Cuentos cortosEnsayo y no-ficción

Por qué no me gusta la gente

21 noviembre 2016 — 19

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Por qué no me gusta la gente

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21 noviembre 2016 — 19

Puede sonar a tópico -y puede que lo sea- pero lo cierto es que no me gusta la gente. No es que sea un antisocial, es que llevo mal lo de estar con gente. Con los años he estudiado, practicado y mejorado muchísimo mi máscara de persona normal, pero os puedo asegurar que debajo de ella, sigue ese niño al que le espanta la idea de tener que vivir con gente a su alrededor.

El otro día me acordé de ese niño. Eran las dos del medio día de un Sábado. Yo estaba sin afeitar y sin peinar, como siempre que puedo permitírmelo. Repasaba la lista de compra mentalmente mientras subía el ascensor del supermercado de mi barrio. Podía escuchar el sonido metálico de la caja al desplazarse perezoso por el hueco. Un murmullo y de pronto. ¡ZAS!, estaba en medio del caos. Gente por todas partes, corriendo, gritando. Luces blancas de laboratorio y música de discoteca de playa como banda sonora. El guarda de seguridad me caló al segundo. Quizás tenía pinta de atracador de banco extraviado, no sé. Si hubiera tenido una escopeta guardada debajo del abrigo, hubiera disparado al techo. Solo para tener un poco de silencio. Hubiera dicho: “Perdón” y acto seguido habría pulsado de nuevo el botón para bajar al garaje, me hubiera metido en mi coche y habría salido tranquila y sosegadamente de allí mientras la gente todavía murmuraba en la planta de arriba.

Pero no tenía una escopeta, sólo algunos pañuelos de papel rellenos de mocos. Así que arrebujé en el abrigo y caminé por el campo de minas de niños salvajes de supermercado. Esquivé carros desbocados y evité con la mirada a los padres de familia en busca de alguien con quien compartir algo. Un par de abuelos cruzaron miradas conmigo, no sé si solidarizándose o riéndose de todo lo que me queda por sufrir. Mi entrenamiento animal me llevó de las pizzas congeladas a los packs de seis cervezas. Pasé sin pena ni gloria por la sección de chocolates y ni me atreví a mirar los helados.  Me aprovisioné de siete cajas de galletas sin gluten y fui directo por el pasillo de los encurtidos, que suele estar más despejado. Allí aceché a las cajeras, evaluando entre la más rápida, la que menos atasco tenía y la que menos hablaba. Hice las cuentas y allá que fui.

Sí, soy de los que comprarían en el súper con gafas de sol, pero no tengo autoestima suficiente para hacerlo, pero disfrutaría. Lo sé. Algún día lo haré.

Me lamo mis heridas narrando esta historia verídica. Todos los días ocurre lo mismo, y todos los días pongo capa tras capa de cemento y yeso en mi estructura para aislarme de la gente. Lo cierto es que los escritores no son todos asociales, algunos incluso parece que disfrutan de los eventos sociales. No hay más que ver a tipos como Vargas Llosa que parecen moverse con maestría entre los fotógrafos y las multitudes. Yo también lo intento, jugando a ser otro. Pero a veces, incluso en las fiestas, en mitad del epicentro de las risas, miro ese trozo de jardín, casi en la oscuridad, donde el único sonido firme es el canto de los grillos. Me lo imagino en silencio, escuchando el murmullo de los insectos combinado con la nada, y todo se calla. Luego me pongo otra copa, y me río como un salvaje, pero en el fondo, queda ese trocito de jardín oscuro. Con espacio para una persona, tal vez dos. No más.

Que alguien parezca moverse con soltura en un acto social no significa que sea extrovertido y que lo esté pasando bien. Quizás no sufra, como no sufre un equilibrista cruzando de un edificio a otro. Está en tensión, también disfruta, pero no se relaja. Está entrenado, motivado y con un objetivo claro. Pero yo sería feliz viviendo gran parte de mi vida en un país despoblado. Sin fiestas, sin colas, sin empujones, sin horarios, sin semáforos rojos. Todavía me estoy recuperando anímicamente de mi viaje a Japón, donde era imposible estar solo y el silencio era un mero espejismo.

No es que odie a la gente, o que sea un desgraciado desprovisto de empatía -sería un psicópata-, simplemente no soporto a la gente cuando superan cierto número. Llevo bien los tríos pero empiezo a sentir cierto malestar cuando somos cuatro personas. Cuando el grupo supera los diez, siento lo que los imanes de la nevera mal hechos: necesito huir, lejos de ahí. En grupos más numerosos, busco las esquinas y finalmente, la puerta hasta largarme.

Por eso, si alguna vez te topas con alguien como yo, que te dice que es asocial, y que le gusta la soledad, y lo hace en mitad de la pista de baile, con las gafas de sol puestas y algo borracho. Igual es verdad. Las apariencias engañan.

 

19 comments

  • Logan R.Kyle

    4 diciembre 2016 at 7:13 pm

    A mí me pasa lo mismo. De hecho he llegado a comprar con gafas de sol alguna vez.
    No obstante soy una persona super empática, de hecho tengo demasiada empatía, pero los lugares muy abarrotados me agobian. Soy de las que prefiere que el bar esté vacío a lleno para salir a tomar algo. No entiendo a esa gente que se asoma a la puerta de un bar por la noche y si está vacío no entran.
    Evito tener hablar con personas desconocidas en supermercados u otros lugares si no es estrictamente necesario, y me encanta cuando en el cine solo estoy yo, mi acompañante y algún que otro asocial que también va al cine un martes a las 10 de la noche.
    Me ha gustado como lo has narrado ;)

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    • nicholas.avedon@gmail.com

      6 diciembre 2016 at 11:00 am

      Nada como ir al cine en una sala medio vacía, o incluso vacía, a mi también me encanta. De hecho odio los estrenos. Lo del exceso de empatía creo que tiene mucho que ver, a veces me he llegado a sentir como esos telépatas de la tele que se ven abrumados por la gente. Yo también me considero empático cuando tiene que ver con los demás, ciego cuando tiene que ver conmigo. Gracias mil por dejar tu comentario :)

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    • Valdo

      13 octubre 2017 at 12:23 am

      Me pasa igual; creo q lo màs q me incomoda de la gente es cuando hay alguien en un grupo q se cree el genio, q todo lo sabe y los demàs están equivocados. Ademàs, no te deja hablar, cuando quieres opinar te interrumpe para seguir con su monòlogo!!!!!

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      • Avedon

        13 octubre 2017 at 3:05 pm

        Odio eso. Con toda mi alma.

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  • Wescebu

    20 diciembre 2016 at 5:01 pm

    Lo mismo me ocurre

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  • Luis

    22 diciembre 2016 at 6:52 am

    Ya veo qué hay más personas como yo en el mundo… No conocía a nadie .. Lo del cine lo hago todos los fines de semana , voy solo busco un puesto solitario y compro cotufas y chocolates e igual odio las fechas en las que tengo que compartir con más de 4 personas… Y empatía mucha…

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    • nicholas.avedon@gmail.com

      22 diciembre 2016 at 8:20 am

      Somos muchos, algunos además disimulan ser personas “normales” pero si nos pudieran diferenciar con un gorro rojo, en algunos momentos como la navidad, pareceríamos legión.

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  • Tue-Tue

    25 diciembre 2016 at 7:35 pm

    Creo entender ese sentimiento. En verdad no sé que más decirte, sólo que no eres el único y que debes saber soportarlo. Me hiciste acordar de una frase de un personaje de “Hey Arnold”. Este era el hombre paloma y decía “Algunas personas están destinadas a estar con otras personas. Y otras, como yo, son solo… diferentes.”.

    Espero que todo este bien. Paz y prosperidad para ti…

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    • nicholas.avedon@gmail.com

      26 diciembre 2016 at 1:19 am

      Efectivamente, algunos somos asi y no hay que darle mas vueltas ;)

      Gracias por comentar.

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  • Cara Rolin

    19 febrero 2017 at 4:26 pm

    Me siento super identificada con lo que se cuenta y me alegra saber que no soy yo sola así, ni que estoy averiada.

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    • nicholas.avedon@gmail.com

      19 febrero 2017 at 4:29 pm

      Todos estamos averiados. Cada uno tiene lo suyo ;)

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  • RickBcn

    20 mayo 2017 at 12:39 pm

    Yo diré lo siguiente que me resume:

    “Amo a la humanidad, pero, para sorpresa mía, cuanto más quiero a la humanidad en general, menos cariño me inspiran las personas en particular.”
    ― Fiódor Dostoyevski

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  • Cornelia o no

    24 junio 2017 at 6:30 pm

    He dado con este relato y me ha atrapado. Consuela en ocasiones ver cómo puedes meterte en la piel de alguien que se siente ante el mundo igual que tú. No sé si a vosotros os pasa, pero a mí “se me está acentuando con la edad”, tengo 31 años y actualmente empiezo a tener serios problemas para encajar en relaciones “normales” al preferir una playa desierta que la mejor de las fiestas, la cima silenciosa de una montaña y evitar las primeras filas de cualquier concierto. A veces pienso que sería maravilloso conversar con alguien como yo, alguien que no me mire como si tuviese una especie de defecto social. Un saludo!

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    • Avedon

      24 junio 2017 at 6:39 pm

      Gracias por comentar Cornelia (por cierto, precioso nombre). No se te acentúa con la edad, con la edad eres más consciente de quien eres y lo que quieres, así que sigue por ese camino. Hay lugar para todos en este mundo, solo hay que buscar en el sitio adecuado. A mí a veces me gustan las fiestas y a veces las playas abandonadas y los días nublados, donde el viento me susurra sólo a mi. Pero a veces uno puede encontrar un oasis de soledad rodeado de gente, lo importante es seguir buscando, seguir buscándose a sí mismo.

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  • Alex Deal

    4 agosto 2017 at 3:21 am

    Quería comentar algo sin rebundar pero sólo se me ocurre decir que siento alivio por descubrir que no es depresión o algún otro desorden, me emocionó tu relato, tanto que casi casi lo pude ver

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    • Avedon

      4 agosto 2017 at 8:38 pm

      Hay muchos grados/tipos/forma de ser y cada uno lo afronta como puede, y también he visto casos mucho peores que el mío. Yo durante muchos años pensé que era un puto marciano. Con el tiempo entendí que ser un marciano no es ni bueno, ni malo, es diferente, así que me he hecho a ver el mundo de una manera que se supone que no es. Y es mucho más divertido :)

      Me alegro haber causado esa emoción, es lo que busco! Gracias por comentar.

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  • Jimmy Olano

    16 septiembre 2017 at 12:46 am

    Pues que yo sufro de la vista de nacimiento y llevo gafas de corrección excepto cuando duermo (y a veces que lo hago) así que tengo un par oscuros para exteriores… y se me olvida quitarmelos cuando llego a cualquier lugar: la oficina o en las tiendas al comprar ¡Imaginad los comentarios de la gente, que ha llegado un loco o al menos un pedante!

    Estamos hechos de un material diferente, si es bueno, igual o malo será vuestra opinión, ¡pero de que lo somos, lo somos! (Nota: mi esposa siempre me pregunta de que planeta provengo, yo le contesto que si lo supiera pues ya que me hubiera regresado, ja, ja, ja )

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  • Maria

    14 octubre 2017 at 3:06 pm

    Hola.
    A mi no me gusta la gente,tal vez alguna persona.
    No me considero asocial ni tímida.
    Simplemente hay gente que me provoca sentimientos o sensaciones negativas y no me gusta.
    No soporto tener que fingir para agradar o encajar,vestirme de no se qué manera sonreír si no quiero, escuchar la vida del otro si no me importa. Pero al final es lo que toca hacer….

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    • Valdo

      15 octubre 2017 at 5:51 pm

      Y ni se diga de esos q te llegan d visita los más campantes y después no saben cuándo irse pal …. y uno fingir q son bienvenidos y atenderlos como los mejores anfitriones! Y si tienen niños, correteando por toda la casa y a cada rato pidiendo refrescos , y los padres como si nada !!!!!

      Reply

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