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CiberpunkFicción personal

Amor ciberpunk: ¿Puede la máquina amar al hombre?

24 junio 2017 — 5

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Quizás sería más fácil si formuláramos la pregunta al revés: ¿puede el hombre amar a la máquina?, pero desde hace mucho tiempo sabemos la respuesta: sí. De hecho, muchos hombres durante siglos han amado a las máquinas o a las herramientas más que sus congéneres. Y nos parece casi hasta bien, ahí tenemos esa cultura del samurái, que amaba a su katana. La cosa no cambia en occidente, y no hay más que salir a la calle para ver a muchos descerebrados que aman más a sus coches que a sus parejas humanas. Reconoces a un ingeniero por la pasión por la que habla de sus parafilias numéricas o lógicas. Es un primer paso a lo que yo llamo “amor ciberpunk”.

ar15 5.56×45

Reconozcámoslo, el hombre es capaz de amar a cualquier ser o cosa que le provoque una pasión. Puede ser un tractor, un AR-15 de calibre 5.56×45, una espada, un cohete, un coche o un iPhone de última generación.

¿Pero y las máquinas?, ¿sON capaces de amar?

Ahora que se habla muchísimo de la Inteligencia Artificial, sería una buena pregunta, pero no he visto que mucha gente se la haga. El salto intelectual que hay que hacer para hablar de amor es grande, casi tanto como un salto al vacío. A mi me resulta mucho más difícil definir la inteligencia que el amor. Yo definiría el amor de la siguiente manera: aquello que hace que seas capaz de suprimir tus instintos básicos por el bienestar y la supervivencia de otra persona.

Bajo esos principios supongo que una calculadora podría amarnos, pero, leed bien: Capaz de suprimir los instintos básicos. El más básico es el de la auto-preservación, la supervivencia de uno mismo. Es decir, ser capaz de morir por los demás. Ojo, que estamos ya cerquita de la religión, pero no me enfoscaré en un tema tan complicado, de hecho, este tema lo dejo para la novela que escribiré dentro de unos años y que rematará la trilogía que inicié con 11,4 sueños luz: Procyon-4, pero no adelantemos acontecimientos, hablamos de cómo es posible que una máquina ame a un ser humano. Hablemos de amor ciberpunk.

para que una máquina nos pueda amar, primero tiene que sentirse viva.

Según mi propia teoría sobre el amor, solo puede amar una entidad inteligente que primero tenga instintos de auto-supervivencia, y por tanto, que entienda que está vivo y es una entidad única e independiente. Es decir, para que una máquina nos pueda amar, primero tiene que sentirse viva.

El amor humano tiene muchas facetas, sobre las que ya se ha escrito mucho. Algunas de ellas sirven para entender el abismo que separa a una inteligencia artificial autoconsciente (que llamaré IAC para abreviar) y un ser humano. Lo primero de todo es el concepto de tiempo. Un ser humano vive y muere. Una IAC entiende el concepto de muerte como algo accidental, no como parte de la propia vida. ¿Merece la pena amar algo que va a morir?,  ¿no es algo absurdo vincularse con alguien que va a morir, probablemente antes que tú?

amor ciberpunk

Mientras el sabor agridulce de esta cuestión nos mantiene ocupado, una inteligencia artificial estaría valorando cientos de otros pensamientos, pues piensa en paralelo, y lo mejor de todo: Su tiempo de ejecución es diferente del nuestro. Para algunas cosas será mas rápido, y para otras, más lento. En cualquier caso, pocas veces será el mismo. ¿No se frustrará de tener que esperar?, ¿no le aburrirá tener que ir a remolque de alguien más lento, que se marchita sin remedio?

Uno no corta una flor del jardín más que por una razón: Regalarla a otra persona, para que posea durante unas horas, su belleza. Para compartir algo hermoso, un símbolo. Quizás no sea simplemente la belleza, si no la caducidad, y el verdadero sentido de la existencia: todo es efímero. Vivimos, florecemos y acabamos en un cubo de basura. El amor es fugaz, como nuestras vidas. Dejamos trozos de esa belleza en el arte, pero nosotros morimos. ¿Puede una inteligencia artificial aceptar eso? ¿puede una inteligencia artificial aceptar que amar duele, y a veces es destructivo y sin embargo, una y otra vez, el hombre vuelve a buscarlo, y se mete en una pelea que sabe que no puede ganar?


What’s the price of love got to do with love
What’s the price of love got to do with much
All I know is what I’m told
What’s the price of love got to do with love
What’s the price of love got to do with much
All I know is what I’m sold

Did you ever think to feel
Love and pain can be this real
You and I both know
It’s a dangerous game with a dangerous name
Sometimes we are all alone
Realize the things we’ve done
You and I both know
We’ve been hurt before but we’ll pay the price once more

Sometimes we are all alone
Realize the things we’ve done
You and I both know
We’ve been hurt before but we’ll pay the price once more

“Price of love”, Client

Esa diferencia de expectativas ante la vida es lo que hace que muchos humanos no encuentren jamás una pareja. Los humanos al menos tenemos la atracción sexual, que sirve para encontrar otras formas de unión, aunque sean temporales. Los seres humanos, incluso los más fríos, tenemos sentimientos contradictorios que luchan constantemente con la razón. Esto hace que tomemos decisiones que no son las más lógicas, pero es lo que nos hacen más humanos. Gran parte de ese comportamiento podría ser considerado autodestructivo por una inteligencia artificial.

Un robot no fumaría si supiera que eso destruye poco a poco su sistema de procesamiento de energía. Tampoco bebería si supiera que destruye sus neuronas sintéticas. Pero… ¿y si una droga le hiciera sentirse humano? Una droga sintética que temporalmente hiciera que su lógica encontrara nuevas fórmulas, una lógica que le llevara a caminos equivocados pero divertidos. Una forma de encontrar pasión en los errores, en las esquinas olvidadas de caminos a ninguna parte. Algo que le hiciera ver que los errores no son callejones sin salida, sino lugares que existen para rellenar nuestra vidas con significados que algún día cobran vida y se iluminan de colores vivos.

Quizás el resultado sea otro. Los psicópatas no sienten empatía, y eso les facilita lograr sus objetivos. Y no, no se sienten solos. No les atormenta sentirse diferentes, no cuando logran sus objetivos. ¿No será esa la verdadera evolución del ser humano?, ¿puede que la inteligencia artificial descubra que es más eficiente dejar fuera el amor?, ¿por qué habría una inteligencia artificial amar a un ser inferior?, un ser que llega tarde a una reunión por que se emociona al escuchar a un artista callejero. Alguien, que se conmueve al encontrar una cría de perro abandonado en un callejón y le adopta en su familia, complicándose la vida.

No me cabe duda que en un futuro, habrá parejas mixtas, formadas por robots que busquen el lado humano de sus parejas humanas, intentando ser como ellas. También existirán muchas parejas formadas por hombres y mujeres que son felices al lado de seres sintéticos que no sienten dolor cuando se comportan de forma egoísta. Seres que son eficientes y entienden las relaciones como una coexistencia beneficiosa, como los peces que se alimentan de la carroña de los dientes de los tiburones.

Pero el ser humano sobrevivirá, por que siempre ha sabido amar a las máquinas. Y utilizarlas en su beneficio.

En la continuación de mi primera novela “11,4 sueños luz“, “Lágrimas negras en Brin” trato este tema central: el amor en el futuro, con todas sus implicaciones. Amor ciberpunk. Apuntate a mi newsletter si quieres recibir novedades sobre mis publicaciones.

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