Películas post apocalípticas: las mejores del fin del mundo

Empecé a ver películas del fin del mundo porque me daban miedo. Sigo viéndolas por el motivo contrario, y ese cambio de motivo es lo único verdaderamente siniestro que me ha pasado con una pantalla delante. Me tranquilizan. Me siento a ver cómo se acaba todo y salgo con la sensación de que puedo pagar la hipoteca un mes más. ¡No hay muchas drogas con ese perfil!

Así que esto no es una lista de catástrofes. Es una confesión con títulos. He visto tantas películas post apocalípticas que ya reconozco el silencio de una ciudad sin tráfico. Y sigo aquí, con la nevera llena, escribiendo sobre el día en que se vacíe. Qué valor el mío. Qué cojones tan de salón.

Tengo una lista de lo que haría en un apocalipsis y no pienso compartirla.

Si buscas el fin del mundo con más cabeza y menos ceniza, tengo aparte las películas de ciencia ficción raras y diferentes, donde el desastre es interior y no hace falta matar a nadie.

Qué define el cine post apocalíptico (y en qué no es una distopía)

Una película post apocalíptica empieza cuando ya ha pasado lo peor. La bomba ya cayó, el virus ya salió, el agua ya subió, y los que quedan caminan sobre los restos sabiendo que nadie va a arreglar nada. El género no cuenta la catástrofe: cuenta lo que se hace después, que casi siempre es peor y casi nunca es heroico.

La distopía es otra cosa y la confunden todo el rato. En la distopía el sistema funciona. Funciona demasiado bien y por eso te ahoga. En el post apocalíptico no hay sistema, hay restos de sistema: un control de carretera sin nadie que controle, una emisora que repite un mensaje que ya no significa nada, un cartel que prohíbe lo que ya no existe. Si quieres la diferencia contada como se merece, la tengo en qué es la distopía. Es el hermano limpio de esto. Este es el hermano que huele mal.

Hay tres cosas que casi siempre aparecen, y las digo como síntomas, no como reglas de manual:

  • La catástrofe fuera de campo. Nunca te la enseñan. Solo la consecuencia: una costumbre rota, un ruido que ya no vuelve.
  • El mundo reducido a una casa, una carretera o un coche. El apocalipsis del cine es de interiores. El horror grande cabe en una cocina.
  • Alguien que conserva una costumbre inútil. Se lava los dientes, riega una planta muerta, pone la mesa para cuatro. Ahí está el género entero.

El cine post apocalíptico nació con la Guerra Fría y no se ha ido de casa. Cambia el enemigo (la radiación, el virus, el clima, ya da igual), pero no el tema: la logística. Cómo se come, cómo se bebe, cómo se duerme cuando no queda nada que vender.

Que es justo lo que ninguna de estas películas quiere decirte. Y por eso las vemos.

Las mejores películas post apocalípticas

No las ordeno por calidad porque ordenar es una forma de pelear, y hoy no me apetece pelear con internet. Las ordeno por fecha, que es una cobardía honesta. Aquí van las que aguantan el segundo visionado, que es el único que cuenta.

El fin del mundo antes de ser un negocio (1959-1968)

La primera generación no tenía efectos. Tenía una fecha. Mirabas el calendario, mirabas la pantalla, y la distancia entre las dos cosas era de tres días.

La hora final (1959)

Stanley Kramer adapta una novela de Nevil Shute y hace lo más valiente que se puede hacer con la bomba: no enseñarla. Una guerra nuclear ha arrasado el hemisferio norte y los últimos supervivientes esperan en Australia a que la radiación llegue con el viento. Gregory Peck, Ava Gardner, Fred Astaire y un destino que no se negocia. Es lenta, es elegante y deja un frío que no se va con la calefacción.

Dónde verla: La hora final en JustWatch.

El planeta de los simios (1968)

Franklin J. Schaffner manda a Charlton Heston a estrellarse en un planeta donde mandan los simios y los humanos no hablan. Parece aventura, parece sátira y termina siendo una de las imágenes más citadas del cine, la que no pienso contar aquí porque hay gente que aún no la ha visto. El giro no es un truco. Es una condena.

Dónde verla: El planeta de los simios en JustWatch.

La noche de los muertos vivientes (1968)

George A. Romero inventó al zombi moderno con cuatro duros, blanco y negro y una casa rural. Un grupo de desconocidos se atrinchera mientras los muertos se acercan, y lo que de verdad da miedo no es lo de fuera: es lo de dentro, el reparto de tareas, el que quiere mandar, el que se esconde. Todas las películas de zombis que has visto son una nota a pie de página de esta.

Dónde verla: La noche de los muertos vivientes en JustWatch.

Los setenta: el páramo se vuelve franquicia

El género encontró su paisaje. Y su paisaje era Australia, que llevaba años pareciéndose al futuro sin proponérselo.

Mad Max (1979)

George Miller presenta a un policía de carretera en una Australia que se deshilacha: bandas, coches y una violencia que no es espectáculo, es rutina. Todavía hay sociedad, todavía hay comisaría, y esa es la trampa. La película va del momento exacto en que las reglas dejan de valer y nadie se entera hasta que ya es tarde.

Dónde verla: Mad Max en JustWatch.

Mad Max 2: El guerrero de la carretera (1981)

Miller coge su propio invento y lo lleva al desierto. Ya no hay sociedad, ya no hay comisaría, y la gasolina es el nuevo oro. Mel Gibson apenas habla, y hace bien, porque aquí las palabras son un lujo y las acciones una deuda. Es la película que fijó la estética del yermo para las cuatro décadas siguientes. La vimos todos y de ella no hemos salido.

Dónde verla: Mad Max 2 en JustWatch.

Los ochenta: la ceniza entra en el salón

Aquí el género se vuelve doméstico, y por eso duele más. Ya no son guerreros: son familias, funcionarios, vecinos. Gente que pone la lavadora mientras el mundo se apaga.

Testament (1983)

Lynne Littman cuenta un ataque nuclear desde dentro de una casa de California. Sin efectos, sin discursos: la madre, los hijos, la escuela, la comunidad que se cae por partes. Jane Alexander sostiene la película con una contención que te desarma. Es el apocalipsis contado como una enfermedad larga. Y por eso no se olvida.

Dónde verla: Testament en JustWatch.

Threads (1984)

Telefilme de la BBC dirigido por Mick Jackson, rodado como un documental y ambientado en una ciudad obrera inglesa. Empieza con una pareja joven esperando un hijo y termina en un sitio al que no quiero volver. Es, sin discusión, la película más aterradora de esta lista, y no tiene un solo monstruo. La he visto una vez y no pienso repetir, que es mi forma de decir que es imprescindible.

Dónde verla: Threads en JustWatch.

Cuando el viento sopla (1986)

Jimmy T. Murakami adapta la novela gráfica de Raymond Briggs y firma la película más cruel de la lista sin recurrir a la crueldad. Una pareja de ancianos ingleses sigue al pie de la letra un folleto del gobierno para protegerse de una guerra nuclear que no entienden. Está animada a mano, tiene las voces de Peggy Ashcroft y John Mills, y te rompe por acumulación de ternura. Si te va la animación adulta, tengo más en anime de ciencia ficción, aunque aviso: aquello es otra fiesta.

Dónde verla: Cuando el viento sopla en JustWatch.

Akira (1988)

Katsuhiro Otomo dibuja un Neo-Tokio levantado sobre las ruinas de una explosión que ya ocurrió, y lo llena de motos, bandas y poder psíquico. Es animación, es brutal, y la ha copiado medio cine de acción sin pagar derechos. Aquí el apocalipsis no es el final: es el suelo sobre el que se construye la siguiente barbarie.

Dónde verla: Akira en JustWatch.

Los noventa y los dos mil: el fin del mundo se vuelve íntimo

El enemigo deja de ser la bomba y pasa a ser el cuerpo. Ya no muere el planeta: deja de nacer gente, deja de haber memoria, deja de haber tiempo.

Doce monos (1995)

Terry Gilliam dirige un futuro subterráneo, sucio y administrado por gente que odia a los vivos. Bruce Willis viaja al pasado a buscar el origen de una plaga y lo único que encuentra es que nadie le cree. Brad Pitt hace de profeta de pacotilla y se come cada escena. Si te gusta la paradoja y no solo la ruina, en películas de viajes en el tiempo está el mecanismo desmontado pieza a pieza.

Dónde verla: Doce monos en JustWatch.

28 días después (2002)

Danny Boyle pone a Cillian Murphy a despertar de un coma en un Londres vacío y rodado en digital. El virus no convierte a nadie en zombi lento: lo convierte en un animal rápido y furioso. La película tiene una primera mitad perfecta y una segunda que discute consigo misma. Como yo.

Dónde verla: 28 días después en JustWatch.

Hijos de los hombres (2006)

Alfonso Cuarón adapta una novela de P. D. James y cambia el desastre: la humanidad se ha quedado estéril, no hay niños, no hay futuro, y el mundo se cae sin necesidad de bombas. Clive Owen escolta a una mujer embarazada por una Inglaterra en guerra. Hay un plano largo que debería estudiarse en las escuelas. Es la más política de la lista. Y la más triste.

Dónde verla: Hijos de los hombres en JustWatch.

Soy leyenda (2007)

Francis Lawrence pone a Will Smith solo en una Nueva York tomada por la vegetación y por algo que no se ve venir. Es la tercera adaptación de la novela de Richard Matheson, después de The Last Man on Earth (1964) y The Omega Man (1971) con Charlton Heston, y la más amable de las tres, lo cual es un problema y un alivio a la vez. El perro hace más por la película que todo el presupuesto.

Dónde verla: Soy leyenda en JustWatch.

WALL·E (2008)

Andrew Stanton hace, en Pixar, una película casi muda sobre un robot que ordena basura en un planeta abandonado porque los humanos se fueron a flotar en naves. Es la única de esta lista que se puede ver con niños y con resaca. Si te va el futuro con naves y no con ceniza, tengo space opera, que es lo mismo con mejores modales.

Dónde verla: WALL·E en JustWatch.

La carretera (2009)

John Hillcoat adapta a Cormac McCarthy y hace lo que casi nadie se atreve: no explicar nada. Un padre y un hijo empujan un carro por un mundo quemado, sin decir qué pasó ni por qué. Hay canibalismo, hay hambre y hay una moral que se sostiene con dos frases y un mechero. Si quieres el género por escrito y sin tregua, en las mejores novelas distópicas está el libro, que es aún más seco.

Dónde verla: La carretera en JustWatch.

Del 2010 en adelante: el fin del mundo como espectáculo

El género se hace grande, caro y un poco frívolo. No me quejo. Yo también pago la entrada.

Melancolía (2011)

Lars von Trier pone un planeta a punto de chocar con la Tierra y aprovecha para hablar de lo único que le interesa: la depresión. Kirsten Dunst hace de mujer que se viene abajo en una boda y que, curiosamente, es la única que mantiene la calma cuando el cielo se pone raro. Es preciosa, es insoportable y las dos cosas son el mismo mérito. El final es un plano que no se puede describir sin estropearlo.

Dónde verla: Melancolía en JustWatch.

Mad Max: Fury Road (2015)

George Miller vuelve a su desierto treinta y cuatro años después y le da la vuelta a la película: aquí quien manda no es Max, es Furiosa, y la huida va a la inversa, buscando un sitio verde que quizá no existe. Persecución de dos horas con una lógica impecable, Charlize Theron y Tom Hardy, y una cantidad de gasolina que ofendería a cualquier ecologista. Es la mejor película de acción de su década y probablemente de varias. Lo digo sin miedo, que ya no me queda.

Dónde verla: Mad Max: Fury Road en JustWatch.

Por qué nos gusta ver el fin del mundo

Aquí me toca contradecirme, y lo hago encantado. He dicho que estas películas me tranquilizan, y lo he dicho como una confesión turbia. Ahora digo que también son una estafa, y que la estafa es parte del placer.

El post apocalíptico nos vende una fantasía de limpieza. Las facturas, la hipoteca, el jefe, el grupo de vecinos, todo eso se va a la mierda en un fundido y de repente tú eres importante otra vez. En un mundo vacío cualquiera vale algo, aunque solo sea por saber encender un fuego. Por eso el género le gusta tanto al que se siente inútil en su propia vida. Yo me incluyo. Yo también me he imaginado con un machete y una mochila, y sé que duraría hasta el primer catarro.

Y hay una segunda estafa, más fina. Casi todas estas películas están hechas por gente que vive en un sistema y para un sistema. Son cine industrial sobre el fin del cine industrial. Se ruedan con catering, se estrenan en cines con calefacción y se venden con palomitas. ¡El fin del mundo con mantequilla, señores! Critico la máquina que me da de comer y cobro la entrada. No es cinismo: es la verdad de la habitación donde se escribe esto.

Pero luego está lo otro, y lo otro es lo que me trae. Lo que busca el género no es el desastre. Es la pregunta de después. ¿Para qué seguir caminando cuando no hay destino? ¿Se puede ser buena persona sin testigos? Esas preguntas no son de ciencia ficción. Son de cualquier martes. El apocalipsis solo las deja sin coartada.

Y por eso funciona mejor contigo, porque miras la película desde la seguridad de una vida que no se ha roto, y por dos horas te permites el lujo de imaginar que se rompe. Eso es todo. Eso es lo que pagamos.

Preguntas frecuentes sobre películas post apocalípticas

¿Cuál es la diferencia entre una película post apocalíptica y una distópica?

La distópica describe un sistema que funciona y te oprime; la post apocalíptica describe lo que queda cuando el sistema ya no funciona. Las dos comparten escenario, poder y gris, pero la post apocalíptica empieza donde acaba la otra.

¿Cuál es la mejor película post apocalíptica para empezar?

Mad Max 2: El guerrero de la carretera. Es entretenida, no da miedo gratuito y entiende el género por dentro. Si quieres subir un escalón, La carretera. Y si quieres saber hasta dónde llega esto, Threads, una sola vez.

¿Hay películas del fin del mundo que no den miedo, sino ternura?

Sí. WALL·E y Cuando el viento sopla. Las dos son animación, y no es casualidad: la animación se permite una delicadeza que el cine de actores suele gastar a la primera de cambio.

¿Por dónde sigo si me gustan las películas post apocalípticas?

Por la pequeña pantalla. El género se ha mudado a las series, donde tiene tiempo de pudrirse despacio: tengo las mejores series de ciencia ficción de la televisión con varias que son puro yermo. Y si prefieres que el fin del mundo venga con espada y profecías, en los mejores libros de fantasía también hay ruinas para rato.

Lo que queda cuando se apaga la luz

Todas estas películas acaban igual. El yermo se queda quieto, el protagonista se aleja caminando, y el plano se abre hasta que ya no importa si sigue andando o se sienta. El fin del mundo, en el cine, es una imagen muy tranquila. Demasiado tranquila para lo que promete.

Yo no sé qué haría el último día. Sé lo que digo que haría y sé que es mentira. Probablemente ordenaría la casa. Que es exactamente lo que hacen estos personajes, y por eso los quiero: porque su heroísmo es doméstico, porque riegan plantas muertas, porque ponen la mesa para cuatro cuando ya no hay cuatro. Ahí, en una mesa puesta de más, está todo el cine del fin del mundo.

Así que la próxima vez que alguien te pregunte por una película post apocalíptica, no le des un título. Dile que mire su cocina y se imagine sin nada de lo que hay dentro. No sabemos cuidar el mundo que tenemos, pero se nos da de miedo imaginarlo roto y seguir queriéndolo.

No Comments

Leave a Reply

 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Featured