El juego de la vida y la muerte

Una vez inventé un juego peligroso.

Escribí sobre él y le puse muchas más condiciones que la original.  No soy idiota y sé perfectamente que el juego me encontró a mí y no inventé nada, aunque mi forma de contarlo parezca muy contemporánea, pero su esencia es tan antigua como la humanidad.  Como me pasa a menudo, borré y olvidó todo aquello, pero el juego se quedó escondido entre los pliegues de algún bolsillo y se introdujo en mi interior mientras dormía. Ahora ya no puedo olvidarlo y escribe por mí. Yo no vine a esta página para hablar de él, pero él es quien quiere hablar y transmitir, reproducirse. Lo siento estimado lector, aunque intento no escribir sobre ello, lo único que puedo lograr es ralentizar el proceso. Está dentro de mí y lo va a contar, pese a que es algo que la mayoría de las personas no querrían conocer. Este texto lleva escrito cuatro años, no obstante, sé que hoy va a salir publicado por fin.

¿Crees que te conoces a ti mismo?

¿Crees que conoces a los que te rodean?

Sí, esta va a ser una de esas historias turbias que conmueven, pero en el mal sentido.

El juego empieza en terreno conocido. Te vas a morir y te dan unos meses. Pongamos seis meses, o un año. No es una urgencia, pero te vas a morir con seguridad. Quién sabe, igual hay una pandemia y presientes que nada volverá a ser lo mismo. Digamos que te despiden del trabajo y te deja tu mujer. Qué sé yo, un buen día decides leer un blog extraño que te lanza una pregunta vieja y gastada, pero que en tu contexto vital actual te hace reflexionar.

¿Qué tres cosas te gustaría hacer antes de morir? Puede que la pregunta sea vieja, pero el número varía. Tres son pocas, lo suficientemente importantes como para darte cuenta de que hay que pensar bien la respuesta. Es tu vida al fin y al cabo, quizás tres te parezcan pocas. El tres tiene un poder especial.

Ahora es cuando te ríes y piensas que ya has pasado por esto, cuando eras adolescente, o cuando te hiciste aquel viaje especial, o cuando… y entonces caes en que eso ya lo has vivido, y que quizás el mundo ya no es tan grande, que quizás las promesas que te hiciste o que te hicieron ya huelen a rancio. El polvo se acumula en las imágenes de tu cabeza, imágenes que no han cambiado desde hace años. Ya no son sueños, solo imágenes descoloridas y sin sonido.

Y entonces, esa pregunta empieza a incomodarte. Venga, juega. Imagínate que solo tu sabes que vas a morir y que el mundo sigue, como si no fueras importante. Ya no te dará tiempo a intentar alcanzar tus planes y tienes que identificar qué cosas quieres hacer antes de dejar este mundo. Pero el juego tiene una regla más: no le puedes contar a nadie que te vas a morir y por supuesto, no tienes que confesar en voz alta cuáles son esas tres cosas. Son decisiones que solo tú sabrás y nadie te juzgará por ello.

Empezamos, ¿sabes ser sincero contigo mismo?

¿Sigue siendo el tres un número pequeño?

Yo llevo años intentando escoger sabiamente. En el camino se me ha ido desmontando media casa, y todavía no he llegado a la tercera, aunque una de ellas ya la escogí hace tiempo. Es inconfesable, como comprenderéis.

Las tres respuestas únicamente son una excusa para despistarte y que bajes la guardia y que mires al espejo retrovisor y debajo de tus pies.  El tiempo se acaba y todavía no te conoces. ¿O me equivoco?, si te conoces, por qué no tienes claro que tres decisiones escogerías?, ¿tan difícil es?

Toda la vida he pensado que no tenía miedo, pero este juego me ha demostrado lo cobarde que soy. Un cobarde hábil, pero un cobarde. El tipo de cobarde que se pone una capa y un sombrero, se saca unas fotos y convence a todos, incluso a él mismo. Tengo muy buenas excusas que hacen que todo esté justificado, ¿tú las tienes?, probablemente las tengamos todos, porque ser humano está diseñado para el engaño, especialmente el engaño a uno mismo.

Hay días que me levanto y sé que tres cosas me gustaría hacer y no necesitaría un año. Tal vez una semana, quizás un mes. Quizás no tendría que alcanzarme la muerte primero, la alcanzaría yo a ella. Quizás solo una de las tres opciones, quizás incluso deshacer algo del pasado, pero eso no está al alcance de ninguna magia. El tiempo y la vida tienen una única dirección.

Pasa el tiempo y cada vez me quedan menos cosas que quiera hacer antes de morir y eso me acerca inexorablemente a la muerte. La sensación de que hay muchas cosas por vivir, pero que ninguna de ellas es realmente importante es liberadora. Dicen que el juego una vez que lo empiezas a jugar solo puede terminar de dos maneras. La primera es la que imaginas, pero no, nunca podrás completar esa trilogía de éxito. Porque cuando completes una, cambiarás de idea y será todavía mas difícil escoger las dos que te quedan.

Dicen que el juego termina cuando te mueres. Pero yo tengo una teoría sobre el sentido de la vida y sobre el que inventó este juego. Creo… que el juego solo puede terminar de una manera y que cualquier otro fin solo implica volver a empezar de nuevo.

Lo siento. Si te lo cuento, el que inventó el juego se inventará otro más perverso. Si has llegado hasta aquí, es que vas por buen camino. Sigue viviendo.

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