main

Reseñas

Las mejores distopías de la literatura

7 julio 2018 — 12

Dystopia-TA-670947585-960x720.jpg

Todo este tiempo pensando que lo mío era el ciberpunk cuando lo que me ha alimentado durante los últimos veinte años de mi vida han sido las distopías. Que iluso, aferrarme primero a la ciencia ficción y luego al ciberpunk cuando lo que realmente amaba era el veneno sutil de la decadencia humana y las mentiras febriles sobre un mundo mejor.  He decidido no sólo cambiar de rumbo mi blog sino abrazar de lleno y sin complejos mi verdadera pasión, ¿y qué mejor forma de hacerlo que escribir un artículo sobre las mejores distopías de la literatura que me he ido encontrando por el camino?

Quien espere una lista con los clásicos se equivoca. Aquel que busque una lista exclusiva de títulos de referencia en la ciencia ficción también se equivoca. Tampoco voy a obviarlos pero por supuesto, voy a abrir horizontes y hablar de distopías en el sentido amplio de la palabra. Ahora mismo estoy leyendo una novela del escritor español Ray Loriga, que, ¡oh casualidad!, también tiene distopías en su haber (aunque no la voy a incluir en la lista). Muchísimos autores han cultivado esta faceta, sin tener que acudir a escenarios con regímenes totalitarios, robots dominando a la especie humana o catástrofes ecológicas de por medio.

La distopía más conocida quizás sea 1984, de George Orwell. También es la más manida, pero sirve de ejemplo para mi propósito aquí. ¿Es 1984 ciencia ficción?, durante muchos años yo creí que sí, pero ahora debo admitir que no lo es, porque… ¿es la antropología, la sociología o la psicología una ciencia que se pueda emplear para postular locas teorías que funcionen en el universo de la historia?. No, no lo son, al menos no como se utiliza en la ciencia ficción al uso. Durante mucho tiempo me he frustrado intentando buscar obras de ciencia ficción que tengan la ambición de 1984. Por favor, no me habléis de la psicohistoria de Asimov como ejemplo, no estoy hablando en sentido literal cuando me refiero a emplear las ciencias sociales como motor de la trama. Como no encuentro mejor forma de organizar el artículo, he preferido hablar de cada una de las obras por su fecha de publicación, empezando por la más antigua.

Me considero un aprendiz de la distopía. Es posible que sepas más que yo de algunas de estas obras, o que incluso eches de menos alguna novela que creas que he omitido, por favor, coméntalo y ayúdame a mejorar este modesto artículo. No sólo me ayudará a mí si no a otros lectores que busquen aquí una nueva distopía que no conocían.

El talón de hierro, Jack London (1907)

Reconozco que siempre asocié a Jack London con novelas sobre la naturaleza de Alaska y perros de trineo, pero no te dejes engañar, London describió con precisión lo que vendría 32 años más tarde en Europa. El hecho de que esta distopía política de manual no sea más conocida es quizás porque está escrita a principios de siglo. Se podría decir que aunque sólo sea por la calidad del autor y la fecha en la que está escrita, es la madre de todas las distopías políticas que vinieron después.

Nosotros, YevgenY ZamYatin (1924)

Muchos acusan a Orwell de hacer plagiado esta novela, y no son pocos los que dicen que además Zamyatin escribía mucho mejor que él. La mayoría está de acuerdo en que Nosotros fue como mínimo el caldo de cultivo esencial para poder escribir muchas otras distopías políticas que vinieron después, como Un mundo feliz, 1984 o varias obras de Ayn Rand.

«No hay una revolución, sino infinitas». Es lo que dice uno de los personajes de esta obra, escrita antes de la revolución soviética y que estuvo prohibida hasta finales de los años 80.  La novela nos habla de una sociedad regida y controlada por una única persona. Una sociedad donde el régimen lo significa todo y tiene un poder absoluto, hasta el punto que la individualidad ha sido negada y nadie puede poseer siquiera un nombre propio, sólo una numeración. El resultado de la revolución ha traído la felicidad a la humanidad, pero se ha tomado un precio muy alto, la libertad. Un novela que no se queda estrictamente en lo teórico sino que profundiza en el motor de lo humano, los sentimientos y las pasiones con frases sobre el amor que son tan actuales ahora como en el siglo XIX.

Esta es una novela histórica, aunque de prosa algo áspera y a veces inconexa. Contiene algunas frases para remarcar. Toma buena nota de ella.

El proceso, Franz Kafka (1925)

Para muchos, El proceso forma parte de un paquete esencial para entender la literatura del siglo XX, donde estarían entre otros, Ulises de Joyce, La montaña mágica de Mann o Viaje al fin de la noche de Céline. También es una obra catalogada como existencialista. Estoy de acuerdo en todo ello y mucho más. El proceso es una distopía muy especial que nos habla de la indefensión del hombre contra el estado y del poder de la burocracia y los peligros de una sociedad política que ha olvidado a quien sirve. Sí, este es otro de esos libros que uno querría leer alguna vez en su vida y uno de esos pocos que ha dejado huella en nuestro propio lenguaje, origen del adjetivo “kafkiano”. Ahí es nada.

Un mundo feliz, Aldous Huxley (1932)

Durante mi adolescencia, Huxley y Nietzche eran mis únicos escritores fetiche. Y del primero sólo me había leído “Un mundo feliz“.  Todavía no sabía lo que significaba la palabra distopía, bastante tenía pegándome con su antónimo. En esas edades uno tiende a verlo todo con mucho contraste y yo era de los que lo veían negro áspero. Para los que no lo hayáis leído todavía, sólo puedo decir que es imposible dejar de paladear el desasosiego y la ansiedad venenosa que se esconde entre sus párrafos. Ni siquiera al llegar al final puede uno desprenderse de la espesa sensación que deja tras leerla. Te lo advierto, fue la novela que cambió mi vida. El concepto de soma me abrió los ojos a la realidad en que vivimos y le rindo tributo obligado en mi ópera prima, 11,4 sueños luz, donde el trank es la versión revisitada de esta droga que cura la realidad.

Como curiosidad, puedo decir que a la edición que yo tenía le faltaban las tres últimas páginas Tarde casi cinco años en hacerme con otra edición para leer el final y lo cierto es que de alguna manera yo ya intuía su único desenlace posible.

Invitado a una decapitación, Vladimir Nabokov (1935)

A Nabokov le ardían las tripas cuando los críticos le endosaran la lápida de “kafkiano” al referirse a esta novela. Supongo que los críticos se quedaban en lo evidente del contenido, sin rascar en el significado, ya que si existen adjetivos válidos, para qué buscar otros. Es una de las cosas que diferencia a un crítico de un escritor, la búsqueda de la palabra más apropiada.

La obra nos narra la historia de un reo condenado a muerte por un crimen del que es imposible una definición exacta. La vida en la cárcel, las relaciones con los diversos personajes y lo que ocurre en tan reducido espacio es algo que no se puede describir con adjetivos mundanos. Tendríamos que pedir ayuda a Nabokov para describirlo, por eso es mejor leerla. Dicen que era la obra favorita de Nabokov, por encima de Lolita.

La guerra de las salamandras, Karel Capeck (1936)

Capeck es el escritor Checo que inventó la palabra Robot (en 1920) así que agarraros que vienen curvas, estamos hablando de uno de los primeros escritores de ciencia ficción y en esta novela lo demuestra.

Cuando el capitalismo enfrenta la estabilidad ecológica del planeta, cuando la ética cede al imperio del dinero… tenemos un novelón. ¿Que pasaría si descubriéramos una especie animal que puede reemplazar al ser humano?, no digo más porque merece la pena descubrir el hilo narrativo de esta peculiar novela.

¡Vivir!, Ayn Rand (1938)

Publicada también con el título de “Himno”. Ayn Rand es una controvertida autora, creadora de una corriente de pensamiento llamada objetivismo. Hoy día no es precisamente popular, ya que en su filosofía se preconiza un capitalismo radical donde el egoísmo y el orgullo son una virtud, la humildad es un vicio y el extremismo es más que recomendable.

Esta novela corta tiene una estructura clásica, similar a las distopías de sus contemporáneos. Resumiré en una frase de la propia novela, el leitmotif  de la obra:

Nosotros no somos nada. La humanidad lo es todo. Nos es dado vivir gracias a nuestros hermanos. Existimos por ellos, al lado de ellos y para ellos, que son el Estado. Amén.

Existe una obra más conocida, más extensa y también bastante distópica, “La rebelión del Atlas“, describe un Estados Unidos en decadencia debido al excesivo intervencionismo del gobierno, donde se organiza una rebelión de los grandes empresarios contra el estado. Es su obra más importante y la mejor muestra de su pensamiento ultraliberal.

1984, George Orwell (1949)

Durante muchos años para mí fue la hermana pequeña de Un mundo feliz. Quizás por que la crítica en su interior es mucho más dirigida y más política, mientras que Un mundo feliz resulta mucho más abierta, más sociológica y menos política. Sin embargo, 1984 puede que sea una de las distopías que más difusión han tenido en la cultura popular. Quizás porque surgió justo cuando empezaba la guerra fría y no deja de ser una feroz crítica al comunismo. No obstante, y pesar de que durante mucho tiempo fue una de mis obras de referencia, creo que hay distopías mejores, eso sí, si no la has leído, deberías hacerlo.

Mercaderes del espacio, F. Pohl (1953)

Bueno, aquí tenemos el primer autor de ciencia ficción puro de la lista, y uno de mis escritores favoritos: Frederik Pohl.  Aunque mi novela favorita escrita por él es otra, Pórtico.

Pohl describe un futuro donde el sistema económico ha reemplazado al sistema político, donde las grandes multinacionales ejercen el poder sin límite alguno. Ya no existen ciudadanos, sólo consumidores, y el lujo convive con la escasez más absoluta.

Pohl siempre fue uno de mis escritores de ciencia ficción favoritos por una razón: es capaz de describir -sin palabras, como los buenos escritores- los mejores y los peores sentimientos humanos, y situarme de forma creíble en lugares y tiempos que no existen.¿He dicho ya que es uno de mis escritores de ciencia ficción favoritos?

Fahrenheit 451, Ray Bradbury (1953)

Es curioso que Fahrenheit 451  siempre aparezca en los listados de ciencia ficción y Un mundo feliz no lo haga con tanta frecuencia. Tal vez es porque esta novela transcurre en un futuro identificado como tal y Un mundo feliz u otras distopías casi parezcan una ucronía. Da igual, Fahrenheit 451  tiene no solo un buen título, sino un excelente idea. ¿Qué pasaría si los libros estuvieran prohibidos?, 451 grados fahrenheit es la temperatura a la que arde el papel. Gran título para una obra donde la persecución de los libros solo es una excusa para hablar del pensamiento único y la dictadura de un falso conocimiento.

Las estrellas, mi destino, Alfred Bester (1956)

Ciencia Ficción clásica en estado puro. Casi podría ser un cómic, desde el principio al final, no en vano Bester fue guionista de comics como Superman entre otros. Esta novela, también titulada ¡Tigre, tigre! es la que según muchos críticos es su mejor novela, todo un derroche de imaginación que en base a una premisa muy sencilla planta el germen de una distopía de esas que al principio parecen utopías divertidas:  ¿qué ocurriría si todos los seres humanos pudieran teletransportarse a cualquier lugar?, ¿y si en ese universo el hombre ya hubiera explorado decenas de planetas? La única limitación a la teletransportación reside en que para poder hacerlo el sujeto necesita conocer el lugar de destino. El mundo entero cambiaría, de forma radical. Pero no, la novela no habla de esto, sino de otra revolución mayor, ¿qué ocurriría si un hombre fuera capaz de teletransportarse a cualquier punto del universo, incluso ni no lo conoce de nada?

Cántico por Leibowitz, Walter M. Miller (1960)

Esta es una distopía postapocalíptica de estilo sencillo, que abarca tres historias separadas en el tiempo por varios siglos y que empieza narrando la historia de la Orden Albertiana de Leibowitz, una congregación fundada por un técnico tras el “Diluvio de Fuego” (una guerra nuclear) cuya tarea es rescatar los textos y el conocimiento que desaparecieron en el cataclismo. En ese mundo desolado, la ciencia es perseguida por los descendientes de los hombres y solo encuentra refugio en la orden de Leibowitz.  A lo largo de la historia, la humanidad evoluciona de nuevo y vuelve a cometer los mismos pecados.

Una reflexión clásica, muy de los años 60 sobre el futuro de la humanidad, en clave de ciencia, religión y ambición suicida. Un clásico distópico para los amantes puros de la ciencia ficción, pero que estilísticamente hablando es tirando a sobrio.

Harrison Bergeron, Kurt Vonnegut  (1961)

Imagina un mundo donde para no herir los sentimientos de los demás y para que todo el mundo tenga igualdad de oportunidades, a los que tienen dones o son naturalmente buenos en algo, se les prohíbe serlo. Da igual que sean atletas o artistas. Imagina un mundo más allá de lo políticamente correcto, donde la política de discriminación positiva se ha atrevido a ir más lejos. Es una pena que sea un cuento casi imposible encontrar, y que ni siquiera esté traducido. Sólo la breve sinopsis es tremendamente seductora. Se puede encontrar en una recopilación de relatos bajo el título Welcome to the Monkey House, editada en 1968. Yo lo compré de segunda mano por 2€.

El mundo sumergido, J.G. Ballard (1962)

En un mundo donde solo la parte superior de los antiguos rascacielos sobresale del agua, la humanidad, lejos de estar sumida en angustia o caos, sobrevive y florece. Este es el punto de partida del libro de Ballard, uno de los autores con mayor calidad literaria de la ciencia ficción, al menos para mí. El punto de partida de una humanidad anegada, no es más que una excusa para un viaje interior sobre el ser humano mucho mas profundo, como suele pasar con sus obras. Hay críticos que dicen que esta novela no está a la altura de otras obras de Ballard, lo cierto es que en su momento fue una obra de referencia para la literatura británica.

La naranja mecánica, Anthony Burgess (1962)

Imprescindible historia que probablemente conozcamos todos. Ucronía, distopía… o realidad. Soy de los que opinan que nos aproximamos a una eclosión de violencia individual producida por la dictadura de lo políticamente correcto y la falta de ética y compromiso en la sociedad. La violencia como única via de expresión ante un mundo aséptico y carente de sentido. Una distopía hiperviolenta que se hace cada vez mas actual con el paso de los años. Si la lees, asegúrate de que tu edición incluye el final del autor, el capítulo 21.

La fuga de Logan, William F. Nolan (1967)

Quizás no sea la mejor novela de todas las de esta lista, pero su indudable influencia en nuestras mentes colectivas y en la ciencia ficción posterior es un hecho. Estamos ante la distopía clásica por excelencia de los años sesenta. Logan pertenece a una sociedad utópica basada en un estricto control de la población y su natalidad, ya que a los 21 años, todo ciudadano debe dejar de existir, todo orquestado por un ordenador central que sustituye los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. La novela, lejos de ser cerebral o intimista, es más bien una novela de aventuras con mucha tecnología e imaginación. La fuga de Logan es un gran exponente de la ciencia ficción clásica y un título reconocido que no podía faltar en esta lista.

Riddley Walker, Russell Hoban (1980)

Libro para amantes del lenguaje, especialmente si pueden leerlo en inglés, ya que el autor lo retuerce y pervierte hasta hacerlo formar parte importante de la propia historia. Un mundo asolado, post-apocalíptico, donde los supervivientes han transformado su lenguaje con el paso de los años, adaptándolo a la realidad. Un mundo destruido por la ciencia, que sobrevive ahora gracias a la superstición, la violencia y los sacrificios humanos en el corazón de la vieja Inglaterra. Muchos críticos no la ubican como ciencia ficción, y por eso mismo recomiendo esta gran distopía.

Neuromante, William Gibson (1984)

Ahora es cuando debería decir eso de “me alegra que lo menciones”, ya que William Gibson es uno de mis autores favoritos. Escribí una reseña bastante extensa de esta gran novela en mi blog. El mérito de Gibson es doble: es capaz de escribir literatura de calidad y además crear un nuevo género de la nada. No es una novela fácil de leer, debido a su prosa recargada y poética y su nuevo mundo distópico, que no es nuevo en lo esencial (grandes corporaciones, existencialismo nihilista, violencia endémica, capitalismo atroz) sino por la ambientación, asfixiante, atiborrada de cielos plúmbeos, luces de neón e ideogramas japoneses. Si eres buen lector y nunca te has acercado a la ciencia ficción, esta es una entrada a lo grande, un salto al vacío en toda regla.

El cuento de la criada, Margaret Atwood (1985)

Una de las primeras cosas que recuerdo de cuando empecé a leer este libro es que recordé haber leído otro hace muchísimo tiempo, el Hombre estrella, de Gabriel Bermúdez Castillo. Los que han leído ambos sabrán porqué y es por el abuso de los contrastes absolutos. Ninguno de los dos me gustó, aunque hay que reconocer que el de Atwood está a otro nivel, y eso que no me gusta ni por su literatura, ni por la historia, ni mucho menos por su conclusión. Escribí una controvertida reseña en Goodreads que me costó un disgusto en forma de tormenta de mierda pública en Twitter.

No voy a decir nada que no sepáis ya sobre el argumento de esta historia, construida sobre una sociedad enferma, la república de Gilead, donde las mujeres apenas pueden procrear y son esclavizadas para imponer una moral victoriana y ser sometidas al antojo de los patriarcas. No me gustó el libro, pero creo que es un magnífico ejemplo de distopía y por esto está en esta lista.

Hijos de los hombres, P.D. James (1992)

Casualidades del destino, el siguiente título de la lista también está escrito por una mujer y también habla de una sociedad enferma donde la humanidad ha perdido la capacidad de procrear, sin embargo, la historia es muy diferente, y para mi gusto, muy superior. También se ha hecho una producción audiovisual, en este caso una película con el mismo nombre, y es un peliculón. Algunos dicen que es bastante mejor que el libro, y debo decir que quizás sea cierto, no porque el libro sea malo, sino porque la película es excelente. En cualquier caso, otro libro para la lista.

Ensayo sobre la ceguera, Jose Saramago (1995)

A este autor portugués nadie, jamás, se atrevería a englobarle en la ciencia ficción. Sin embargo el argumento de esta memorable novela, cumple todos los requisitos para serlo. Saramago nos sumerge en las aguas heladas de una sociedad cruel y violenta, donde la pérdida de visión repentina de toda la población del planeta ha sumido de la noche a la mañana a la humanidad en una nueva época oscura. Literalmente hablando. Nada de lo que diga sobre esta novela le hará justicia, una de mis novelas favoritas de todos los tiempos, sea del género que sea.

The Slynx, Tatyana Tolstaya (2000)

Tres razones me llevaron a leer esta distopía premiada por la crítica en todo el mundo:

  1. Me encanta Mad Max y su rollo post-apocalíptico futurista decadente.
  2. Me encanta la literatura rusa, del siglo XIX, del XX y del XXI.
  3. La autora es la bisnieta de Leon Tolstoi, y Tolstoi es dios.

¿De veras no tienes curiosidad por leerla?

Metro 2033, Dmitry Glukhosvsky (2005)

Leí la novela después de terminar el videojuego que tiene su nombre, porque sabía que debía haber algo especial en una historia capaz de crear un juego con un ambiente tan particular. Y no me equivocaba.

En el año 2033, los supervivientes de una hecatombe nuclear sobreviven como pueden en las redes de metro de Moscú, donde se ha desarrollado una nueva sociedad, con su propia economía, industria y  sistema de gobierno. No digo más, no quiero negaros el placer que supone descubrir página a página lo que Glukhosvsky ha imaginado para vosotros.

La carretera, Cormac McCarthy (2006)

Hay gente sensible que dice que no ha podido terminarlo por su excesiva crudeza, he de reconocer que es uno de los motivos que me llevó a leerlo hace apenas unos meses. No creo que sea para tanto, lo que si es cierto es que es un premio Pulitzer en el año 2007, si no me equivoco el único de la lista con un premio de este tamaño.

Bajo la excusa de un apocalipsis post-nuclear el viaje de un padre con su hijo hacia el sur sirve como excusa para reflexionar sobre la muerte, el destino de la humanidad y el fundamento del orden social. Se lee rápido y es imposible soltarlo una vez que se empieza… si tienes estómago ya que es obsesivo y absorbente por partes iguales.

El día del opríchnik, Vladimir Sorokin (2006)

El día del Oprichnik nos transporta a una Rusia imaginaria del año 2027. Su protagonista, es parte de los Oprochnik, la guardia pretoriana del nuevo Zar. Nuestro narrador es un hombre despiadado y sin dobleces que ejecuta órdenes en un nuevo orden social, donde el poder del estado y de la violencia son absolutos. Drogas, asesinatos y violaciones se suceden en orden, para darnos una idea del futuro de un estado totalitario, sospechosamente parecido a una proyección de la actual Rusia en el futuro.

Los juegos del hambre, Suzanne Collins (2008)

De toda la lista creo que es la única novela que podría catalogar como literatura Juvenil. Lo es, pero también es el fiel representante de un subgénero (novela juvenil) que creo que merece la pena estar en la lista. No he incluido algunos otros títulos, porque no aportarían demasiado. Esta saga de tres libros tiene una gran virtud, la de haber creado un mundo distópico con bastante sentido y profundidad. De haber sido otros personajes más maduros -imposible por la propia trama y estructura de la sociedad que describe- quizás podríamos hablar de una distopía adulta sin complejos, pero la candidez de los personajes y su mirada al mundo que les rodea la convierten sin remedio en una distopía juvenil. Será uno de los libros que recomiende a mis hijos cuando me pregunten qué pueden leer. Una gran saga, lástima de adaptación al cine, que la degradan a cine infantil.

Espejismo, Hugh Howey (2012)

Una de las novelas más recientes de la lista. Una novela donde el lector empieza casi a ciegas, como todos los habitantes del silo. Uno de los puntos más fuertes de Espejismo es ir explorando lo que sucede, a la par que los personajes. El comienzo, impreciso nos aclara que en algún momento del futuro cercano, la atmósfera del planeta se volvió tóxica. Una pequeña sociedad sobrevive en algo parecido a un refugio, rodeado de atmósfera ácida y mortal. De vez en cuando, los condenados a muerte salen al exterior para reparar los sensores que advierte de la toxicidad del exterior… y no digo más. Toda una distopía post-apocalíptica llena de misterio con una forma de narrar que hará que te dé casi un ataque de ansiedad.

Sumisión, Michel Houllebecq (2015)

No es la primera incursión de este autor francés en la buena literatura con matices de ciencia ficción, también, en esa línea puedes leer Partículas elementales o Plataforma. En este caso, Sumisión es una distopía que también podría ser descrita como una ucronía en toda regla.

Imagina una sociedad francesa al borde del populismo, imagina que para evitar caer en él se refugia en el islamismo moderado. Imagina que poco a poco, ese islamismo moderado deja de serlo de forma progresiva y sutil… y eres testigo de excepción de cómo Francia se va haciendo pedazos ante el peso de una sociedad cobarde y pusilánime. Houllebeq es el maestro de la decadencia y lo demuestra con maestría y una inteligencia sin mordazas.

Una de las mejores distopías que he leído, porque no nos lleva lejos, sino mas bien todo lo contrario. Con la fantástica prosa de Michel Houllebeqc y sus personajes profundos y lóbregos, no puedes dejar de leerla. Escribí una reseña hace unos años en mi blog.

Y un extra inesperado….. Half Life 2

Voy a hablaros de un videojuego, quizás mi videojuego favorito. Half Life 2. Y lo voy a hacer porque estoy seguro de que algún día se estudiará en las universidades de todo el mundo, y también porque la narrativa de este juego no tiene nada que envidiar a alguno de los libros que he mencionado antes, ni a ninguna película del género. Half Life 2 es para muchos, uno de los mejores videojuegos de la historia y no lo es por sus gráficos, sus escenas de acción o su música… lo es por su historia y lo que nos hace sentir.

La historia de HL2 es como la de muchos videojuegos de este tipo: extensa, compleja y con callejones sin salida. La forma de narrar de un videojuego es diferente a la de una película o una novela, porque necesita de la interacción del jugador para desenrollarse. Todo comienza con un viaje en tren a una ciudad norteamericana no identificada por parte del protagonista, que por circunstancias complejas, ha permanecido en éxtasis durante varios años. Nuestro protagonista pronto descubre que la sociedad está controlada por una fuerza policial que ni siquiera parece humana. La población, sin ocupación y sin esperanza, permanece recluida en sus casas, donde ni siquiera tienen el control de sus cuerpos, que ya no pueden siquiera procrear. Una monstruosa torre domina la ciudad, que ha sido troceada en sectores aislados, donde nativos humanos y alienígenas malviven dominados por un ente y una tecnología que no comprenden, utilizados como trozos de carne en una partida de ajedrez cósmica. Un comienzo brutal que todavía guarda muchos ases en la manga. La eterna promesa de una tercera parte nos ha tenido a fans de todo el mundo sumidos en la espera… que desgraciadamente nunca llegará. Aun así, hablamos de un juego que ha marcado al menos a una generación en todo el mundo, iniciándoles en una nueva forma de narrar a la que he querido rendir tributo en este artículo.

30 distopías

Tal como comentaba al principio, seguro que me he dejado grandes distopías por el camino, por mi propia ignorancia o por despiste, por favor, deja un comentario para que pueda mejorar este articulo a lo largo del tiempo. He hablado sin parar de 30 universos distópicos a lo largo de un siglo. Algunas obras clásicas ya reconocidas por todos, otras, futuros clásicos. Quizás leas esto y digas… ¿30?, ¡he contado 29!

Claro, porque todavía no os he recomendado mi propia distopía: el París del siglo XXIII. donde la raza humana huye de sí misma, encerrada en grandes torres, escondida en la realidad virtual o anestesiada gracias al trank, la droga definitiva. No voy a desvelar más, haz click en la portada si tienes curiosidad sobre mi novela, 11,4 sueños luz

Un thriller en el París del siglo XXIII

345 páginas de puro ciberpunk. Disponible en papel y eBook

Reseñas

La chica mecánica: Biopunk vs Ciberpunk

4 diciembre 2016 — 1

tokyocom01.jpg

Hace poco leí “La chica mecánica”, una novela escrita por el estadounidense Paolo Bacigalupi y a pesar de ese nombre, no es una historia ciberpunk, si no algo que ahora llaman BioPunk. No deja de ser ciencia ficción, sólo que en vez de hackear el ciberespacio, hackean la biología a través de la genética. El transfondo, la historia y la temática general se podría decir sin embargo que es muy similar al ciberpunk, una gran distopía donde el mundo está jodido sin remedio.

la-chica-mecanica-de-paolo

El autor de “la chica mecánica”, Bacigalupi, que es de Colorado, pese a su nombre, es muy dado a las distopías. Esa novela fue su ópera prima, y ha arrasado en los grandes premios de la ciencia ficción: Hugo, Nebula y John W. Campbell Memorial en 2010. Después de esta, se pasó al género juvenil, donde no le ha ido mal. Tras unos años, ha vuelto a intentar escribir para adultos con  “Water knife”, y aunque ni de lejos es tan buena como su primer novela, tiene el mismo regusto a podrido, salvo que parece escrito para jugadores de Call of duty más que para amantes de la buena literatura. Siempre pueden darse las dos cosas por otro lado, jamás diré lo contrario.

El ciberpunk para mí transmite un sentimiento, una mezcla entre ambiente y emoción de fondo, sin importar demasiado la historia. La humanidad transita en un estado intermedio de descomposición, donde sin embargo todavía importa la vida. Malviven aferrados a un hilo conductor, observando impasibles como el sistema se cae a pedazos, sabiendo que están solos.

A veces he tenido un sentimiento similar cuando viajo por trabajo, desconectado del mundo. Esa sensación me acompaña, y a pesar de todo no es desagradable o espantosa, es como si nos dejáramos arrastrar por un lado oscuro que siempre ha estado con nosotros. Es la sensación opuesta a la ciencia ficción utópica que habla de mundos donde la sociedad se ha organizado de manera perfectamente armónica, con cierto tufillo a totalitalismo. A pesar de que el resultado final suele ser positivo para la humanidad, no nos atraen nada. Sin embargo, la visión del Ciberpunk pocas veces toca el tema clave de todo esto ¿por qué la situación no desencadena una revolución?, ¿por qué el mundo permanece suspendido en una crisis sin fin?, ¿por qué el hombre moderno siempre está mas cerca del ciberpunk que de cualquier otra distopía? En la chica mecánica encontramos todo esto, a dosis muy altas, adictivas. Como el ciberpunk, es pegajosa y vital.

Leyendo una noticia actual sobre Hong Kong, he confirmado que es la ciudad con el precio de vivienda más caro del planeta. Son famosos sus edificios, similares a colmenas, donde viven hacinados cientos de miles de personas en torres monstruosas -de feas y apretadas- como las de la foto. Para el booktrailer de 11,4 sueños luz utilicé una de esas fotos, algo modificada pero real. Ilustré una distopía futurista con fotos reales. Con razón algunos dicen que no parece que esté tan lejos ese futuro.

hong-kong

Un inteligente empresario de la zona ha tenido la genial ocurrencia de crear viviendas prefabricadas de tan solo cinco metros cuadrados. Es escalofriante escuchar como después de la justificación de que algo así es hasta bueno para los jóvenes solteros que necesitan algo de privacidad, el empresario entrevistado sonríe hablando de los pingües beneficios que espera obtener. La correa se estrecha sobre nuestros cuellos y vivir cada día significa un poco menos de espacio, un poco menos de aire.

Todos los días, a hora punta se apiñan millones de personas en el metro de Tokio (yo lo he visto en mis propias carnes). Tienen que soportar a diario una tortura infernal solo para ir a trabajar, después de dormir unas horas en sus microviviendas (Tokio también es carísimo para vivir). Aquí una foto que ilustra lo que quiero decir:

tokyo-compression-mis-gafas-de-pasta01

La masa de gente es tan gran brutal que se forma condensación en los cristales. Yo he visto además cristales rotos en los vagones de metro de Tokio por la presión de la gente, que necesita ser apretada desde fuera por los empleados del metro para que puedan entrar todos.

En todo el mundo ocurre lo mismo: El que no tiene una capacidad adquisitiva muy alta, sufre en sus carnes las molestias, o directamente el calvario que representa hoy vivir en una ciudad moderna. Quién no ha oído hablar del fenómeno de la gentrificación en las urbes, de las dos horas al día que tardan en transporte público los ingenieros que trabajan en Sillicon Valley o de lo difícil que es encontrar pareja en Hong Kong si no tienes trabajo, sueldo, casa y coche. Ya no hablemos de tener hijos, o un futuro familiar donde puedas encajar el trabajar doce horas y viajar. Las ciudades son cada vez más, el refugio para aquellos que sólo tienen tiempo para trabajar, y cada vez hay menos lugar para los que no pueden permitírselo por no entrar en esa dinámica. En este sentido la escena ciberpunk de “El atlas de las nubes” de las Wachowski me parece una obra de arte. Siempre vuelvo mentalmente a la imagen de los clones comiendo su batido después de una jornada de acoso sin fin. Es una escena absolutamente magistral.  

Perdonad que me haya demorado hasta aquí entretenido en contaros la realidad, pero ¿que tiene que ver  esto con el ciberpunk, el biopunk o La chica mecánica? Si hacemos una proyección en el tiempo y llevamos la situación actual a las últimas consecuencias, significa que cada vez más habrá una masa mayor de trabajadores empobrecidos, que vivirán con menos comodidades, y que su ocio estará más orientado a hacerles olvidar que viven una vida miserable. Cada vez habrá menos gente que pueda vivir holgadamente, y el precio de llegar a la cima será ser un auténtico tiburón. Alguien capaz de ganarle a las cartas al diablo. No por viejo, sino por ausencia absoluta de moral. Capitalismo salvaje, sin compasión, sin espacio para los términos medios. “Si no trabajas, no sirves para la sociedad y no tienes hueco en ella. Quizás podamos usar tus órganos y así tener una justificación para dejarte sobrevivir un poco más.

Es exactamente lo que planteo en “11,4 sueños luz“, una civilización donde las multinacionales han tomado el control de la sociedad, y la mayoría de la población vive sostenida por el sueño de que tienen de todo, cuando no tienen nada de lo que importa. Es este punto, estamos hablando de algo similar a lo que narra “La chica mecánica“: élites que gobiernan a una masa de gente con derecho a trabajar como esclavos, y por debajo de ellos, gente sin derecho a trabajar, que son pisoteados y abusados por los que son casi como ellos, pero que por lo menos tienen derecho al trabajo, aunque este solo represente migajas. En su geopolítica transformada, el reino de Tailandia, acoge a refugiados chinos que huyen del integrismo islámico que ha arrasado la tranquila civilización China.

Y de nuevo, volvemos a la pregunta original. ¿Por qué no hay una revolución social?, ¿por qué los chinos que viven hacinados, sin posibilidad siquiera de encontrar pareja no montan una revuelta?, ¿por qué no hay una guerra que lo cambie todo?

Por que nadie está dispuesto a matar. No es que a principios del siglo XX la gente estuviera deseosa de saltar a las trincheras para hincar la bayoneta al francés o al alemán del otro lado, es que había serios intereses políticos de hacerlo y les convenía. Ahora, sin embargo, las empresas dirimen sus guerras de forma mucho mas pacífica, al fin y al cabo, cuando el CEO de una compañía cae y su compañía es engullida por su rival, se le retira con un buen sueldo y lo mismo se puede decir de todos los directivos. Y los clientes, los ciudadanos, pasan de una empresa a la otra, y son lo que seguirán pagando el plato. Además, esos chinos hacinados en su micro-vivienda están adormecidos viendo porno hasta quedarse dormidos para poder ir a trabajar al día siguiente, encerrados en un metro atestado de gente. Con pequeñas diferencias, pero ocurre igual en todo el mundo.

Este es la otra similitud -y la más importante- entre el BioPunk de “La chica mecánica” y el Ciberpunk clásico: las corporaciones globales que controlan las guerras. Las metacorporaciones de la Chica mecánica han sumido el mundo en un caos, debido a las guerras biológicas, devastando el planeta con enfermedades y hambre. Ya no existen gobiernos, sino grandes bloques económicos gobernados de facto por metacorporaciones. Sin embargo, algunos pequeños reinos resisten, a duras penas, asediados por los intereses geoestratégicos de las grandes compañías. En medio de este escenario, nuestro personaje protagonista, es un agente de una de las más importantes organizaciones todopoderosas: un tipo despreciable, manipulador y muy inteligente, que sin embargo, y para su sorpresa, se ve desarmado por un ser sin alma, un ser medio humano, medio mecánico. Como en las buenas novelas, todos los personajes tienen cosas que ocultar, tienen miedos y traiciones a sus espaldas.

La escena donde el autor presenta a la chica mecánica, es el mejor capítulo que he leído en mucho, mucho tiempo: pese a ser mecánica, tiene más humanidad que la mayoría de personajes que pueblan la novela, algunos de ellos muy bien construidos. El final de la novela es notable, aunque no puede satisfacer a todos. En cualquier caso, es una lectura que a cualquier amante del ciberpunk debería gustarle, por que como ya he dicho, tiene su misma enfermedad en la sangre.

Actualización, 11 Diciembre 2016 :

He sido incapaz de continuar más allá de las 60 primeras páginas del segundo libro de Bacigalupi “Water knife”. Me parece increíble que después de un libro como “La chica mecánica” haya escrito este otro. No es nuevo, de hecho este fenómeno pasa con muchísimos autores. En cualquier caso, no quita que “La chica mecánica” sea un novelón.

kubrick

Apúntate a mi lista de correo

Mi lista de correo sirve para enviarte por email una recopilación de mis últimos artículos cada tres semanas. Así no se te pasará nada de lo que escriba. Te prometo que no le daré tu email a nadie ni te venderé descuentos en viajes a Marte, esto queda entre tú y yo. Bueno, y cualquier visitante del futuro que conozca nuestro destino.

¡Ya te tengo fichado! ¡Gracias!