Neurodivergentes (raritos)

Mi hija mayor ya tiene ocho años. Parece que fue ayer cuando entró en mi vida. Ahora la oigo gritar a su hermano en el salón y me provoca una sonrisa saber que algún día leerá todo lo que he escrito sobre ella aquí y allá. Los últimos años, y especialmente, gracias a la pandemia me han servido para pasar más tiempo con ella. Han sido dos años donde empieza a dejar de ser una niña pequeña y se transforma en otra cosa y es ahora donde se entreve qué es esa cosa tan especial. Resulta que como yo, es un poco rara.

No me entiendan mal, para mí, algo raro es sinónimo de interesante. Soy experto en cosas raras, porque el primer raro soy yo, y ella, es hija mía y ha heredado mi gen raro y la introversión de su madre. Ahora le estamos poniendo nombre a sus rarezas con ayuda de visitas a psicólogos y neurólogos. Pensé que me conocía un poco pero no tenía ni idea de los apellidos de mis fantasmas. Me pasó lo mismo con mis problemas alimentarios, que les puse nombre pasados los 40. Ahora resulta que descubro que ella y yo tenemos un cerebro un tanto particular que hace que nuestra forma de observar el mundo sea diferente a los demás, lo llaman TDA.

Raro, ya lo os avisé. Y no es lo único, cuanto más rasco en la cabecita de mi hija más me doy cuenta de lo que nos une. Hay más pero todavía no hemos encontrado como se llama pues está en una maraña de lo que llaman rasgos del espectro autista. Hay muchas facetas y hasta ahora pocas etiquetas, a la gente le gusta identificar las cosas, y si no puede, se pone nerviosa. Las cosas y las personas, claro.  De eso va la historia. Trabajar con ella me hace indefectiblemente abordar mi propia infancia y adolescencia, territorios olvidados y ya amortizados. He escrito mucho sobre estos temas a lo largo del tiempo, pero nunca de una forma tan directa. Empecé a escribir este blog por una sencilla razón, porque necesitaba sacarlas de dentro. En mis libros hablan mis personajes, aquí hablo yo.

Ahora estoy escribiendo un cuento infantil, un cuento infantil para mi hija. Es la historia de una gatita criada en un bosque. Una gatita que pasa su tiempo observando al resto de los animales desde lo alto de la rama de un árbol. Juega con algunos bichos raros, como los puercoespines y los escarabajos peloteros, inventándose juegos e historias. No se lleva nada bien con las orgullosas panteras ni con las bulliciosas ardillas. Espero compartirlo con vosotros, aunque no se parezca demasiado a lo que suelo escribir. Siempre he escrito para desconocidos, pero ahora tengo unos lectores con nombre propio y me apetece mucho escribir para ellos.

Hoy está nublado, ójala haya tormenta y pueda escribir.

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Comments

  • Raylex

    3 meses agoReply

    ¡Saludos Avedon!
    En este mundo etiquetado donde el Homo Sapiens Sapiens sigue manipulando su hábitat.. también sigue haciendo compartimientos: apartados, subgéneros y celdillas dentro de celdillas. Por fortuna: el Homo Sapies Raro, se sale de la Base de Datos y da que pensar al «Sapiens» (en mi opinión en enérgica involución).

    En la tribu de los raros (donde vivimos los parias ajenos a la «normalidad»): no se vive tan mal; hay gente excelente, gente que solo puedes conocer si se dejan, porque no te sirven las clásicas formas de explorar. (Para algunos soy my serio, para otros ocurrente, creen que soy poeta, otros ajedrecista, alguno pensó que era programador por los libros que llevaba al trabajo… Y lo único que pasa es que soy inquieto =de cabeza para dentro).

    Como decía Serrat (Joan Manuel): «A menudo los hijos se nos parecen…»
    https://www.letras.com/joan-manuel-serrat/512882/

    No tengo hijos. Para mí: los padres de hoy (que se preocupan) son héroes peleando por la integridad de sus hijos…
    Tu hija (tus hijos) son afortunados de tenerte (de tener papá y mamá).
    Tu hija tendrá un extra de comprensión (aunque te pelees con lo desconocido)…
    y siempre tendrá un portal mágico para ti.

    • 3 meses agoReply

      Raylex, como casi siempre que me escribes, me quedo con una frase tuya, muy especial… «y siempre tendrá un portal mágico para ti» :-))). Gracias!

  • Jose Antonio Sánchez

    3 meses agoReply

    Sabes, Nicholas, como decía mi abuela, ¡qué monótono, triste y aburrido sería el mundo sin las rarezas! Ser raro, como dices, no tiene que ser peyorativo, al contario, te discrimina del resto, del grupo, de lo corriente. Todos tenemos rarezas, pero ahora se le pone etiqueta a todo y si es con siglas, un nombre difícil de pronunciar o extranjerismo, mejor.
    Los hijos nos hacen ver la vida de modo diferente, de hecho la vemos a través de sus ojos, de sus emociones, de sus reacciones. Los hijos nos cambia la vida y creo que siempre para mejor.
    Me encantará leer ese cuento, aunque se separe de tus historias ciberpunk, porque no solo contará con tu maravillosa imaginación, sino también con el amor que vas a transmitirle a tu hija.
    Un abrazo.

    • 3 meses agoReply

      Tendré que buscarle un pseudónimo a mi hija también jejeje ;)

  • Jimmy Olano

    2 meses agoReply

    Como bien dice Sheldon Cooper, el personaje de la serie de televisión con el cual más me identifico: «I’m not crazy, my mother had me tested.»

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