El autor y su obra, y por qué no debes mezclarlos

Mezclar la biografía de un autor y su obra literaria es un error, un gran error, de esos que llamamos prejuicios y que todos tenemos en mayor o menor medida.

Muchos autores juegan a lo contrario, a hacer de su vida un gran show que atraiga audiencias, un gran ejemplo es Francisco Umbral, que como sabrás escribía con pseudónimo y que hacía de su vida pública parte de su literatura, pues él mismo era un personaje de su propia ficción. Imagino que dentro de cincuenta años, cuando nadie recuerde a la persona, empezarán a redescubrir sus palabras. A él ya le dará igual, porque ya no existirá, pero a los demás nos quedará su obra. ¿Es necesario esperar a que alguien muera para poder apreciar su obra?

Todos tenemos autores que detestamos porque tenemos una imagen de ellos fija en nuestra mente: igual en su día leímos una entrevista, o vimos una foto, o nos contaron algo. Quizás sacamos conclusiones equivocadas, o quizás no, y tenemos razón y como me pasa a mí con Borges, que me parece un pedante insoportable. Me pasa mucho, y tengo que redescubrir autores tapándome la nariz y no pensando en la persona, centrándome solo en la obra.

A veces luego te llevas sorpresas y conflictos interiores salvajes, porque sí, una persona que no podrías soportar en un viaje en coche de dos horas, igual te ha fascinado durante horas al leer lo que ha escrito. Esa misma persona que no soportas en persona, cuyo aspecto te desagrada y no soportas su timbre de voz. Esa autora cuyas ideas políticas te ponen incluso violento y que consideras que es una imbécil profunda… luego va y su obra te fascina. A veces ni con esas y nunca llegas a leer lo que escribió, por eso al final muchos lectores eligen bando y escogen autores que de alguna forma se identifican con ellos.

¿Has reflexionado alguna vez sobre todas las obras que te has perdido por tus prejuicios?

En mi lista de libros prohibidos hay una historia escrita por un radical que promueve el genocidio. Después de leerlo me sentiría mucho más motivado a charlar con él e intercambiar puntos de vista, no porque me haya convencido, si no por curiosidad, ya que yo no podría crear una historia así.

De hecho, ¿no leemos para superar nuestros límites?, ¿no leemos para llegar a lugares desconocidos en nuestra mente?

Respeto a aquellos que leen siempre el mismo libro, con otro título y otro autor, pero las palabras tienen la magia de que si juntas diez palabras de diferente manera, siempre obtienes resultados muy diferentes. Un libro puede encerrar un mundo completamente diferente si eliges bien.

El poder de la voz

Con la música me pasa algo parecido. A veces me enamoro de una voz y tengo que taparme los oídos de la mente para no escuchar la letra porque dice cosas opuestas a mi forma de entender el mundo, pero la música va mucho más allá de las palabras, que no dejan de ser sonidos. La música transmite emociones, estados de ánimo y en última instancia te teletransporta a un mundo propio que igual no conocías y al que muchas veces no sabes como llegar. En ese caso las palabras son un estorbo y preferiría no haber visto una entrevista, ni entender sus letras, ojalá cantara en ruso.

Las tetas de Amaral

Cuando Amaral se lanzó a enseñar las tetas en un concierto, me forcé a pensar que aquella mujer era otra artista diferente a la que yo tengo en estima por alguna de sus canciones. Cuando Umbral se ponía gilipollas en la tele, pensaba en la belleza única de sus palabras y cuando veo a Houellebecq usar esa mirada inequívocamente podrida, pienso en su maravillosa decadencia intelectual francesa. Luego me calmo y reflexiono sobre qué fantástico sería poder compartir con ellos estos pensamientos con unas cervezas en el más allá, sin egos que proteger, sin nadie mirando.

La bula del pseudónimo

Y llegamos a donde yo quería. Qué maravilloso es poder escribir sin que mezclen prejuicios con obra. En todo este tiempo escribiendo con pseudónimo, solo me he arrepentido de no usar uno más castellano, Nicholas es demasiado guiri. Estoy seguro de que tengo algún detractor, no por mis ideas políticas, ni por mi arrogancia en persona, no, lo tengo por mi sobrenombre anglosajón y mi decadencia yanki con eso del bourbon, el country y Edgar Allan Poe y los escritores de los 50. Que no, que no, déjate de prejuicios hombre, la ciencia ficción tiene sabor inglés, igual que el fado tiene sabor portugués. Cada género tiene una forma de narrar, un color, un sabor. ¿Has escuchado alguna vez un blues en español que suene a blues?

Sufrir por placer

Imagínate que tu autor favorito es diputado del partido que odias.  Igual, esa autora que te parece tan femenina, liberal e independiente es en realidad un hombre, quizás ese autor que tanto te excita, que consideras tan sexual, es en realidad gay, o que, ese autor que te parece tan sensible, en realidad trabaja como portero en un puticlub de carretera en mitad de la autopista. Quién sabe, ¿sabes que hay autores que han escrito novelas mientras estaban en la cárcel?, ¿has pensado alguna vez realmente por qué te gusta lo que lees y por qué te repugna quien lo escribe?, ¿crees que toda la sensibilidad es similar?, ¿no crees que la inteligencia puede estar en cabezas muy diferentes a la tuya?

Al final llegué a la conclusión de que suele ser más interesante leer a la gente que no comprendes y con la que no empatizas que a la gente donde todas las piezas parecen encajar en su sitio.

Quién sabe, igual no soy como crees. Igual soy muy diferente a como supones que soy.

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