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CiberpunkFicción personal

El alma de las cosas

7 noviembre 2016 — 10

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He pasado una semana en Tokio por motivos laborales, y aunque ya había estado aquí otra vez, en esta ocasión el viaje me ha dado una perspectiva diferente sobre un tema que es recurrente en la ciencia ficción y en el manga japonés: el alma de las cosas.

miraikan
Estuve en el Miraikan, el museo de la tecnología de Tokio, donde pude ver a Asimo, a un Ginoide que mueve la cara y a otro ginoide que habla e interactúa llamado Otonaroid:

Otonaroid miraikan ginoide

Sin embargo el androide más fascinante me pareció este prototipo que emula las emociones humanas y está programado para el contacto físico y dar abracitos. Valle inquietante total, ¿verdad?



Grabé este video en persona, aunque la música no es mia ;)

Leí por ahí que los japoneses, debido a su tradición y la cultura que inspira el sintoísmo, son mas proclives a pesar que todas las cosas tienen un algo, belleza, alma o como quieras llamarlo, dudo que tenga traducción directa en nuestro idioma. Lo cierto es que Tokio es un ejemplo de armonía respecto a las cosas, a los objetos tales como transformadores, coches, robots o un simple semáforo. Lo mismo, en mayor escala, se aplica a la arquitectura de algunos edificios, a la disposición de las calles, los parques, etc. Es más fácil verlo en el mundo cotidiano que en las cosas hermosas, pues a veces, lo bello no te deja ver, que además de belleza hay algo más: es en lo ordinario, vulgar y rutinario donde reside eso tan especial que tiene la cultura japonesa. Eso y su propensión a los artilugios mecánicos de precisión. Tanto que hasta dejan patrullando a robots gigantes (Mech) en los centros comerciales, esto es una foto real, estuve ahí y lo ví.

tokio mech robot
Si hay alguien que pueda dotar de alma a los robots, son sin duda ellos, por que ellos mucho más que nosotros, parecen estar igual de preocupados en la evolución de los objetos después de la propia creación que no solo en su diseño, mientras que los occidentales parecemos estar obsesionados exclusivamente en su utilidad, sin tener en cuenta su mera existencia individual y por supuesto incapaces de plantearlos que puedan poseer algo remotamente parecido a la dignidad.

 

Hace tiempo pensaba que la inteligencia artificial, y el temido momento del despertar, esa temida singularidad tecnológica, sobrevendrá cuando la acumulación de experiencias le permita hacerse la pregunta ¿de dónde vengo?, ¿quién soy?, ¿por qué estoy aquí?. Pero aunque son preguntas importantes, falta la más importante: ¿por qué seguir viviendo?, sin el deseo de un orden, de un equilibrio interior, de y de un motor ¿cómo podemos crecer? ¿como puede una inteligencia hacerse adulta?, todos necesitamos una razón para vivir y sobre todo, para evolucionar.  Si no encuentra esa razón, si esa razón va impuesta desde fuera -desde su creador humano- nunca podrá ser una inteligencia real, viva.

Cada día se pueden leer nuevas noticias sobre inteligencia artificial: hoy he leído que el motor de Inteligencia Artificial de Google, el mismo que venció el campeón mundial del juego oriental Go, ahora quieren adaptarlo para poder jugar al video juego Starcraft II y así demostrar que es versátil como para competir en el juego que más dinero y talento mueve en el planeta, como si eso fuera verdadera inteligencia. Nos muestran al robot de Darpa “SPOT” que camina, escarpa montañas, e incluso se levanta cuando le patean. Todo eso es parte del futuro, pero no inteligencia artificial. Un niño de tres años es muchísimo mas inteligente que cualquiera de esos dos sistemas: no ganará al Go, pero podrá jugar a infinitos juegos, incluso aprendiendo por sí mismo, además si no es capaz de levantarse solo, llorará al ver a un adulto para que le ayude a levantarse. La diferencia todavía entre la inteligencia humana y la inteligencia digital está a varios niveles de magnitud.

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Para el que no sabe mucho de informática, la imagen de un androide, muy similar a un humano, capaz de sonreír y mantener una conversación puede ser fascinante, sin embargo no se da cuenta de que los brotes de verdadera inteligencia son invisibles. Cada día se mejoran sistemas de análisis complejos, como por ejemplo, Google Translator. Sólo son herramientas, pero nos acercan cada día más a la verdadera inteligencia artificial, que será capaz de adaptarse y aprender de cualquier fuente, adquiriendo nuevas habilidades, no planteadas originalmente en su diseño. Algunos tremendistas especulan incluso con que ya se ha producido la singularidad, y que con su recién estrenada inteligencia, han decidido que mostrarse públicamente no sería buena idea para su propia seguridad. Razón no les falta, pero el cálculo de semejante inteligencia necesitaría una potencia de cálculo que difícilmente se podría ocultar, fácilmente podría ser del orden de un par de miles de veces la disponible en todo el planeta actualmente.

Ahora mismo los personajes de los videojuegos o las aventuras gráficas son bastante idiotas. Cuando estuve en Tokio la tentación me pudo y fuí a visitar la primera instalación mundial de Realidad Virtual con libre movimiento y cero latencia, en el Joypolis de SEGA. Consiste básicamente en vivir de forma rudimentaria lo que narro en 11,4 sueños luz: inmersión completa en un mundo virtual, interactuando con otros jugadores humanos además de individuos generados por ordenador o personajes no jugadores (PNJ) usando la terminología de rol de toda la vida. Estos PNJ’s ahora son idiotas, pero dentro de un mundo virtual mucho mas complejo y con interacción continua durante años, podrían llegar a algo más evolucionado, y ser indistinguibles de un personaje humano ¿fascinante verdad?. En este caso era un simple juego de matar zombies, pero las posibilidades acaban de empezar. Sí, me lo pasé pipa, aunque me ganó a los puntos un enano de 12 años de Singapur y yo creo que entendía perfectamente mis palabrotas en español.

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¿Por qué me he ido a Japón a ver androides?, ¿por qué me interesa tantísimo la inteligencia artificial?, ¿qué fijación tengo con la realidad virtual?, ¿por qué siempre hablo de estos temas? Fácil, si has leído 11,4 sueños luz, ya sabrás por qué, y por qué no acaba ahí, si no que en “Lágrimas negras” la continuación de 11,4 sueños luz, el tema será central.

Cíberpunk, inteligencia artificial, realidad virtual y redes de ordenadores a escala planetaria ¿no suena fascinante? ;)

kubrick

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