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Ciencia FiccionReseñas

Por qué no me gusta West World

6 enero 2017 — 15

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Este es el típico artículo con el que no haces amigos, lo sé. Me prometí a mi mismo hace tiempo, no hablar en internet de fútbol, política o religión. Pero hay temas que son una versión más moderna de lo mismo: los veganos, la tauromaquia, el feminismo y West World. Tengo la sensación de que cuando más escribo, más me hundo en el negro barro de mi propio destino. ¡Allá voy!

Supongo que todo el mundo sabe que Westworld está basada en una idea existente, ya filmada como película con el mismo nombre en 1973 y que previamente había sido escrita en una novela por Michael Crichton,

El guión de West World está firmado por Jonathan Nolan (ojo, no confundir con su hermano Christopher) y Lisa Joy. Está producida por HBO (sí, la de “Juego de tronos”). El propio Nolan, en una entrevista confiesa que para escribir la historia, se inspiró en las ideas de Dick y los videojuegos BioShock Infinite, Red Dead RedemptionSkyrim  y Grand Theft Auto. A ver, son unos de mis juegos favoritos y uno de mis escritores fetiche, pero espera… ¿no será ESO exactamente lo que quiero oír?

Sigamos adelante. Desde el primer capítulo de West World nos queda claro el concepto. Los robots están diseñados para que los humanos hagan con ellos lo que quieran y se diviertan sin límite. Dejan claro en la introducción que los robots no pueden herir a los humanos y que siguen una historia grabada en sus cabezas. También nos informan de que algunos de ellos tienen un defecto o un problema que les lleva a pensar que hay algo más. Cualquiera que haya leído un libro de Dick sabe que jugar con la realidad nunca es tan fácil. Es más, hasta el más despistado, cuyo único contacto con la ciencia ficción es a través de las figuritas del Happy meal del McDonalds, sabe que un robot humanoide luchará por su libertad y terminará matando a un ser humano.
Va grabado de serie en todos los guionistas de Holywood, yo creo que esa pregunta siempre cae en el examen final antes de graduarse.

Bien, desde el minuto uno el espectador ya sabe lo que va a ocurrir. Lo que no sabe es cómo. Es algo parecido a lo del mayordomo asesino. Una fórmula un poco antigua de llevar un misterio, pero ¿por qué no? La serie se desarrolla despacio, pero a su ritmo, y hasta el episodio siete no empieza el primer giro de guión relevante. No pasa nada, otras series tardan en arrancar. El siguiente giro inesperado ocurre en el capítulo final, el décimo. Luego termina y uno cambia de canal. Sin sentir nada, igual que uno de los hosts con el umbral de los sentimientos desactivado. ¿Y bien?, se pregunta uno. El final me provocó casi una carcajada por lo delirante, como al vaquero chungo de negro. ¿Ya?

No voy a hablar de los posibles fallos en la línea temporal de West World, ni de como un personaje puede ser tan linealmente plano durante 35 años, ni de como pueden afectar casi cuatro décadas a los avances en la tecnología (especialmente robótica e inteligencia artificial) ni de las implicaciones de los posibles cambios en una gran empresa o en la sociedad en conjunto. Son tantas pegas que para qué. Al fin y al cabo yo soy de esos a los que no les molesta que haya explosiones (con sonido) en el espacio. ¿Que más darán esos “pequeños” detalles? Las espadas láser pueden ser divertidas, los robots también.

Powerup!
Powerup!

Lo que más daño me hizo, sí, y digo daño, es que la mala del cuento (Maeve, la madame) sea capaz de subyugar a dos humanos con tanta facilidad. Y todo ello por que alguien subió su “atributo” de inteligencia y mala leche al máximo, como quien pone el microondas a tope. Un powerup narrativo. La seta de Mariobros. Semejante “atajo” creativo me hizo vomitar. Que además me hablen de Phillip K. Dick como para ver si cuela provoca que mi sangre hierva. Se puede perdonar casi todo, pero no que en una historia cuya base argumental es la inteligencia artificial simplifiquen el concepto de inteligencia a ese nivel.

La mayoría de personajes son de chiste fácil: el guionista británico histriónico, el jefe de seguridad con los cojones de titanio, por lo no hablar de la propensión de las jefas a cepillarse sus activos materiales. Además, y lo peor de todo es que dado que los personajes no tienen verdadera personalidad -y los que tienen son todos unos psicópatas de manual, como el doctor Ford- logran que en el fondo, te de igual lo que les pase. Es decir, sigues viendo la serie para ver si revientan todos de una vez. Hasta los personajes secundarios que viven y mueren, con cara de corderillo te empiezan a dar igual. Es divertido ver como los violan, acuchillan y escupen. Va anestesiándote. Ya ni te fijas en los desnudos integrales, ni en las orgías ni te haces preguntas delicadas sobre los verdaderos límites del macabro juego de West world. ¿Sería a eso a lo que se refería Nolan cuando hablaba de Skyrim?

west world
Tiene un rostro interesante, pero… ¿llega a tener alguna frase de diálogo que aporte algo esta chica?

Quizás sea esa la verdadera historia que quería contar Nolan en West World: cómo los propios espectadores, al igual que los jugadores de su mundo, se deshumanizan con tanta carnaza, violación y liberación de bajos instintos. Todo vale con tal de entretener ¿verdad señor Nolan?, incluso hablar de Dick y limpiarse después la mierda del zapato en su tumba. Pero me temo que la inmejorable fotografía y las interpretaciones profesionales de Jeffrey Wright y Anthony Hopkins eclipsarán el verdadero problema de esta sátira sobre la inteligencia artificial y el alma humana. Ah, perdón, que no es una sátira, que va en serio.

kubrick

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