La recta final: Lágrimas negras de Brin

Hace ya varias semanas que no escribo en el blog, y es por una única razón: el poco tiempo que tengo al margen de las obligaciones del trabajo y la familia lo vuelco enteramente en la escritura de «Lágrimas negras de Brin«. Ya he superado las 400 páginas y estoy cerca, muy cerca, de llegar al final.

Tanto es así, que mientras escribo esto debería estar empezando el capítulo final. Ya no me quedan más allá de 3000 palabras (10 páginas). Este momento sólo lo he vivido en tres ocasiones, las tres novelas que he terminado con anterioridad. Es cierto que es un subidón, pero sobre todo, es un momento importante, casi transcendental. No quiero que suceda de cualquier manera. Quiero saborearlo. Es un final agridulce. Sé que algunos lectores me van a odiar, probablemente todos. Pero es como imaginé la historia hace ya mucho tiempo, y todo, todo, conduce aquí. Para los que lean esto y no hayan leído antes «11,4 sueños luz», deben saber que mis historias no son lineales, y que mis personajes tampoco lo son. Desde la primera página de «11,4 sueños luz», y tras casi 750 páginas sumando ambas novelas, el final está comprometido de antemano. Me siento con una responsabilidad tremenda. No son casi 800 páginas de historias y aventuras, no. Son 800 páginas que narran la vida de unos personajes que me han acompañado hasta aquí. Los quiero a todos. Con su egoísmo y su dolor, sus miedos y su frágil orgullo. Sé que de encontrármelos en persona, me mirarían mal y alguno de ellos me cogería del cuello con violencia. Quizás incluso algo más. Me enamoré desde el primer día de Joanne y le hice el amor en cada escena. Incluso cuando no era conmigo con quien lo hacía.

Ahora que les voy a dejar y que con la palabra «FIN» bajará el telón voy a sufrir una pequeña depresión. Lo sé, me ha pasado otras veces. Cuando el personaje queda atrapado en el libro es un acto cruel. Ya no volverá a nadar en mi cabeza, libre, soñando con un sinfín de posibilidades, quedará atrapado para siempre en la historia, encarcelado en un manojo de páginas, con las líneas como barrotes. Aunque para cada lector sea diferente, hubo un tiempo que fueron míos. Todos ellos, vivíeron en mi cabeza durante años y me acompañaron mientras dormía, me duchaba o iba a trabajar en el coche. De viaje en viaje, en Tokio, Amsterdam, San Francisco, Bilbao, Estocolmo, Tánger, Barcelona, Luxemburgo. Han viajado conmigo a muchos lugares. Son algo más que mis hijos, son parte de mí: Joanne, Ariel, Carlos, Andelain, Valerie, os quiero.

Ahora con vuestro permiso, voy a llorar un rato en la intimidad.

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Comments

  • 4 años agoReply

    «Cuando el personaje queda atrapado en el libro es un acto cruel. Ya no volverá a nadar en mi cabeza, libre, soñando con un sinfín de posibilidades, quedará atrapado para siempre en la historia, encarcelado en un manojo de páginas, con las líneas como barrotes.»
    Cierto es, en nosotros los lectores queda ese «sabor» en la boca ¡cómo será para los escritores, personaes que son frutos de sus memorias, vivencias y recuerdos! Pero no hay vida sin muerte, no hay principio sin fin, no hay alfa sin omega, ya vendrán oros derroteros, ánimo.

  • Kiko

    3 años agoReply

    Estoy deseando que estas lágrimas sean derramadas ya.

    Estoy deseando empezar a saborear las primeras frases. Lo haré con detenimiento.

    Y estoy seguro que cuando llegue al final también derramare lágrimas y te odiaré, por haber escrito la palabra FIN.

    Pero también estoy seguro que el las lágrimas y el odio dejará paso a la esperanza …… la de volver a leer otro de tus libros, el que sea.

    Mil gracias, y por todos los dioses, date prisa en publicar.

    • 3 años agoReply

      En un mes justo debería estar listo y colgado en Amazon!, 15 de Marzo 2018, apuntate a la newsletter que me encargaré de recordártelo ;)

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