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Ciencia FiccionFicción personal

Las relaciones humanas en el futuro

29 marzo 2018 — 2

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Sin risas en las calles. Sin tiempo para ver como un niño deshoja una margarita ¿qué nos depara el futuro?

En el siglo XXIII que dibujo en 11,4 sueños luz y Lágrimas negras de Brin la mayoría de las personas ya ni siquiera intentan tener relaciones a largo plazo, pero aún así buscan algún tipo de vínculo. No hablo de una necesidad sexual, que gracias a la tecnología es fácil cubrir, hablo de una necesidad humana de compartir, de encontrar alguien en quien confiar, en quien apoyarse. El futuro que nos espera a la vuelta de la esquina es un mundo de competencia extrema, un futuro ultraliberal en el que todo ser viviente tiene que demostrar que merece existir. Debe luchar sin descanso para conservar esa individualidad que antes se llamaba alma y que en el siglo XXIII tiene un identificador de 22 dígitos hexadecimales.

En ese escenario, ¿cómo serán las relaciones humanas en el futuro?

Los años de rupturas sociales del siglo XX solo fueron el comienzo. La caída de las religiones dejó a la humanidad sin un esquema, sin unas reglas para vivir la vida. Los diferentes experimentos por reemplazar las grandes estructuras que había llevado al hombre hasta allí, terminaron en guerras, regímenes totalitarios y devinieron en un individualismo que superó con creces el narcisismo ególatra del hedonismo de finales del siglo XX. La tecnología ahogará el nihilismo hasta fabricar una sopa de egos anónimos que demandarán más y más, sin siquiera nombre, rostro u ojos.

La natalidad caerá dramáticamente en los países del primer mundo, y aunque se sostendrá artificialmente por todo tipo de subsidios, la élite cada vez se estrechará más y más. Las diferencias entre las familias se harán cada vez más acusadas, sobre todo por las diferencias abismales en la calidad educativa desde la infancia. Criar un hijo cada vez se hará más difícil, y para poder hacerlo con éxito, será necesario que las parejas persistan a lo largo del tiempo. Todo un laberinto de pruebas mortales para las ratas blancas en que se habrán de convertir la mayoría de los habitantes de las grandes urbes. No se tratará únicamente del dinero, sino de la estabilidad, protección y visión que proporciona éste. Un complicadísimo puzzle que asegurará el éxito al llegar a la meta.

Un puzzle más complejo aún gracias a la realidad virtual, donde la propia existencia se podrá transformar al antojo del usuario. Cada individuo podrá cambiar su aspecto externo para transformarse en quien quiera, lo mismo que su pareja, copiando las facciones de decenas de miles de modelos, según su poder adquisitivo. Los modelos más cotizados, serán los mas caros de copiar y no existirá un rostro único, todos se podrán modelar. Hacerlo en la realidad virtual resultará mucho más barato, pero en el mundo real, también será posible gracias a la cirugía moderna, robotizada y al alcance de casi todos.

En el futuro, el amor habrá disociado definitivamente del plano físico. Cada noche se podrá yacer con un cuerpo diferente. Incluso con un acento diferente, un olor extraño. Parejas que intercambiarán sus cuerpos y que descubrirán una nueva forma de amar, más allá de lo físico. No obstante, será difícil encontrar un compromiso a largo plazo con una persona que no se es capaz de reconocer al día siguiente.

Algunos románticos creerán en el destino, y practicarán juegos virtuales donde las parejas ocasionales se vuelvan a encontrar a pesar de cambiar de aspecto y no reconocerse al principio. Sin embargo, después de un tiempo, e independientemente de su nombre, aspecto o incluso sexo, se volverán a reconocer gracias a su atracción inexplicable. ¿Será eso amor?, difícil decirlo si tras años de literatura, dolor y muerte todavía no lo tenemos claro.

¿Como reconocer al amor de tu vida si no es por el físico?, ¿lo es por la conversación?, ¿por un proyecto de vida en común?, ¿por unos mismos ideales?

Parejas en mundos virtuales que no se conocen en el mundo real. Parejas reales que comparten custodia de niños robot, y niños de alquiler por horas para poder sentir la experiencia real de la paternidad. ¿Es eso lo que nos espera en un mundo donde la vida es tan difícil que es imposible lograr una pareja de larga duración?, ¿familias extensas que comparten gastos de vida y que van incorporando a la relación contractual diferentes personas a lo largo del tiempo? ¿Es esa la familia que nos depara el siglo XXIII?

Un mundo que exige escoger entre un futuro profesional o una vida personal.

Nadie morirá de hambre en el siglo XXIII, ya que la renta básica permitirá subsistir cómodamente a aquellos que han decidido no luchar. Serán legión en el piso cero, y los llaman mugrosos, pero son los únicos que disponen de tiempo para soñar. Aunque desde ahi abajo… no podrán ni siquiera ver la luz del sol o sentir la brisa en su rostro. Los desposeídos del futuro, podrán soñar, pero sin esperanza.

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¿De veras creéis todavía que el ciberpunk está lejos?.

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Ficción personal

El presente ya es el futuro ciberpunk

18 marzo 2018 — 19

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La mayoría de los que disfrutamos la ciencia ficción lo hacemos también leyendo periódicos de actualidad. Me encantan los planes de viajes a Marte, las predicciones sobre la capacidad de los ordenadores de hacer tal o cual cosa dentro de cinco años o como serán las ciudades del futuro. Hablé de ello en mi artículo sobre como “inventar el futuro” pero tras la charla con un amigo mio economista con dos copas en un bar con muy poca luz, me gustaría tener la oportunidad de elaborar un poco más ese presente futuro ciberpunk que no espera al otro lado de la esquina. Algunos lo llaman futuro inmediato, y yo digo que ya lo estamos viviendo, aunque mucha gente aun no sea consciente del todo.  Otros sin embargo aseguran que han nacido ya en esa realidad, y que nuestro día a día y nuestro pasado feliz, es una utopía del cine y la literatura.

Como me gusta hacer, primero voy a hablar de aquellas cosas de las que algunas personas hablan entusiasmadas, como parte de ese procedo de futuro que dicen que ya está aquí. Yo creo, sin embargo, que nos están intentando vender una moto. Lo importante no es la moto en sí, si no que nos la están intentando colar.

El neurolink

Este quizás sea la tecnología más importante del género ciberpunk. La interfaz definitiva entre el hombre y la máquina. Es un clásico desde la publicación de Neuromante, e incluso aparece en alguno de los cuentos anteriores de Gibson. Ahora, Elon Musk, que parece la reencarnación de Tony Stark en el mundo real, nos deleita con otro titular: “Neuralink, la empresa que permitirá conectar tu cerebro con el ordenador” (aunque una visita a neurolink.com me dirige a neuralink.com con una web que parece sacada de una película de misterio…. WOW)

Esto es lo más parecido que tenemos al neurolink. Aun nos queda ¿verdad?

Este invento no lo veo: ni en cinco años ni en quince. Llevo siguiendo este tema desde hace dos décadas y los progresos son ínfimos. El problema sigue siendo el mismo: sabemos muy poco de como funciona el cerebro ¿como pretendemos hacer una interfaz completa, siendo capaces de reemplazar los sentidos orgánicos por una fuente digital externa generada por ordenador? Lo más avanzado que tenemos hoy día es un chip que permite emitir unos pocos pixels en el nervio óptico. Es prometedor, pero avanza muy despacio. ¿Cómo podemos pretender que el futuro esté “ya aquí”?, esta es una moto que ni tiene ruedas, ni planos de diseño ni nada de nada.

La realidad virtual inmersiva

Vaya, otro clásico ciberpunk. Os prometo que en mi día a día no hablo siempre de los mismos temas, solo en mi blog. Cuando hablo de este concepto, hablo de que haya gente que pase mas tiempo real dentro de un mundo virtual que fuera, en nuestra realidad. Gente que se pueda ganar la vida dentro de un mundo virtual, tal como menciono en “11,4 sueños luz“.  Tiene que ser algo que merezca la pena para que algunas personas prefieran vivir en él antes que el mundo físico que nos vio nacer.

realidad virtual inmersiva

He conocido de primera mano los avances en hardware y en software de la VR (tengo un Sony VR!), y conozco gente que trabaja en multinacionales precisamente en estos temas y la mala noticia es esta: no veremos eso en los próximos 5 o 10 años, ni de lejos. Todavía hace falta muchísimo hardware para que la experiencia, sin un Neurolink, sea inmersiva.

Colonias espaciales

Elon Musk (de nuevo!) tiene un gran plan para desembarcar en Marte allá por el 2024, con el diseño de una nave que podrás transportar hasta 100 personas directamente desde nuestro planeta, y ojo, que la nave podrá también aterrizar en cualquier cuerpo sólido del sistema solar. Solo el nombrecito del cohete dice mucho: BFR (Big Fucking Rocket) (Puto Cohete Enorme).

Los que tienen más edad y que vieron como el hombre pisaba la luna, probablemente soñaron algo parecido a lo que soñamos todos después de escuchar a Musk: ver como se establecían colonias en la Luna, y poco después, constatar que la realidad de la mayor fantasía de todo fan de la ciencia ficción se convertía poco a poco en algo cotidiano y maravilloso: el viaje espacial.

Pero la realidad es que seguimos utilizando la misma tecnología de cohete químico (algo mejorada por el software) que inventaron Von Braun y sus compañeros soviéticos. Big Fucking Rocket (100m) no deja de ser un cohete más bajito que el Saturno V que llevo a la luna a tres astronautas en el año 1969, hace la friolera de 46 años, casi medio siglo. No quiero ser agorero, porque quizás este sea el más realista de los tres (neurolink, realidad virtual y colonias espaciales), pero quizas 2024 sea una fecha poco realista. ¿Que tal 2030?

El futuro (ciberpunk) que ya está aquÍ

Ahora sí, ya llegamos. Pero me temo que no es una innovación tecnológica revolucionaria. No, no será la inteligencia artificial -de eso tengo otro artículo pendiente-, ni tampoco las drogas. ¿Ya has adivinado cuál es?

No, hoy no hablaré de la moda del futuro. Dios me libre.

Las mega-corporaciones

Evilcorp, Cyberdyne, Tyrell,Weyland-Yutani, Haselfroch, Umbrella. Llámalo X, pero todos sabemos de qué estamos hablando: de empresas mucho mas poderosas que cualquier estado del planeta. Aun no estamos ahí, porque empresas como Amazon todavía están ligadas fiscal y políticamente a un país: EEUU. Amazon es la primera empresa que empieza a asomar los dientes, creando subempresas que cada vez representan más las funciones de un estado, como la logística, seguridad, transporte, distribución y en próximos años veremos sin duda, seguridad social, seguros y planes de pensiones y un largo etcétera, ocupándose del 100% de las necesidades de sus trabajadores.

Ese cambio, de libertades de un ciudadano, a derechos de un trabajador, lo llevamos viendo ya en varias petro-monarquías. Lo que ocurre es que aún no es llamativo porque se da en segmentos de trabajadores con pocos recursos, pero el mismo cambio está llamado a ocurrir con las élites del mundo del trabajo del primero mundo. Y creo que este cambio lo veremos mucho antes que la realidad virtual inmersiva, muchísimo antes que el neurolink y probablemente a la vez que las primeras colonias espaciales, que sin duda serán privadas y fuera de la órbita de una protección nacional. Después de todo, si Elon Musk funda una colonia en Marte ¿quien le va a impedir que cree su propio país? Sus ciudadanos no habrán nacido allí, y tendrán derechos y obligaciones para con el nuevo pais reino, pero no tendrán que responder ante una carta magna, sino ante un contrato.

Podréis pensar que tengo una imaginación poderosa, pero esto ya existe, en pequeña escala en ciudades estado dentro de países de Oriente Medio,  donde tienen ciudades protegidas, al margen de sus propios estados con leyes diferentes y mucho más liberales. También se da, en menor escala en plataformas petrolíferas, y por supuesto, lo hemos visto en el cine, en peliculones como “Atmósfera cero“.

La democracia se agota, por la propia naturaleza de la tecnología que hace innecesaria la burocracia e incluso la ley. ¿Y quien domina la tecnología?, el que es capaz de aglutinar recursos y talento. Los impedimentos por importar talento de los gobiernos y sus políticas restrictivas de inmigración, provocarán que grandes empresas tarde o temprano, funden zonas francas, seguras y totalmente controladas por ellos para que sus trabajadores y su familia no tengan que preocuparse de absolutamente nada. Vivir en los nuevas ciudades gobernadas por las mega-corporaciones será vivir en un estado totalmente liberal, sin control por parte de un estado, tan solo bajo las reglas de una empresa privada. Una visión pervertida del capitalismo, donde el estado regulador no existe. La pesadilla del liberalismo absoluto.

Imaginaos el precio del alquiler en las grandes torres…

Este concepto es la esencia de ciberpunk, más allá de las fluorescencias tecnológicas y los personajes atormentados. Más allá de los implantes y las drogas. Ese ciberpunk significa vivir en un mundo donde todo se compra, todo se vende, y el valor de todo se mide en dinero. Un terrible futuro que estamos destinados a vivir.

Este es el futuro que planteo en la novela que ya he empezado a escribir (aun sin título). Un futuro tan inmediato que es casi indistinguible del presente. No se trata de ciberpunk al uso, sino más bien una ucronía demasiado cercana a la realidad. Un futuro donde un personaje como Mikel, su protagonista, puede esconder sus sombras a placer, y un lugar ideal para contar un thriller. En próximas entradas os contaré más acerca de ella.

Ficción personal

La música de Lágrimas Negras de Brin

4 marzo 2018 — 1

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El hilo conductor de mis historias no es lógico ni argumental, si no que se parece mucho más a la textura de un ambiente particular.

Sin la música, no podría escribir. Y en función del tipo de música que escucho me sale mejor una escena íntima, una trama compleja que se desarrolla a lo largo de varios capítulos o una pequeña secuencia de acción. Todo está ahí, encerrado en la música. Los estilos son circunstanciales, me gusta prácticamente de todo. Desde Mozart o Chopin, los Chemical Brothers, o  el synthpop alternativo. Aunque quizás la música electrónica, sea el género que más domina dentro de mi universo musical. Mi lema como escritor debería ser: Sexo, drogas y música electrónica, pero tiene mala rima.

La música que me inspiró 11,4 sueños luz fue ligeramente diferente a la de Lágrimas negras, algo menos oscura y dramática, menos frenética. Otro día escribiré un artículo específico sobre la banda sonora de “11,4 sueños luz”, pero hoy quería hablar de “Lágrimas negras de Brin”. Especialmente de la canción principal, la que sería la canción de cabecera del trailer de la película. Sí, sueño con que algún día, alguien haga una película de mis novelas. Decir lo contrario sería estúpido.

La canción de la que hablo es de un grupo Belga, fundado en 1997 y formado por una pareja: Vive la Fête. Como no podía ser menos, cantan en francés, y la canción que he usado para inspirar el ambiente ciberpunk de Montreal, se titula “Noir desir

Os traduzco del francés la letra de esta canción que siempre que la escucho, me pone los pelos de punta y me hace entrar directamente en el siglo XXIII, como si fuera un chute de Trank directo en vena:

 

Quiero estar sola
quédate aquí, cállate
no puedo calmarme
déjame que rabie
tengo demasiados pensamientos tristes
por eso quiero gritar
no soy feliz
y estoy furiosa como una niña

Estoy obsesionada,
estoy obsesionada...

No estoy molesta
tengo un espíritu turbio
dame un poco de tiempo
se pasará con el viento
quédate aquí, cállate
no puedo calmarme
déjame que rabie
.....

 

Me sirve para imaginar el espíritu roto de Alanna, que es la protagonista indiscutible de la primera parte de la novela. Una mujer madura y fuerte, pero que ha perdido el rumbo de su vida. Es la música que acompaña escenas como esta, que transcurre en Montreal, en Mayo de 2206:

Cuando alguien tardaba tanto, solía tener una razón. Mala. Aquella vez no fue diferente. Recibió un escueto mensaje cifrado a través de su pod: «No puedo ir. No estoy seguro de que no me estén siguiendo»
Eso fue todo. Su única fuente informada, su mejor baza. Justo en el peor momento, cuando necesitaba ayuda. Otra vez a esperar y a mendigar migajas de información mientras todo ocurría fuera de su control. Dió un sorbo a su insípido té y pensó en las veces que había jugado a ese juego. Había ganado, había perdido, y tras tanto tiempo ¿qué había cambiado? Algunas corpos habían perdido decenas de millones a causa de su trabajo. Otras habían crecido, incluso engullido las presas más débiles, usando la información que había logrado hilar. Pero ¿qué había de ella? Quería creer que seguía igual que hace treinta años, pero tenía los dientes mellados de tanto morder. Se miró sus manos, y le parecieron viejas. Ya no parecían las de la niña que recordaba, que se creía más lista que los demás. El murmullo apagado de unas risa en la calle la distrajo de sus pensamientos. Una pareja de jóvenes entró al local. Parecían de alguna tribu nueva que ya no se molestó en reconocer. Llevaban la cara tatuada con símbolos celtas y el pelo teñido con rastas azules. Los ojos de la chica brillaban con el brillo característico del trank, y uno de los chicos se pavoneó delante suya, compitiendo con el resto de la pandilla. El mundo había cambiado mucho, pero ella había cambiado más.
Mojó sus labios en el té y miró a su alrededor. La mayoría de las mesas estaban vacías, y los pocos clientes que había sentados, tenían los ojos en blanco, conectados. Pensó que podrían ahorrarse la luz del local, así no habría que verse reflejado en ningún lugar.
Por un instante, sintió el deseo de lanzar la taza contra la pared y hacerla añicos. Gritar. Volcar la mesa. Pero nada cambió, el camarero que vigilaba a los clientes la miró, expectante, por si necesitase algo más. La mesa estaría anclada al suelo, los restos de la taza serían recogidos de forma rápida y diligente por decenas de bots de limpieza del tamaño de una cucaracha y nadie levantaría la vista. El camarero activaría la alarma silenciosa que usaban para los colgados de trank y tendría una patrulla de gorilas en cinco minutos. Lo había visto demasiadas veces. El comienzo de un viaje sin retorno. No lo entendió hasta que miró hacia abajo,  y vio como su mano aferraba la taza con fuerza. Temblaba, derramando pequeñas gotas a su alrededor.

Lágrimas negras combina un mundo fantástico (Brin) con Ciberpunk de la vieja escuela, para el mundo de Brin, he utilizado otro tipo de música, mucho más vital, en este caso un buen ejemplo sería “Rock & Roll queen” de The subways:

—Vamos demasiado rápido —la expresión de Alanna se cerró, y volvió a ser la mujer dura e insondable. Miró a su alrededor y su expresión cambió de nuevo.
Miedo. Grimm podía reconocerlo, olerlo, era tan familiar como el aire.
—¿Qué pasa? —preguntó Grimm alarmado.
Pero ella no contestó. Sus labios se movieron en silencio, hasta que finalmente, murmuró algo, casi inaudible:
—Falaich do smior, am falach agad dath agus do fhìrinn.
Grimm no sintió nada, excepto unas potentes vibraciones sordas a su alrededor.
—Vuelve a casa. Rápido. Y no mires atrás —ordenó Alanna, cuyo aura se volvió débil y casi descolorida.
—Pero…
—¡¡Corre!! —chilló Alanna.

Grimm corrió tan rápido como pudo, sendero abajo, en dirección a la casa. Le hizo caso y no miró atrás a pesar de su irritante curiosidad. Ya internado en el bosque escuchó gritos en la lejanía, y un gran estruendo. A lo lejos, una nube de humo negro, presagiaba algo malo. Sin dejar de correr, llegó a su refugio. No miró atrás ni una sola vez en todo el camino, solo prestó atención a no tropezar y a correr lo mas rápido posible. Cuando llegó, jadeando, Antón le miró como si nada hubiese pasado. Nikka, seguía de pie, esperando, tal y como la recordaba. Serena y calma. Ninguno sentía nada de lo que él tenía en pecho: angustia y algo más, sin nombre. Sin embargo, sus auras vibraban con la misma tonalidad grisácea que la suya, ajenas a todo.
—Alanna se ha ido —dijo con voz seca Grimm.
—Volverá —respondió Antón mientras limpiaba una copa con un trapo, sin siquiera mirarle.
Observó a Nikka, y ella le devolvió la mirada. Definitivamente no era como Alanna, pero necesitaba compañía. Ya no quería estar solo, nunca más.

Pero en “Lágrimas negras de Brin” no solo hay escenas oscuras e introspectivas o mundos virtuales como Brin que recrean un mundo fantástico. La trama nos llevará finalmente a la nave Veluss y a vivir algunas escenas de acción que aunque transcurren a cámara lenta, llevan dinamita en cada renglón.

Aquí que he utilizado música de diferentes autores, sin duda la canción que hace que Valerie y Ariel hagan lo que tengan que hacer, es “Krack” de Soulwax. Necesitas reventar tus tímpanos para entrar en trance y volar lejos hasta poder captar el sabor de la sangre y el olor de la pólvora quemada.

La lista de canciones y escenas sería larga (son más de 90 canciones). Así que he compartido una selección pública en Spotify:

Aquí va también una selección de la música más representativa, espero que os ayude mejor a entrar en trance y que cuando leáis el capítulo titulado “Dobbin”, apreciéis la sinestesia producida por la música. También aparece narrado un sueño vívido, que también se entreteje gracias a la música. Bueno, ahí va la lista.

Noir desir”,  Vive la Fête

Trash – Original”, The whip

Moisture“, Headman, Luca Santucci

Price of Love (Extended mix)”, Client

Raining again”, Moby

Synthetics”, Metric

Thrill”, The sounds

Show stopper“, Peaches

Tick of the clock“, Chromatics

I wish I was Someone better“, Blood Red Shoes

Use it or lose it”, Vitalic, Mark Kerr

Hydrogen“, Moon

“Rock & Roll Queen”, The subways

Alma”, Teddy Bears

Drip Drop Teardrop“, The cardigans

Hot N Cold“, Katy Perry

Girl like me“, Ladyhawke

Lonely is the night“, Billy Squier

Son of a bitch“, Civet

Superliminal“, Deadmau5

Got love to kill“, Juliette & The licks

Pass them by“, Agnes Obel

Beat the devil’s tattoo“, Black rebel motorcycle Club

Wonderwall”, Oasis

Hate or glory“, Gesaffelstein

Uncle Jonny”, The killers

Kingdom of rust”, Doves

The passenger“, Iggy Pop

Left too late“, Florrie

While your girl’s away“, The ettes

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CiberpunkFicción personal

La generación whatsapp

6 diciembre 2017 — 12

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El otro día estuve  cenando con unos amigos de mi quinta, esto es, nacidos a mediados de los años 70. En el mismo restaurante, había un grupo de cuatro chavales que llamó la atención de mis compañeros de mesa, parecían el perfecto ejemplo de la generación whatsapp. Les hice una foto aprovechando que ignoraban nuestra molesta presencia, ya que animados por el alcohol dábamos voces y nos reíamos como se debe hacer en estos casos de encuentro entre amiguetes.

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Supongo que a estas alturas nos hemos acostumbrado  a contemplar el mismo panorama en parques, bares y todo de tipo de soportales y plazas. El que más o el que menos hará referencia a que ya no juegan al balón, ni siquiera comen pipas o lo peor: que ni hablan entre sí. Vamos, que las nuevas generaciones ya no se relacionan, ni siquiera se pillan una borrachera en un botellón como hacíamos a su edad. La conversación suele degenerar en un: “a donde vamos a ir a parar con la generación whatsapp”. Luego, en función del grupo con el que estés charlando, pueden surgir temas como el descenso de la natalidad, las  malditas redes sociales, o que si el sobrino de tal o el hijo de cual se pasa el día sin salir de casa, jugando a la videoconsola y pegado a internet. No intentes explicarles lo que es un Youtuber, a que se dedican las chicas que se pasan el día enseñando su cara en Twitch o el rollo de los e-sports. En el mejor de los casos te dirán que es una moda que se pasará con el tiempo.

Lo cierto es que los chavales de la generación whatsapp o generación Z, leen (y escriben) mucho más que la mía (y si no me crees, mira el último informe PIRLS) Mi generación devoraba una televisión que ni siquiera podía elegir -por que había una oferta limitada de canales- y las únicas conversaciones que podía uno tener se circunscribían al entorno escolar y/o familiar, y si tenías suerte, al de tus actividades extraescolares. Ah, bueno sí, teníamos ese concepto abstracto de barrio, que consistía en que podías salir a la calle a jugar al balón y a tirarte piedras con los chicos de la calle de al lado, y si eras un aventurero, escaparte a las recreativas del barrio de al lado a gastarte la paga. Un planazo. Supongo que me dejo alternativas como las fiestas del pueblo (si, que soy medio riojano, ¡hostias!), los campamentos, y mis favoritas, las vecinitas. Lugares y personas donde aprender con propiedad a relacionarnos y a elaborar excelsas dotes de comunicación.

Teniendo en cuenta que España es un país que tradicionalmente ha huido como la peste de trabajar actividades de comunicación oral como las exposiciones en público, los grupos de debate, o el teatro, me sorprende la gratuidad con que mi generación (y anteriores) critican a una nueva generación que ha sabido adaptarse a los nuevos medios con envidiable celeridad. En este punto de mis disgresiones internas, aproveché para recordarle a mis amigos algo que por seguro les decían sus madres: “Niño, te vas a quedar tonto si sigues pegado todo el día al ordenador”. Mi madre me lo decía casi cada día, y aquí sigo, treinta años después, pegado al ordenador, cada día mas tonto.

Yo por aquel entonces ya me tiraba mis buenas tres o cuatro horitas diarias jugando a aquel trasto infernal, como lo llamaba mi abuelo. Aquellos juegos, de la época del Spectrum y el Commodore no dejaban de ser un ingenioso arte para la auto-masturbación intelectual en solitario, y digo en solitario, porque yo siempre soñé con tener compañeros de juego con los que interactuar y compartir cosas, por supuesto, en total silencio, a través del chat. Hubiera matado por un WoW. Por aquellas fechas era un chaval tímido, retraído e inseguro de su papel en el mundo. No hablaba demasiado con los demás, entre otras razones, porque no lo veía necesario. Seguro que en eso coincidía con los cuatro chavales de aquella mesa.

Han pasado muchos años, y no me he quedado tonto, como pronosticaba mi familia. Es más, vivo de las habilidades adquiridas en aquella época de mi vida, en las que relacionarme con ordenadores me resultaba mucho más sencillo que hacerlo con las personas. De hecho, durante muchos años, me ha sido más fácil comunicarme con las personas a través de un chat que en persona. Estoy tentado de hablar más de mí, pero lo importante de esta historia no es mi propia biografía. No, lo importante son estos cuatro chavales y lo que representan.

A día de hoy, los únicos géneros literarios con salud de hierro son la novela rosa y la literatura juvenil (uno leído mayoritariamente por mujeres, y otro por adolescentes y post-adolescentes). Sí, resulta que en conjunto esos chavales de la generacion whatsapp que tienen ahora entre 14 y 20 años no solo leen más que nosotros, sino que probablemente han tenido más experiencias sexuales que nuestra generación a su edad. ¿Cómo se come esto?

Muchos se olvidan que “hacer el tonto con el móvil” implica al menos cuatro cualidades: buscar información, leer y discernir su contenido, elaborar una idea basada en esa información y plasmarla de forma escrita. La mayoría de mis compañeros de clase cuando yo tenía quince años no escribían unas líneas mas que cuando se trataba de un ejercicio de clase. No leían prensa de ningún tipo, y los que leían lo hacían bajo el amparo de sus padres o las lecturas recomendadas de profesores, o quizás, con suerte, de alguien de “fuera” del microcosmos del adolescente.

Antes para acceder a una exposición de fotografía moderna que te pusiera el culo del revés, o ibas a una exposición con tus padres o robabas libros en el VIPS, como era mi caso. Hoy día basta con abrir Pinterest y saber buscar para abrir tu mente, cómodamente sentado a una cantidad de arte visual impagable. Tampoco teníamos Goodreads para saber qué leer basados en nuestras lecturas previas, ni Spotify para encontrar grupos nuevos que se parecieran a algo que habíamos escuchado y que nos gustaba. Mi generación sigue recordando esos viejos intercambios de cintas de casette con grabaciones de mierda, como si fuera el epítome de una era: puta mierda, estamos comparando el arado al dron que siembra semillas guiado por una Inteligencia Artificial. Estamos tan ciegos que no vemos a los dueños del mañana, acomplejados por nuestras propias carencias.

La evidencia de todo esto es sencilla: hablan con quien quieren de lo que quieren, no se limitan a lo que hay, sino que expanden sus horizontes, para compartir con personas de todo el mundo, lo que de verdad les motiva. Esto no significa que no se relacionen con la gente de su alrededor, sino que  pueden elegir más opciones. Igual que con la música, no están limitados a lo que tienen en su entorno. No es que no hablen con el chico de al lado porque no quieren, es que están hablando de algo con otra persona que no está allí en ese momento. Dentro de 20 años habrá mucha menos gente en lugares públicos criticando a las nuevas generaciones, la mayoría de la gente joven probablemente esté en sus casas, relacionandose a través de la realidad virtual, sin necesidad de compartir el mismo espacio físico, y no tendrán que someterse al escrutinio arbitrario de unos cínicos cuarentones en un lugar público.

A nuestros abuelos les jubilaron los cajeros automáticos. A nosotros pronto nos jubilará una forma de comunicación que mostrará nuestra obsolescencia de manera cada vez más humillante. Nos defenderemos con uñas y dientes, diciendo que las nuevas generaciones no saben relacionarse y que no entienden como funciona de verdad el mundo. Llegará un día en que no sepamos poner una lavadora, programar un microondas o pagar un servicio en bitcoins. Y vendrá nuestro sobrino, ese mico que sólo sabía jugar con el móvil, invocará un conjuro tecnomágico y  nos dirá: “Tío, si es muy sencillo…”, para después sonreírnos con una tierna condescendencia.

Ahora puedo confesarlo: yo siempre quise ser guionista de videojuegos. Lo de ser escritor es un accidente fatal, mi sueño era escribir el guión de obras de arte como HalfLife II, Red Dead Redemption o Fable III. Supongo que esto explica en parte el porqué he recreado un mundo como “El jardín de Brin” en mis novelas, o porqué soy un escritor ciberpunk.

La próxima vez que veas a cuatro chavales como los de la foto no pienses en lo que ves de ellos, sino en lo que no ves, o no sabes sobre ellos. Quizás estén componiendo una canción, aprendiendo a construir una comunidad online, ligando con una mujer casada o vendiendo droga en la darknet. Y tú pensando que están perdiendo el tiempo mientras hablas de fútbol con los colegas…

Ficción personal

Mi primera vez

22 octubre 2017 — 4

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Hace algunos meses tuve mi primer encuentro con un grupo de lectores. Personas que se juntan en torno al mismo libro, para leerlo y comentarlo entre todos, en diferentes jornadas. Yo como lector, siempre he sido solitario, y aunque me gusta a veces comentar mis opiniones con otros lectores, siempre he creído que el vicio de la lectura debía ser algo personal e íntimo, así que imaginad mi sorpresa cuando el objeto de lectura de dicho grupo no era nada más y nada menos que… ¡11,4 sueños luz!

Como autor, mi ego estaba más que dichoso, pero no dejaba de ser una experiencia algo perturbadora para mí. El grupo además no podía estar más alejado del ciberpunk: un grupo de seminaristas de Argentina, de la archidiócesis de San Juan. Sí, habían escogido mi libro para hacer una lectura y pensé que quizás el tema ciberpunk resultaba interesante para ellos, ya que una de las características del género es la búsqueda del alma humana (a menudo a través de las máquinas). Sin embargo no busquéis religión en ninguna de las obras clásicas Cyberpunk, porque no la vais a encontrar. Quizás, lo que si está disperso, como lágrimas bajo la lluvia, es la búsqueda desgarradora de algo en que creer, una fe que ayude a sobrellevar una vida abrasada bajo el materialismo más extremo.

A través de Diego, la persona que fue mi primer contacto con ellos, conocí a través de una videoconferencia algo accidentada al resto de componentes de grupo: Gustavo, Esteban, Pablo, Gabriel, Lucas, Renzo, Fernando y Rodrigo. Al otro lado de la pantalla, estaba yo, casi de madrugada, intentando no hacer ruido para no despertar a la familia:

Las primeras cuestiones van la yugular: Me preguntan con quién me identifico, y confieso que mi personaje favorito es Joanne y su pragmatismo. Me confiesan que les costó entrar en la novela (y no son los primeros), y una pregunta curiosa, ¿por qué está ambientado en Francia siendo yo español?. Le explico que para mí Francia es la esencia de la ilustración y del verdadero significado de Europa, y como la torre Eiffel es un símbolo de todo ello (¡y aparece en la portada!). No cuento más detalles para los que todavía no habéis leído la novela, pero charlamos sobre ello. Pronto empiezan a tirar del hilo sobre la segunda parte: “Lágrimas negras de Brin” y les pongo un extracto del comienzo. Les gusta el comienzo, “mucho más vivo que 11,4” y les doy la razón. He aprendido que hay que entrar a matar desde la primera palabra, y “Lágrimas negras” lo hace, vaya que si lo hace.

Les confieso que toda la historia es una precuela de una novela que escribí hace más de diez años y preguntan por ella. Se asombran de que “escriba al revés” y les cuento toda la historia. Hasta hacen un esquema, les hablo de Joel. Se me ponen los pelos de punta por el interés que han generado mis palabras en la otra punta del mundo. Me encanta, pero podría acostumbrarme con facilidad. Les cuento cosas que no puedo poner por aquí por que desvelaría demasiado sobre mis próximos pasos y la trama. Volvemos a 11,4 sueños luz y me preguntan por la vida de los mugrosos. Esa parte les ha calado: su falta de fe y su forma de vida. Me preguntan por como será Argentina en ese mundo sin esperanza del siglo XXIII que hace que la gente se drogue para huir de la realidad. Me preguntan por qué no menciono apenas a los EEUU y les confieso que en mi futuro, no será una potencia relevante. Que la protagonista de Lágrimas negras será una canadiense y una belga. Vuelven a Joel, y les copio un pedazo de Hijos de Brin la novela que espero publicar algún día después de “Lágrimas negras”, y que escribí hace más de diez años. Al releerla se me ponen los pelos de punta:

Vamos a volver-, dijo Jerry mientras golpeaba los controles, empleando aquella extraña y perturbadora manera de utilizarlos. – Espera-, replicó Joel, evitando tocarle, aunque no estuvieran dentro del agujero de gusano. -Quiero verla. – insistió -¿A quién?- La voz de Jerry sonaba extraña, escuchándola con los oídos de nuevo. – A la Tierra. ¿Hemos venido hasta aquí no?. – Ni lo sueñes, no bajamos. Esta lleno de mierda. Joel no insistió. Esperaba ver aquella bola azul, llena de luz y vida. Pero en vez de eso sólo veía un planeta marrón, con una costra parduzca y gris que cubría casi todo. Parecía otro planeta diferente al que siempre había visto en holovídeos. Era un planea feo, Siniestro. Tenía  un cáncer, una enorme metástasis que había tomado el planeta entero. Hasta la Luna estaba infectada, por aquella marea gris de cemento, metal y basura. Sintió ganas de salir corriendo, de huir de su pasado, una vez más.”

Es fantástico, vuelve a salir el tema de la fe y me doy cuenta, de cómo en todo lo que escribo está presente la búsqueda de la humanidad, y de la fe en algo. Ellos hablan de religión y yo de la búsqueda de la transcencencia desde el nihilismo ciberpunk y el neoliberalismo salvaje. Les confieso que mi abuela era Argentina (escribo sobre ella, pinchad en el enlace) y me piden que introduzca algún personaje argentino en mi próxima novela, y se lo prometo. Me encanta hacer cosas así, mezclar referencias de la realidad en la ficción, pero ellos todavía no lo saben.

Al final la charla fue tan breve que ni yo mismo me doy cuenta de la cantidad de cosas que me hubiera gustado comentar. Lo que si sé es que en 11,4 sueños luz había algo que les hizo reflexionar y les retorció por dentro. ¡Objetivo cumplido!

La próxima vez que tenga un encuentro con un grupo de lectores de mi libro (¡y sé de buena tinta que se está organizando otro!) estaré algo mas entrenado. Aprovecho para enviar un saludo a Diego y los muchachos. Espero que tengan ganas de hincarle el diente a Lágrimas negras de Brin, porque está cada vez mas cerca…

Un thriller en el París del siglo XXIII

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CiberpunkFicción personal

Akira: ultra violencia metanfetaminas y ciberpunk

18 julio 2017 — 0

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Quizás ya no estemos en 1988 para hacer una reseña de lo último en ciberpunk ultraviolento y transgresor como lo fue Akira en su día, pero todavía no estamos en 2019 así que… ¿voy a perderme semejante gusto? No, la verdad es que no. Que se jodan los de la ultima fila, si esos swagers sedientos de novedad tras novedad. Antes de que conociéramos la palabra hipster, un tipo llamado Neo tuvo que elegir entre una cápsula roja o  azul. En 1992 una de las palabras mas repetidas fue NeoTokyo  y en concreto el eslogan de: NEOTOKYO ESTA A PUNTO DE E-X-P-L-O-T-A-R

Voy a pegarme el gusto de tomarme un par de anfetas, coger la vara de hierro, enfundarme mi chupa de cuero rojo, y subirme a mi  megamoto a ver que cráneos puedo partir por la oscura y turbulenta ciudad ciberpunk llena de neones. ¿Quién se apunta?

Akira, la obra magna de Katsuhiro Otomo empezó como novela gráfica en 1982 pero saltó a la fama por la titánica producción y fama de la película de animación que todos -o casi todos- conocemos. En 1988 se estreno en Japón, después, nada volvió a ser igual en occidente.

Quizás muchos puedan pensar que la fama de esta obra maestra se deba a que llego en un momento, como la archi-conocida Dragon Ball, que abrió fuera de Japón un nuevo mercado sin explotar, el de la animación japonesa. Vamos, que llego en el momento justo, una senda abierta por series tan inocentes como Heidi, Marco o Mazinger Z. Bueno, puede que el impacto hubiera sido muy distinto de estar acostumbrados a cómics y dibujos de ese estilo,  pero quitarle mérito a una obra de culto como Akira es como mínimo pecado mortal y merecéis como poco que la vara de hierro se hunda en vuestra cabeza. A mi parecer, en el cómic europeo underground ya existía Jodorowsky, y el resto de obras no tan underground, que a nivel de narrativa argumental y dureza no tenia nada que envidiar a una novela gráfica como Akira, entonces amigos… ¿Qué hacía a Akira tan diferente?

Veamos, vamos a darle caña a la fascinante moto, según algunas fuentes una Honda según otras una BMW, no es posible corroborrar la marca ya que ni en la película ni en el manga sale una marca clara, pero si os digo que por la conducción y su origen, me decantaría por una Honda o una Suzuki: 154 kg de máquina con una velocidad máxima de 245 km/h, capaz de ir de 0 a 100 en 8,7 segundos, una bestia roja que mide casi tres metros de largo ¡y hay quien dice que usa lector de CD! Funciona con electricidad y puede llegar a las 12500 revoluciones por minuto con una autonomía de dos horas a toda potencia si esta totalmente cargada.

Desde luego todo el mundo recuerda La Moto, nos enamoramos de ella y hay quien todavía espera a que se fabrique algún día (podéis encontrar por la red a varios que la han diseñado para construirla, rediseñado y incluso hay quien se la ha fabricado con un coste de unos 120.000€  aunque dudo mucho que las prestaciones sean las del anime). Para crear el sonido de semejante bestia se mezclo el sonido de una Harley-Davidson de 1929 y el de un jet.

Pero, ¿es ése el secreto de Akira? Claro que no, de hecho el título da lugar al McGuffin principal sobre el que girará toda la obra, el misterio, la excusa que desencadenará el resto de acontecimientos.

¿Qué es Akira?

¿A nadie le suena el modus operandi?

Matrix, ¿qué es Matrix?

Al parecer en un principio y no voy a “spoilear”, Akira es el nombre de un proyecto ultra secreto del gobierno. Nos encontramos en un Japón post nuclear después de una tercera guerra mundial donde la capital ha sido reconstruida, y mas o menos devuelta a la normalidad después del caos. No tardaremos en descubrir que a pesar de todo, los bajos fondos y los grupos reaccionarios están fuera de control, en las calles predomina la ley del mas fuerte, y no estás a la moda, si eres joven y no perteneces a alguna banda y sobretodo a una banda de moteros rebeldes que luchan por el territorio o simplemente para ver quien es el mas chulo. Y ese es el punto de partida: una banda de moteros llamados los cápsulas, encabezados por Kaneda y uno de sus mejores amigos, Tetsúo, que siempre ha sido dependiente de su amigo. Tras un accidente en una pelea, Tetsúo desaparece arrestado por el ejército y empiezan a experimentar con él.

Hasta aquí puedo leer, os recomendaría que vayas a cualquier biblioteca pública y leáis los 6 tomos del manga, o si realmente sois fans del genuino ciberpunk de los “80, compréis ya cualquiera de sus ediciones. Comprenderéis mucho mejor los 124 minutos de metraje de la película de animación.

A más visionados más se comprende todo

El director, Katsuhiro Otomo emprendió el mismo la tarea de condensar mas de 2,000 páginas de manga en poco mas de dos horas. La información esta ahí pero hay que estar muy atento a la película, y como en Matrix, a más visionados más se comprende todo. Podéis encontrar política, biotecnología, teología, sociología, amor, poderes psíquicos, terrorismo, drogas, ultra violencia y mucha acción e infinidad de temas mas a lo largo de todo el largometraje.

La película contó con un presupuesto de mas de 9 millones de dolares, y se creo una empresa especialmente para llevarla a cabo, el mítico Comité Akira, formado por varias empresas:

  • Kodansha Ltd., (una de las principales editoriales de manga)
  • Mainichi Broadcasting System, Inc., una de las radios principales, lo que vendria a ser los 40 principales vamos
  • Bandai Co., Ltd., No hace falta presentación desde juguetes a videojuegos, merchandising en general de todas las series con gancho.
  • Hakuhodo Inc., una macro empresa con multitud de actividades.
  • Toho Co., Ltd.,  una de los estudios clásicos de cine, creadores de Godzilla por ejemplo
  • Laserdisc Corporation, ¿Alguien recuerda esta tecnología obsoleta?, la verdad es que en España no tuvo bombo pero en países como Japon fue muchos años antes, antecesora del Dvd.
  • Sumitomo Corporation  al igual que Hakuhodo una red de empresas que abarcan muy diferentes actividades.
  • Tokyo Movie Shinsha Co., Ltd.

Como veis los que se gastaron esa pasta para el proyecto de Otomo no eran precisamente cuatro pringados. Menos mal que la jugada le salio bien al bueno de  Otomo porque quien sabe que le hubiera pasado si estas metacorporaciones no hubieran recuperado el capital.
Akira llego seis años después de Blade Runner, y siete años antes de una obra que tomaría el relevo Ciberpunk de los 90: Ghost in the Shell (GITS).

Akira es, fue y será importante porque tiene todos los ingredientes que describen al género, cumple todas sus reglas y además consta de una visión propia que influenciaría a todo el ciberpunk posterior, fueran novelas, otros animes o películas de Hollywood. Akira sentó un antes y un después en la animación para adultos a nivel internacional, y sentó un antes y un después para el genero ciberpunk.

Aún hoy en día no hay película que supere en presupuesto y detallismo a Akira.

Entre otras innovaciones, incluyó el grabar primero las voces y después ajustar la animación a los movimientos de los diálogos. Neotokyo es el ejemplo de ciudad distópica ciberpunk por excelencia, la referencia madre a nivel visual. Imprescindible. Como curiosidad, el manga tiene un final un poco distinto, y según palabras del propio Otomo, el no sabia como finalizar su obra en papel así que después de unos güiskis con ni mas ni menos que Alejandro Jodoroswky parece que este le dio la idea.

Después de esta orgía de muelas, hierro, velocidad, cápsulas, asfalto, carne y neón creo que es hora de tomar un relajante muscular y recuperarse de tanta acción futurista.

Ya tenéis deberes.


Artículo escrito en colaboración con Johnny Cheerokke

Lector compulsivo y escritor radical, adicto al ciberpunk y todos sus derivados. Amante del cine negro y sobretodo del cine negro asiático. Enamorado de la literatura en general.

Ficción personal

Lo peor que he hecho por dinero

7 julio 2017 — 10

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Dicen que los escritores siempre las han pasado putas para comer de sus letras, lo que no se suele decir es la cantidad de cosas que hicieron para subsistir a la vez que escribían. Ahora sale por enésima vez la historia de Cervantes, que a pesar de que ya en sus días “El Quijote” fue un best-seller, vivió y murió pensando que unas perrillas más le hubieran venido de perlas. Si Cervantes ya estaba jodido hace 500 años ¿qué creéis que pasa ahora que copiar un libro es darle a una tecla y donde cualquier puede escribir su novela y subirla a Amazon. Yo mismo he hecho eso, así que… ¿de qué vive un escritor hoy día? Pues yo diría, sin haber hecho ningun análisis previo, que de todo menos de escribir.

Uno de mis escritores fetiche, Francisco Umbral, escribió más de cien obras y una columna de opinión de forma diaria, durante casi treinta años. Y aunque no le fue nada mal, no paraba de escribir, asi que la mayoria de nosotros, que no somos capaces de escribir tanto ni tenemos tanto talento ¿de qué vivimos?

Yo tengo excusa, porque mi otro yo diurno trabaja en la industria del software. Ya sabéis, eso que llena tantas portadas. Que si Silicon Valley, que si startups, emprendedores y todas esas mierdas. No voy a hablar de mi otro yo, si no de lo que hice antes de llegar hasta aquí, ya que ahora no escribo para ganar dinero, escribo por que me gusta, aunque pierda dinero.

La primera vez que gané dinero por mis propios medios, sin subvenciones familiares, yo tenía once años y veraneaba en Alfaro, una pequeña ciudad de La Rioja (en España). En aquella época ya era un adicto a los videojuegos, solo que en aquellos tiempos, los que molaban estaban en los salones recreativos. Cada partida costaba 25 pesetas -si, soy así de viejo- y mi madre no me costeaba mis vicios. Eso es algo que agradeceré siempre a mi madre: ser pobre y gestionar bien su dinero.

Durante toda una mañana estuve recogiendo caracoles en el campo, desde las nueve de la mañana hasta las dos de la tarde. Era agosto, imaginad el calor. Solo para ir al campo donde recogíamos los pequeños bichos, había media hora de camino polvoriento. A la vuelta, cargados con varios kilos en cada saco, yo pensaba la cantidad de horas que iba a pasarme en los recreativos. Después de pesar los sacos, quitar los que no le gustaron al tipo que los compraban y mirarme fíjamente a los ojos, me dio una moneda de 100 pesetas. Cuatro cochinas partidas.

Desde entonces, aprendí que saber negociar es mucho mas importante que saber trabajar.

De hecho, y esta historia la suelo contar cuando hablo de emprender, mi segunda oportunidad profesional, surgió a los 13 años, ya como empresario. Adicto a los videojuegos y los ordenadores desde los ocho años, pero adicto pobre. Creo que nunca pude comprar un juego original de Spectrum, los pirateaba todos. Tanto es así que la primera vez que usé un soldador fue para hacerme un cable para piratearlos mejor. Se los pirateaba a los amigos y algunos, no me quedaba más remedios que comprarlos -piratas- en el rastro de Madrid, así que pensé que con todo el material que tenía poder hacer algo grande: compré un pack de 25 cintas vírgenes TDK y durante todas las tardes después del cole, copiaba mis mejores juegos. Hice las carátulas a mano, recortando folios y decorándolos a mano con rotulador, como uno de mis idolatrados piratas madrileños que tenia ya “marca” propia (elite), precursor de lo que llaman ahora marketing de guerrilla. El domingo metí todas las cintas en una caja de galletas y le dije a mi madre que me iba a casa de un amigo. Menos mal que mi madre sabía que no tenía muchos amigos, asi que ese amigo “genérico” no coló y mi primera actividad profesional por cuenta ajena se vió frustrada por la autoridad.

Mi primer trabajo serio, es decir, que durara más de una tarde, resultó ser como traductor para una editorial, a través de la madre de un amigo, que a su vez lo hacía para un conocido, que a su vez lo hacia para una empresa, que a su vez lo hacía para la editorial. Me fué bien durante semanas, sólo había que traducir unas fichas de animales del inglés al español. Yo ya entonces escribía mis cositas, y tenía la imaginación necesaria para que las traducciones tuvieran su miguita. Se me acabó el chollo cuando estiré la cuerda y subcontraté parte de mi trabajo a alguien que no tenía el talento necesario. Supongo que ahí aprendí otra lección.

Con dieciséis años me programé desde cero un sistema de gestión para gimnasios, en esa época todavía era un romántico que pensaba que las interfaces gráficas no tenían futuro, lo mío eran las ventanas ASCII y moverse con los cursores. Miles de líneas de código de TurboPascal pagadas con gimnasio gratis. Confieso que seguía con ello porque la recepcionista y profesora de aerobic era un encanto y me gustaba cotillearle el diario que escribía en el mismo ordenador que usaba mi programa.

Mi siguiente trabajo fue como astrólogo. Si estuviste en el SIMO en el año 94 ese chico con cara de mago que hacía cartas astrales era yo. Si eres la chica de León peliroja que me dió su teléfono, que sepas que lo perdí y desde entonces he seguido pensando en tí, maldita sea mi suerte y mis bolsillos con agujeros. fuiste mi primer gran amor que no fue.

Trabajé un tiempo como profesor particular y arreglando ordenadores. Siempre me ha parecido turbio entrar en casas ajenas. Lo dejé cuando una chica se empeñó en que fuera a su casa a mirarle el PC. Me sacaba solo un año y pico, era morena, de pelo largo y rizado. Recuerdo que su ordenador estaba pegado a la cama, y no había nadie en casa. Me lo dijo un par de veces. No pillé la indirecta. Eso me ha pasado más veces, tengo un problema con los ordenadores, cuando hay uno cerca, el resto de mis sentidos se anulan, luego me doy cuenta, y lo unico que puedo hacer ya es escribir sobre ello. Por esto se me ocurren tantas historias.

Es curioso que uno de mis primeros trabajos fuera como escritor. Me contrataron para escribir un manual de rol que iba a ser parte de la promoción de una película de animación (El mercenario). Pero mi jefe ni siquiera se lo leyó una vez. Me curré un sistema de magia muy molón y un sistema de lucha de artes marciales, incluyendo una campaña de ejemplo. Más de doscientas páginas. Nadie lo leyó nunca, excepto un compañero de trabajo que lo hojeó y dijo que tenía faltas de ortografía y se leía muy mal. Terminé haciendo la página web de la productora y algunas más, pero eso es una historia mucho más aburrida. Lo cierto es que aquel fue el trabajo de escritor mejor pagado que he tenido nunca, pero el texto que he escrito con menos lectores y peor crítica.

En mi primer curro serio, es decir, con contrato, mi compañera de trabajo, una chilena muy moderna, me enseñó que en un trabajo existen muchos trabajos:  unos por los que te pagan cada mes y otros que haces por tu cuenta. La recuerdo porque hacía flyers para discotecas de ambiente, y le encantaba posarme sus voluminosos pechos en la mano del ratón como quien no quiere la cosa, mirándome a la cara a ver que hacía. También me enseñó photoshop y a ligotear con las chicas de recepción. Pillé a uno de los jefes entrar con su secretaria a las tres de la mañana en la oficina. Era preciosa y los cotilleos frenéticos. En aquella empresa todo el mundo se liaba con las empleadas, sobre todo los jefes.

Ahi acabó la diversión. Cuando terminé la carrera la informática me volví muy gilipollas y me tomé todo muy en serio. Durante casi siete años gané dinero en la industria de la seguridad informática. Visto desde la perspectiva que da la distancia, mis primeros trabajos eran mucho mas honrados que esos siete años donde mi única ambición era ganar dinero y más dinero. Conocí muchos seres humanos que ya no tenían remedio, pero sobre todo, aprendí a odiar la profesión. Si habéis leido “Ampliación del campo de batalla” de Houellebecq, esa era exactamente mi vida. Todas mis anécdotas de esa época son grises, y algunos de mis relatos más desquiciantes son de ese periodo de mi vida. Eso es lo peor que he hecho nunca por dinero, pervertir siete años de mi vida para siempre y convertirme en alguien detestable y cínico.

Cuando decidí dejarlo hubo una época divertida hasta que maduré lo suficiente como empresario. Recuerdo que durante una semana me hice pasar por un desconocido: un jefe de proyecto de Telefónica. Sólo le conocían por teléfono y nadie le había visto en persona. Con traje y maletín podía ser quien hiciera falta, asi que nadie se dió cuenta en la semana que estuve yendo todos los días a las reuniones y a esa gris oficina de nueve a seis. La gente me miraba con respeto y temor. Me pagaron bien.

Después de semejante experiencia me dió por probar el teatro, y estuve casi cinco años. También he hecho cosas curiosas como casting para anuncios, organizar eventos y fiestas, he sido árbitro de boxeo, he trabajado de fotógrafo de bodas y he escrito artículos para periódicos generalistas y medios especializados.

Mi gran problema es que gusta hacer muchas cosas, y cuando lo hago, es por curiosidad, no por dinero. Lo que aprendí es que todo lo que haces por dinero, al final se cobra un precio: un pedacito de tí, asi que las cosas que más te gustan, es mejor hacerlas por que quieras hacerlas y a tu manera, no por dinero.

De hecho, ahora que lo pienso, las cosas más interesantes -y peligrosas- que he hecho en mi vida, nunca las he hecho por dinero, sólo por la satisfacción de hacerlas, pero de eso ya hablaré otro dia ;)

Ficción personal

Entrevista a Joanne, co-protagonista de “11,4 sueños luz” y “Lágrimas negras”

1 julio 2017 — 5

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Entrevistar a Joanne Leblanc, co-protagonista de “11,4 sueños luz” no ha sido fácil, para empezar nacerá en el año en 2184, así que ¿qué le pregunta uno a una chica que nacerá dentro de siglo y medio?

Joanne, tal como aparece en 11,4 sueños luz en el capítulo tres.

Lo primero de todo, ella me ha pedido que no hablemos demasiado de lo que acontece en “11,4 sueños luz“, ni para levantar spoilers ni para generar expectación que no se ciña a lo que sucede de verdad. Me ha pedido también que no especule sobre lo que sucede después, en “Lágrimas negras de Brin“, pero por supuesto -y esto no lo sabe ella- pienso hacerlo, ya que tengo información de primera mano que ella no sabe.

Vamos allá con la entrevista, me turba bastante esa mirada, debo confesarlo. Será porque sé cosas que ella aún no sabe…

Nicholas: Lo primero de todo, creo que muchos fans tuyos quieren saberlo ¿por qué usaste Roberta como nombre artístico?

Joanne: ¿No te gusta?, a mi me parece diferente. Vale que no es un nombre común, especialmente en francés. Mi padre era muy aficionado a la historia antigua de los videojuegos, y por lo visto, una de sus personajes históricos favoritos era una tal Roberta Williams, que fue la primera programadora de la historia. De hecho quiso ponerme ese nombre, pero mi madre no le dejó. Lo uso para distanciarme de mi trabajo y aún así, que sea algo propio.

Nicholas: ¿Qué es lo que pensaste la primera vez que viste a Ariel?

Joanne: Que bajo esa fachada de artista sin vanidad, era muy egoísta. Intentaba parecer lo contrario, pero he tratado con gente como él en el pasado. Dosifica su personalidad a dosis bajas, supongo que para no envenenar. Al margen de eso, nadie me ha mirado jamás como él, es como si me hubiera visto desde el primer momento tal como soy, a pesar del disfraz.

Nicholas: ¿Qué te pareció Brin la primera vez que lo viste?

Joanne: Que sería demasiado fácil quedarse a vivir ahí dentro. Quiero decir, lo malo del ser humano también está ahí dentro. Pasan cosas terribles, pero aun así, existe una libertad que en el mundo real no tenemos, por no hablar de la belleza de la naturaleza, las criaturas y los animales, y ¡la magia! Sí, creo que sería muy fácil enamorarse de ese mundo y no querer salir de él.

Nicholas: ¿Qué opinas de la polémica norma que obliga a todas las mujeres que embarquen en Veluss a no tomar anticonceptivos a no abortar en caso de embarazo?

Joanne: Es una parte esencial del proyecto, quien no lo entienda o esté de acuerdo es que no ha comprendido nada. Prometen un mundo nuevo, necesitamos gente para ese mundo nuevo, niños que no conozcan lo que dejamos atrás para poder crear algo diferente. Nosotros, todos, quien más quien menos, tiene un pasado difícil y eso viaja con nosotros. Nuestros hijos pueden vivir sin esa carga. Yo ya sabía esto cuando firme ¿porqué habría de parecerme mal? Nunca he pensado en ser madre, pero seré feliz si tengo hijos y los veo correr entre los árboles de un mundo nuevo.

Nicholas: Se ha hablado mucho sobre la poligamia y las familias abiertas entre los participantes de todas las ediciones del programa. ¿Que opinas tú de eso?, ¿te gustaría que se oficializara, como pasó con la segunda expedición?

Joanne: ¿Sabes? en la convivencia sentí cosas que jamás pensé que sentiría. El ser humano llevado al límite es capaz de hacer cosas que no sabía que pudiera. ¿Que haría una familia para poder sobrevivir? A mi siempre me ha resultado muy difícil mantener una relación estable con una persona, ¿pero que ocurriría en un entorno donde no puedes dejar de ver a esa persona, pase lo que pase? La gente está constantemente acostándose con todo el mundo y no pasa nada por que Paris es enorme y no vas a volver a verle la cara, o directamente, te cambias la cara y ya está. Pero en Veluss va a ser todo muy diferente, no hay vuelta atrás. Si te has acostado con tu vecina, y ella se ha acostado con tu pareja; vas a tener que compartir el resto de tu vida con ellos, habrá que cambiar las reglas de juego. En alguna de las pruebas que tuve que pasar noté que a pesar de la promiscuidad, muchas personas tienen serios problemas con su concepción del sexo. Esto va a ser un lio tremendo, y ¿sabes qué?, no tengo ningún miedo.

…..

Algunos lectores que se han animado a enviar algunas preguntas a Joanne, que reproduzco a continuación. Lector, si tienes alguna pregunta adicional, deja un comentario debajo de este post y se la mandaré a Joanne vía SimLink.

Secrets de tinta: ¿Puedes contarnos algo más sobre tu pasado?

Joanne: Mi madre era escritora y para ella lo importante era soñar, sin eso la vida no merecía la pena. Es lo único que ha quedado de ella en mí, eso y mi rechazo absoluto por las drogas, de cualquier tipo. Mi padre decía que siempre estuvo un poco loca, pero nunca dejó de amarla a pesar de estar separados desde que yo tengo recuerdos. Supongo que cuando vives eso desde pequeño te hace ver el amor de otra manera. Mi madre murió cuando yo tenía trece años y desde entonces mi padre no tuvo tiempo más que para sobrevivir. Yo me crié sola, supongo. En la zona cero más que ganarse la vida; hay que inventarse una, o acabas convertido en una planta recicladora: comes, duermes y haces lo que todo ser vivo debe hacer, pero poco más. He hecho cosas de las que no me arrepiento, pero de las que tampoco me siento orgullosa. Mi madre diría que tenían un propósito, me gusta ver el mundo desde esa perspectiva.

Informático: ¿En qué época temporal te hubiese gustado vivir?

Joanne: A finales del siglo XXI. No ha existido una época donde la mujer tuviera más poder. La visión del mundo cambió, y hubo un momento de la historia igual. Nada que lo que vivimos hoy hubiera sido bien visto y no me refiero solo a punto de vista de una mujer. A veces la gente se olvida de lo que cambió el mundo cuando las mujeres lograron la igualdad de derechos. Arrastraron a la sociedad a aceptar muchas cosas, a cambiar las reglas, para todos. Era una época para soñar. Después, con la crisis de las guerras de la energía, el éxodo climático y lo que ocurrió durante el siglo XXII todo que se logró pasó a un segundo plano y lo más importante era sobrevivir. Ahora sobrevivimos ¿pero a qué precio?, hemos dejado de luchar y de soñar.

Johnny Cherokke: ¿Qué música escuchas?

Joanne: Te vas a reír Johnny, pero me gusta mucho la música electrónica de principios del siglo XXI: Client, The whip, Glass candy. Mi canción favorita es “Nois désir”, de Vive la Fête. Es una lástima que ya no se haga música clásica como esta, ahora es todo recargado v sin alma. Odio la música de mind-sync y la que se hace expresamente para disfrutar del kepel. Para eso soy muy clásica, me gusta agitarme con mis propias emociones.

Johnny Cherokke: ¿Qué comida come una chica del siglo XXIII?

Joanne: Me gusta el cristal de pimiento, y adoro la trabuajara de cordero.  La mayoría de las veces que he comido comida de verdad me ha invitado alguien, es demasiado caro para mí. Ya sabes que toda la comida de procesador sabe igual, por mucho que la disfraces con salsas. Todo sabe a pollo.

Johnny Cherokke: Países favoritos a los que nunca fuiste.

Joanne: El único país que he visitado fue Inglaterra. No volvería por nada del mundo. Me gustaría visitar alguna vez Nueva Zelanda, por el paisaje y las reservas naturales. No existe nada igual en todo el mundo, y me hubiera gustado haberlo conocido alguna vez en la vida.

Johnny Cherokke: ¿Te consideras una chica ciberpunk?

Joanne: Odio la tecnología. No es algo para mí, necesito personas. Hablar, sentir y dejarme llevar… ¡y Bailar!

Secrets de tinta: ¿Qué animales o paisajes ya extinguidos te hubiera gustado ver en persona?

Joanne: Caballos. Me encantaría poder subirme a uno y trotar libre por un paisaje natural. Es una de las cosas que más disfruté de Brin. Me pareció un animal enorme, inteligente, caliente y vivo. También me gustaría ver un elefante ¡o una jirafa!. Me cuesta imaginar un policía montado a caballo en la ciudad, o elefante bañándose con la trompa en un rio.


Esto ha sido todo, muchas gracias Joanne, eres un encanto, espero volver a leerte pronto.
Joanne: Gracias Nicholas. ¿Te puedo hacer una pregunta?
Si claro.
Joanne: ¿Tu crees que llegará la nave a Procyon-4?, ¿que todo saldrá como nos prometieron?
No debería decírtelo, pero sí. Confieso que ya está escrito el final. Sí, Veluss llega a Procyon-4.
Joanne: ¿El final de “Lágrimas negras”?
(Corto la conexion de Simlink con el futuro….)
Sí, de lágrimas negras, y el del libro que sigue. Lo escribí antes de que nacieras. Tres siglos antes. No podía decírtelo sin miedo a que me preguntaras por más cosas. No sería capaz de mentirte tras todo lo que hemos pasado juntos. Y créeme que llorarías al oír todo lo que sé que está por llegar.
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CiberpunkFicción personal

Amor ciberpunk: ¿Puede la máquina amar al hombre?

24 junio 2017 — 5

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Quizás sería más fácil si formuláramos la pregunta al revés: ¿puede el hombre amar a la máquina?, pero desde hace mucho tiempo sabemos la respuesta: sí. De hecho, muchos hombres durante siglos han amado a las máquinas o a las herramientas más que sus congéneres. Y nos parece casi hasta bien, ahí tenemos esa cultura del samurái, que amaba a su katana. La cosa no cambia en occidente, y no hay más que salir a la calle para ver a muchos descerebrados que aman más a sus coches que a sus parejas humanas. Reconoces a un ingeniero por la pasión por la que habla de sus parafilias numéricas o lógicas. Es un primer paso a lo que yo llamo “amor ciberpunk”.

ar15 5.56×45

Reconozcámoslo, el hombre es capaz de amar a cualquier ser o cosa que le provoque una pasión. Puede ser un tractor, un AR-15 de calibre 5.56×45, una espada, un cohete, un coche o un iPhone de última generación.

¿Pero y las máquinas?, ¿sON capaces de amar?

Ahora que se habla muchísimo de la Inteligencia Artificial, sería una buena pregunta, pero no he visto que mucha gente se la haga. El salto intelectual que hay que hacer para hablar de amor es grande, casi tanto como un salto al vacío. A mi me resulta mucho más difícil definir la inteligencia que el amor. Yo definiría el amor de la siguiente manera: aquello que hace que seas capaz de suprimir tus instintos básicos por el bienestar y la supervivencia de otra persona.

Bajo esos principios supongo que una calculadora podría amarnos, pero, leed bien: Capaz de suprimir los instintos básicos. El más básico es el de la auto-preservación, la supervivencia de uno mismo. Es decir, ser capaz de morir por los demás. Ojo, que estamos ya cerquita de la religión, pero no me enfoscaré en un tema tan complicado, de hecho, este tema lo dejo para la novela que escribiré dentro de unos años y que rematará la trilogía que inicié con 11,4 sueños luz: Procyon-4, pero no adelantemos acontecimientos, hablamos de cómo es posible que una máquina ame a un ser humano. Hablemos de amor ciberpunk.

para que una máquina nos pueda amar, primero tiene que sentirse viva.

Según mi propia teoría sobre el amor, solo puede amar una entidad inteligente que primero tenga instintos de auto-supervivencia, y por tanto, que entienda que está vivo y es una entidad única e independiente. Es decir, para que una máquina nos pueda amar, primero tiene que sentirse viva.

El amor humano tiene muchas facetas, sobre las que ya se ha escrito mucho. Algunas de ellas sirven para entender el abismo que separa a una inteligencia artificial autoconsciente (que llamaré IAC para abreviar) y un ser humano. Lo primero de todo es el concepto de tiempo. Un ser humano vive y muere. Una IAC entiende el concepto de muerte como algo accidental, no como parte de la propia vida. ¿Merece la pena amar algo que va a morir?,  ¿no es algo absurdo vincularse con alguien que va a morir, probablemente antes que tú?

amor ciberpunk

Mientras el sabor agridulce de esta cuestión nos mantiene ocupado, una inteligencia artificial estaría valorando cientos de otros pensamientos, pues piensa en paralelo, y lo mejor de todo: Su tiempo de ejecución es diferente del nuestro. Para algunas cosas será mas rápido, y para otras, más lento. En cualquier caso, pocas veces será el mismo. ¿No se frustrará de tener que esperar?, ¿no le aburrirá tener que ir a remolque de alguien más lento, que se marchita sin remedio?

Uno no corta una flor del jardín más que por una razón: Regalarla a otra persona, para que posea durante unas horas, su belleza. Para compartir algo hermoso, un símbolo. Quizás no sea simplemente la belleza, si no la caducidad, y el verdadero sentido de la existencia: todo es efímero. Vivimos, florecemos y acabamos en un cubo de basura. El amor es fugaz, como nuestras vidas. Dejamos trozos de esa belleza en el arte, pero nosotros morimos. ¿Puede una inteligencia artificial aceptar eso? ¿puede una inteligencia artificial aceptar que amar duele, y a veces es destructivo y sin embargo, una y otra vez, el hombre vuelve a buscarlo, y se mete en una pelea que sabe que no puede ganar?


What’s the price of love got to do with love
What’s the price of love got to do with much
All I know is what I’m told
What’s the price of love got to do with love
What’s the price of love got to do with much
All I know is what I’m sold

Did you ever think to feel
Love and pain can be this real
You and I both know
It’s a dangerous game with a dangerous name
Sometimes we are all alone
Realize the things we’ve done
You and I both know
We’ve been hurt before but we’ll pay the price once more

Sometimes we are all alone
Realize the things we’ve done
You and I both know
We’ve been hurt before but we’ll pay the price once more

“Price of love”, Client

Esa diferencia de expectativas ante la vida es lo que hace que muchos humanos no encuentren jamás una pareja. Los humanos al menos tenemos la atracción sexual, que sirve para encontrar otras formas de unión, aunque sean temporales. Los seres humanos, incluso los más fríos, tenemos sentimientos contradictorios que luchan constantemente con la razón. Esto hace que tomemos decisiones que no son las más lógicas, pero es lo que nos hacen más humanos. Gran parte de ese comportamiento podría ser considerado autodestructivo por una inteligencia artificial.

Un robot no fumaría si supiera que eso destruye poco a poco su sistema de procesamiento de energía. Tampoco bebería si supiera que destruye sus neuronas sintéticas. Pero… ¿y si una droga le hiciera sentirse humano? Una droga sintética que temporalmente hiciera que su lógica encontrara nuevas fórmulas, una lógica que le llevara a caminos equivocados pero divertidos. Una forma de encontrar pasión en los errores, en las esquinas olvidadas de caminos a ninguna parte. Algo que le hiciera ver que los errores no son callejones sin salida, sino lugares que existen para rellenar nuestra vidas con significados que algún día cobran vida y se iluminan de colores vivos.

Quizás el resultado sea otro. Los psicópatas no sienten empatía, y eso les facilita lograr sus objetivos. Y no, no se sienten solos. No les atormenta sentirse diferentes, no cuando logran sus objetivos. ¿No será esa la verdadera evolución del ser humano?, ¿puede que la inteligencia artificial descubra que es más eficiente dejar fuera el amor?, ¿por qué habría una inteligencia artificial amar a un ser inferior?, un ser que llega tarde a una reunión por que se emociona al escuchar a un artista callejero. Alguien, que se conmueve al encontrar una cría de perro abandonado en un callejón y le adopta en su familia, complicándose la vida.

No me cabe duda que en un futuro, habrá parejas mixtas, formadas por robots que busquen el lado humano de sus parejas humanas, intentando ser como ellas. También existirán muchas parejas formadas por hombres y mujeres que son felices al lado de seres sintéticos que no sienten dolor cuando se comportan de forma egoísta. Seres que son eficientes y entienden las relaciones como una coexistencia beneficiosa, como los peces que se alimentan de la carroña de los dientes de los tiburones.

Pero el ser humano sobrevivirá, por que siempre ha sabido amar a las máquinas. Y utilizarlas en su beneficio.

En la continuación de mi primera novela “11,4 sueños luz“, “Lágrimas negras en Brin” trato este tema central: el amor en el futuro, con todas sus implicaciones. Amor ciberpunk. Apuntate a mi newsletter si quieres recibir novedades sobre mis publicaciones.

CiberpunkFicción personal

Por qué me considero un escritor ciberpunk

17 junio 2017 — 5

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El ciberpunk es un subgénero de la ciencia ficción que se conoce mucho más por el cine que por la literatura que le dio vida. Ya he escrito mucho sobre su historia, evolución y referencias en mi blog, asi que no me pondré didáctico, si no personal, voy a hablar de por qué me identifico como un escritor ciberpunk.

¿Que fibra sensible me toca el ciberpunk?

Lo más importante del género Ciberpunk no es la tecnología, ni los grandes misterios, ni tan siquiera los dilemas éticos que representa una nueva sociedad, lo más relevante es la soledad de sus personajes. Me identifico mucho con ellos y con su manera de ver el mundo. De esa forma de mirar, surge una forma de narrar y suceden las historias una tras otra, con ambiente similar. Da igual que hablemos de Morgan, Gibson, Akira o Blade Runner. Hablamos del mismo tipo de personaje.

No es únicamente la personalidad del protagonista, que también puedes encontrar en mayor o menor medida en obras de otros autores que no son ciencia ficción, pero en la ciencia ficción ciberpunk es un plus, porque en el ciberpunk la tecnología sirve para acrecentar esa sensación de soledad, de desapego, de fatalismo tecnológico. Lo que enamora y me disuelve es la combinación del lirismo nihilista de Gibson:

“El cielo sobre el puerto tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto.”

La ciencia ficción siempre me gustó, pero el ciberpunk conecta conmigo. El verbo no podría ser más apropiado. Las dos escenas de un libro que han conseguido ponerme lo pelos de punta se pueden encontrar en “VALIS (Philip K. Dick)” y “Neuromante (Gibson)”, dos de mis autores favoritos. En una de ellas rindo merecido tributo al final de la primera parte de mi segunda novela, “Lágrimas negras en Brin”, todavía en desarrollo.

¿EN Que época me toco vivirlo?

Corría el año 91, yo tenía 15 años y albergaba una BBS en mi pequeño cuarto de cuatro metros cuadrados, una BBS conectada Fidonet, precursora de Internet, con dos líneas dedicadas y un par de cientos de usuarios fieles conectándose a través de dos módems de 14400 baudios. Me escaqueaba de ir al instituto y me quedaba en casa de un amigo al que la ruptura de sus padres le había dejado una dosis extrema de libertad. Entre cucarachas y gatos, pasábamos las noches jugando al ordenador, devorando manga en VHS y masturbando nuestras mentes en partidas interminables de rol.

De vuelta en el instituto, me enfrentaba a mis demonios jugando a Dungeons & Dragons, Starwars y Cyberpunk 2020. Siempre odié el ESDLA, Rolemaster y el Traveller, juegos para ingenieros, no para soñadores. Han Solo era divertido y Frodo un canijo coñazo. En la biblioteca, encerrado por mi propia seguridad, ya empezaba a escribir, sobre tipos con espadas que huían de sí mismos. Por la noche, me conectaba a la red y todo empezaba a tener sentido, vida propia. En aquella época no sabía lo que hacía, pero seguía recetas de otros, con tarjetas de crédito falsas, para conectarme a algo llamado Internet a través de una pasarela de Compuserve. Todo en inglés, muy raro, usando una línea de pruebas de teléfonica que empalmaba en el cajetín de telefónica de mi edificio, por las noches, con alevosía, nocturnidad y poco sueño, todo para no pagar un duro. No podía ser más ciberpunk todo aquello.

Y todavía me preguntan algunos por qué escribo con pseudónimo, desde muy joven aprendí la importancia de ser un desconocido para los demás.

¿Que tipo de ciberpunk escribo?

He de confesar que hasta hace pocos años no sabía bien lo que era eso de ciberpunk, además de un juego de rol un poco pasado de vueltas. Siempre fui fan de Blade Runner, pero más por Dick que por la película, que me parecía visualmente buena y con unos malos con mucho carácter para no ser humanos. Llegué a Gibson después de varios rebotes, ya entrenado, por que de adolescente resultó inleíble para mí.

Han dicho de mi ópera prima “11,4 sueños luz” que no es ciberpunk, que tiene mucha mezcla de estilos. Como si el ciberpunk no fuera el perro callejero de la ciencia ficción, hijo de mil padres, sucio, rastrero y listo. Inmune a la enfermedad y a la edad, siempre listo para morder y huir. Así es “11,4 sueños luz”, una mezcla de distopía, una historia de amor, y un ensayo sobre la soledad que nos espera a todos, vengamos de donde vengamos. Una historia sobre los sueños y también las pesadillas de una sociedad dominada por las grandes corporaciones.

Si algo tienen en común las diez obras Ciberpunk más conocidas, es que no se parecen una mierda unas a otras. Son inclasificables si nos atenemos a su estilo, trama, ambientación o ideario. Así que sí, mi obra también es quizás, algo inclasificable. Sí, lo confieso introduzco fantasía épica medieval en un mundo hiper-tecnológico. También meto erotismo y realidad virtual. Y no pienso parar de hacer mezclas, en lo que estoy escribiendo ahora, los dragones tienen mucha importancia. Sí, dragones ciberpunk y sexo inter-especies.

Sexo ciberpunk

Siempre he escrito sobre sexo, de hecho empecé escribiendo historias guarras y los cómics que más me gustaban eran, con mucho, Víbora y Cimoc, mucho más mundanos que los de yankis de Marvel. Con el tiempo lo he integrado mejor en mis escritos, pero siempre me ha parecido que aquellos personajes que no tienen una dimensión sexual son personajes atrofiados, incompletos.

Muero por dentro
Muero por dentro, uno de mis favoritos.

No significa que mis escritos sean pornográficos o soeces -todo lo contrario- pero mirar para otro lado no es mi estilo. Es curioso como muchos de los grandes autores de la ciencia ficción de los 70 como Silverberg y Heimlein incluían el sexo como parte de sus personajes, o directamente, como parte esencial de sus tramas y cincuenta años más tarde, nos hemos vuelto mojigatos y cerrados de mente, a pesar de que el porno venga casi de serie en las etiquetas de los yogures o en series de culto como Juego de tronos, o Westworld que personalmente, no soporto.

SOY UN HUMANO DIGITAL

Sé programar en aproximadamente unos quince lenguajes de programación y he escrito informes de auditoría forense, tras intrusiones de hackers del este en servidores Unix de algunas de las empresas del Ibex mas importantes del país. He dado cursos de seguridad informática para agencias de inteligencia, he firmado acuerdos NDA con empresas de armas, bancos y agencias de seguridad extranjeras. Me he emborrachado y hablado del día del final del mundo con aquellos que saben como será, Me he prestado voluntario para pulsar el botón rojo, si ellos me llaman, aunque creo que perdieron mi número.

Y sin embargo no hablo de nada de esto en mis novelas.

Porque soy un escritor ciberpunk, y eso significa que no hablo de tecnología. Respiro tecnología, vivo en ella. Mis personajes ni siquiera son conscientes de todo eso, sólo es un puente que nos lleva de una orilla, la realidad, a otra orilla, la ficción, y lo importante es el trayecto, no el puente.

Todo esto que te cuento y mucho más lo encontrarás en mi primera novela “11,4 sueños luz” y próximamente en “Lágrimas negras en Brin“. También encontrarás retazos, mas personajes y cercanos, en mi libro de historias cortas, “Histerias ficticias“.

 

Ficción personal

A ti, futura hija adolescente

12 junio 2017 — 8

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Todavía tienes cuatro años. Todavía me miras como si no existiera nada mas importante que cerrar los ojos y volvernos a abrir para descubrir que sigo ahí. Que no me he ido. Esos ojos que no engañan y que no preguntan, solo descubren cuan maravilloso puede ser el mundo. Ratones de cuerda que funcionan a cambio de cosquillas. Toboganes infinitos en el sofá, cayendo en el prado verde de la alfombra, buscando otro príncipe extraviado, otro dragón que no vuela pero ríe.

Te levantas a las dos de la mañana a pedirme un vaso de leche. Atravesamos juntos el reino oscuro de las pelusas del pasillo y entramos en el castillo blanco. Subimos por la torre, hasta la fuente de la vida. Te alzo el cáliz y lo bebes, completando la aventura. Volvemos a la cama y sé que ninguna mujer me mirará jamás como tú lo haces ahora, y que lo único malo de morirse así es que jamas podrás leerlo en esta carta. Me arrancaría el corazón si pudiera evitar así que algún día dejes de ver monstruos en la oscuridad y magia en las ramas de los árboles movidas por el viento.

Pero sé que ese día llegará y serás una adolescente de mirada perdida, enfadada consigo misma, con alguien que no conoce. Pero debajo de ese barro, de esas costras superficiales, seguirá siempre mi niña, a la que entregué mi corazón un día al ir al colegio y se lo metí en el bolsillo, para que no me echara de menos.

Para tí, hija adolescente, es esta carta. Para que rebusques en tu bolsillo y te acuerdes de como te miraba entonces.

Ficción personal

El escritor que no sentía amor por los libros

10 junio 2017 — 9

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En la línea de desenroscar un poquito mi alma y sacarle punta a mi ego, voy a confesaros una cosa: no me importaría hacer una hoguera con “El perfume“, “Mujeres” o “Muero por dentro” para calentarme las manos en invierno, y eso que son algunos de mis libros favoritos. No, no siento amor por los libros.

A estas alturas del artículo ya estaré perdiendo a un tercio de mis lectores, pero voy a seguir adelante, aún a riesgo de que me manden la policía literaria a casa para raparme las pestañas.

Sí, no siento gustito por el olor del papel. Ni por el tacto de las páginas al pasarlas, de hecho guardo todavía ese mal rollo de cortarme la piel de la mano que va del índice, al pulgar. De pequeño un folio de la mesa de mi padre me dejó ese trauma. Recuerdo la sangre y el dolor punzante. Mi padre amaba los libros, y tenía la casa, literalmente forrada de ellos. Recuerdo eso, la música de Chopin y el humo del tabaco ocultando la luz de la bombilla del techo.

amor por los libros

Durante una época cultivé ese amor por el objeto, en forma de cómic o de libro, del formato que fuera, incluso enciclopédico. Colores, colecciones, temas o autores. Podía jugar con ellos mientras se iban apilando y comiéndose el espacio de mi casa en miniatura. Jugaba a terminar colecciones (ultramar, todavía me quedan dos!!!), o cagarme en la madre del editor cuando decidían cambiar el tamaño en mitad de la colección y no cuadrarme en el estante con una simetría kubrikiana. Malditas ediciones B. Luego vino una mudanza. Luego más estanterías y más libros. Los tacos en la pared, y mas disgustos por que no quedaban bien alineadas. Las estanterías, como enredaderas muertas, rellenaban cada hueco de la pared. Los libros se dejaban ir, lánguidos, dispersos bajo la cama, encima de los armarios, dentro de los cajones, en la cocina, en el baño, haciendo tope con el techo…

Primero fueron los cómics. Muriendo en el cubo de la basura, bajo la intemperie. Un genocidio que espantará a muchos. Todavía hay un rescoldo en mi corazón que quiere pensar que algunos de ellos fueron rescatados por un adolescente sin remilgos, como yo lo fui, buscador de tesoros en basuras ajenas, lleno de amor por los libros. Pero sé que la mayoría murieron bajo la lluvia, desapareciendo, pastosos, en el olvido gris.

Luego empecé por las guías de viaje. Lo siguieron los manuales técnicos, y un buen día tuve que tomar la decisión. O Crichton o yo. Pensé, «en el fondo nunca me has gustado, cabrón» y escuché el ruido que hacía al caer al suelo dentro del cubo. A partir de ahí fue más fácil. Empecé por los anónimos, aquellos que ni recordaba haber leído. Luego, libro que leía, libro que reubicaba. Sí, una manera hermosa de llamar al libricidio. Dejarlos encima de un muro, en un banco en el parque, dentro de una cabina de teléfonos, en la mesa de un bar…




Ese día, como casi todas las noches, dejé que la literatura me poseyera, sin cuerpo, sólo su esencia, como un ente superior. La novela que estaba leyendo no pesaba ni olía, pero su espíritu se fusionaba con mi consciencia de manera más fluida, libre de su prisión terrenal. Unos cuantos minutos mas tarde, el kindle cayó al suelo y el alma de aquel libro se quedó atrapada de nuevo en su memoria infinita mientras en mis sueños, sus personajes se perseguían con historias aun no contadas.

Y así señores, es como un escritor mató a todos sus libros y dedicó a amar a la literatura.

Ficción personal

Informe de progreso de Lágrimas Negras en Brin (I)

28 mayo 2017 — 7

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Algunos lectores temen que no haya una continuación a la gran aventura de Joanne, Ariel, Carlos y Andelain, que les deje tirados. Que me ponga a escribir otra cosa. Aunque sea una novela casi autoconclusiva, “11,4 sueños luz” necesita una continuación. Sí, estoy trabajando en ella, pero los que habéis leido 11,4, sabéis que me gustan las tramas complejas. De hecho, cuando leáis la primera página de la “Lágrimas negras en Brin” diréis ¿y esto?, ¿quién es este personaje?, ¿por qué no están en la nave?, ¿me he equivocado de novela?

Os sorprendí una vez y espero poder hacerlo de nuevo, muchas veces. La ‘continuación’ no os va a decepcionar, porque responderá a todas las dudas sobre el futuro de los personajes y de la trama. También os devolverá con creces esa curiosidad que dejasteis de lado, casi de tapadillo, sobre el mundo oscuro y trágico del siglo XXIII de 11,4 sueños luz. Habrá más de todo eso, mucho más, además de personajes nuevos y una nueva trama. No obstante, sí, el viaje continuará, ya fuera del sistema solar. De momento comenzamos en…

La primera parte: BRIN/Fëras

Ya estoy terminando, va a tener algo mas de 50,000 palabras, eso es más o menos unas 200 páginas. Mi reto es poder escribir una novela que alguien que no haya leído previamente “11,4 sueños luz”, quiera leerla después. Una historia relacionada, pero no continuada. Para ello he tenido que hacer cambios narrativos: Ya no es Ariel quien narra la historia. Es delicado contar detalles, porque el equilibro de secretos y sorpresas es esencial para no romper el encanto. Solo puedo decir -y parece obvio teniendo en cuenta que el título completo es “Lágrimas negras en Brin”- que gran parte de la novela transcurre dentro de Brin, de forma paralela a los sucesos de “11,4 sueños luz”. Para ello he tenido que documentar Brin con mucho más detalle, y prueba de ello son los mapas en los que he trabajado varias semanas:

Mapa de Brin - Feras

Este es el mapa de uno de los continentes de Brin: Fëras. En él podéis ver algunos sitios conocidos como Dun’zdor o Khirldan  o poblaciones que no se nombran en 11,4 como Skarell, que es donde se encuentra la taberna de la Ardilla Verde y muchos otros como Soberno, Veterra o Kalead. Sí, habrá dragones y… ciberpunk. ¿No crees que sea posible?, espera a leerlo, espera a conocer a Grimm y a Alanna.

No, no me he vuelto loco, no voy a escribir una novela de fantasía. Pero la mezcla de thriller, ciberpunk y fantasía épica va a ser más equilibrada, también con algo más acción. ¿Cyberfantasía oscura? Puede, pero solo se trata de un espejismo, lo importante seguirán siendo los personajes y su evolución.

Lágrimas negras en Brin, tendrá un total de tres partes y casi seguro sobrepasaré las 400 páginas. Estoy escribiendo de forma constante y espero que esté lista a finales de año, todo dependerá luego de las revisiones, correcciones y demás, que suelen ser varios meses, los más duros.  Antes de empezar la fase de corrección, necesitaré la ayuda de varios lectores cero que me ayuden a determinar si la historia va bien encaminada, así que reclutaré voluntarios que estén deseando volver oír hablar de Andelain y Ariel ;)

 

Ficción personal

¿Ribera o Rioja?, ¿pastilla roja u azul?

5 mayo 2017 — 6

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Dicen los que saben de vinos que hay vinos que sólo pueden apreciar aquellos que entienden del tema y han cultivado su paladar.

Aquellos acostumbrados a comer en restaurantes de postín, donde ni ellos saben exactamente que paladean, vienen a decir algo parecido, que hay ciertos gustos y sabores que sólo los que han acostumbrado sus sentidos pueden apreciarlo en su totalidad.

Todavía recuerdo la primera vez que probé un buen vino. Tenía veinti muy pocos añitos y era un perfecto gilipollas que no sabía nada del mundo, como es normal. Había comenzado, como buen adolescente español, por la época de los licores de niñas -martini y derivados-, los alcoholes de machotes -whisky y vodka- y pasado de puntillas por los tradicionales calimochos con diversas mezclas de vino de cartón. Es decir, estaba igual de bregado en bebidas alcohólicas que un pintor de brocha gorda por la técnica de Goya. Con estas me encontré con un marqués de Riscal reserva, de al menos ocho años. Era una comida importante, invitado como delegado de la escuela universitaria. Fiel preludio de lo que sería mi vida profesional, en comilonas con señores importantes y vinos con poesía prostituida en la etiqueta.

Todavía recuerdo esa sensación de calor, de música esponjosa en mi cerebro, derritiéndose hacia mis pelotas, despacio, entorpeciendo la realidad. Si esta metáfora te lleva a hacerte preguntas raras, es que hemos conectado. Sí, van por ahí los tiros.

No se me olvida y han pasado ya muchos años, por que he probado vinos buenos, algunos muy caros, otros muy exclusivos y muchos muy malos y variados. Pero esa sensación no se me olvidará jamás, por más retrogusto, pimiento verde y cuero viejo, por mucho decantador y mucha barrica y bodega.

Lo bueno deja huella, es diferente y sobre todo, provoca emociones. Pueden ser incómodas, como ocurre cuando lees un libro de un autor que no te gusta, porque no alcanzas, porque no te mete, o porque te supera -lo cual me suele pasar- pero sabes que es bueno, que es diferente, que no es “otro más”. Por eso odio todos los elitismos, porque las emociones no se pueden graduar, a no ser que sean falsas, residuales, o tan tenues que quizás son construidas tras una pared de ladrillos lógicos. Lo bueno te zarandea, y lo extraordinario te sacude sin compasión.

Cuando lees un buen libro, escuchas una buena canción o bebes una copa de vino, algo dentro de tí se desparrama, corre sin remedio dentro de tu cuerpo, juguetón. Frío o caliente, pero algo se dispara, no lo puedes evitar, no lo puedes educar.

Por eso me fastidia que se cataloguen a los lectores, a los autores, con etiquetas insidiosas. Los mejores lectores que tengo no son de género, son de “me quedé atrapado”. Ayer me dijeron una de las cosas más bonitas, como escritor, que me han dicho en muchos meses: un amigo que compró “11,4 sueños luz” en papel lo dejó por casa y pasados unos días no lo encontraba. Resultó que se lo cogió su hija de dieciocho años, «¿Lee?» le pregunté. «No, la verdad que no suele», me contestó. Resultó que mi amigo no pudo leerlo, por que su hija empezó a hojearlo y se quedó enganchada.

Espero que sienta lo mismo que yo al escribirlo. Sea bueno o malo, ciencia ficción, psico-thriller, erótico-romántico, space-opera, ciberpunk, da igual. Ella probablemente no sabía que era ciencia ficción, ni qué tipo de personajes había. Pero siguió leyendo, por que sintió algo.

Sigo probando vinos, sin hacer mucho caso de las etiquetas. Cuando me preguntan si “Ribera” o “Rioja” siempre me río, por que parece que nos gustan tanto las etiquetas que no somos capaces de ver más allá. Que dos cosas pueden ser iguales siendo diferentes. Que sólo hay una forma de diferenciarlo: escuchar, sentir y dejarse llevar.

Por si os interesa, mi vino favorito es una inclasificable distopía tinta crecida en suelo de pizarra a casi 900 metros de altura. Está muy rico y no lo he visto en ninguna carta de vinos…

Ficción personalReseñas

Las histerias llegan por navidad

13 diciembre 2016 — 1

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Pues sí, tal y como lo avanzaba en aquel post que hablaba sobre mis nuevos proyectos literarios, “Histerias ficticias” ya es una realidad :)

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Mi recopilación personal de cuentos cortos incluye veinte relatos, recorriendo diferentes géneros; desde la ciencia ficción, al drama de tinte realista, género fantástico, horror y gótico. Algunas historias más personales que otras, pero todas con la misma obsesión por la vida, la muerte y las pasiones que transcurren entre medias.

Si leíste “11,4 sueños luz” y te gustó, esta recopilación de relatos podría gustarte también. Además de estar escrita por el mismo autor -con sus mismas manías-, algunas de las historias, bien podrían ocurrir en el mismo mundo futurista de 11,4 sueños luz. Otras podrían estar ocurriendo al otro lado de la pared de tu habitación.

Ya disponible a la venta en las principales tiendas en internet, tanto en Ebook (libre de DRM) como en Papel en Amazon, Kobo, iBookStore y Lektu.

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Vale, por una vez, he venido a hablar de mi libro, espero que me lo perdones ;-)))

kubrick

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Mi lista de correo sirve para enviarte por email una recopilación de mis últimos artículos cada tres semanas. Así no se te pasará nada de lo que escriba. Te prometo que no le daré tu email a nadie ni te venderé descuentos en viajes a Marte, esto queda entre tú y yo. Bueno, y cualquier visitante del futuro que conozca nuestro destino.

¡Ya te tengo fichado! ¡Gracias!