Ficción personal

La vida es una mierda

17 junio 2018 — 8

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Ficción personal

La vida es una mierda

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17 junio 2018 — 8

El otro dia mi hija me enseñó un arcoiris reflejado en el grifo del baño. No se fijó en el desorden, en el óxido que recubría las juntas o la porquería de las rendijas de los azulejos ni tampoco en el color desteñido de la toalla. No, ella vio algo hermoso en el sitio más insospechado: un grifo viejo y vulgar.

Pero a ella le bastó eso para ser feliz durante unos instantes. No necesitó más. Me contagió esa ilusión por haber encontrado cosas hermosas. Cuando era niño, encontraba tesoros en la basura. Podían ser cómics o juguetes, sin importarme dónde los había encontrado o lo que implicaba que un niño rebuscara en la basura.

Mientras escribo esto, con una copa de vino y unas aceitunas en la mesa de un hotel, me siento un poco niño, ignorando que el universo entero es hostil y el aquí y el ahora solo es una burbuja, endeble y transitoria.

La belleza da la felicidad, solo si sabes apreciarla, sin querer poseerla. Por eso amo las palabras, porque tengo muy mala memoria, y no soy capaz de retenerlas en mi cabeza, únicamente me quedo con el poso, dulce o amargo, y lo dejo correr. La fotografía, colgada, con los años pierde la magia de tanto manosearla con la mirada. Los niños pequeños son tan maravillosos porque no duran, porque crecen, porque su juventud no es de nadie, ni siquiera de ellos mismos. Solo se puede apreciar en silencio, gritando o riendo. Cosquillas y pelo revuelto. Ese recuerdo es por lo que escribo, es lo único auténtico que he escrito sobre la felicidad. Antes de tener hijos no sabía lo que era la felicidad, porque siempre fui demasiado egoísta como para darme cuenta de que la felicidad no es algo de uno, no es nada que te pase o que disfrutes, vivas o sientas. No. La felicidad es siempre algo que le pasa a alguien a tu alrededor y que comparte contigo. Cuando más quieres a esta persona, más feliz te hace.

Lo supe el otro día viendo a un adolescente sacar a su chucho, apenas un cachorro. No tenían nada de especial, excepto tener toda la vida por delante y ganas por vivirla. Eran bonitos, tiernos, y como dicen en sudamérica: lindos. Aquel chaval y su perro me transmitieron una belleza efímera y gratuita, de esa que provoca felicidad instantánea. Como el grifo sucio de mi hija. Para ser feliz solo hay que sentarse y observar las infinitas excepciones y los accidentes en el plan siniestro de la existencia.

Me gustaría tener todo el tiempo del mundo para observar la felicidad de la gente, y robársela un poquito, sin que se den cuenta, porque muchos de ellos no saben que están viviendo un momento de felicidad. Lo sé yo, porque sé de esto, porque me alimento robando instantes a los demás. Por eso escribo, para acordarme de lo que una vez sentí. Para que no se me olvide que la vida no es una mierda. La vida es única e irrepetible, y me hubiera gustado vivir mil millones de vidas para cometer todos los errores posibles y beberme todo ese dolor en un vaso lleno de cubitos de placer traslúcido. Vivir sin comas, sin puntos y menos aún de los suspensivos que prometen y no cumplen nunca.

Somos briznas de hierba que crece en un campo lleno de cadáveres en descomposición, cubiertos de algo de tierra oscura, abono reseco y bañados de vez en cuando por lágrimas amargas. El sol, el mismo que nos abrasa, nos da la energía para crecer y alejarnos del pasado. A veces miramos a nuestro alrededor y vemos otras plantas, flores hermosas, árboles gigantes, que parecen ajenos al suelo, ese suelo lleno de historias terribles, tapadas por el uniforme color negro de la vida y de la muerte.

El único camino posible es el cielo, abajo, la muerte nos espera seguro. Podemos utilizar el breve tiempo que tenemos intentando alcanzar las copas de esos árboles, o esos arbustos compuestos de cientos de ramas, sin saber ilusos, que ellos tienen sus propios deseos y esperanzas y que no formamos parte de sus planes.

Cuantas más experiencias, propiedades y pecados acumulamos, más nos pesan y más nos cuesta ver los arcoiris en los grifos de los bares y nos impide llegar al cielo.

Me gustan los coches caros, los buenos vinos y la gente guapa. No lo voy a negar, pero no me dan la felicidad.  Todavía me la siguen dando las cosas que inevitablemente no puedo poseer. Espero que no llegue el día que crea que puedo llegar a comprar todo lo que me parece hermoso, porque ese día ya no habrá vuelta atrás, y podré decir sin género de duda que la vida es una mierda.

Y se me ha caído una gota de vino en mi flamante portátil.

No sé si lo siento más por el vino o por el portátil.

A eso me refiero.

Todo aquello que poseemos nos posee. No se puede poseer la felicidad ni la belleza. ¿Lo habéis probado? Cuando cortas una flor, da igual que la pongas en un vaso de agua, con el paso del tiempo se marchita y después de algunos días apesta a muerte. Hay sueños que es mejor no alcanzar, porque se convierten en pesadillas.

Hay que enseñar a los niños a encontrar los arcoriris en los lugares más insospechados. Ellos ven cosas hermosas para las que ya no tenemos nombre, lo olvidamos hace mucho.

8 comments

  • Jimmy Olano

    18 junio 2018 at 1:28 am

    Qué os puedo decir. Pero tengo que decirlo: sencillamente maravilloso.

    «Por eso amo las palabras, porque tengo muy mala memoria, y no soy capaz de retenerlas en mi cabeza, únicamente me quedo con el poso, dulce o amargo, y lo dejo correr. La fotografía, colgada, con los años pierde la magia de tanto manosearla con la mirada.»

    «Todo aquello que poseemos nos posee. No se puede poseer la felicidad ni la belleza. ¿Lo habéis probado? Cuando cortas una flor, da igual que la pongas en un vaso de agua, con el paso del tiempo se marchita y después de algunos días apesta a muerte. Hay sueños que es mejor no alcanzar, porque se convierten en pesadillas.»

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    • Avedon

      20 junio 2018 at 7:40 am

      Gracias Jimmy :)

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  • Victoria rendon

    20 junio 2018 at 1:20 am

    La gota sobre la laptop…. Eso me encanto ahorita tal vez mi vida si sea una mierda! Aun no encuentro la felicidad en la simplicidad.

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    • Avedon

      20 junio 2018 at 7:43 am

      La vida siempre es una mierda. No se puede evitar, estamos rodeados de puntos suspensivos. Incluso los chacales tienen algo hermoso, piensa en ello. Quizás no sea simplicidad, igual es la maravillosa complejidad, pero hay algo, sino, todo se iría a la mierda, y no, el ser humano es capaz de crear belleza, individual y colectivamente. Hoy me he puesto una camisa azul que me encanta. Tiene un color azul que parece que es sólo para mí. Cada vez que la miro me acuerdo de cuando la compré y el significado de todo aquello. A la mierda el resto de cosas desagradables que me van a pasar hoy. Llevo mi camisa azul.

      Animo, y no dejes de observar el mundo.

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  • Sheila

    24 junio 2018 at 6:20 pm

    Hermosa reflexión, hay tanta verdad en todo TU mensaje, wuao me llego hasta el ALMA, GRACIAS abrazo, DIOS TE BENDIGA grandemente MUCHAS bendiciones

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    • Avedon

      25 junio 2018 at 8:20 pm

      Gracias por pasarte y comentar.

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  • Jose A. Sánchez

    2 julio 2018 at 10:13 am

    Totalmente de acuerdo.
    Ahora solo lloro cuando veo un acto de alegría ajena. Y no por envidia sino por Felicidad.
    Siempre he sentido más placer viendo a los demás alegres porque yo no puedo serlo rodeado de tristeza.
    Por desgracia este mundo siempre te pone delante fotografías llenas de desconsuelo, desgracia y melancolía.
    Necesitamos que los niños nos recuerden en dónde hay que mirar para encontrar la belleza y la Felicidad.
    Gracias por este maravilloso artículo.

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    • Avedon

      2 julio 2018 at 10:56 pm

      Gracias a tí por ver el arcoiris donde otros solo ven grifos, ya hay demasiados fontaneros en este mundo.

      Reply

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