Ficción personal

Adictos a la melancolía

8 octubre 2019 — 8

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Ficción personal

Adictos a la melancolía

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8 octubre 2019 — 8

Pocas veces he comprendido mejor mi problema que después de escucharlo de la boca de otra persona. Siempre me ha ocurrido lo mismo, pero nunca lo había interpretado así. Me parece tan sencillo hablar de ello ahora que quizás tenga trampa, porque en mi mundo nunca hay nada sencillo. No pertenezco a ningún lugar. No encajo en ningún sitio porque no hay ningún sitio para gente como yo. He conocido a más personas que tampoco encajan, pero ellos con el tiempo o la suerte, han construido un lugar, o lo han encontrado. Al menos parece que lo han hecho. Mentiras, sólidas mentiras, supongo. Yo también tengo mi refugio, mi hueco, y mis mentiras, pero no puedo estar mucho tiempo en él si quiero que siga en pie. Nada ni nadie soporta el calor que genero cuando estoy quieto. Mi refugio no es ficción, pero es complicado tener un lobo como mascota en un lugar donde sólo admiten gatos.

No soy el único. No es un consuelo. Es una certeza de algo que intuía, que esta maldición ni siquiera es especial y que los que somos así, deambulamos por el mundo intentando encontrar ese hueco y para colmo ni siquiera nos reconocemos entre nosotros. Puede que confundidos por un fogonazo momentáneo, creamos que hemos encontrado, por fin, a alguien que entiende que no podemos parar, porque no tenemos donde descansar y que nuestra única manera de vivir es permanecer en movimiento constante, en una búsqueda eterna de un antídoto que no existe.

Somos restos. La parte funcional de una serie que no funcionó. Hemos sobrevivido, pero el mundo no está hecho para nosotros. Leo, leo y leo. Y cuanto más lo hago más reconozco el patrón cíclico de dos clases de personas que se alternan y se necesitan: los que mienten y los que no necesitan hacerlo. Hay momentos de mi vida que me miento tan bien a mí mismo que creo que me funciona de verdad, y los sentidos tan infieles y traidores acaban por ser la única manera de saber si sigues vivo o no. Uno necesita saber, de tanto en tanto, que existe de verdad. Saber realmente si todo esto tiene un sentido más allá de buscar y no encontrar. No debería hacerlo, pero en ese momento, sé que estoy vivo. Que existo. Sólo eso. Saber que soy real. Es mejor caminar despacio hasta el ocaso, por si acaso las sombras son reales.

Adictos a la melancolía. Ójala fuera el nombre de una canción. Podríamos cantarla y luego olvidarla, pero esos acordes me acompañarán siempre cuando se haya ido el eco de la letra, de mis palabras y de tu voz.

8 comments

  • Jimmy Olano

    8 octubre 2019 at 2:40 pm

    No miento. Digo las cosas tal como son y como las pienso (eso me ha traído problemas siempre, desde pequeño). No espero que el mundo cambie pero al menos aspiro que acepten de que hay gente diferente. Acabo de leer en el Twitter (sí, la red social más tóxica hasta ahora conocida) de un señor estadounidense que envió una carta a su equipo de «football» de su universidad y donde él mismo practicó deportes: decidió no seguir viendo juegos porque metieron las cámaras de TV en los vestidores y él se dio cuenta que varios jugadores estaban tatuados…
    ¿Eliminar un placer (deporte, en este caso) por no tolerar que los demás hacen con su cuerpo lo que les venga en gana?

    La soledad, y su amiga la melancolía, son como las drogas: las pruebas y te gustan pero hay que llevarlas bajo control y usarlas cuando se necesiten realmente (en estos momentos estoy tomando café negro sin azúcar, un vicio que definitivamente moriré con él en mis venas, empapando mi cerebro).

    Nunca intentemos «amoldarnos» a los y las demás, eso sí, seamos tolerantes pero tampoco majaderos (el genio Steve Jobs una vez sus compañeros de trabajo le reclamaron que tomara una ducha porque apestaba, hagamos sentir cómodos y cómodas a nuestros semejantes); pienso que «ni tan calvo ni con dos pelucas».

    ✴️ ¡Tengáis todos y todas un muy feliz día! ✴️

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    • Avedon

      8 octubre 2019 at 11:49 pm

      No se puede contentar a todo el mundo, deberíamos empezar por contentarnos a nosotros, y no olvidarnos de eso nunca.

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  • Teresa Hermosilla

    8 octubre 2019 at 4:40 pm

    no me creo que tu seas adicto a la melancolia, porque leyendo lo que escribes, excepto algunas excepciones, no me lo pareces, ni raro, ni extraño, sino una persona muy interesante y que escribe super bien. Yo, soy optimista, alegre y derrocho energia positiva que no tengo inconveniente en repartir a quien la necesita.
    Gracias por tus correos y la lectura que me proporcionas, porque eso si tambien soy una devoradora de libros, de los que aprendo y saco conclusiones para mi misma y los demas
    repito, gracias

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    • Avedon

      8 octubre 2019 at 11:46 pm

      Muchas gracias por los halagos Teresa :-) Espero que pronto puedas seguir leyendo más cosas mías.

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  • Raylex

    9 octubre 2019 at 9:48 am

    Después de leerte, me dan ganas de perderme, en eso que llaman «escritura automática»….parece que dan ganas de correr las cortinas, tapar los espejos…
    Ajustar la visión a tonos de gris.
    Poner «Memories Of Green» (Vangelis) y dejarlo sonar sin tiempo,
    hasta que aparezcan los juguetes rotos de «Sebastians house» y esperar también
    a los Nexus-6 con su ristra de fotos. (Esos, que envidían «La máquina de empatía» que seguro va con monedas). Ellos (Nexus), envidiando a quiénes viven más y mejor porque parece que «tienen pruebas»… Tienen melancolía. Tienen fotos que lo demuestran: otros viven mejor.
    A veces, como los Nexus, nos hacemos trampas «al solitario» esperando que «la foto» nos transporte, como las pinturas del parque en Mary Poppins, al mundo de colores. Quizá por eso coleccionamos fotos, porque lo que vemos cada día nos arrincona. Pero en el rincón nos sentimos mejor. Al menos tenemos controlada la foto.

    P.D.
    Quizá nos hemos montado ese mundo paradójico (Ni tú, ni yo,claro. Ni nadie en los últimos doscientos años). Me refiero al mundo construído «para máquinas», que al menos debería hacerlas felices. Y ese mundo funesto, nos atrae más. Quizá porque en el sofá de nuestra nostalgia viven muy cómodos nuestros personajes. Aquí casi me brota:
    ¿Qué es ser máquina? Quizá por eso de la escritura automática.

    Reply

  • Lázara Blázquez Noeno

    18 octubre 2019 at 8:26 am

    Creo que hay un pequeño error conceptual en tu pequeña confesión.
    Los mentirosos, tanto los aspersores de mentiras como los que se mienten a sí mismos (a veces las mentiras, efectivamente, tienen un emisor y un destinatario común), jamás se conceptualizan a sí mismos como lo que son.
    Un buen mentiroso, un mentiroso sistemático, lo que hace en primer lugar es parapetarse en un lugar hermético en el que se sienta a salvo del plúmbeo peso de la verdad. El principal error del mentiroso es estar convencido de que siempre dice la verdad.
    Saber que uno se miente a sí mismo es una forma de decirse a uno mismo la verdad. Quien lo hace, no puede ser un mentiroso.

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  • Marina

    7 diciembre 2019 at 7:44 pm

    Vaya, no estás sólo amigo, somos varias almas con la facultad y la maldición de ver en 3D cuando el resto ve plano. Bien hallado amigo! XD

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    • Avedon

      8 diciembre 2019 at 1:06 pm

      Gracias por dejar tu huella por aquí, al menos sabemos que alguien más ve esos colores, aunque sea en silencio.

      Reply

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