Ficción personal

Fiesta de disfraces

14 marzo 2019 — 11

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Ficción personal

Fiesta de disfraces

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14 marzo 2019 — 11

Hoy me he encontrado cara a cara hablando con un tipo que llevaba una máscara conocida, a juego con un traje que ya he descartado varias veces y que siento casi como mío. Un disfraz que ya he visto antes y por el que nunca me he decidido. Hasta me sé su precio y lo incómodo de sus zapatos. No sé si el que yo llevaba le resultaba familiar al tipo en cuestión, yo creo que no, por que lo miraba con descaro, probablemente pensando que para la próxima fiesta le gustaría llevar uno igual. Quizás no sabe escribir, pero eso es lo de menos, sabe mirar a través de la máscara, que es lo que importa.

El otro día descubrí una nueva manera de empuñar una pistola, es curioso que a estas alturas todavía me maraville con cosas tan inanes. Lo he visto cientos de veces en las películas, pero nunca se me había ocurrido pensar que los dos pulgares se cruzaran de aquella manera. Mientras pienso en la siguiente caja de cartuchos, sigo escuchando la lista de música (Southern Gothic) que compartió conmigo una misteriosa chica de Twitter, es ideal para hundirme en mi pantanosa imaginación, esa que me lleva a escribir sobre las sombras de nuestras vidas. Hoy me han preguntado cómo hago para inventarme las historias que escribo, si investigo y en qué me baso. No vas a contarle al tipo que te pregunta eso que sabes perfectamente a que huele el pollo podrido porque luego te hará preguntas aún mas directas y odio mentir con desgana. Pero sí, sé a que huele el pollo podrido. Nunca me hacen las preguntas buenas, aquellas para las que no tengo respuesta, esas que me dejarían en pelotas delante del escenario. Sigo buscando desesperadamente que alguien me haga una pregunta que no sepa esquivar. Me he vuelto demasiado bueno en eso. Sé contar historias, pero lo que me gusta es descubrirlas y quedarme sin habla. Pensar que estaba delante mío durante todo ese tiempo y no lo vi. Me gusta enamorarme.

Sólo se puede amar con los sentidos. Lo demás es filosofía y matemáticas. ¿Tienen género los sentidos?, las matemáticas seguro que no. Aquel que se pregunta si el amor dejará de existir, está mas cerca de las ecuaciones diferenciales que de experimentar placer al escuchar un susurro o una risa. La belleza entra por los sentidos y se transforma en ganas de vivir y no hace falta calculadora, sólo respirar y dejar que la sangre circule, calentita. Me miras, te miro y no hace falta ponerse en uno u otro lado de la ecuación. El tiempo que pasa entre cada parpadeo tuyo puede ser un instante o una eternidad. Infinito, si lo prefieres. Mariposas de rímel, lagos de lágrimas. Te digo todo esto con palabras, tendidas muertas sobre una hoja de papel, porque no sé hacerlo de otro modo. Las palabras se las lleva el viento, empujadas por la respiración. Los tipos como yo no suelen contestar a la primera, necesitan pensarlo. No, el amor no morirá nunca mientras el hombre sea capaz de apreciar la belleza de todo aquello que no se percibe con ninguno de los cinco sentidos.

La belleza del pollo podrido no está en su olor, si no en lo que nos evoca ese pollo al ajillo antes de ponerse malo y apestar: tardes de domingo comiendo con mi madre, escuchando las mismas anécdotas de la misma media vida. Ahora que ya no está, son hermosas, porque son una parte de mi que nunca morirá, al contrario que ella. La belleza es inmortal y a menudo se reproduce a su alrededor, como las flores. Necesita morir de vez en cuando, para que no la demos por hecho, para no acostumbrarse, como ese parpadeo que puede durar un instante o una eternidad, pero que sea como sea, es único. Lo sabrás cuando lo experimentes. Igual que has mirado a cientos de chicas hermosas pero solo recuerdas a unas pocas. Si eres afortunado, nunca olvidarás a una de ellas. Eso es el amor. Lo que permanece por muchas olas que intenten borrar lo que una vez escribiste en la orilla.

Me empieza a quedar pequeño este disfraz de escritor. Creo que voy a tener que ir a la tienda y buscar otro, intentaré que sea uno parecido, le estoy cogiendo cariño.

11 comments

  • Jimmy Olano

    14 marzo 2019 at 3:46 pm

    La suma de los cinco sentidos, en su conjunto, totaliza más de lo que debería y es lo que nos permite detallar el arte y todo lo que nos es inherente a los humanos. No hay matemática que pueda explicarlo, pero sin embargo es un hecho que existe y que de paso mueve nuestro mundo, que tal vez lo forzamos demasiado buscando una supuesta perfección de las formas, y de las maneras. Este universo es increíble.

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  • Medussa

    19 marzo 2019 at 3:13 pm

    Nicholas, solo voy a decirte una cosa, tal vez para ti sea irrelevante, seguramente lo es, pero : me hipnotiza leerte.

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    • Avedon

      19 marzo 2019 at 4:21 pm

      ¿Irrelevante?, vivo por instantes como este :-)

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    • M.

      29 marzo 2019 at 11:02 am

      Tiene un Ego que alimentar.

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      • Avedon

        30 marzo 2019 at 9:49 pm

        Un escritor sin ego es como una canción sin semicorcheas.

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  • Jose A. Sánchez

    9 abril 2019 at 12:06 pm

    Bueno, que quieres que te diga Nicholas, ya sabes que me encanta esta «tu forma» de escribir. Parece que no dices nada, pero traspasas la cabeza y vas directo al corazón. Describes emociones y las haces sentir. Son una delicia para el paladar literario.
    Felicidades y sigue deleitándonos con ellas.
    Saludos y Abrazos.

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    • Avedon

      14 abril 2019 at 1:39 pm

      Gracias por pasarte y compartir JASC :)

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  • Raylex

    9 septiembre 2019 at 11:37 pm

    Actualmente estoy buscando por qué me atrapó un relato y lo vuelvo a leer. Creo que la respuesta está en «EL CÓMO». Todo está contado ya de todas las maneras posibles, pero lo que me sigue atrapando es «cómo me lo cuentan».

    Nicholás Avedon, atrapa porque fluye como una red orgánica de pensamientos que se conectan por sinapsis casi aleatorias de palabras. Lo relaciono más con la poesía de versos libres que con la prosa. Quizá porque con la poesía puedes vomitar sin preocuparte mucho porque es más certera y directa.

    Pero quién escribe desde los dominios de Morfeo, consigue la coherencia que le falta a la realidad y nos atrapa en el mismo sueño. Eso es lo que hace que algunos relatos sean inolvidables.

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    • Avedon

      13 septiembre 2019 at 9:26 am

      Ay Raylex, si supiera qué es lo que funciona en un relato, escribiría siempre así. Coincido contigo en que hay algo, etéreo que lo hace diferente, pero no sé si es la manera de escribirlo (la prosa), el estado emocional del que partía el escritor o la combinación exacta de palabras. Lo importante es ponerse y escribir, luego siempre podemos jugar a ordenar las letras, aunque en mi experiencia, si no sale a la primera, es mejor volver a empezar.

      Gracias por pasarte y comentar, de verdad.

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  • Raylex

    13 septiembre 2019 at 4:26 pm

    Lo formidable de la narrativa, es que el lector siempre está dispuesto a dejarse llevar por las letras, ponerse los zapatos de los personajes, ver su horizonte, volar en sus sueños. Pero en el contrato tácito lector/escritor, el lector controla la relación y deja de leer sin tener que justificarse. Ahí dejamos las letras solas, ateridas, anhelantes de una mirada que siga el surco blanquinegro (*) de los alfiles en el tablero, esperando que se fundan en la mente del lector. Y a veces la magia funciona, aunque no sabemos cómo ha sido.
    _
    (*) Referencia a tu relato, «Alfil peón Dama»:
    «Ella se mueve por las casillas blancas y yo por las negras. Por eso sonrío cuando me cruzo con ella por el pasillo, con mi café en la mano. Por que sé que no me ve.»
    Aquí funcionó la magia. Te has metido en el bolsillo a todos los ajedrecistas.
    Kasparov uno de los campeones más feroces del Ajedrez, tiene un libro titulado:
    «Cómo el Ajedrez imita la vida». Quizá por eso siempre escribo Ajedrez con «A» mayúscula.

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    • Avedon

      14 septiembre 2019 at 7:42 pm

      Lo que más me gusta de las palabras es que para cada persona adopte un significado diferente. Lo único que pido a mis lectores, es que el trabajo lo hagan ellos, yo solo pongo palabras como excusa para que ellos hagan magia en sus cabezas. A veces me la cuentan, y me encanta.

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