Lágrimas negras

Seis convulsas historias de amor en tres universos protagonizadas por aquellos que renunciaron al amor o tuvieron que inventar su propia forma de amar. Desde la ciencia ficción y bordeando la fantasía, los límites de las emociones se difuminan en torno al significado de lo humano. Puro ciberpunk en una mezcla inusual, sin adulterar.

A caballo entre la ciencia ficción, la fantasía y el thriller, descubrirás el origen de Andelain, un misterioso personaje, capaz de cambiar el destino de la nave-colonia Veluss M2210 con destino a las estrellas.

 

Con el título de “Lágrimas negras de Brin“, continúo la historia que se inició en 11,4 sueños luz, pero de una forma alternativa, dando respuesta a muchas cuestiones pendientes y ampliando la historia antes de continuarla.

Lágrimas negras se publicará A FINALES DE FEBRERO de 2018

Pendiente ya sólo de la revisión final (por manos de una tercera persona) sólo me queda maquetarla y ponerla a disposición de todos los lectores. De momento os dejo algunos avances y el fabuloso mapa del continente de Feras, en Brin, que me ha dibujado a mano la fantástica Muriel Dal Bo ;)

AVANCES


—Hay algo muy importante que me enseñaron los humanos.
—No me hagas reír ¿aún no te has desprendido de esa estupidez?, ¿todavía quieres ser como ellos?
—El odio. He aprendido a odiarme a mí mismo, como ellos.


Grimm corrió atravesando el puente sin pensar en posibles trampas. A lo lejos había unas ruinas. Las mismas ruinas que veía claramente en los últimos minutos de vida de Armand. Todo se veía rojo y negro en ellos. Dolor y rabia infinitas. Al sentirlas de nuevo en sus nuevos recuerdos, una llama oscura y roja envolvió a Grimm que comenzó a gritar a la vez que sus zancadas se hacian cada vez más largas. Aquel grito subió y subió en intensidad hasta el punto de hacerse inhumano. Su cuerpo, comenzó a volar sin que él se diera cuenta, sólo quería gritar y arrancarse aquel recuerdo de su cabeza. Su piel blanca y perfecta, y aquellos dientes delanteros pequeños y separados, asomándose a una sonrisa que aún no había despertado. Su mirada reposada y tranquila. Sangre. Gritos y su cuerpo. «Oh su cuerpo. No. No. No por favor… no» sollozaba Grimm en su interior, mientras los gritos de sus veinte almas le hacían volar hacia las ruinas como una estrella caída. Cada herida sobre aquella piel la había sentido él, durante años. Cada grito, había sido cicatrizado con otra herida.


Valerie parpadeo una sola vez, y luego, con una sonrisa inesperada que dio vida a su rostro, el tiempo se paró de nuevo. Se apartó el pelo y se acercó a Ariel. Pegó los labios a su oído y dejó que escuchara su respiración. Rozó con su mano la entrepierna de Ariel y le susurró:
—Quieres follarme, ¿verdad?


Una de las cosas que más le gustaba del Dobbin era el mind-sync que tenían. Suave y gradual, seducía y resultaba casi imposible evitar que la vibración de la música sincronizara los pensamientos de todos los oyentes, haciéndoles entrar en un trance simultáneo donde los que se dejaban seducir por la música se movían y compartían sensaciones al unísono. Su cuerpo empezó a moverse de forma rítmica, acoplando sus movimientos. Caminó, atraída por aquellas vibraciones que salían de uno de los túneles de la galería principal. Cerro los ojos y sintió la piedra arañar las yemas de sus dedos. Se dejó ir, ya que el alcohol facilitaba la fusión y caminó entre la penumbra de la galería, que le condujo a unas pequeñas escaleras de caracol descendentes. En pequeños huecos de la pared, había velas, auténticas, que dejaban un blanquecino rastro de cera sobre la piedra. Tocó la llama y se quemó. Metió el dedo en su boca después de humedecerlo en la copa. Sabía dulce. Sonrió, esa iba a ser una gran noche.


Diminutos copos de nieve morían lánguidos sobre su piel. Buceando en aquella luz oscura, sus ojos parecían líquidos. Mientras, mis dedos, quedaban atrapados en sus rizos y todos mis recuerdos se mecían, ebrios por su perfume. Toda mi vida comenzaba y terminaba ahí mismo, rodeado de niebla, oscuridad y copos de nieve calientes. Ella, yo, y nuestra piel. La música a nuestro alrededor sólo era un latido más, pero la existencia de todo lo demás era prescindible, daba igual. El tiempo no sabía cruzar aquella carretera que mis manos trepaban con habilidad. Nuestras bocas se encontraron y ya no hizo falta luz, ni música. Las yemas de nuestros dedos escucharon y se deleitaron en su viaje por nuestros caminos secundarios. … EXTRACTO DE UN SUEÑO VÍVIDO.


Las residencias de juego siempre le dieron escalofríos. Aquellos edificios estaban repletos de seres humanos que entraban pero nunca salían. La ceniza resultante de incinerar sus cuerpos se tiraba por el desagüe. Resultaba más barato y cómodo. No se engañaba, sabía que ella, algún día, también terminaría en un lugar como aquel. Una torre gigantesca bajo tierra, como un aparcamiento de larga permanencia para seres humanos que ya no quieren seguir siéndolo en la realidad.


Por un instante, sintió el deseo de lanzar la taza contra la pared y hacerla añicos. Gritar. Volcar la mesa. Pero nada cambió, el camarero que vigilaba a los clientes la miró, expectante, por si necesitase algo más. La mesa estaría anclada al suelo, los restos de la taza serían recogidos de forma rápida y diligente por decenas de bots de limpieza del tamaño de una cucaracha y nadie levantaría la vista. El camarero activaría la alarma silenciosa que usaban para los colgados de trank y tendría una patrulla de gorilas en cinco minutos. Lo había visto demasiadas veces. El comienzo de un viaje sin retorno. No lo vio hasta que miró hacia abajo, su mano aferraba la taza con fuerza. Temblaba, derramando pequeñas gotas a su alrededor.


Las instrucciones, escuetas no dejaban claro si había un tiempo definido para la prueba. La mesa, la típica mesa de estudio básica, permitía escribir con el dedo o una pluma sensorial. Carlos sacó la suya y empezó a hacer anotaciones sobre lo que leía, una costumbre adquirida en sus años de universidad. La prueba le sonó vagamente familiar, pero no supo determinar por qué. Era un acertijo lógico, y a primera vista le pareció sencillo. A partir de una serie de premisas debía ser capaz de responder a una única pregunta: tenía que averiguar cual de los cinco protagonistas del rompecabezas tenía un pez como mascota.

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