Opiniones personales

La generación whatsapp

6 diciembre 2017 — 2

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Opiniones personales

La generación whatsapp

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6 diciembre 2017 — 2

El otro día estuve  cenando con unos amigos de mi quinta, esto es, nacidos a mediados de los años 70. En el mismo restaurante, había un grupo de cuatro chavales que llamó la atención de mis compañeros de mesa, parecían el perfecto ejemplo de la generación whatsapp. Les hice una foto aprovechando que ignoraban nuestra molesta presencia, ya que animados por el alcohol dábamos voces y nos reíamos como se debe hacer en estos casos de encuentro entre amiguetes.

generacion whatsapp

Supongo que a estas alturas nos hemos acostumbrado  a contemplar el mismo panorama en parques, bares y todo de tipo de soportales y plazas. El que más o el que menos hará referencia a que ya no juegan al balón, ni siquiera comen pipas o lo peor: que ni hablan entre sí. Vamos, que las nuevas generaciones ya no se relacionan, ni siquiera se pillan una borrachera en un botellón como hacíamos a su edad. La conversación suele degenerar en un: “a donde vamos a ir a parar con la generación whatsapp”. Luego, en función del grupo con el que estés charlando, pueden surgir temas como el descenso de la natalidad, las  malditas redes sociales, o que si el sobrino de tal o el hijo de cual se pasa el día sin salir de casa, jugando a la videoconsola y pegado a internet. No intentes explicarles lo que es un Youtuber, a que se dedican las chicas que se pasan el día enseñando su cara en Twitch o el rollo de los e-sports. En el mejor de los casos te dirán que es una moda que se pasará con el tiempo.

Lo cierto es que los chavales de la generación whatsapp o generación Z, leen (y escriben) mucho más que la mía (y si no me crees, mira el último informe PIRLS) Mi generación devoraba una televisión que ni siquiera podía elegir -por que había una oferta limitada de canales- y las únicas conversaciones que podía uno tener se circunscribían al entorno escolar y/o familiar, y si tenías suerte, al de tus actividades extraescolares. Ah, bueno sí, teníamos ese concepto abstracto de barrio, que consistía en que podías salir a la calle a jugar al balón y a tirarte piedras con los chicos de la calle de al lado, y si eras un aventurero, escaparte a las recreativas del barrio de al lado a gastarte la paga. Un planazo. Supongo que me dejo alternativas como las fiestas del pueblo (si, que soy medio riojano, ¡hostias!), los campamentos, y mis favoritas, las vecinitas. Lugares y personas donde aprender con propiedad a relacionarnos y a elaborar excelsas dotes de comunicación.

Teniendo en cuenta que España es un país que tradicionalmente ha huido como la peste de trabajar actividades de comunicación oral como las exposiciones en público, los grupos de debate, o el teatro, me sorprende la gratuidad con que mi generación (y anteriores) critican a una nueva generación que ha sabido adaptarse a los nuevos medios con envidiable celeridad. En este punto de mis disgresiones internas, aproveché para recordarle a mis amigos algo que por seguro les decían sus madres: “Niño, te vas a quedar tonto si sigues pegado todo el día al ordenador”. Mi madre me lo decía casi cada día, y aquí sigo, treinta años después, pegado al ordenador, cada día mas tonto.

Yo por aquel entonces ya me tiraba mis buenas tres o cuatro horitas diarias jugando a aquel trasto infernal, como lo llamaba mi abuelo. Aquellos juegos, de la época del Spectrum y el Commodore no dejaban de ser un ingenioso arte para la auto-masturbación intelectual en solitario, y digo en solitario, porque yo siempre soñé con tener compañeros de juego con los que interactuar y compartir cosas, por supuesto, en total silencio, a través del chat. Hubiera matado por un WoW. Por aquellas fechas era un chaval tímido, retraído e inseguro de su papel en el mundo. No hablaba demasiado con los demás, entre otras razones, porque no lo veía necesario. Seguro que en eso coincidía con los cuatro chavales de aquella mesa.

Han pasado muchos años, y no me he quedado tonto, como pronosticaba mi familia. Es más, vivo de las habilidades adquiridas en aquella época de mi vida, en las que relacionarme con ordenadores me resultaba mucho más sencillo que hacerlo con las personas. De hecho, durante muchos años, me ha sido más fácil comunicarme con las personas a través de un chat que en persona. Estoy tentado de hablar más de mí, pero lo importante de esta historia no es mi propia biografía. No, lo importante son estos cuatro chavales y lo que representan.

A día de hoy, los únicos géneros literarios con salud de hierro son la novela rosa y la literatura juvenil (uno leído mayoritariamente por mujeres, y otro por adolescentes y post-adolescentes). Sí, resulta que en conjunto esos chavales de la generacion whatsapp que tienen ahora entre 14 y 20 años no solo leen más que nosotros, sino que probablemente han tenido más experiencias sexuales que nuestra generación a su edad. ¿Cómo se come esto?

Muchos se olvidan que “hacer el tonto con el móvil” implica al menos cuatro cualidades: buscar información, leer y discernir su contenido, elaborar una idea basada en esa información y plasmarla de forma escrita. La mayoría de mis compañeros de clase cuando yo tenía quince años no escribían unas líneas mas que cuando se trataba de un ejercicio de clase. No leían prensa de ningún tipo, y los que leían lo hacían bajo el amparo de sus padres o las lecturas recomendadas de profesores, o quizás, con suerte, de alguien de “fuera” del microcosmos del adolescente.

Antes para acceder a una exposición de fotografía moderna que te pusiera el culo del revés, o ibas a una exposición con tus padres o robabas libros en el VIPS, como era mi caso. Hoy día basta con abrir Pinterest y saber buscar para abrir tu mente, cómodamente sentado a una cantidad de arte visual impagable. Tampoco teníamos Goodreads para saber qué leer basados en nuestras lecturas previas, ni Spotify para encontrar grupos nuevos que se parecieran a algo que habíamos escuchado y que nos gustaba. Mi generación sigue recordando esos viejos intercambios de cintas de casette con grabaciones de mierda, como si fuera el epítome de una era: puta mierda, estamos comparando el arado al dron que siembra semillas guiado por una Inteligencia Artificial. Estamos tan ciegos que no vemos a los dueños del mañana, acomplejados por nuestras propias carencias.

La evidencia de todo esto es sencilla: hablan con quien quieren de lo que quieren, no se limitan a lo que hay, sino que expanden sus horizontes, para compartir con personas de todo el mundo, lo que de verdad les motiva. Esto no significa que no se relacionen con la gente de su alrededor, sino que  pueden elegir más opciones. Igual que con la música, no están limitados a lo que tienen en su entorno. No es que no hablen con el chico de al lado porque no quieren, es que están hablando de algo con otra persona que no está allí en ese momento. Dentro de 20 años habrá mucha menos gente en lugares públicos criticando a las nuevas generaciones, la mayoría de la gente joven probablemente esté en sus casas, relacionandose a través de la realidad virtual, sin necesidad de compartir el mismo espacio físico, y no tendrán que someterse al escrutinio arbitrario de unos cínicos cuarentones en un lugar público.

A nuestros abuelos les jubilaron los cajeros automáticos. A nosotros pronto nos jubilará una forma de comunicación que mostrará nuestra obsolescencia de manera cada vez más humillante. Nos defenderemos con uñas y dientes, diciendo que las nuevas generaciones no saben relacionarse y que no entienden como funciona de verdad el mundo. Llegará un día en que no sepamos poner una lavadora, programar un microondas o pagar un servicio en bitcoins. Y vendrá nuestro sobrino, ese mico que sólo sabía jugar con el móvil, invocará un conjuro tecnomágico y  nos dirá: “Tío, si es muy sencillo…”, para después sonreírnos con una tierna condescendencia.

Ahora puedo confesarlo: yo siempre quise ser guionista de videojuegos. Lo de ser escritor es un accidente fatal, mi sueño era escribir el guión de obras de arte como HalfLife II, Red Dead Redemption o Fable III. Supongo que esto explica en parte el porqué he recreado un mundo como “El jardín de Brin” en mis novelas, o porqué soy un escritor ciberpunk.

La próxima vez que veas a cuatro chavales como los de la foto no pienses en lo que ves de ellos, sino en lo que no ves, o no sabes sobre ellos. Quizás estén componiendo una canción, aprendiendo a construir una comunidad online, ligando con una mujer casada o vendiendo droga en la darknet. Y tú pensando que están perdiendo el tiempo mientras hablas de fútbol con los colegas…

2 comments

  • Jimmy Olano

    7 diciembre 2017 at 12:10 am

    Si bien es cierto que uno debería “ponerse en los zapatos del otro” pues vaya que teneís razón en eso NO LO HABÍA PENSADO DE ESA MANERA y lo tendré en cuenta en la próxima oportunidad que vea un grupo de jóvenes (precisamente esta tarde estaba hablando con mi hijo menor sobre las computadoras de los años 90 y cómo hackear -que no es crackear- ordenadores).

    Lo que me alegra de esta generación (yo soy de finales de los 60) es que no están limitados a unos pocos canales de televisión (y radio) de aquella época, férreamente controlado por el gobierno de la época (de aquel lado del charco y de este lado también). Ahora tienen más de dónde escoger y un infinito caudal de conocimientos tanto para el bien… como para el mal. En todo caso siempre hay “crackers”, por ejemplo como Kevin Mitnick, ya sea en los 90’s, ya sean en los 2010’s…

    Yo mientras tanto me voy al gimnasio proque no solo de ordenadores vive el hombre y sin embargo debo tener el móvil encendido por cuestiones de trabajo y cuando lo atiendo leyendo el Twitter imagino que habrá alguien tomándome alguna foto para algún artículo («¿éste viene a entrenar o a “tuitear”?») je je je.

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    • Avedon

      7 diciembre 2017 at 1:26 pm

      Cuidado que con los que somos un poco mayores son aun más crueles ;)

      Reply

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