Ficción personal

Mi voz

1 julio 2018 — 18

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Ficción personal

Mi voz

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1 julio 2018 — 18

Por lo visto todos tenemos una. Creo que todos acabamos por ponerle un nombre, yo le puse uno hace ya mucho tiempo y no se lo he cambiado desde entonces, no sé muy bien la razón. Creo que no le hace justicia. Le llamo “el vendedor”.

Es un pequeño hijo de puta insidioso que me recuerda constantemente lo patético y desgraciado que soy. Tiene la lista completa de mis cagadas e indecisiones desde que nací. A partes iguales, se regodea en mis errores o en las veces que no hice nada y me perdí algo increíble. Algunos lo llaman pepito grillo, o mala conciencia. En mi caso, mi vecino mental es lo más parecido al diablo. A veces, sus ideas se convierten en las mías. Soy un diablo encerrado en el cuerpo de una buena persona, o quizás sea al revés. El caso es que mi vendedor a veces gana, pero otras soy capaz de mandarlo de vacaciones unos días. Últimamente me está pegando una paliza, me está machacando. Durante mucho tiempo he intentado matarlo, ahogarlo o abrumarlo con evidencias. Le da igual, compartimos una virtud: somos persistentes hasta el hastío y podemos soportar cualquier castigo. Últimamente me dice que deje de escribir, así que hoy os voy a hablar de él, para que tenga también su momentito de gloria. Él por supuesto, es incapaz de construir nada, solo sabe destruir. Es muy cobarde y no piensa ni dar la cara ni saludar. Siempre se oculta cuando hablo de él o hay gente mirando. Saludadle, está aquí a mi lado, muy serio y enfadado conmigo. No le véis, pero él si os ve, vaya que si, y me dice lo que piensa de vosotros sin filtro alguno.

Mi voz nació en algún momento de mi infancia. La recuerdo susurrándome cosas terribles cuando me escondía de los demás niños. Lo que es terrible para un niño, a un adulto le parece un juego o una tontería. Pero mi voz ya era adulta cuando yo todavía era un niño. Durante un momento de mi vida fue mi único amigo, ese amigo imaginario que todos tenemos, solo que en mi caso no tenía rostro ni forma. A fin de cuentas, un niño no es capaz de ponerle rostro al diablo. La única forma de hacerle callar ha sido siempre el trabajo obsesivo, cuando me concentro el tiempo y el espacio desaparece. Así que tengo que darle gracias por otra de mis virtudes: mi capacidad obsesiva de abstracción. Soy capaz de huir del mundo mientras me concentro en algo durante horas, días o semanas. Sin pensar en otra cosa, sin apenas comer o dormir. Hace ya unos cuantos años hice que me pasaran una batería de test profesionales de personalidad y desde entonces creo fervientemente en ellos. Aprovecho para saludar a mi jefa de RRHH si me lee, que lo dudo.

Escribir para mi es otra forma de abstraerme de la realidad, a menudo lo hago de forma obsesiva. Me pongo la música al máximo de volumen y durante horas desaparezco del mundo. Mi voz no encuentra hueco y me deja un poco de respiro. También tengo otras formas de callarla. Las drogas, que descubrí en mi adolescencia. Que os voy a contar que no sepáis a estas alturas. No soy el primero que utiliza las drogas para acallar voces. En mi caso no la callo, sino que durante un rato me reconcilio con ella. Somos una, pero a fin de cuentas, desaparece y me hace sentir bien. La voz tampoco me persigue en los sueños, por eso dormir es algo que valoro casi más que cualquier otra cosa, jamás tengo pesadillas.

La voz literaria

Es algo que persiguen muchos escritores y que nadie te puede enseñar como lograrla. Quizás como pulirla, aunque lo dudo. La voz literaria es parte de uno mismo. En mi caso, mi voz literaria está ahí y lo sé. Siempre estuvo ahí, desde mi juventud, desde la primera historia que escribí ya me acompañaba, igual que acompaña el brillo de mi mirada cuando me observo en el espejo. Dicen que me brillan los ojos de una forma especial y es cierto. Pero a nadie le gustaría oír el secreto, si pudiera contarles de verdad el porqué me brillan así.

Durante años he intentado ocultarla o disfrazarla, porque dudo que a nadie le apetezca escucharla. A veces la he dejado salir por ver que pasa. Recuerdo la primera vez, hace apenas cuatro o cinco años, leyendo uno de mis cuentos en un taller literario. Es un cuento que no está publicado en mi libro de relatos porque el tema es desagradable y porque también es exquisitamente biográfico, lo mismo que diseccionar tu propio cadáver. Cuando lo leí en voz alta delante de aquella docena de desconocidos, una bruma helada invadió la estancia. Fue un acto de liberación salvaje, como pasearse desnudo en una playa llena de caníbales y tumbarse a tomar el sol en plena luna llena.

En mi libro de relatos, “Histerias ficticias”, volví a dejar salir a mi voz en varias ocasiones, y después de todo este tiempo es quizás lo que más valoro de todo lo que he autopublicado. Sin duda es mi libro con menos difusión, a poca gente le interesan los relatos cortos, pero son las historias que más han calado en mí, con diferencia. Mi voz me urge a escribir más de ese tipo. El problema es que cuando la dejo escribir, toma el control de mí. No sé si merece la pena, pero por otro lado, creo que es lo único importante que tengo que aportar a mis letras. Todo lo demás ya está escrito de una forma u otra. Envidio a esos escritores que buscan su voz y que se limitan a escribir historias con más o menos acierto. Yo debo proteger a mis personajes y a mi lector de ella, no sea que se acerque demasiado a sus almas y de repente descubran quién está al otro lado.

Poco después de publicar “Histerias ficticias“, Coral Carracedo, una conocida bloguera literaria, se tomó la molestia de escribir una reseña de mi libro de relatos, y he de reconocer que mi voz, por primer vez en mucho tiempo me hizo sentir algo bueno: orgullo. Os resumo visualmente la reseña, con una foto de los apuntes de Coral:

mi voz literaria

Supongo que a cualquiera que escuchara palabras como contaminado, inmundo, malvado, decadente, pervertido, sórdido o desasosiego en una opinión de su libro no le sentarían muy bien. Yo sentí que por una vez en mi vida, mi voz valía para algo.

Ahora que ha tenido su momento de gloria espero que me deje en paz una temporada. Sacaré a pasearla, escondida entre mis renglones de vez en cuando. Sé que mi voz no morirá hasta que yo lo haga y no existen metáforas para esto. Vivirá dentro de mí toda la vida, susurrándome ácido al oído y transformando las sonrisas de la gente en algo sin nombre. Si pudiera la mataría aunque no volviera a escribir una sola palabra en toda mi vida. Pero no puedo.

Por eso escribo.

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18 comments

  • Cherokke

    2 julio 2018 at 10:25 am

    Es inevitable, todos los escritores tenemos algo dentro, al menos los que realmente empezamos a escribir de forma natural, orgánica, es “eso” que tenemos dentro, solo que a veces no es una, sino una junta entera.
    La junta decidiendo mi vida entera…
    La bestia, destrozando todo a su alrededor.
    El negociador susurrando al oído lo que tu no te atreves a pensar…

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    • Avedon

      2 julio 2018 at 10:45 pm

      No sé si es peor una sola voz que un séquito de monstruos escondido en tu nuca, transformándolo todo. Me gusta lo de “el negociador” y “la bestia”. Cherokke, te echaba de menos.

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      • Cherokke

        8 julio 2018 at 5:44 pm

        Oh deberíamos presentarlos, las voces, al Vendedor y el Negociador, y al resto de voces. Sería una velada verdaderamente interesante. Aunque no he leído el libro original de King, la película la mitad oscura siempre me pareció muy interesante, es aquella donde el escritor es en realidad un farsante pues el creador de sus libros en realidad su Alter ego, su doppelganger oscuro, os la recomiendo si tenéis oportunidad de verla, y muchas vecese pregu to si soy yo realmente el que escribe.
        Es bueno volver y ver que la calidad va en aumento y que la oscuridad sirve para crear.

        Un abrazo Herr Avedon

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        • Avedon

          9 julio 2018 at 10:18 am

          Ayer leí una frase buenisima, que se escurrió en mi cabeza desde el texto y luego no he podido encontrarla de nuevo en el libro, venia a decir algo así como “sólo se puede amar aquello que no se puede dominar”. Joder que buena. El control sólo sirve para mantener, pero no para crear. Siempre hay que mirar al otro lado para tirar adelante. Dejemos que hablen, que se insulten…. y que arda Troya.

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  • Jimmy Olano

    2 julio 2018 at 11:23 am

    Esta figura me acompañará todo el día de hoy, sobre todo por la hambruna por la que estamos pasando mi en país (ea, que la realidad SIEMPRE supera la ficción); cita textual:

    «Es un cuento que no está publicado en mi libro de relatos porque el tema es desagradable y porque también es exquisitamente biográfico, lo mismo que diseccionar tu propio cadáver. Cuando lo leí en voz alta delante de aquella docena de desconocidos, una bruma helada invadió la estancia. Fue un acto de liberación salvaje, como pasearse desnudo en una playa llena de caníbales y tumbarse a tomar el sol en plena luna llena.»

    Postdata: cuando el sol brilla en lo alto lo menos que observamos es la luna llena, pero es cierto que, a veces, está allí, quietita y a simple vista. Lo que sucede es que simplemente el astro rey con sus buenas energías se hace sentir.

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    • Avedon

      2 julio 2018 at 10:43 pm

      A veces nuestras propias metáforas vuelven, como un boomerang, y nos sacuden por la nuca. Gracias por comentar Jimmy.

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  • Justme

    3 julio 2018 at 6:53 pm

    Me ha encantado este relato y por algún motivo he sentido alivio al leerte, como si me hubieses visto por dentro en otra época. Aunque suene extraño, mi voz desde niña era la de un hombre autoritario que me despreciaba y humillaba cuando me equivocaba, recordándome una y otra vez mis errores más absurdos, ridiculizándome y minusvalorándome, como si no fuese suficiente para mí ser consciente del error que cometía. Creo que no lo sabía por aquella época, pero me habían acostumbrado a que merecía esa reprobación continua por todas las imperfecciones que me definían que incluso yo me autocastigaba por todos los debería que se esperaban de mí e incumplía.
    Un día decidí simplemente decidí que la voz debería ser la de una mujer, como mujer que soy. Y ella es completamente diferente, comprensiva y tolerante, entendía mis debilidades pero también era contundente y me alentaba a convertir el odio y el coraje de la derrota en una fuerza desbocada como reivindicación contra la opresión que limitaba mi crecimiento personal. Esa fuerza fruto de la autodestrucción sacaba lo mejor de mí, porque me enfocaba con todas mis ganas en un objetivo que me mantenía absorta de todo lo que me hacía daño.
    Y ahí es donde me he reconocido al leerte; tu lado autodestructivo te ayuda a crear, a sacar algo bueno de ti.

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    • Avedon

      3 julio 2018 at 7:06 pm

      Todos tenemos una voz, algunos quizás intentan taparla, otros igual conviven tan bien con ella que no la diferencian de su propio yo. Muchas gracias por compartir tu voz. Como me gustaría cambiar mi voz por otra… me quedo con que es posible.

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    • Cherokke

      8 julio 2018 at 8:11 am

      Todo acto de creación, es, en primer lugar un acto de destrucción.
      Está frase no es mía es de Picasso, o al menos se Le atribuie a él, al leer tu comentario no pude evitar ponerla.

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      • Avedon

        8 julio 2018 at 4:44 pm

        Siempre es más fácil destruir que construir, excepto cuando tienes que destruir lo que te ha costado tanto crear…

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        • Cherokke

          8 julio 2018 at 5:38 pm

          Solo hay dos cosas que puedes hacer con los mundos imaginarios: Crearlos y destruirlos.
          ¿No hacemos eso los escritores?
          Creamos mundos, les damos todos los detalles con mucho mimo y dedicación y luego… Repartimos destrucción a doquier, guerras, conflictos, dolor, violencia y venganzas, donde en algún momento el amor da algún destello esperanzador.
          ¿Pero, no sería muy aburrido lo contrario?

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          • Avedon

            9 julio 2018 at 10:20 am

            Los niños aprenden antes a destruir que a construir, pero alguien tiene que construir para poder destruir, eso es evidente. ¿No utilizamos piezas de un gran destrozo para construir cosas nuevas? Vaya dos nihilistas nos hemos juntado :D

  • Anónimo

    7 julio 2018 at 10:21 pm

    Te gusta diseccionar la realidad y analizar los cachitos; crítico con el mundo que te rodea. Me sorprende que siendo así, te hayas limitado todos estos años a ser un mero oyente subordinado a tu voz. Como si observases al viejo ebrio descuidado que siempre se sienta al fondo de la barra… lo criticas pero no lo conoces o, al menos, por tu descripción no lo parece… y decepciona.

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    • Avedon

      7 julio 2018 at 10:33 pm

      Avedon se ha limitado… a escribir. Mi otro yo no lo ha hecho nada mal hasta ahora, créeme. El problema del observador es antiguo, no se puede pintar y ser retratado a la vez, no funciona así. Soy de los que pintan la realidad con su paleta personal y su propia textura, no de los que pertenecen a ella, hablé un poco de eso hace tiempo: https://nicholasavedon.com/voyeur/

      Gracias por comentar y levantarme las costras de las heridas. El escozor siempre es prometedor.

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  • Lluvia Beltrán

    14 julio 2018 at 4:42 pm

    Hola, Nicholas. Creo que todos los escritores tenemos un acompañante muy parecido al tuyo, solo que muchos no quieren reconocerlo (o les avergüenza, o lo disfrazan de buenrollismo). Yo aún no le he puesto nombre, quizá porque nunca le he querido dar su protagonismo, ni reconocerlo para que no me llegue a dominar del todo. A veces lo he dejado salir, pero llevo una buena temporada en la que he conseguido contenerlo, y en cierto modo me arrepiento de ello. En los últimos días, revisando antiguos relatos para actualizar una colección que tengo disponible en Amazon, me dado cuenta de lo mucho que me complementaba esa voz infrahumana, cruel y despiadada a la que hace tiempo hacía caso. Ahora, al leer tu post, creo que hice mal en ignorarla. Es algo que ya me había planteado en mi última novela, y ahora me escuece más que nunca. Creo que debería dejar de fingir que no sigue ahí. ¿Tú qué opinas?
    Por cierto, me fascina tu post. Gracias por hablarnos de tu voz y de paso abrirnos los ojos ;-)
    Un saludo.

    Reply

    • Avedon

      15 julio 2018 at 9:27 pm

      ¡Gracias Lluvia! el caso es que no suele ser una voz agradable, pero cuando más lo pienso más estoy seguro que es la parte que necesitamos para que escribamos lo que escribamos, sea creíble y transmita algo. Yo se lo recomiendo siempre a los autores que conozco de manera más personal: deja salir que tienes dentro, es feo, pero es lo que te hace único. El proceso no es bonito, no gusta mirarse al espejo y decir: yo también soy “eso”, pero ¿realmente para qué queremos escribir?, esa es la pregunta que hay que hacerse en silencio, sin testigos.

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  • JustMe

    22 julio 2018 at 10:13 pm

    “…transformando las sonrisas de la gente en algo sin nombre”… buena metáfora. Empiezo a darme cuenta de que lo que nos muestras es una versión sutil del “ácido” que esos momentos te impulsan a escribir para comprobar reacciones, sin exponerte de verdad. No sientes que te quedas con algo dentro? Por qué un sucedáneo en lugar de la receta original con cada uno de sus ingredientes? Te proteges? Temes que nos podamos asustar?, que te juzguemos?… y qué?, a incurrir en un delito de incitación al odio?… hazla privada!, a la posibilidad de perder lectores?… o fidelizarlos.
    Unos lo exteriorizan hacia los demás y otros hacia sí mismos; es evidente en qué grupo estás, sé franco con tus lectores.

    Reply

    • Avedon

      22 julio 2018 at 11:15 pm

      No me quedo con nada dentro. No podría, por más que lo saco dentro sale siempre más. Y no se si es bueno o malo sacarlo todo porque a veces lo que lo sustituye es más potente que lo anegaba mi interior. Estoy aprendiendo a escribir, a moldear esa voz, para poner en cada personaje un trocito de mí auténtico, de verdad.

      Mi próximo personaje, Mikel tiene todo para ser repugnante… y a la vez, despertar compasión e incluso un poco de admiración. Mi voz es así. No va a asustar a nadie ni escandalizar, al fin y a cabo solo es una mas en un coro de millones de voces. Ya hemos oído todo. Pero mi voz tiene que cantar una melodía, y para eso no vale solo con chillar fuerte. Esta es una canción que requiere su modulación y tengo que aprender todavía a cantar con ella, a hacerla cantar bajo mi mando, porque aunque convivamos, a veces de forma pacífica, estamos en guerra.

      Soy todo lo franco que puedo con vosotros, a veces incluso más que conmigo mismo, te lo aseguro.

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