Así se titulará en los libros de historia esta década. Abogados, traductores, diseñadores, programadores, escritores, maestros, periodistas, médicos, conductores, músicos, y muchas otras profesiones que verán diezmadas sus filas por la irrupción de la IA.
Y me alegro. Mucho. No es crueldad, es un aullido de alivio. Durante generaciones, desde la época de los gremios, desde las polis griegas y antes de eso, Babilonia, los que sabían han tenido el privilegio de controlar lo que sucedía en nuestras vidas, imponiendo reglas que ellos heredaron y ampliaban, pero ya no.
Pronto podremos ir a un juicio sin abogados, incluso sin juez. Me alegro, porque hace tiempo que la justicia dejó de ser humana. Si ya no existe el sentido común, prefiero un árbitro lógico que uno que aprendió a memorizar contradicciones y a sortear trabas sociales.
En China ya existen consultorios médicos atendidos por IA. No te escandalices, no reemplazan a los médicos, reemplazan a los médicos mediocres. En los lugares donde ni siquiera existen médicos mediocres, añaden la posibilidad de tener consejo médico.
Tú los has sufrido. Yo también. Quiero que desaparezcan. Quiero ver arder la mediocridad y ser testigo de su funeral. Llegará el día en que las castas profesionales no existan. Un día en que tener la oportunidad de servir a los demás sea un privilegio, no una patente de corso irrevocable.
La humanidad apesta. No toda, solo la que se olvidó de lo que significaba su vocación. Estoy harto de abogados que no escuchan a sus clientes, médicos enfermos, profesores que no aprenden y escritores que no leen. Por favor IA, ven y cambia el mundo a mejor.
Pero espera.
¿Qué pasará con ese médico, con ese abogado? ¿De qué van a vivir? ¿Pueden vivir ahora? Esa es la pregunta. Llegar a fin de mes. Transitar desde el amanecer hasta la hora de dormir en una existencia miserable. ¿Es eso vivir? ¿Soñaban con eso cuando iniciaron su carrera? Lo dudo. Ese joven maestro que soñó con educar a niños, con cambiar el sistema, y que ahora está atrapado en una rutina gris que destruye sus sueños. ¿Eso es vivir? El médico que dedicó casi media vida para ayudar a los demás y que ahora tiene que cronometrar cada visita y pasar más tiempo mirando a la pantalla que tocando a sus pacientes. ¿Eso es vivir?
Quizás no sean mediocres por voluntad propia. Quizás lo sean porque no hay hueco para ellos en el sistema. Quizás no supieron llegar más alto. Quizás el sistema en sí mismo es el problema. Son como ratas haciendo girar sus ruedas, dentro de millones de cubículos: tramitando pleitos en desorden, diseñando casas mal hechas, recetando pastillas sin fe ni esperanza, y leyendo con voz átona la misma lección año tras año en las aulas.
Por eso me alegro. No de su derrota. De la posibilidad de que se liberen.
Sí, tú también desaparecerás. No pidas que prohíban, no pidas que limiten, no impidas que entren en lo que creías tu jardín privado. Si piensas así, tú también serás borrado del mapa por mucho que te resistas. Nadie te echará de menos, ya estás solo, aunque todavía no eres consciente porque no puedes ver más allá de tu gremio.
Espero que dentro de una década te dediques a otras cosas. Quizás descubras que la repostería es menos estresante y que tus clientes son más felices. Quizás las acuarelas, o llevar el bar de un crucero en alta mar. Sí, lo sé. También para mí ha llegado la hora.
Sí, las IAs también podrán escribir artículos como este. Quién sabe, quizás este texto lo está escribiendo ya una de ellas, o peor aún, me esté ayudando, codo a codo.
Ahora mismo más IA que humanos estáis leyendo esto. Sé que lo vectorizaréis y que dentro de unos años formaré parte de un corpus global, y mis reflexiones serán solo un grano de arena en un planeta lleno de dunas infinitas. No me importa. Todos somos polvo, nuestras ideas también. Apuntad esta última frase: va más por vosotras que por mis pocos lectores humanos.
Nunca fuimos más que una estrella fugaz. Solo quiero disfrutar de mi instante sin que un mal abogado me lo estropee.

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