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Reseñas

La chica mecánica: Biopunk vs Ciberpunk

4 diciembre 2016 — 1

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Hace poco leí “La chica mecánica”, una novela escrita por el estadounidense Paolo Bacigalupi y a pesar de ese nombre, no es una historia ciberpunk, si no algo que ahora llaman BioPunk. No deja de ser ciencia ficción, sólo que en vez de hackear el ciberespacio, hackean la biología a través de la genética. El transfondo, la historia y la temática general se podría decir sin embargo que es muy similar al ciberpunk, una gran distopía donde el mundo está jodido sin remedio.

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El autor de “la chica mecánica”, Bacigalupi, que es de Colorado, pese a su nombre, es muy dado a las distopías. Esa novela fue su ópera prima, y ha arrasado en los grandes premios de la ciencia ficción: Hugo, Nebula y John W. Campbell Memorial en 2010. Después de esta, se pasó al género juvenil, donde no le ha ido mal. Tras unos años, ha vuelto a intentar escribir para adultos con  “Water knife”, y aunque ni de lejos es tan buena como su primer novela, tiene el mismo regusto a podrido, salvo que parece escrito para jugadores de Call of duty más que para amantes de la buena literatura. Siempre pueden darse las dos cosas por otro lado, jamás diré lo contrario.

El ciberpunk para mí transmite un sentimiento, una mezcla entre ambiente y emoción de fondo, sin importar demasiado la historia. La humanidad transita en un estado intermedio de descomposición, donde sin embargo todavía importa la vida. Malviven aferrados a un hilo conductor, observando impasibles como el sistema se cae a pedazos, sabiendo que están solos.

A veces he tenido un sentimiento similar cuando viajo por trabajo, desconectado del mundo. Esa sensación me acompaña, y a pesar de todo no es desagradable o espantosa, es como si nos dejáramos arrastrar por un lado oscuro que siempre ha estado con nosotros. Es la sensación opuesta a la ciencia ficción utópica que habla de mundos donde la sociedad se ha organizado de manera perfectamente armónica, con cierto tufillo a totalitalismo. A pesar de que el resultado final suele ser positivo para la humanidad, no nos atraen nada. Sin embargo, la visión del Ciberpunk pocas veces toca el tema clave de todo esto ¿por qué la situación no desencadena una revolución?, ¿por qué el mundo permanece suspendido en una crisis sin fin?, ¿por qué el hombre moderno siempre está mas cerca del ciberpunk que de cualquier otra distopía? En la chica mecánica encontramos todo esto, a dosis muy altas, adictivas. Como el ciberpunk, es pegajosa y vital.

Leyendo una noticia actual sobre Hong Kong, he confirmado que es la ciudad con el precio de vivienda más caro del planeta. Son famosos sus edificios, similares a colmenas, donde viven hacinados cientos de miles de personas en torres monstruosas -de feas y apretadas- como las de la foto. Para el booktrailer de 11,4 sueños luz utilicé una de esas fotos, algo modificada pero real. Ilustré una distopía futurista con fotos reales. Con razón algunos dicen que no parece que esté tan lejos ese futuro.

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Un inteligente empresario de la zona ha tenido la genial ocurrencia de crear viviendas prefabricadas de tan solo cinco metros cuadrados. Es escalofriante escuchar como después de la justificación de que algo así es hasta bueno para los jóvenes solteros que necesitan algo de privacidad, el empresario entrevistado sonríe hablando de los pingües beneficios que espera obtener. La correa se estrecha sobre nuestros cuellos y vivir cada día significa un poco menos de espacio, un poco menos de aire.

Todos los días, a hora punta se apiñan millones de personas en el metro de Tokio (yo lo he visto en mis propias carnes). Tienen que soportar a diario una tortura infernal solo para ir a trabajar, después de dormir unas horas en sus microviviendas (Tokio también es carísimo para vivir). Aquí una foto que ilustra lo que quiero decir:

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La masa de gente es tan gran brutal que se forma condensación en los cristales. Yo he visto además cristales rotos en los vagones de metro de Tokio por la presión de la gente, que necesita ser apretada desde fuera por los empleados del metro para que puedan entrar todos.

En todo el mundo ocurre lo mismo: El que no tiene una capacidad adquisitiva muy alta, sufre en sus carnes las molestias, o directamente el calvario que representa hoy vivir en una ciudad moderna. Quién no ha oído hablar del fenómeno de la gentrificación en las urbes, de las dos horas al día que tardan en transporte público los ingenieros que trabajan en Sillicon Valley o de lo difícil que es encontrar pareja en Hong Kong si no tienes trabajo, sueldo, casa y coche. Ya no hablemos de tener hijos, o un futuro familiar donde puedas encajar el trabajar doce horas y viajar. Las ciudades son cada vez más, el refugio para aquellos que sólo tienen tiempo para trabajar, y cada vez hay menos lugar para los que no pueden permitírselo por no entrar en esa dinámica. En este sentido la escena ciberpunk de “El atlas de las nubes” de las Wachowski me parece una obra de arte. Siempre vuelvo mentalmente a la imagen de los clones comiendo su batido después de una jornada de acoso sin fin. Es una escena absolutamente magistral.  

Perdonad que me haya demorado hasta aquí entretenido en contaros la realidad, pero ¿que tiene que ver  esto con el ciberpunk, el biopunk o La chica mecánica? Si hacemos una proyección en el tiempo y llevamos la situación actual a las últimas consecuencias, significa que cada vez más habrá una masa mayor de trabajadores empobrecidos, que vivirán con menos comodidades, y que su ocio estará más orientado a hacerles olvidar que viven una vida miserable. Cada vez habrá menos gente que pueda vivir holgadamente, y el precio de llegar a la cima será ser un auténtico tiburón. Alguien capaz de ganarle a las cartas al diablo. No por viejo, sino por ausencia absoluta de moral. Capitalismo salvaje, sin compasión, sin espacio para los términos medios. “Si no trabajas, no sirves para la sociedad y no tienes hueco en ella. Quizás podamos usar tus órganos y así tener una justificación para dejarte sobrevivir un poco más.

Es exactamente lo que planteo en “11,4 sueños luz“, una civilización donde las multinacionales han tomado el control de la sociedad, y la mayoría de la población vive sostenida por el sueño de que tienen de todo, cuando no tienen nada de lo que importa. Es este punto, estamos hablando de algo similar a lo que narra “La chica mecánica“: élites que gobiernan a una masa de gente con derecho a trabajar como esclavos, y por debajo de ellos, gente sin derecho a trabajar, que son pisoteados y abusados por los que son casi como ellos, pero que por lo menos tienen derecho al trabajo, aunque este solo represente migajas. En su geopolítica transformada, el reino de Tailandia, acoge a refugiados chinos que huyen del integrismo islámico que ha arrasado la tranquila civilización China.

Y de nuevo, volvemos a la pregunta original. ¿Por qué no hay una revolución social?, ¿por qué los chinos que viven hacinados, sin posibilidad siquiera de encontrar pareja no montan una revuelta?, ¿por qué no hay una guerra que lo cambie todo?

Por que nadie está dispuesto a matar. No es que a principios del siglo XX la gente estuviera deseosa de saltar a las trincheras para hincar la bayoneta al francés o al alemán del otro lado, es que había serios intereses políticos de hacerlo y les convenía. Ahora, sin embargo, las empresas dirimen sus guerras de forma mucho mas pacífica, al fin y al cabo, cuando el CEO de una compañía cae y su compañía es engullida por su rival, se le retira con un buen sueldo y lo mismo se puede decir de todos los directivos. Y los clientes, los ciudadanos, pasan de una empresa a la otra, y son lo que seguirán pagando el plato. Además, esos chinos hacinados en su micro-vivienda están adormecidos viendo porno hasta quedarse dormidos para poder ir a trabajar al día siguiente, encerrados en un metro atestado de gente. Con pequeñas diferencias, pero ocurre igual en todo el mundo.

Este es la otra similitud -y la más importante- entre el BioPunk de “La chica mecánica” y el Ciberpunk clásico: las corporaciones globales que controlan las guerras. Las metacorporaciones de la Chica mecánica han sumido el mundo en un caos, debido a las guerras biológicas, devastando el planeta con enfermedades y hambre. Ya no existen gobiernos, sino grandes bloques económicos gobernados de facto por metacorporaciones. Sin embargo, algunos pequeños reinos resisten, a duras penas, asediados por los intereses geoestratégicos de las grandes compañías. En medio de este escenario, nuestro personaje protagonista, es un agente de una de las más importantes organizaciones todopoderosas: un tipo despreciable, manipulador y muy inteligente, que sin embargo, y para su sorpresa, se ve desarmado por un ser sin alma, un ser medio humano, medio mecánico. Como en las buenas novelas, todos los personajes tienen cosas que ocultar, tienen miedos y traiciones a sus espaldas.

La escena donde el autor presenta a la chica mecánica, es el mejor capítulo que he leído en mucho, mucho tiempo: pese a ser mecánica, tiene más humanidad que la mayoría de personajes que pueblan la novela, algunos de ellos muy bien construidos. El final de la novela es notable, aunque no puede satisfacer a todos. En cualquier caso, es una lectura que a cualquier amante del ciberpunk debería gustarle, por que como ya he dicho, tiene su misma enfermedad en la sangre.

Actualización, 11 Diciembre 2016 :

He sido incapaz de continuar más allá de las 60 primeras páginas del segundo libro de Bacigalupi “Water knife”. Me parece increíble que después de un libro como “La chica mecánica” haya escrito este otro. No es nuevo, de hecho este fenómeno pasa con muchísimos autores. En cualquier caso, no quita que “La chica mecánica” sea un novelón.

kubrick

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