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Inteligencia Artificial: ya está aqui e igual no lo sabes

19 agosto 2016 — 5

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Inteligencia Artificial: ya está aqui e igual no lo sabes

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19 agosto 2016 — 5

Inteligencia Artificial es a la ciencia ficción lo mismo que las armas láser: algo que podría ser real, pero que está lejos de serlo. Todos sus elementos, por separado existen, e incluso armados todos juntos, pero en la vida real, el efecto práctico es limitado y nunca similar al que esperamos desde la óptica de la ciencia ficción.

Es cierto que el ejército norteamericano está construyendo cañones láser de altísima potencia, capaces de derribar un dron. Bien, pero no es lo que esperábamos después de ver a los Tie Figters de Starwars. Lo mismo ocurre con la inteligencia artificial, desde 2001 a Galáctica, hemos soñado con máquinas que dan un paso más allá y toman conciencia de sí mismos. Obviaremos la mayoría de películas que tratan de manera concreta la Inteligencia Artificial, por que suelen ser bastante lamentables. A mi juicio no se salva ni una, excepto quizás Chappie o Her, dos películas que se merecen un artículo para cada una de ellas.

En la ciencia informática, la inteligencia artificial se descompone en decenas de categorías diferentes, pero todos ellas muy ligadas a la implementación de algoritmos concretos: redes neuronales, redes bayesianas o algoritmos genéticos -por citar los más conocidos- algoritmos que se aplican para tenas tan dispares como el procesamiento de señales, detección de patrones, procesamiento de lenguaje natural y un largísimo etcétera. En resumen, se podría decir que la inteligencia artificial hoy día, está centrada en resolver problemas.

Cuando le vacilas y te sale por la tangente no es porque sea una auténtica perra, si no por que le programaron para parecerlo.

La inteligencia artificial, nació más o menos sobre los años 40. Desde entonces, se ha avanzado a saltos, con parones de décadas, creando algunos algoritmos y aproximaciones a la IA práctica del día a día: detección de rostros, lectura de escritura caligráfica, interpretación del lenguaje natural y un sinfín de cosas concretas que sí, han resultado útiles. Es cierto que Siri mola, pero cuando hablas con él, no sientes una verdadera inteligencia, ni siquiera que sea listo. Simplemente, sabe interpretar mejor lo que dices, pero no entenderlo. Cuando le vacilas y te sale por la tangente no es porque sea una auténtica perra, si no por que le programaron para parecerlo.

Los perros no entienden bien lo que les decimos, pero son inteligentes. Son muchísimo más más listos que Siri. Siri tampoco entiende lo que le decimos, solo es capaz de transformar información de un formato (audio analógico) a otro (datos binarios que representan texto) de forma que luego pueda dar respuestas (más datos de texto y posteriormente convertidos a audio digital) en función de unas reglas pre-establecidas. Puede parecer algo avanzado -y lo es- pero no deja de ser el mismo rudimento básico de los primeros androides mecánicos y juegos automáticos que se diseñaron ya hace siglos. En el fondo sigue siendo un sistema cerrado de estímulo respuesta, solo que con procesos de captación de datos, transformación de los mismos y algoritmos que procesan dichos datos cada vez más complejos, ejecutándose en hardware cada vez más potente. En medio siglo, la revolución más importante ha sido del hardware, mucho más que la teoría de inteligencia artificial.

La singularidad de la inteligencia artificial.

Ya muy bien, pero… ¿cuánto nos queda hasta que las máquinas inteligentes destruyan a los hombres?

Es difícil predecirlo, además ¿por qué ser tan tremendista?. Los perros llevan viviendo siglos con nosotros y todavía no nos han destruido. Si asumimos que las inteligencias vivas tienen un propósito, y el de los perros es ser felices mientras persiguen palos y reciben caricias de nuestros dueños, puede que las IA’s del futuro tengan objetivos similares, y que podamos «domesticar» sus comportamientos. Si aceptamos que la capacidad es uno de los limitadores intrínsecos de la inteligencia, puede que en un futuro tengamos ratones inteligentes que sepan de qué humor estamos y alteren la velocidad de nuestros trazos. Puede que aprecien nuestra caricias y ronroneen de placer, puede incluso que nos den los buenos días y que intenten adivinar los clicks que queremos dar por la web, por que ya son muchos años aguantándonos y nos conocen bien. Una inteligencia limitada a su capacidad. Al fin y al cabo, una cosa es ser inteligente y otra ser onmipotente, como a veces parece que es el destino natural de las IA en la ciencia ficción. El ser humano es inteligente y eso no le salva de muchas limitaciones.

Sí, tenemos miedo de que la IA pueda conectarse a internet, infectar miles de ordenadores y crear una megared con una potencia infinita para descubrir que está sola en el universo y volverse contra su creador, el ser humano, por que es cruel y no le ha dado la capacidad de tener sexo con otras IA’s de su especie. Es el mismo proceso argumental que siguen las malas historias de ciencia ficción, donde los buenos conectan sus portátiles a las naves alienígenas y les meten un virus (Independence Day). No, la ciencia informática es algo muy concreto. Para que os hagáis una idea: es igual de factible infectar con un virus informático una nave alienígena que alimentar con donuts a una raza extraterrestre del cuarto planeta del sistema binario Gliese 674. Es más, el donuts podría introducirse en el cuerpo del alien, pero el virus no sabríamos ni por donde meterlo, y ese sería sólo el primero de innumerables problemas irresolubles.

Volviendo al tema, hay que reconocer que se han hecho avances espectaculares. Ganar a un juego complejo como las damas, o el ajedrez puede parecer que es el principio del fin para el ser humano, pero tiene truco: ganan por fuerza bruta, y eso no es ser especialmente inteligente, sino tener una capacidad de proceso muy grande y un sistema que agota las posibilidades.

La fuerza bruta es como se conoce en terminología informática a la capacidad de probar todas las posibles combinaciones de un movimiento, y calcular las posibles ramificaciones de esa jugada, de forma recursiva para cada posible combinación. El nombre de algunas de esas técnicas (algoritmos voraces ya lo dice todo). Es algo parecido a lo que haces cuando le mientes a tu mujer diciéndole que vas a llegar pronto sabiendo que no es cierto, calculas las dos posibilidades básicas: decirle la verdad, o contarle una mentira, calculando el porcentaje de posibilidades de salirte con la tuya. Evalúas las cinco o seis posibilidades resultantes que derivan de esas primeras y escoges. En un juego como el ajedrez las combinaciones son astronómicas. En las damas, donde las combinaciones son menores, hace ya algunos años, un ordenador creó el árbol de decisión completo, de forma que era ya imposible ganar a un ordenador, por que podía calcular todas las posibles jugadas, resumiendo: podía ver el futuro. En el ajedrez todavía no ha ocurrido -creo-, pero con la computación cuántica -y probablemente antes- será posible. De manera que la computación cuántica, que promete cambiar el mundo, traerá mas velocidad y una manera más eficiente de aproximarse a los problemas.

La dificultad con la Inteligencia Artificial está en que no la haremos avanzar con algo tan simple como ser más rápido o retener más datos, es una cuestión de una magnitud muy superior. Obviamente, si tuviera la respuesta, estaría trabajando en el MIT o en IBM, pero no es el caso, solo soy un ingeniero con ínfulas de escritor. Para empezar no tengo muy claro que significa exactamente ser mas inteligente. Y creo que no soy el único, aunque sé que en IBM hay gente muy inteligente, más que yo que se plantean exactamente lo mismo.

Eliza y Turing

Desde los años 60 existen «simuladores» de inteligencias que charlan con los humanos. En 1964 Joseph Weizenbaum inventó Eliza, un programa que simulaba ser un psicólogo. Se podía hablar (escribiendo en un teclado) con él, y era capaz incluso de engañar a más de uno. Desde entonces se ha mejorado mucho, tanto que IBM Watson fue capaz de ganar un reto televisivo (Jeopardy!) basado en preguntas y respuestas, donde la gracia del juego está no solo en saber la respuesta sino en interpretar la pregunta. Tiene mucho mérito, pero me pregunto qué pasaría si mi hija de cuatro años le preguntara a Watson: «Está oscuro, ¿va llover?», que le diría, teniendo en cuenta que es de noche y el cielo nocturno, limpio de nubes.

Ya en los años 50, Turing, uno de los primeros investigadores en temas de IA, enunció uno de los principios más venerados de la Inteligencia Artificial: ¿Cómo detectar a una verdadera IA?, el Test de Turing, que viene a decir que una es IA es verdaderamente inteligente, si una máquina es capaz de hacer creer a un humano que está hablando con otro humano, siendo este advertido de que igual está hablando con una máquina. Me pregunto que pensaría el replicante de Blade Runner de todo esto. Los humanos podemos ser estúpidos, pero eso no implica necesariamente que una máquina sea inteligente. En cualquier caso, Turing seguirá en los libros de historia varios siglos mientras que yo escribo en un modesto blog que será olvidado.

Hoy día estamos rodeados de IA, sin ir mas lejos, el radar que nos pone multas de velocidad es capaz de «leer» la matrícula de nuestro coche y enviarnos una multa a casa. Google maps, nos permite interpretar la dirección que le damos e incluso algunos móviles interpretan nuestro iris para saber que somos nosotros. Con la IA pasa lo mismo que con la colonización espacial, hemos nacido un par de generaciones antes que ocurra lo que soñamos, y de momento nos tendremos que conformar con Siri y naves espaciales con forma de tambor de detergente. Bueno, con eso y con «OK Google», Siri y demás mandangas.

Para los que quieran saber más de IA de mano de boca de expertos os recomiendo este vídeo de Jerry Kaplan, titulado «Humans Need Not Apply: A Guide to Wealth and Work in the Age of Artificial Intelligence«.

Edicion 29 Oct 2017: Leed Este artículo excelente sobre IA: https://waitbutwhy.com/2015/01/artificial-intelligence-revolution-1.html


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5 comments

  • Pingback: ¿Cuándo nos destruirá la Inteligencia Artificial?

  • Pingback: Inteligencia Artificial autoconsciente (IAC) - Nicholas Avedon

  • Jimmy Olano

    13 agosto 2017 at 3:16 am

    Desde hace tiempo escucho que todas las computadoras en el mundo hasta ahora construidas, juntas, no llegarían al nivel de inteligencia de una simple cucaracha: la cantidad de información que tiene el ADN es asombroso, pero veamos y hagamos un ejercicio mental si la velocidad es la clave de la inteligencia, tanto artificial como «natural».

    El ojo humano cada segundo envía información al cerebro a 10 millones de bits por segundo (10 mbps, velocidad ethernet de cable coaxial que ya no usamos ahora). Ahora eso es cada segundo, por cada minuto, por cada hora mientras estamos despiertos, todos los días de nuestras vidas ¡cuánta cantidad de información puede almacenar o retener nuestro cerebro!

    (de hecho los científicos piensan que cuando dormimos «se desecha información y se compacta la buena información» ¡pero cuando soñanos la recuperamos y de paso mezclamos información de muchas partes produciendo mundos fantásticos!
    ¡QUÉ GRAN PODER DE CÓMPUTO!)
    https://www.livescience.com/904-eye-transmits-brain-ethernet-speed.html

    SI ESO ES SORPRENDENTE lo siguiente es aún más: nuestro cerebro tarda apenas 13 milisegundos en identificar una imagen
    ¿CUÁL BASE DE DATOS HACE ESO teniendo en cuenta que la imagen es nueva, no antes vista? Y no solo es buscar, sino INTERPRETAR dicha imagen y asociarla a un concepto abstracto ¡nuestro cerebro es cuántico!
    ¡¿VELOCIDAD CUÁNTICA?!
    http://news.mit.edu/2014/in-the-blink-of-an-eye-0116

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    • Avedon

      14 agosto 2017 at 9:16 am

      No solo es la velocidad de proceso y el almacenamiento de la información, sino que el propio proceso de aprendizaje del mundo biológico es un paradigma muy diferente del que se plantea hoy en la IA. Es como intentar diseñar cohetes espaciales usando la poesía como herramienta.

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      • Jimmy Olano

        16 agosto 2017 at 6:27 pm

        Cierto, había olvidado eso: la capacidad de aprendizaje ¡un gran misterio de la naturaleza! Gracias por la acotación.

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