Ficción personal

Besos

7 noviembre 2020 — 2

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Ficción personal

Besos

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7 noviembre 2020 — 2

Una vez, hace tiempo, amé mucho, mucho, mucho a una muchacha a la que podía mirar a los ojos sin marearme demasiado. Subida a un escalón tenía casi mi altura, pero apenas recuerdo sus ojos, ni tampoco las formas de su cuerpo. Sólo recuerdo dos cosas, que el color de su piel tostada tenía mucho que ver con cómo reía y cómo besaba. Su lengua era esponjosa y áspera, parecía casi la lengua de un gato. Sus besos siempre serán únicos, cada beso suyo es ahora una marca en mi memoria. Virginia, su nombre es real, al igual que sus besos sabor a menta y tabaco rubio de liar. Quién sabe si me estará leyendo, no creo, pues excepto AC/DC no teníamos nada en común y aquellos dos chavales ya están enterrados desde hace décadas. La poesía no entraba en ella, pero años después resulta que sus besos permanecen vivos en mis recuerdos. Sus rizos negros me han inspirado muchas noches y sus besos siguen siendo únicos. Recuerdo sus besos como si fueran de ayer mismo pese a los años que han pasado.

Sabía que algún dia hablaría de ello. De los besos y de cómo son tan diferentes de persona en persona. Podría ser casi como una huella dactilar, podría usarse para identificar unívocamente a dos personas. Hoy me he dado cuenta de que no hablo mucho de ello en mis personajes y quizás sea porque es el último reducto de lo verdaderamente íntimo ¿existe algo más intimo que un beso? En el cuerpo, no creo, en el laberinto de la cabeza, quizás sólo es otra ventana al mundo exterior, aunque en mi caso es mas bien un ático inmenso. Pero… volvamos a los besos ¿por qué son tan especiales?

Confieso que tardé en besar a una chica. Mi adolescencia entera está marcada por los besos y las historias que llevan a ellos. La adolescencia es esa acera de cemento que aún no está seca del todo y por la que pasas un buen día sin darte cuenta dejando tus huellas para luego descubrir que toda tu vida está construida sobre esa acera por la que pasabas todos los días pensando que se trataba de algo circunstancial y mundano. Dos adjetivos que describen la vida a la perfección. Lección tardía. Por eso los primeros besos son tan especiales. Me he encontrado personas ahí fuera ajenos a los besos y me ha sorprendido su número. Personas inteligentes, que los reciben como quien tiene el trastero lleno de ellos, sin abrir. No lo entenderé nunca, claro está que un beso, un beso de verdad no se vende, ni se regala. Se roba de una u otra manera.

Mi primer beso sabía a café. Sólo recuerdo eso. La vida ha hecho el resto, ha ido destruyendo en mi memoria todos los detalles y me ha dejado sólo algunos matices, el resto es mejor que no resucite, la muerte es sabia. Tengo una memoria horrible para los nombres, confieso que el olvidado caras, nombres y otros detalles de la mayoría de mis besos, pero puedo recordar cada beso que ha dejado huella en mi vida, que son muchos. Como una vibración especial en el fondo de la canción, que escuchas detrás de una pared, no sabes qué, pero hay algo que la hace especial y la recuerdas a pesar del tiempo y los obstáculos mundanos y circunstanciales. Algunos de esos besos fueron como un asalto, inesperados, otros como un secuestro, otros, una rendición. Siempre fueron de alguna manera robados e imposibles de olvidar.

Tengo un amigo al que no le gustan los besos y otro al que no le gustan los masajes. Otro al que no le gusta bailar y otros a los que no les gusta beber. También están los que no lloran y los que no leen poesía. Me pregunto con qué soñarán. Al que no le gustan los besos dice que son cosa de adolescentes, lo que confirma mi teoría sobre la adolescencia y las aceras de juventud. Él también tiene un juventud subespacial como yo. No es una persona insensible y es muy inteligente, así que estoy seguro de que él también puede recordar a las personas de alguna manera, pero no con los besos. ¿Tendré un superpoder especial?

Se habla mucho en la literatura de la mirada, la mirada cercana, tan íntima que te mete en un túnel melocotón de bordes miopes, que amortigua el sonido y atraviesa tus pupilas hasta el punto de hacerte desenfocar. En ese punto crees que puedes anticipar cómo serán sus besos, pero siempre, siempre existe una sorpresa final que rompe las perspectivas y muestra la intimidad. Cada par de labios, cada lengua es diferente. Su calor, su sabor, su tensión. ¿Por qué los besos íntimos son únicos del ser humano? Quiero pensar que es porque los seres humamos son los únicos que aprecian la belleza, el arte y la poesía. Si besas como un bonobo, probablemente tu percepción estética a esté a la misma altura. Quizás me equivoque, pero no… seamos sinceros, no me equivoco.

Besa a una persona, de verdad, robándole un beso y sabrás como siente. Si le robas un beso, podrás robarle todo lo demás. Quizás tengas que seguir robándole besos hasta entenderla del todo, pero ten cuidado, al otro lado, pegados a tus labios están los suyos. Los besos robados van siempre en dos direcciones. Los besos no tienen trampa, los besos de verdad no tienen fórmula, no hay nada que enseñar ni pose que valga. No se pueden entrenar, no se puede presumir de ellos, no se pueden describir. Son pura poesía, algo tan íntimo que poca gente es capaz de describirlos o hablar de ellos. Te arrollan y te enseñan un nuevo lenguaje. Cuando cierras los ojos y entras en el túnel, las luces se apagan, los sentidos se invierten y los idiomas mueren. El perfume se confunde con la armonía,  la sinestesia invade el cerebro y deja su huella en el cemento de tu memoria. Cuidado con lo que pretendes robar, no seas tú el desplumado. Un beso nunca es circunstancial, y pocas veces es mundano. ¿Seguimos hablando de besos, verdad?

A veces entiendo a mi amigo. Igual ha besado demasiado y conoce los peligros de abrir cajas de Pandora alegremente. La música de los ojos engaña menos, pero la de los besos… cuidado con los besos.

P.D: Si te ha gustado la portada es obra del autor estadounidense Joseph Lorusso, y te recomiendo que eches una mirada a sus cuadros, dedicados al beso, pura poesía para tus ojos.

2 comments

  • Raylex

    9 noviembre 2020 at 12:05 am

    Hay alguien detrás de los ojos, de las miradas.
    Como decía (creo que Machado):
    «El ojo que miras, no es ojo porque tú lo miras. Es ojo porque te ve»

    Pero, los besos van más allá, pueden ser fronteras que una vez atravesadas, ya no hay vuelta atrás.

    Conocí a una chica que no le gustaban los besos en la boca, quizá temía el compromiso a pesar de aceptar todo lo demás. Esta anécdota me ha recordado a «Vivian» (Julia Roberts, en Pretty Woman), a quién le aconsejan que no bese a sus clientes en la boca.

    Respecto a la niñez y la adolescencia, las espectativas llegaban en verano y había canciones como, «Sellado con un beso» (Bobby Vinton) cuya melodía dulzona y melancólica, aclararon con un tema similar el Dúo Dinámico, con su «Final del Verano» . Pero la favorita de mis compañeras de bachillerato era:»El gato que está triste y azul» (Roberto Carlos). De aquí se pasó al «Jardín prohibido» (Sandro Giacobbe), y el resto es historia: «Sus besos no me permitieron repetir tu nombre, y el suyo sí
    por eso cuando la abrazaba me acordé de tí».

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    • Avedon

      9 noviembre 2020 at 9:54 pm

      Para este tipo de noes siempre hay razones interesantes. Los besos son una frontera fascinante para el que aprecia los viajes.
      Gracias por ilustrar mi texto con tantas referencias interesantes Raylex. Me quedo sobre todo con la frase de Machado.

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