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Ciencia FiccionFicción personal

Demasiado rápido

18 agosto 2015 — 2

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Aqui va un reto que inicié en foroescritores.es (os recomiendo el sitio, ya de paso). El reto era comenzar un relato con un párrafo determinado (elegido por otra persona) y elaborar una historia coherente en 2000 palabras o menos. Mi reto era además clavar las 2000 palabras justas. Los que hayáis leido mi novela -aun no publicada, llena de errores y que debo quemar- “El viaje de Joel”, tambien conocida como “Procyon-4”, os sonará muy familiar el mundo y los conceptos de ciencia ficción. Los lectores de C/F que hayan leido a Haldeman, verán su mano detrás de esas elipsis. Se podría decir que es quizás el relato de ciencia ficción más extremo que he hecho nunca, ya que combina muchas cosas del género en poco espacio, pero no os voy a desvelar la intriga, allá vamos :-) ¡Comentad que os parece!


“Último aviso. Los pasajeros de la nave con destino rumbo a la luna Perséfone deben acudir al muelle de embarque 42B. Los pasajeros de la nave con destino rumbo a la luna Perséfone deben acudir al muelle de embarque 42B”. La megafonía retumba por todo Minos-2, la estación militar Terrana donde me encuentro. Jóvenes uniformados de rostros tensos corren de un lado a otro, sabiendo que la humanidad se juega su futuro. Algunos al tropezar conmigo, se cuadran y siguen confusos su camino sin dejar de mirar los galones que descansan sobre mi pecho. De lejos, miro a Eurídice resistiéndome a pensar que aquella será la última vez que veré su rostro.

Llegaron de forma silenciosa. Una tras otra, las colonias exteriores dejaron de enviar señales. Ya han pasado seis meses y hemos perdido ocho colonias, todas ellas tras el punto de salto de Teegarden. Mandamos naves de exploración a esos sistemas, sin rastro sus habitantes. Descendimos a la superficie de Kon Aighar y en Topaz: todos los edificios y estructuras habían desparecido por completo. Tampoco había cuerpos. Fuera lo que fuera que ocurrió, no dejaron nada. Lo poco que se sabía de los invasores es el punto de salto del que procedían: Deloria, un sistema binario sin planetas habitables y poco explorado. Más allá de ese punto, podían venir de cualquier sitio. Intentamos establecer un retén de control, pero las naves automatizadas eran destruidas nada más salir del agujero de gusano en Deloria. Al final, sin ideas, empezamos por darles un nombre: Delorianos.

La mayor parte de la armada Terrana se ha reagrupado en un lugar secreto para preparar una incursión a gran escala en Deloria. Todavía no me explico mi ascenso y mi nueva misión en Perséfone, la luna artificial más avanzada de la flota. Es la primera vez que el uniforme negro de un Alpha tiene en su pecho cuatro estrellas. Disfruto al ver sus caras de temor rodeándome en aquella multitud. Ya me he olvidado de Eurídice: ella es el último cabo suelto de una historia sin sentido. Las últimas noches juntos me deberían haber servido para entender algo de mí mismo, pero ha sido inútil, como otras muchas veces. En cualquier caso, no volveré a verla, pase lo que pase.

El vuelo a Perséfone es corto, apenas tres saltos en un crucero rápido de transporte, con capacidad para muchas más personas. La nave es última tecnología, todavía huele a metal y plástico. La urgencia hace necesario que por unos días nos olvidemos de las restricciones que rigen en la Confederación Terrana. Somos seis pasajeros, muy especiales. Soy el único Alpha, pero hay una psíquica, dos enlazadoras, un trisomne y un ermitaño. También hay un tipo que no deja de mirarme con odio, pero no sé que tiene de especial, es el único que parece normal del grupo. Las dos enlazadoras me sonríen al unísono con malicia. Deben saber que soy inmune a ellas, pero no les devuelvo la sonrisa. Nos amarramos a los anclajes de seguridad. El que más me inquieta es el que parece normal, tiene cuatro puntos negros tatuados encima de la ceja izquierda y si son lo que creo que son, no debería ser capaz de verlos: un cuatrop. No le quito el ojo. Conectamos nuestro neurolink y empiezan a llegar noticias del alto mando: en las últimas horas ha caído otra colonia y no hay mas que malas noticias. Hay desórdenes y revueltas en casi todas partes: pánico y caos.

—He conocido muchos psicópatas, pero ninguno con certificado y rango oficial como tú— dice el tipo de los cuatro puntos negros tatuados sobre la ceja. Me divierte su tono. Sonrío y espero a contestar, para ponerle nervioso.

—Alpha, si no te importa. ¿Y cuál es tu virtud?—pregunto.

—¿De veras no te has dado cuenta ya?— pregunta divertido.

—Todavía no me has mentido— replico.

—Dejadlo ya— corta el ermitaño.

—Si somos lo mejor que tiene la Tierra, estamos jodidos— dice el tatuado, escupiendo las palabras con desgana. Nadie agrega nada a su último comentario. El trisomne no puede hablar, pero ni siquiera parece habernos oído. Enfrascado en sus pensamientos, como nosotros, intenta soportar el viaje que tenemos por delante. Pasan cuatro eternas horas y las alarmas anuncian el salto.

Como siempre, tras el apagón en mi cabeza, llega esa extraña pérdida, como si los meses que se desaparecen de nuestras vidas tuvieran un coste oculto para nosotros. Callamos mientras se descargan a nuestros cerebros las noticias a través del neurolink. Ha pasado solo un mes y tres semanas, pero el mundo ha cambiado rápido: La flota ha sido destruida. Cuatro colonias más han dejado de contactar. El alto mando es incapaz de controlar el caos. Sin embargo, no han cambiado nuestras órdenes. Pienso que quizás se hayan olvidado de nuestra misión. El trisomne abre los ojos y me mira con tristeza. Vuelve a cerrarlos despacio.

—Han destruido Minos-2— dice el ermitaño.

—Lo sé. Yo también he recibido la noticia— le digo. Pienso en Eurídice. Muerta. No siento nada.

—¿Algo que lamentar?—pregunta la psíquica con malicia.

—Míralo tu misma. Te doy permiso— le reto.

—Ni aunque fuera una orden me metería en tu cabeza, Alpha— me contesta con asco.

—La raza humana debía estar muy jodida para admitir Alphas en la cadena de mando— dice el de la ceja tatuada.

—¿De veras eres un cuatrop?—pregunto, casi seguro ahora de ver fluctuar su tatuaje psíquico.

—Que un Alpha lo sepa me sorprende tanto como ver a una psíquica que no lo vea.

—¿Un cuatrop?, ¿aquí?— pregunta la psíquica alterada.

—Algo no cuadra—dice el cuatrop —la psíquica debería haberme detectado, el alpha no debería haberlo hecho, y las enlazadoras deberían saberlo hace horas.

—Lo sabemos hace horas— interrumpen — pero no es relevante. Sabíamos de tu existencia, Richard— dicen a dúo. Me ponen los pelos de punta — ella ya no quiere oír — dicen señalando a la psíquica — y él está deseando que todo el mundo sepa lo que es— dicen señalando a Richard.

—No me convence vuestra explicación—replica Richard.

—Nosotras te elegimos—dice la cabeza a la izquierda de la enlazadora son una sonrisa que me hiela la sangre.

—Y no nos equivocamos, Richard Yumia— añade, la enlazadora de la cabeza derecha, riendo con ojos vidriosos.

—Sois repugnantes. Una abominación—susurra Richard. Noto miedo en su voz.

El trisomne, que hasta ahora no ha abierto la boca abre los ojos y nos mira con sus ojos de pescado y su cara derretida. Aunque su boca deforme no pueda hablar, siento que su poderosa mente está bien despierta. Vuelve a cerrar los ojos con inhumana agonía reflejada en ellos. Las enlazadoras se miran una a la otra, a escasos centímetros y sonríen. Se besan con lengua mientras su mano izquierda acaricia su cabeza derecha y su mano derecha pellizca a través de la ropa su pezón izquierdo, en una postura imposible. Nadie dice nada pero no podemos dejar de mirar como se abraza y se besa a sí mismo aquel ser de dos cabezas y un cuerpo. Una voz nos informa de que vamos a entrar en sueño inducido hasta el próximo punto de salto. Despertaremos en t+2. Desearía que fuera un sistema automático, pero no lo es. No me fío de los humanos.

Despierto con la boca pastosa. Consulto el reloj. Han pasado algo más de cuatro meses en tiempo absoluto. Hemos salido del segundo salto. Miro a mi alrededor y mis extraños compañeros de viaje ya han despertado. Llegan más noticias a través del neurolink: el alto mando ha sido destruido. Perséfore ya no existe. Lo que queda de la armada está evacuando las colonias de todos los sistemas exteriores: Teegarden, Epsilon Indi, Ross 128, Gajira y Tau Ceti. Hasta ahora los Delorianos no han atacado ninguna colonia fuera de esos sistemas. Nuestras órdenes siguen intactas. Las coordenadas siguen  apuntando a Diella, un sistema detrás del punto de salto de Tau Ceti. Ahora territorio enemigo.

—Nos envían a la muerte— dice el ermitaño. Parece que no ha dormido en días. De hecho no lo ha hecho desde que salimos de Minos-2. En tiempo real, casi medio año. Si pudiera sentir lástima por él la sentiría, pero me importa una mierda.

—No. Nos envían a ellos— dice la psíquica, sin mirarnos.

—Entonces la humanidad está acabada— replica Richard.

—Somos mutantes, si no han logrado contactar con ellos es porque no han logrado hacerlo hasta ahora. Imagino que somos su última esperanza— dice la psíquica. Algo la atormenta, tanto que es parte de su rostro desde hace mucho.

—¿Y él?—pregunto señalando a Richard — él no es un mutante.

—Hermano Richard Yumia— dice la psíquica, fijando su vista en él. Está trabajándole, noto la tensión que palpita en sus sienes.

—Representante de la última religión de la Tierra— afirma con los ojos brillantes, Richard.

—Fe, mutantes y … — dice el ermitaño señalando a las enlazadoras.

—Estamos jodidos—replico intentando el tono de Richard.

Una voz nos vuelve a informar que entraremos en sueño inducido hasta el punto de salto final. Despertaremos en t+12. La voz automática me hace preguntarme por el destino del humano que nos ha traído hasta aquí.

Despierto, no estoy en la nave y tampoco estoy conectado al neurolink. Estoy tumbado en el suelo  A mi alrededor todo es blanco. Tumbado a mi lado está Richard. No hay paredes, pero algo informe y nebuloso nos rodea, como una cúpula. Estamos aislados. Richard comienza a despertar y me observa. En ese momento, la niebla se disipa y un hombre cruza el umbral de una difusa abertura elíptica. Va vestido con un mono gris, similar al nuestro. Parece joven, pero su mirada es inhumana. Todos mis sentidos me advierten de que no es lo que parece.

—Vuestros compañeros no son útiles para nuestro propósito— dice sin preámbulos. Un escalofrío recorre mi espalda, su mirada es gélida.

—¿Quién eres?— pregunta Richard. No noto miedo en él. Pese a todo, no siente miedo. Estoy impresionado.

—Vosotros me llamáis Deloriano. Tú eres Richard Yumia, representante de la última fe de la Tierra, y tú Eric Slammon, un Alpha Evolucionado, un humano sin empatía y de una inteligencia superior.

—¿Por qué estamos aquí?, ¿qué ha sido de nuestros compañeros?— pregunta Richard.

—Vuestros compañeros están tullidos. No representan a la raza humana. Hemos buscado una manera de comprenderos, de juzgaros. Sois una especie ciega y perdida, pero vosotros dos tenéis una visión clara aunque opuesta. Debéis ayudarme a entender si la raza humana merece seguir existiendo.

—¿Él?— pregunta Richard — es lo peor de la humanidad, es un hombre sin sentimientos, sin piedad.

—Gracias a gente como yo la humanidad ha progresado— respondo fingiendo humildad.

—Creando monstruos, eliminando culturas enteras, destruyendo a los débiles o asimilándolos.

—Evitando guerras, repartiendo recursos, siendo justos…— replico.

—…Fferoces, implacables… sin piedad— interrumpe.

—Somos justos. Vosotros instigáis el rencor, la violencia, la rebelión. Vosotros provocáis la muerte, no nosotros— digo mientras pienso que esa misma discusión la he tenido cientos de veces y que nunca lleva a nada.

—¿Que ocurrió con la psíquica?— pregunta Richard, ignorándome.

—Atendimos su petición y la integramos en nuestra comunidad, acallando su poder mental.

—¿Y el trisomne?— pregunto, casi adivinando la respuesta.

—Paramos su mente y le permitimos dormir.

—¿Y los demás?— No respondió.

—¿Y qué nos haréis a nosotros?— pregunto.

—¿Que creéis que merece la humanidad?

—Esperanza— ruge Richard.

—Razón— susurro.

Cuando abro los ojos de nuevo estoy flotando. Lo veo todo. La humanidad entera es un patio de arena, lleno de mocosos que se gritan los unos a los otros por un cubo de colores. Alrededor miles de estrellas, de sistemas habitados por culturas alienígenas crecen en armonía. Yo soy parte de ellos ahora. Ya no sufro por no ser parte de algo que no entiendo. Siempre fui un extraño entre los hombres. Ahora los veo desde el otro lado y entiendo porqué no deben crecer, porqué no deben salir de su jaula. Su evolución será un interesante experimento.

kubrick

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