que hay dos cosas que me caracterizan como escritor: la búsqueda del significado de lo humano, y explorar la maldad desde otro ángulo. En mis dos novelas, «11,4 sueños luz» y «Lágrimas negras de Brin» he explorado sobre todo lo  primero, y en la última le he dedicado un poco de atención a la segunda. Pero en la novela que he comenzado a escribir, el foco está puesto en explorar la maldad hasta el fondo, aunque me deje por el camino todo lo demás.

Metido hasta la médula en una ucronía con fecha actual, mi complejo protagonista está atormentado hasta el extremo. Es alguien que expone sin querer el mal de este mundo y lo blanquea hasta el punto que uno ya no sabe lo que está bien y lo que está mal. Entremezclado con una textura grumosa, el sabor amargo se confunde con el dulce, pero no se puede dejar de comer y de tragar, así que es imposible saber qué estas comiendo. Así es mi nueva novela. Comida basura para ese trozo de tu alma que nació para tentarte. Esa parte de la que reniegas, de la que confías que no exista, pero esta ahí, siempre ha estado ahí. Como uno de mis relatos de «Histerias ficticias» pero enroscado en una larga serpiente de nudos.

Fuente: https://therealbenhopper.com

Pero me da un poco de miedo, porque… ¿de dónde salen esas ideas?, ¿de dónde surge la oscuridad de mis personajes? Empecé a escribir con pseudónimo porque no quería que la gente asociara el universo de mis letras con mi yo del mundo real. Pero cuando más escribo, más se difuminan las fronteras y cada día que pasa, Avedon se adueña un poco más de mí, hasta el punto que no quiero que Nicholas se vaya a dormir. Ya no sé donde está la barrera, y si yo no lo sé… tú tampoco lo sabrás.

Tengo miedo de que esto vaya a más. Quizás una día despierte y me de cuenta de que soy otro personaje, atrapado en una historia. Pero, ¿no somos acaso parte de una historia de la que no conocemos el final?, ¿somos un personaje secundario?, ¿el antagonista? Tengo la sensación de que hay un final escrito para mí, y no es el que imagino, y de que el cabrón que ha escrito mi destino, es de los que juegan con las palabras para despistar. Le gustan las sorpresas, como a mí. Espero que por lo menos le gusten los finales felices.

Aunque igual, yo soy el malo de la historia, pero entonces… ¿cómo es un final feliz para el personaje chungo de la historia?

CiberpunkEscritura y ensayo

La generación whatsapp

6 diciembre 2017 — 12

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El otro día estuve  cenando con unos amigos de mi quinta, esto es, nacidos a mediados de los años 70. En el mismo restaurante, había un grupo de cuatro chavales que llamó la atención de mis compañeros de mesa, parecían el perfecto ejemplo de la generación whatsapp. Les hice una foto aprovechando que ignoraban nuestra molesta presencia, ya que animados por el alcohol dábamos voces y nos reíamos como se debe hacer en estos casos de encuentro entre amiguetes.

generacion whatsapp

Supongo que a estas alturas nos hemos acostumbrado  a contemplar el mismo panorama en parques, bares y todo de tipo de soportales y plazas. El que más o el que menos hará referencia a que ya no juegan al balón, ni siquiera comen pipas o lo peor: que ni hablan entre sí. Vamos, que las nuevas generaciones ya no se relacionan, ni siquiera se pillan una borrachera en un botellón como hacíamos a su edad. La conversación suele degenerar en un: «a donde vamos a ir a parar con la generación whatsapp». Luego, en función del grupo con el que estés charlando, pueden surgir temas como el descenso de la natalidad, las  malditas redes sociales, o que si el sobrino de tal o el hijo de cual se pasa el día sin salir de casa, jugando a la videoconsola y pegado a internet. No intentes explicarles lo que es un Youtuber, a que se dedican las chicas que se pasan el día enseñando su cara en Twitch o el rollo de los e-sports. En el mejor de los casos te dirán que es una moda que se pasará con el tiempo.

Lo cierto es que los chavales de la generación whatsapp o generación Z, leen (y escriben) mucho más que la mía (y si no me crees, mira el último informe PIRLS) Mi generación devoraba una televisión que ni siquiera podía elegir -por que había una oferta limitada de canales- y las únicas conversaciones que podía uno tener se circunscribían al entorno escolar y/o familiar, y si tenías suerte, al de tus actividades extraescolares. Ah, bueno sí, teníamos ese concepto abstracto de barrio, que consistía en que podías salir a la calle a jugar al balón y a tirarte piedras con los chicos de la calle de al lado, y si eras un aventurero, escaparte a las recreativas del barrio de al lado a gastarte la paga. Un planazo. Supongo que me dejo alternativas como las fiestas del pueblo (si, que soy medio riojano, ¡hostias!), los campamentos, y mis favoritas, las vecinitas. Lugares y personas donde aprender con propiedad a relacionarnos y a elaborar excelsas dotes de comunicación.

Teniendo en cuenta que España es un país que tradicionalmente ha huido como la peste de trabajar actividades de comunicación oral como las exposiciones en público, los grupos de debate, o el teatro, me sorprende la gratuidad con que mi generación (y anteriores) critican a una nueva generación que ha sabido adaptarse a los nuevos medios con envidiable celeridad. En este punto de mis disgresiones internas, aproveché para recordarle a mis amigos algo que por seguro les decían sus madres: «Niño, te vas a quedar tonto si sigues pegado todo el día al ordenador». Mi madre me lo decía casi cada día, y aquí sigo, treinta años después, pegado al ordenador, cada día mas tonto.

Yo por aquel entonces ya me tiraba mis buenas tres o cuatro horitas diarias jugando a aquel trasto infernal, como lo llamaba mi abuelo. Aquellos juegos, de la época del Spectrum y el Commodore no dejaban de ser un ingenioso arte para la auto-masturbación intelectual en solitario, y digo en solitario, porque yo siempre soñé con tener compañeros de juego con los que interactuar y compartir cosas, por supuesto, en total silencio, a través del chat. Hubiera matado por un WoW. Por aquellas fechas era un chaval tímido, retraído e inseguro de su papel en el mundo. No hablaba demasiado con los demás, entre otras razones, porque no lo veía necesario. Seguro que en eso coincidía con los cuatro chavales de aquella mesa.

Han pasado muchos años, y no me he quedado tonto, como pronosticaba mi familia. Es más, vivo de las habilidades adquiridas en aquella época de mi vida, en las que relacionarme con ordenadores me resultaba mucho más sencillo que hacerlo con las personas. De hecho, durante muchos años, me ha sido más fácil comunicarme con las personas a través de un chat que en persona. Estoy tentado de hablar más de mí, pero lo importante de esta historia no es mi propia biografía. No, lo importante son estos cuatro chavales y lo que representan.

A día de hoy, los únicos géneros literarios con salud de hierro son la novela rosa y la literatura juvenil (uno leído mayoritariamente por mujeres, y otro por adolescentes y post-adolescentes). Sí, resulta que en conjunto esos chavales de la generacion whatsapp que tienen ahora entre 14 y 20 años no solo leen más que nosotros, sino que probablemente han tenido más experiencias sexuales que nuestra generación a su edad. ¿Cómo se come esto?

Muchos se olvidan que «hacer el tonto con el móvil» implica al menos cuatro cualidades: buscar información, leer y discernir su contenido, elaborar una idea basada en esa información y plasmarla de forma escrita. La mayoría de mis compañeros de clase cuando yo tenía quince años no escribían unas líneas mas que cuando se trataba de un ejercicio de clase. No leían prensa de ningún tipo, y los que leían lo hacían bajo el amparo de sus padres o las lecturas recomendadas de profesores, o quizás, con suerte, de alguien de «fuera» del microcosmos del adolescente.

Antes para acceder a una exposición de fotografía moderna que te pusiera el culo del revés, o ibas a una exposición con tus padres o robabas libros en el VIPS, como era mi caso. Hoy día basta con abrir Pinterest y saber buscar para abrir tu mente, cómodamente sentado a una cantidad de arte visual impagable. Tampoco teníamos Goodreads para saber qué leer basados en nuestras lecturas previas, ni Spotify para encontrar grupos nuevos que se parecieran a algo que habíamos escuchado y que nos gustaba. Mi generación sigue recordando esos viejos intercambios de cintas de casette con grabaciones de mierda, como si fuera el epítome de una era: puta mierda, estamos comparando el arado al dron que siembra semillas guiado por una Inteligencia Artificial. Estamos tan ciegos que no vemos a los dueños del mañana, acomplejados por nuestras propias carencias.

La evidencia de todo esto es sencilla: hablan con quien quieren de lo que quieren, no se limitan a lo que hay, sino que expanden sus horizontes, para compartir con personas de todo el mundo, lo que de verdad les motiva. Esto no significa que no se relacionen con la gente de su alrededor, sino que  pueden elegir más opciones. Igual que con la música, no están limitados a lo que tienen en su entorno. No es que no hablen con el chico de al lado porque no quieren, es que están hablando de algo con otra persona que no está allí en ese momento. Dentro de 20 años habrá mucha menos gente en lugares públicos criticando a las nuevas generaciones, la mayoría de la gente joven probablemente esté en sus casas, relacionandose a través de la realidad virtual, sin necesidad de compartir el mismo espacio físico, y no tendrán que someterse al escrutinio arbitrario de unos cínicos cuarentones en un lugar público.

A nuestros abuelos les jubilaron los cajeros automáticos. A nosotros pronto nos jubilará una forma de comunicación que mostrará nuestra obsolescencia de manera cada vez más humillante. Nos defenderemos con uñas y dientes, diciendo que las nuevas generaciones no saben relacionarse y que no entienden como funciona de verdad el mundo. Llegará un día en que no sepamos poner una lavadora, programar un microondas o pagar un servicio en bitcoins. Y vendrá nuestro sobrino, ese mico que sólo sabía jugar con el móvil, invocará un conjuro tecnomágico y  nos dirá: «Tío, si es muy sencillo…», para después sonreírnos con una tierna condescendencia.

Ahora puedo confesarlo: yo siempre quise ser guionista de videojuegos. Lo de ser escritor es un accidente fatal, mi sueño era escribir el guión de obras de arte como HalfLife II, Red Dead Redemption o Fable III. Supongo que esto explica en parte el porqué he recreado un mundo como «El jardín de Brin» en mis novelas, o porqué soy un escritor ciberpunk.

La próxima vez que veas a cuatro chavales como los de la foto no pienses en lo que ves de ellos, sino en lo que no ves, o no sabes sobre ellos. Quizás estén componiendo una canción, aprendiendo a construir una comunidad online, ligando con una mujer casada o vendiendo droga en la darknet. Y tú pensando que están perdiendo el tiempo mientras hablas de fútbol con los colegas…

Ciencia FiccionEscritura y ensayo

Veluss m2210: una nave generacional

20 noviembre 2017 — 3

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Esta gigantesca nave generacional es la que transporta algunos de los protagonistas de «11,4 sueños luz» y de «Lágrimas negras de Brin» a su destino final, el cuarto planeta del sistema estelar Procyon (también conocida como Alpha Canis Minoris), a 11,4 años luz de la Tierra. Quizás os he desvelado uno de los secretos de mi primera novela, pero no pasa nada, tengo muchos más todavía.

La nave Veluss M2210 no está acoplada a ninguna estación espacial, si no que espera su pasaje final en uno de los puntos troyanos del sistema Tierra-Luna, el L4, cerca de la nube de Kordylewski. Construida en los astilleros de Malais Rellian, en el punto de Lagrange L2 Tierra-Luna usando material de la Luna, enviado al espacio a través de una catapulta electromagnética. Junto a sus hermanas menores, es el proyecto de ingeniería espacial más ambicioso de la raza humana. La tercera nave del proyecto Veluss es la más grande. Formada por dos toroides concéntricos y un huso central, gira sobre su eje 0,8 veces por minuto, para generar la gravedad artificial a la cara interna del toroide, donde se halla el hábitat central, con un gravedad similar a la de la Tierra. Su interior, una franja de poco más de medio kilómetro de ancho, se parece a un estrecho, largo y recto valle glacial, cuyos bordes se curvan hacia arriba y que se desvanecen en un sol y un cielo artificial, dotado de un sistema de clima controlado que incluye lluvias, viento y días nublados. El anillo interior, con algo menos de gravedad, se dedica a la agricultura. La sección central, el núcleo, sin gravedad artificial, se dedica a la producción y manufactura, allí se llevan a cabo la mayor parte de procesos industriales pesados.

Aunque ni «11,4 sueños luz» ni «Lágrimas negras» son historias que tengan como centro el viaje espacial en una nave generacional, cuarenta años de viaje entre la Tierra y su destino final dan para mucho. Así que la nave que alberga a más de 30,000 personas en su interior, tiene, como os podéis imaginar, un poco de ingeniería, aunque sea en la ficción. Gracias a películas como Interstellar o Elysium (2013) tengo algunas imágenes espectaculares para mostrar como sería su interior:

Interstellar
Elysium (Hábitat principal)
Interstellar
Interstellar (Hábitat secundario)

Sin embargo, Velus M2210 tiene un diseño singular ya que dispone de tres hábitats diferenciados:

  • Un hábitat principal (toroide), de 1300m de radio, 500m ancho, un perímetro de 8km y un área total de 4km2.
  • Un hábitat secundario (de forma cilíndrica), de 500m de radio, con un ancho de 1000m, un área de 3,14km2 y un perímetro de 3.1km.
  • El cuerpo principal de la nave (con forma de huso), con un perímetro 628m2, un volumen de 0,13km3, un área de 2,5km2, un radio de 100m y una longitud total de 4km. En uno de los extremos del huso es donde los motores iónicos impulsan la nave.

Cito las palabras de Ariel en «11,4 sueños luz» para describir su impresión la primera vez que la vio desde el espacio: Era una inmensa rueda de seis radios con una aguja larga y fina. Al acercarnos nos dimos cuenta de su inmenso tamaño.

La nave generacional Veluss M2210
Veluss M2210

Aunque no está a escala, tendría un aspecto similar a este:

La nave generacional Veluss M2210
Veluss M2210

Aquí podéis ver un vídeo completo de como sería la vida en el interior del hábitat principal:

El vídeo claro está no es mío (es de Uzi Berko), pero es lo más parecido que he encontrado. En el caso de la M2210 el cinturón sería algo más ancho de lo que aparece en el vídeo, pero el concepto es similar.

La tripulación

Además de las 30,000 almas seleccionadas por el programa Veluss, hay una carga esencial en esta nave generacional: el centenar de filántropos que cofinanciaron el proyecto Veluss y que viajan dormidos en hibernación profunda hasta llegar al destino. Ancianos que desean en los últimos años de sus vidas, ver un nuevo mundo y dejar su huella en la creación de una nueva sociedad. Ricos y poderosos en la Tierra, esperan ser de utilidad cuando se funde la colonia. Por supuesto sus identidades son secretas, y su vida está protegida por la inteligencia crítica de la nave: EME.

EME: La inteligencia crítica

Por supuesto que una nave de semejante tamaño debe tener un sistema que la controle. Para eso esta EME, la computadora central de la nave, una Inteligencia Artificial que sirve a los tripulantes. El viaje espacial es demasiado complejo para dejarlo en manos de humanos. Gracias a sus motores iónicos, acelerará poco a poco la nave hasta lograr una velocidad media de 85,000Km/sec, utilizando además la asistencia gravitatoria de algunos planetas del sistema solar, para salir a velocidad de escape de nuestro sistema. EME se encarga de todo, aunque los astrofísicos de a bordo por supuesto están informados en todo momento, y si la tripulación al mando de la nave se pusiera de acuerdo, podrían ordenarle a EME un cambio de planes… siempre que no pusiera en peligro la misión, ya que una cosa está grabada a fuego: el viaje debe terminar en Procyon-4.

Si te has quedado con curiosidad por saber más sobre el proyecto Veluss, podrías empezar leyendo el comienzo de esta historia en «11,4 sueños luz»….

Un thriller en el París del siglo XXIII

345 páginas de puro ciberpunk. Disponible en papel y eBook

CiberpunkEscritura y ensayo

Cyberpunk 2020

27 octubre 2017 — 9

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Yo tenía entonces quince añitos, y ya había experimentado antes con AD&D, ESDLA, Starwars, La llamada de Cthulhu, y estaba todavía por probar aún RuneQuest (y el mítico Traveller!). Pero aquel juego extraño, y esa portada rompedora me marcó: Cyberpunk 2020. Recuerdo perfectamente lo animal que me pareció la primera vez, muy diferente de cualquier otro, incluso de Starwars, que se suponía que era más futurista y juguetón. Pero a tenebroso, no le ganaba nadie: tecnología, implantes, drogas, armas, hackers, japos, putas y muchos, muchos cadáveres. Así, sin anestesia.

cyberpunk 2020

Hablamos de juegos de rol, de los de verdad, sin cartas, sin figuritas, sin una pantalla de ordenador. Sin mierdas. Solos tú, el master y tus compañeros con vuestra imaginación, una hoja de papel y unos dados. Los mejores momentos de mi adolescencia estuvieron ligados a esos mismos ingredientes, aunque fuera con otros formatos.

Cyberpunk 2020 es un juego de rol creado por el estadounidense Mike Pondsmith y publicado por primera vez por la editorial R. Talsorian Games en 1988. Sí, apenas cuatro años después que Neuromante, y ya recoge con una fidelidad asombrosa el mundo del sprawl de Gibson, aunque con un toque de humor negro que a mi nunca me gustó demasiado. Lo cierto es que el manual de juego era literalmente eso, un manual completo para construir mil universos alrededor de eso que llamaba Cyberpunk, y que yo, con quince años, no podía ni imaginar. Hay que recordar que en aquella época casi nadie sabía lo que era Internet y mucho menos, acceder a ella, como ocurre hoy. En esa época nos intercambiábamos mensajes a través de modems, via BBS, porque Internet no había llegado prácticamente a España, pero eso es otra historia que me guardo para otro momento. El caso, es que mi primer contacto con el ciberpunk, no fue con Neuromante, ni tampoco con Blade Runner -la ví después-, no, mi primer contacto con el Ciberpunk fue jugando al rol. Bueno, estrictamente hablando puede que fuera jugando al syndicate, pero la cronología exacta no es nada literaria.

Más o menos este era el rollo. Dos horas para preparar los personajes, una hora para que se mataran ellos solitos.

En aquella infausta época de instituto, la mayoría de mis compañeros roleros no merecían ese nombre. Su único propósito era asesinar, robar, mutilar y ganar puntos de experiencia, y daba igual el orden. Tuve mala suerte en general con mis amigotes, especialmente con el Cyberpunk 2020. Nunca entendieron la sutileza y el frágil equilibrio que reinaba en aquel universo y se dejaban deslumbrar por los neones, las drogas, y sobre todo, las armas (lo de las putas aún nos quedaba grande). En ese ambiente tan tóxico, no tenía más remedio que ser mercenario -que tampoco me disgustaba- cuando lo que a mi siempre me ha gustado es ser un mentiroso manipulador, llámalo ladrón, trilero o en el caso del Cyberpunk 2020, arreglador: amo del crimen, traficantes y contrabandista que puede entregar cualquier cosa a cambio de unos créditos. Me describe a la perfección. Ya os dije en otro post que adoraba Conan, pues bien a diferencia de lo que piensa mucha gente, Conan no era un guerrero o un mercenario, Conan era por encima de todo, un ladrón. Jugar a AD&D con un ladrón rodeado de guerreros caníbales caótico/malvado siempre terminaba con mi ladrón Legal/neutral destripado en una esquina. No me puedo quejar, peor lo llevaban los magos.

ars magica - rolemaster - traveller
Trío de ases. Si hubiera jugado a los tres, hoy no seguiría vivo.

Cyberpunk 2020 siempre fue el juego de rol donde más cómodo me moví, porque su trasfondo me parecía tan infinitamente grande y tentador que las ideas y las historias, surgían solas. Aunque no pude jugar mucho, ya que mis compañeros de juego sólo veían planes de atraco a mano armada. Yo siempre soñé con jugar hacia arriba. Trepar por las torres de las corpos y adueñarme de una. ¿Por qué no?, yo mismo construía historias, sin dados, sin master, sin compañeros. Y cuando me quise dar cuenta, no estaba jugando al rol, estaba escribiendo historias. Pero estoy adelantándome a lo que quería contar…

Pero… ¿por qué Cyberpunk 2020 y no RuneQuest, mi otro juego de rol favorito?, ¿por qué elegir cuando puedes tenerlo todo?, no, y no hablo de shadowrun, otro juego de rol ciberpunk mítico -al que no jugué-, no hablo de mezclar mis dos juegos de rol favoritos de todos los tiempos. Ciberpunk, y épica mágica. Opss… lo he vuelto a hacer, estoy hablando de cosas que no debería contar ahora, así que volveré para contaros la mejor partida de rol que he jugado en toda mi vida y que de hecho, supuso un antes y un después.

jugando al rol

Desconozco el nombre del master, era un tipo raro, como todos los que estábamos en casa de M. M era un chaval de mi edad, quince o dieciséis, no iba al instituto y se pasaba el día entero en casa o deambulando por el barrio con su hermano J.. Vivían en el centro de Madrid, y yo, un chico de la periferia estaba fascinado por aquel grado de libertad extremo. Sus padres, divorciados, bastante tenían con sobrevivir a sí mismos como para hacer un seguimiento apropiado de sus hijos, así que rodeados de gatos y cucarachas entre los platos sin fregar, experimentábamos lo mejor de una comuna, pero sin las drogas, el sexo o los remordimientos. Había chicas, pero  eran tanto o más raras que nosotros. Afortunadamente el sexo nunca estropeó aquella atmósfera. Bendita juventud.

Como os podéis imaginar aquella comuna atraía todo tipo de personajes. Todos teníamos en común algo: nuestras ganas de experimentar y crear en un lugar sin reglas. Por esa casa pasaron personas que hoy día trabajan en grandes puestos de las principales empresas de entretenimiento del mundo. Jugábamos al rol, jugábamos al ordenador, compartíamos literatura, veíamos mucho cine y sobre todo, nos dimos cuenta de que no estábamos solos. Los raros formamos una pequeña tribu, y no necesitábamos drogarnos ni aturdirnos con música a tope (aunque eso, indefectiblemente vino después). Allí descubrí Akira, Ghost in the shell y otros animes.

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Premio para el que reconozca este personaje ;)

Volvamos al master, vamos a llamarle P., que debía ser un amigo de J. No sé que habrá sido de él, posiblemente habrá terminado como director de cine o de teatro, como poco. Con él como master jugué la partida de rol que cambió mi vida. Una partida de rol donde por no haber no había ni reglas: tan solo una hoja de papel garabateada y un único dado de veinte caras. Éramos vampiros, pero también mucho más, queríamos dominar el mundo, pero no por la fuerza, sino seduciéndolo. Con él y otro compañero, exploramos nuestro interior, creando situaciones en nuestra fértil imaginación que nadie había escrito. Allí me dí cuenta de que no necesitaba ni reglas, ni épica alguna, tan sólo dejarme llevar por mi imaginación. Fui mi última partida de rol, después de eso, no necesitaba master, tan solo lápiz y papel. Allí empecé mi carrera como escritor.

En aquella escuela de magia, aprendí a desarrollar mi imaginación, aprendí a soñar ciberpunk. Entre cucarachas y gatos. Gracias M.

Escritura y ensayo

Mi primera vez

22 octubre 2017 — 4

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Hace algunos meses tuve mi primer encuentro con un grupo de lectores. Personas que se juntan en torno al mismo libro, para leerlo y comentarlo entre todos, en diferentes jornadas. Yo como lector, siempre he sido solitario, y aunque me gusta a veces comentar mis opiniones con otros lectores, siempre he creído que el vicio de la lectura debía ser algo personal e íntimo, así que imaginad mi sorpresa cuando el objeto de lectura de dicho grupo no era nada más y nada menos que… ¡11,4 sueños luz!

Como autor, mi ego estaba más que dichoso, pero no dejaba de ser una experiencia algo perturbadora para mí. El grupo además no podía estar más alejado del ciberpunk: un grupo de seminaristas de Argentina, de la archidiócesis de San Juan. Sí, habían escogido mi libro para hacer una lectura y pensé que quizás el tema ciberpunk resultaba interesante para ellos, ya que una de las características del género es la búsqueda del alma humana (a menudo a través de las máquinas). Sin embargo no busquéis religión en ninguna de las obras clásicas Cyberpunk, porque no la vais a encontrar. Quizás, lo que si está disperso, como lágrimas bajo la lluvia, es la búsqueda desgarradora de algo en que creer, una fe que ayude a sobrellevar una vida abrasada bajo el materialismo más extremo.

A través de Diego, la persona que fue mi primer contacto con ellos, conocí a través de una videoconferencia algo accidentada al resto de componentes de grupo: Gustavo, Esteban, Pablo, Gabriel, Lucas, Renzo, Fernando y Rodrigo. Al otro lado de la pantalla, estaba yo, casi de madrugada, intentando no hacer ruido para no despertar a la familia:

Las primeras cuestiones van la yugular: Me preguntan con quién me identifico, y confieso que mi personaje favorito es Joanne y su pragmatismo. Me confiesan que les costó entrar en la novela (y no son los primeros), y una pregunta curiosa, ¿por qué está ambientado en Francia siendo yo español?. Le explico que para mí Francia es la esencia de la ilustración y del verdadero significado de Europa, y como la torre Eiffel es un símbolo de todo ello (¡y aparece en la portada!). No cuento más detalles para los que todavía no habéis leído la novela, pero charlamos sobre ello. Pronto empiezan a tirar del hilo sobre la segunda parte: «Lágrimas negras de Brin» y les pongo un extracto del comienzo. Les gusta el comienzo, «mucho más vivo que 11,4» y les doy la razón. He aprendido que hay que entrar a matar desde la primera palabra, y «Lágrimas negras» lo hace, vaya que si lo hace.

Les confieso que toda la historia es una precuela de una novela que escribí hace más de diez años y preguntan por ella. Se asombran de que «escriba al revés» y les cuento toda la historia. Hasta hacen un esquema, les hablo de Joel. Se me ponen los pelos de punta por el interés que han generado mis palabras en la otra punta del mundo. Me encanta, pero podría acostumbrarme con facilidad. Les cuento cosas que no puedo poner por aquí por que desvelaría demasiado sobre mis próximos pasos y la trama. Volvemos a 11,4 sueños luz y me preguntan por la vida de los mugrosos. Esa parte les ha calado: su falta de fe y su forma de vida. Me preguntan por como será Argentina en ese mundo sin esperanza del siglo XXIII que hace que la gente se drogue para huir de la realidad. Me preguntan por qué no menciono apenas a los EEUU y les confieso que en mi futuro, no será una potencia relevante. Que la protagonista de Lágrimas negras será una canadiense y una belga. Vuelven a Joel, y les copio un pedazo de Hijos de Brin la novela que espero publicar algún día después de «Lágrimas negras», y que escribí hace más de diez años. Al releerla se me ponen los pelos de punta:

«Vamos a volver-, dijo Jerry mientras golpeaba los controles, empleando aquella extraña y perturbadora manera de utilizarlos. – Espera-, replicó Joel, evitando tocarle, aunque no estuvieran dentro del agujero de gusano. -Quiero verla. – insistió -¿A quién?- La voz de Jerry sonaba extraña, escuchándola con los oídos de nuevo. – A la Tierra. ¿Hemos venido hasta aquí no?. – Ni lo sueñes, no bajamos. Esta lleno de mierda. Joel no insistió. Esperaba ver aquella bola azul, llena de luz y vida. Pero en vez de eso sólo veía un planeta marrón, con una costra parduzca y gris que cubría casi todo. Parecía otro planeta diferente al que siempre había visto en holovídeos. Era un planea feo, Siniestro. Tenía  un cáncer, una enorme metástasis que había tomado el planeta entero. Hasta la Luna estaba infectada, por aquella marea gris de cemento, metal y basura. Sintió ganas de salir corriendo, de huir de su pasado, una vez más.»

Es fantástico, vuelve a salir el tema de la fe y me doy cuenta, de cómo en todo lo que escribo está presente la búsqueda de la humanidad, y de la fe en algo. Ellos hablan de religión y yo de la búsqueda de la transcencencia desde el nihilismo ciberpunk y el neoliberalismo salvaje. Les confieso que mi abuela era Argentina (escribo sobre ella, pinchad en el enlace) y me piden que introduzca algún personaje argentino en mi próxima novela, y se lo prometo. Me encanta hacer cosas así, mezclar referencias de la realidad en la ficción, pero ellos todavía no lo saben.

Al final la charla fue tan breve que ni yo mismo me doy cuenta de la cantidad de cosas que me hubiera gustado comentar. Lo que si sé es que en 11,4 sueños luz había algo que les hizo reflexionar y les retorció por dentro. ¡Objetivo cumplido!

La próxima vez que tenga un encuentro con un grupo de lectores de mi libro (¡y sé de buena tinta que se está organizando otro!) estaré algo mas entrenado. Aprovecho para enviar un saludo a Diego y los muchachos. Espero que tengan ganas de hincarle el diente a Lágrimas negras de Brin, porque está cada vez mas cerca…

Un thriller en el París del siglo XXIII

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Inmortalidad y libertad absoluta, sin límite.
480 páginas. Disponible en papel y eBook

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