No me interesan las máquinas. Me interesa lo que hace la gente cuando le pones una en las manos: vuelve a por la madre muerta, vuelve a por la novia que ya no le quería, vuelve a por la tarde en que dijo la frase que le jodió la vida. Nadie vuelve para comprar pan. Todos vuelven para arreglar una culpa, y la culpa, ya se sabe, no se arregla: se hereda. Yo también volvería. No pienso decir a dónde. Extraño cosas que todavía existen, que es la forma más ridícula de perder el tiempo.
Llevo media vida viendo películas de viajes en el tiempo y no he aprendido nada práctico. (Mentira. Aprendí a desconfiar de quien dice que volvería atrás para salvar el mundo. Los que dicen eso no arreglan ni su cocina.)
Así que esto no va a ser un canon. Va a ser un mapa de arrepentimientos con títulos: las mejores películas viajes en el tiempo, las paradojas que las sostienen, unos cuantos libros y una advertencia final que no pienso suavizar.
Aviso para el que venga del buscador: aquí no hay años inventados. Si dudo de un dato, no lo pongo. Prefiero quedarme corto que mentirte.
Por qué el viaje en el tiempo es la mejor excusa que ha tenido el cine
El cine ama el viaje en el tiempo porque es barato. No hace falta un planeta, ni una flota, ni un trono con vistas a una nebulosa: hace falta una habitación, dos actores y un reloj. ¿Y qué hace la gente con eso? Volver. La máquina nunca es el tema. La máquina es la coartada para hablar de la única cosa de la que no hablamos en voz alta, que es lo mal que llevamos haber vivido una sola vez.
El resto de la ciencia ficción construye mundos. Esta construye arrepentimientos. Y como el arrepentimiento no caduca, el género se recicla mejor que ningún otro: cada generación vuelve a contar la misma historia con otro peinado y otro trauma. Y a mí me sigue funcionando, que es lo que más me avergüenza. Si lo que te va es la rareza emocional y no la relojería, ya dejé una lista aparte en mis películas de ciencia ficción raras y diferentes.
Hay una trampa en todo esto y la digo ahora, antes de que me la digas tú: el viaje en el tiempo no es una fantasía científica. Es el duelo disfrazado de física. Llevamos más de un siglo mirando la misma puerta cerrada y llamándolo ingenio. Qué negocio.
(Un detalle que no viene a cuento: tengo un reloj parado en un cajón desde no me acuerdo cuándo. No lo arreglo. Cada vez que lo veo pienso que arreglarlo sería aceptar que el tiempo pasa de verdad. Lo odio un poco. No lo arreglo.)
Las paradojas, contadas como se cuentan las deudas
Aquí es donde el género se pone interesante y donde casi todas las películas hacen trampas al solitario. Una paradoja temporal no es más que un préstamo que le pides a un banco que todavía no existe. Alguien lo va a pagar. Nunca es quien lo pidió. Nunca.
La del abuelo
La clásica. Vuelves al pasado y matas a tu abuelo antes de que conozca a tu abuela. Si no naces, no puedes volver, así que no lo matas, así que naces, así que vuelves. El problema no es la lógica: es que nadie mata a su abuelo por gusto. Se mata a otra cosa, y el abuelo es el daño colateral. Y da miedo reconocerlo.
El bucle (o la novia que eres tú)
La más cruel y la más elegante. Te mandan al pasado, conoces a alguien, y resulta que ese alguien eras tú, o tu madre, o quien te va a mandar al pasado. La causa y el efecto se muerden la cola y dejan de importar. Yo quiero que importen. No importan. En la tradición anglosajona esto se llama paradoja del bootstrap, y tiene su obra maestra literaria: el relato de Heinlein que años después se rodó como Predestination.
La de la información
¿De dónde sale una canción que alguien escuchó en el futuro y trajo al pasado? No sale de ningún sitio. Existe porque existe. Y punto. Es la paradoja más honesta de todas, porque describe exactamente cómo funciona la cultura: todo el mundo cita a alguien que a su vez citaba a otro que ya no está.
La del doble
Dos versiones de ti en la misma habitación y ninguna sabe cuál manda. Aquí el género deja la física y entra en la familia, que es donde de verdad se pelea. El viaje en el tiempo es un mal pretexto para hablar de lo que le debemos a la persona en la que nos vamos a convertir. Y de lo que necesitamos que esa persona nos perdone.
Las mejores películas viajes en el tiempo
Estas son, para mí, las que aguantan el segundo visionado, que es el único que cuenta. Las pongo por orden de fecha y no de calidad, porque ordenarlas por calidad sería declarar la guerra a media internet y hoy no tengo ganas. Sí, es una cobardía. Lo asumo.
El tiempo en sus manos (1960)
La adaptación clásica de La máquina del tiempo, de H. G. Wells: un inventor victoriano se va al futuro lejano y descubre que el futuro no es un sitio mejor, solo un sitio más cansado. Los efectos han envejecido mal. La idea, no.
Dónde verla: El tiempo en sus manos en JustWatch.
La Jetée (1962)
Un corto hecho casi entero con fotografías fijas, y aun así una de las historias de amor más devastadoras que ha parido este género. Un hombre viaja al pasado para salvar el presente y descubre, al final, que llevaba toda la vida asistiendo a su propia muerte. Terry Gilliam la versionó años después en Doce monos. No la veas con prisa.
Dónde verla: La Jetée en JustWatch.
Terminator (1984)
James Cameron coge la paradoja del abuelo y la convierte en una persecución de dos horas. Un soldado vuelve del futuro para proteger a la mujer que parirá al líder de la resistencia, y el asesino que le mandan enfrente es imparable. La película no tiene ningún interés en explicarte la física y hace bien: le interesa el cuerpo, el ruido y el miedo.
Dónde verla: Terminator en JustWatch.
Regreso al futuro (1985)
La comedia perfecta sobre el deseo de arreglar a tus padres. Marty McFly vuelve a 1955, se encuentra a su madre enamorada de él y tiene que enseñarle a su padre a ser valiente para poder seguir existiendo. Es la ucronía doméstica: no cambia la historia del mundo, cambia la historia de una casa. Si te engancha el juego de las líneas temporales que se tuercen, tengo aparte qué es la ucronía.
Dónde verla: Regreso al futuro en JustWatch.
Atrapado en el tiempo (1993)
Bill Murray despierta una y otra vez el mismo día, en el mismo pueblo, con la misma marmota. Empieza como comedia y termina como una de las películas más serias que se han hecho sobre aprender a estar vivo sin que nadie te aplauda. Es la que más quiero de toda la lista. El mejor viaje en el tiempo es el que no se mueve de sitio.
Dónde verla: Atrapado en el tiempo en JustWatch.
Doce monos (1995)
Terry Gilliam dirige un futuro sucio, subterráneo y administrado por gente que odia a los vivos. Bruce Willis viaja al pasado para buscar el origen de una plaga y lo único que encuentra es que nadie le cree. Brad Pitt hace de profeta de pacotilla y se come cada escena. Si te va ese futuro con menos naves y más cuchillos, pásate por qué es la distopía.
Dónde verla: Doce monos en JustWatch.
Donnie Darko (2001)
Un adolescente con problemas duerme mientras un motor de avión le cae encima de la habitación, y a partir de ahí un conejo gigante le anuncia el fin del mundo. No es una película redonda y probablemente no quiere serlo. Tiene algo que casi ninguna tiene hoy: la sensación de que el tiempo se está rompiendo dentro de una casa normal, con una familia que discute por la cena.
Dónde verla: Donnie Darko en JustWatch.
Primer (2004)
Dos ingenieros montan una máquina en un garaje y la primera mitad de la película es contabilidad. La segunda es un rompecabezas. Mucha gente abandona. Shane Carruth la escribió, la dirigió y la protagonizó con un presupuesto de risa, y consiguió lo más raro: que la paradoja se sienta como un problema de dinero entre socios. Si te gusta entenderlo todo a la primera, esta no es tu película. Si te gusta que te mientan con rigor, sí.
Dónde verla: Primer en JustWatch.
El efecto mariposa (2004)
Un chaval descubre que puede volver a momentos clave de su infancia leyendo sus diarios, y cada vez que arregla algo estropea otra cosa. Es más torpe que Primer y menos elegante que Doce monos, pero tiene la tesis más sincera del género: no hay versión de tu vida que no le salga caro a alguien. La vi joven y me pareció profunda. Ahora me parece honesta, que es casi mejor.
Dónde verla: El efecto mariposa en JustWatch.
Los cronocrímenes (2007)
Nacho Vigalondo hizo con cuatro duros y una máquina de juguete lo que Hollywood no consigue con presupuesto de avión: una de las mejores de este género y una de las más divertidas. Un tipo ve a una chica en el bosque, investiga, y a partir de ahí empieza a cruzarse consigo mismo con una lógica que no hace trampas. En español y sin pedir perdón.
Dónde verla: Los cronocrímenes en JustWatch.
Looper (2012)
En el futuro manda la mafia, y para deshacerse de un cuerpo lo manda treinta años al pasado, donde un sicario lo espera. El sicario, un día, abre la capucha y se encuentra a sí mismo. Rian Johnson usa una idea de manual para hablar de dinero, de clase y de la única pregunta que importa: qué le debemos al que fuimos.
Dónde verla: Looper en JustWatch.
Al filo del mañana (2014)
Tom Cruise repite el día de la invasión alienígena cada vez que muere, y cada repetición le enseña un poco más. Es Atrapado en el tiempo con explosiones, sí, pero funciona porque Emily Blunt se come la película entera y porque la repetición tiene precio: cada muerte cuesta, aunque se reinicie. La base es un relato de Hiroshi Sakurazaka. Entretenimiento de primera.
Dónde verla: Al filo del mañana en JustWatch.
Predestination (2014)
La adaptación de Heinlein, y la película que se atreve a llevar la paradoja del bucle hasta el final sin pedir perdón. Ethan Hawke persigue a un criminal que resulta ser más de lo que parece, y cuanto menos te cuente, mejor. Hay un momento en que la lógica se cierra sobre sí misma con un chasquido y te deja con la boca abierta. No es bonita. Es perfecta.
Dónde verla: Predestination en JustWatch.
Interestelar (2014)
No es exactamente una película de viajar al pasado: es una película de que el tiempo pase distinto según dónde estés. Un padre sale a buscar un mundo habitable y, cuando vuelve a mirar, su hija tiene la edad que él tendría. Es la space opera sentimental que Christopher Nolan llevaba años queriendo hacer, y si te va ese género tengo aparte space opera, con naves y con facturas.
Dónde verla: Interestelar en JustWatch.
La llegada (2016)
Denis Villeneuve adapta un relato de Ted Chiang y firma la única película de este género que no va de cambiar el pasado, sino de aceptarlo. Una lingüista aprende el idioma de unos visitantes y ese idioma le rompe la forma de recordar. No hay máquina, no hay reloj suelto, y aun así es la que más duele. Si alguien te dice que la ciencia ficción no sabe hablar del amor, ponle esta.
Dónde verla: La llegada en JustWatch.
Tenet (2020)
Nolan monta un artefacto donde las balas y los hombres viajan al revés, y te pide que no preguntes demasiado. Es la más fría de la lista y probablemente la que peor envejezca, pero tiene una cualidad que respeto: no explica nada dos veces. Aquí el tiempo no es un decorado, es un arma con dueño. Ya está.
Dónde verla: Tenet en JustWatch.
Para otra tarde quedan Midnight in Paris y La mujer del viajero en el tiempo, que también merecen su hueco. Y si después de todo esto lo que te apetece es una serie, tengo las mejores series de ciencia ficción de la televisión, donde el viaje en el tiempo da para temporadas enteras.
Viajes en el tiempo en libros
El cine copia al libro más de lo que reconoce. Casi todo lo bueno de la lista de arriba salió antes en papel. Si prefieres que la paradoja te la cuenten en tu cabeza y no en un plano, empieza por aquí:
- La máquina del tiempo, de H. G. Wells (1895). La fundadora. Todo lo que vino después le debe el reloj.
- Un yanqui en la corte del rey Arturo, de Mark Twain (1889). Un tipo del presente aterriza en el pasado y cree que va a arreglarlo. No lo arregla.
- El sonido del trueno, de Ray Bradbury (1952). Un grupo de cazadores viaja al pasado a matar un dinosaurio y el más mínimo error se paga lejos, muy lejos. El cuento que enseñó al género que una pisada pesa.
- El fin de la eternidad, de Isaac Asimov (1955). Menos conocida que sus robots y, para mí, mejor. Una organización administra el tiempo como se administra una empresa, y ya sabemos cómo acaban esas empresas.
- Todos vosotros zombis, de Robert A. Heinlein (1959). El relato del bucle. Breve, cruel y sin una sola concesión. De aquí sale Predestination.
- Matadero cinco, de Kurt Vonnegut (1969). No es una novela de viajes en el tiempo y lo es: el protagonista se mueve entre su vida entera sin orden, como le mueve el trauma. La más triste de la lista.
- Las puertas de Anubis, de Tim Powers (1983). Viaje al Londres del siglo XIX con magia, mendigos y una conspiración. Puro entretenimiento hecho con una inteligencia que hoy escasea.
- La mujer del viajero en el tiempo, de Audrey Niffenegger (2003). Un hombre con un trastorno genético aparece y desaparece de la vida de su mujer. Suena a premisa y es una historia de amor durísima.
- 22/11/63, de Stephen King (2011). Volver para impedir el asesinato de Kennedy, o intentarlo. King convierte una obsesión americana en una advertencia sobre arreglar el pasado a golpe de fuerza.
Estos son los de la máquina. Si lo que quieres es el género entero, tengo una lista con los mejores libros de ciencia ficción, que ahí ya no me cabía meter el tiempo.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la mejor película de viajes en el tiempo para empezar?
Regreso al futuro. No es un compromiso. Es la que mejor explica las reglas sin darte la paliza. Cuando ya la hayas visto dos veces, sube a Doce monos y luego atrévete con Primer.
¿Qué película tiene la paradoja temporal mejor resuelta?
Predestination. Sin discusión. Es la única que cierra el bucle hasta el final, sin dejar un cabo suelto. Si prefieres una paradoja que duela en vez de una que encaje, entonces La llegada.
¿Hay películas de viajes en el tiempo en español?
Sí, y la mejor es Los cronocrímenes, de Nacho Vigalondo. Hace con cuatro duros lo que el cine grande no consigue con presupuestos de avión.
¿Por dónde empiezo con los libros de viajes en el tiempo?
Por La máquina del tiempo, de Wells, para saber de dónde viene todo, y por Matadero cinco, de Vonnegut, para entender hasta dónde puede llegar. Si quieres algo contemporáneo y ligero, 22/11/63.
Lo que queda cuando se apaga la máquina
Todas estas películas acaban igual. La máquina se apaga, el protagonista vuelve a su cocina y no ha arreglado nada: la madre sigue muerta, la novia sigue siendo un recuerdo, la frase sigue dicha. Lo único que cambia es que ahora sabe lo que ya sabía, que es que no se puede volver. Y aun así lo intenta. Todos lo intentamos.
El género entero es una fantasía de control disfrazada de relojería. Y funciona precisamente porque no se cumple. Nos gusta mirar la puerta cerrada para confirmar que está cerrada.
Yo tengo un reloj parado en un cajón. No lo arreglo por dignidad. O porque temo que arranque y no me devuelva nada. Si algún día lo arreglo, te aviso, aunque probablemente ya no estés.
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