Películas de terror: las mejores y por qué dan miedo

Veo películas de terror para tener miedo y casi nunca lo consigo. Ese es el problema entero, resumido en una frase que no me hace ninguna gracia. Empecé con trece años, a escondidas, con una manta por encima de la cabeza, y he llegado a un punto en el que puedo cenar mientras alguien es descuartizado en la pantalla. No estoy orgulloso. Estoy insensibilizado, que es peor. ¿Y qué se hace cuando ya no te asusta nada? Pues hacer una lista, supongo. ¡Como si eso arreglara algo!

Así que esta lista tiene trampa. No son las películas que más miedo dan: son las que me lo dieron a mí, en el momento en que yo todavía era alguien a quien se le podía dar miedo. Las he ordenado por fecha porque ordenar por calidad es una pelea que no pienso tener con internet un domingo por la tarde.

Si lo que buscas es el fin del mundo y no el sótano, esto no es tu sitio: tengo las mejores películas post apocalípticas ahí al lado. Esto de aquí es otra cosa. Esto es lo que hay detrás de una puerta que se cierra sola.

Qué hace que una película dé miedo

No el susto. El susto es un ruido y un corte de montaje, y se fabrica en la sala de edición como se fabrica un chiste malo: subiendo el volumen. El susto se olvida al salir del cine. Lo que se queda es otra cosa, más lenta y más sucia.

Una película de terror da miedo cuando te convence de que hay una regla y no te dice cuál es. Cuando el monstruo obedece a una lógica que casi entiendes. Cuando la casa está mal desde antes de que lleguen los personajes, y lo sabes por un detalle tonto: una puerta que abre hacia el lado equivocado, un vecino que sonríe demasiado.

Hay un segundo ingrediente del que casi nadie habla: el reparto injusto del miedo. Las buenas películas de terror te dan un personaje que no debería estar ahí y te obligan a mirarlo. El terror de verdad no es «va a morir». Es «va a morir y no debería». Esa es toda la diferencia entre una película de terror y una máquina de matar gente. ¿Quién no ha visto una película entera rezando por un secundario que sale tres minutos?

Y hay un tercero, que es el mío: el terror que no se puede desactivar con la luz del salón. Muy pocas lo consiguen. De veintiuna que traigo aquí, tres.

Las películas, de un vistazo

  1. Nosferatu (1922)
  2. Psicosis (1960)
  3. La semilla del diablo (1968)
  4. El exorcista (1973)
  5. Suspiria (1977)
  6. Halloween (1978)
  7. Alien (1979)
  8. El resplandor (1980)
  9. La cosa (1982)
  10. Audition (1999)
  11. Los otros (2001)
  12. The Descent (2005)
  13. [REC] (2007)
  14. El orfanato (2007)
  15. The Babadook (2014)
  16. It Follows (2014)
  17. La bruja (2015)
  18. Train to Busan (2016)
  19. Déjame salir (2017)
  20. Hereditary (2018)
  21. Midsommar (2019)

El terror antes de los efectos

Aquí no había presupuesto. Había una sombra, una cara y una fecha.

Nosferatu (1922), de F. W. Murnau

Cien años después sigue dando más miedo que casi todo lo que se estrena. Murnau no tenía sonido, no tenía color y no tenía permiso: rodó una adaptación pirata de Drácula, cambiando nombres, y la novela le denunció y le obligó a destruir copias. La que sobrevive es un documento de lo que se puede hacer con una sombra en una pared y una puerta sin pomo. El conde subiendo la escalera es la primera imagen del terror moderno, y lo sigue siendo.

Dónde verla: Nosferatu en IMDb.

Psicosis (1960), de Alfred Hitchcock

La película que le enseñó al público que el protagonista podía desaparecer a los cuarenta minutos. Hitchcock rodó el asesinato de la ducha con sesenta planos y una música de cuerdas que suena a cuchillo, y no hay sangre en pantalla porque no le hacía falta. Lo que ha envejecido fatal es el final: veinte minutos de psiquiatra explicando el crimen, como si el público fuera a denunciarlo por no entenderlo.

Dónde verla: Psicosis en IMDb.

La semilla del diablo (1968), de Roman Polanski

Una mujer joven, un piso de alquiler demasiado grande y unos vecinos demasiado amables. Polanski no enseña casi nada y lo insinúa todo, y consigue que una fiesta con gente normal sea la escena más insoportable de la película. Es la película que me enseñó que el terror no viene de la criatura: viene de que nadie te crea. Si te la ponen y piensas que el horror son los vecinos, has entendido el género entero antes que yo.

Dónde verla: La semilla del diablo en IMDb.

Los setenta: el diablo se muda a casa

El género entra en el salón y se queda a cenar.

El exorcista (1973), de William Friedkin

La película que convirtió el terror en un problema comercial, de taquilla y de colas en la puerta. Da miedo por lo que cuesta trabajo admitir: no por el monstruo, sino por la madre y por los médicos. Hay veinte minutos de hospital antes de que aparezca ninguna maravilla, y ahí, en un cabezazo a un médico, está el horror entero. Hoy el morbo del exorcismo nos queda lejos; la escena de la niña sola en el hospital no.

Dónde verla: El exorcista en IMDb.

Suspiria (1977), de Dario Argento

Una bailarina llega a una academia alemana y la academia se la come. Argento pinta el terror de rojo, verde y azul, con una banda sonora de Goblin que suena como si un grupo de rock estuviera a punto de entrar en una iglesia. No cuenta nada bien y no importa: la película no es una historia, es una fiebre. La versión de 2018 de Luca Guadagnino es otra cosa, más fría y más política, y también merece la pena, pero esto es el original y el original muerde.

Dónde verla: Suspiria en IMDb.

Halloween (1978), de John Carpenter

Carpenter inventó el slasher que copiarían mil más y nunca igualarían. No hay sangre, no hay explicación, y el asesino no tiene ningún motivo: es puro vacío, un hombre con una máscara blanca que camina muy despacio. Lo moderno de esta película es el ritmo: el asesino no corre, no se enfada, no tiene prisa. Da más miedo un tipo que camina que uno que persigue.

Dónde verla: Halloween en IMDb.

Los ochenta: la casa y el cuerpo

Aquí el enemigo deja de ser un fantasma y pasa a estar dentro.

Alien (1979), de Ridley Scott

Antes de Blade Runner, Scott rodó esto: una cuadrilla de camioneros espaciales y una criatura que no razona. No es una película de monstruo, es una película de contrato laboral: el de la clase trabajadora frente a una empresa que prefiere al espécimen antes que a la tripulación. Si te va la ciencia ficción más cerebral que la espacial, tengo mis películas de ciencia ficción raras, aunque aviso: aquello es otra fiesta y no huele tan mal.

Dónde verla: Alien en IMDb.

El resplandor (1980), de Stanley Kubrick

King odia esta película y yo, con él, la primera vez; luego la quise y ahora la pongo arriba de todo. Kubrick coge la novela y le quita el corazón caliente para dejarla en un hotel geométrico, vacío y demasiado limpio. No hay ni una gota de sangre donde el libro tenía compasión. Hay, en cambio, una alfombra, un baño y una escalera que recordarás cuarenta años después. Es un edificio dando miedo sin que en él pase casi nada, y eso es lo más difícil que existe.

Dónde verla: El resplandor en IMDb.

La cosa (1982), de John Carpenter

Un helicóptero, una estación en la Antártida y un organismo que copia a quien toca. Fue un fracaso en cines, la crítica la despachó y hoy es una obra cumbre. Carpenter construye el miedo con la desconfianza: cualquiera puede ser otro, y el público tampoco sabe quién es quién. Los efectos artesanales han envejecido mejor que la mitad de lo que se hace hoy con ordenador. Y el final, que no voy a contar, es de los mejores del género.

Dónde verla: La cosa en IMDb.

El terror que viene de fuera

El idioma cambia, la casa no.

Audition (1999), de Takashi Miike

Empieza como una comedia romántica tristona, con un viudo que convoca un casting para encontrar pareja, y en el último tercio se convierte en el sitio al que yo no quiero volver. Miike lo hace sin avisar, que es la única manera honesta de hacerlo. Hay una bolsa, unos alambres y una sonrisa; no digo más. La he visto dos veces, y la segunda me la salté en una escena, y no me da vergüenza reconocerlo.

Dónde verla: Audition en IMDb.

Los otros (2001), de Alejandro Amenábar

Una casa en la isla de Jersey, dos niños con alergia a la luz, unos criados que llegan el mismo día y un fotógrafo que no vuelve. Amenábar hace cine clásico con luz de vela y una elegancia que da rabia, y tiene el mejor giro del cine de terror español, uno que ya no se puede hacer porque él lo dejó gastado. Si la ves por primera vez, no busques nada en internet antes. Nada.

Dónde verla: Los otros en IMDb.

The Descent (2005), de Neil Marshall

Seis mujeres se meten en unas cuevas y una de ellas no ha contado la verdad sobre el recorrido. Marshall aprovecha dos terrores: el de la roca, que ahoga, y el de lo que vive abajo. Es física, sucia y claustrofóbica, y en su primera mitad es una de las cosas más angustiosas que he visto en una sala. La segunda mitad cambia de género a propósito y discute consigo misma, como yo.

Dónde verla: The Descent en IMDb.

[REC] (2007), de Jaume Balagueró y Paco Plaza

Un programa de televisión, una noche, unos bomberos y un edificio que se cierra. Rodada en plano subjetivo, la cámara temblorosa ya no es una novedad y aun así funciona, porque aquí el formato no es un truco: es la razón de que la gente grabe mientras huye. En cuarenta minutos largos no pasa nada «sobrenatural», y cuando pasa, ya es tarde para todos. La secuela está bien. La primera es un mordisco.

Dónde verla: [REC] en IMDb.

El orfanato (2007), de J. A. Bayona

Una mujer vuelve con su familia al orfanato donde creció, y la casa empieza a contar algo. Bayona rueda el terror como un drama y consigue que te dé miedo y te dé pena a la vez, que es lo más difícil del oficio. Hay una escena con un juego infantil que me dejó mal cuerpo durante días, y no hay ni un monstruo en ella. Prefiero mil veces esto al susto gratuito.

Dónde verla: El orfanato en IMDb.

Train to Busan (2016), de Yeon Sang-ho

Un tren a toda velocidad, un brote zombi y un padre que no sabe estar con su hija. El género de zombis lleva cuarenta años repitiéndose y esta película demuestra que aún se puede hacer mejor: hay velocidad, hay rabia de clase y hay una escena de puertas que es puro cine de acción. Lloré como un cobarde en la última media hora. De un tren.

Dónde verla: Train to Busan en IMDb.

El terror moderno: la herencia y la casa propia

El género descubre que el monstruo de hoy es la familia.

The Babadook (2014), de Jennifer Kent

Una madre sola, un niño que no duerme y un libro que aparece en casa. No es la película de un monstruo: es la película de la depresión, del duelo y de lo horrible que puede ser querer a alguien que te está agotando. El miedo aquí no viene de fuera, viene de la puerta de al lado de tu habitación. La vi en un avión y tuve que quitarme los cascos y mirar por la ventanilla. En un avión.

Dónde verla: The Babadook en IMDb.

It Follows (2014), de David Robert Mitchell

Una cosa que camina hacia ti, muy despacio, siempre en línea recta, y que pasa de una persona a otra. Mitchell limpia el género de golpes y de música, y consigue un ambiente de pesadilla con un plano general y una calle vacía. Es la mejor idea de terror de la última década: no hay que correr, hay que vivir mirando atrás.

Dónde verla: It Follows en IMDb.

La bruja (2015), de Robert Eggers

Siglo XVII, una familia expulsada de su comunidad, una cabaña y una cabra. No hay sustos, no hay música que avise, y el lenguaje es tan antiguo que cuesta el primer cuarto de hora. Es una película que se ve con la incomodidad de estar en una casa sin calefacción. Si te gusta el terror que no te coge del brazo sino que te deja solo en una habitación, esta es tu obra cumbre.

Dónde verla: La bruja en IMDb.

Déjame salir (2017), de Jordan Peele

Un chico negro se va un fin de semana con la familia de su novia blanca y la película se convierte en la mejor radiografía del racismo amable que se ha hecho en cine. Es una comedia, es un thriller y es una película de terror, todo a la vez, y funciona porque el miedo que da es exactamente el que hay en la calle, solo un poco exagerado. El terror moderno le debe todo a esta película.

Dónde verla: Déjame salir en IMDb.

Hereditary (2018), de Ari Aster

Una casa, una familia, una abuela que acaba de morir y unos cuantos secretos que se van descosiendo. Aster rueda el duelo como una posesión, al contrario que el resto del género, y el resultado es una película insoportable en el mejor de los sentidos. Hay una escena con un coche que me dejó sin aire. Hay un plano final que me pareció una broma cruel hasta que entendí que era la única salida posible.

Dónde verla: Hereditary en IMDb.

Midsommar (2019), de Ari Aster

Una secta sueca que vive a pleno sol y una pareja que se deshace por dentro. Aster cambia el sótano por la luz del día, que es la jugada más valiente de la última década: no hay oscuridad a la que agarrarse y por eso es peor. Es pretenciosa, es exagerada, es larga y la defensa hasta el final. Del mismo director que Hereditary, y yo no sé cuál de las dos me deja peor.

Dónde verla: Midsommar en IMDb.

Por qué volvemos a pasar miedo

Aquí me toca contradecirme, otra vez, y lo hago encantado. He dicho al principio que veo películas de terror para tener miedo y que casi nunca lo consigo. Y es verdad. Pero sigo aquí, sentado en la oscuridad, con una película de asesinos.

El terror es el único género que nos deja practicar la muerte sin morir. Vemos a alguien quedarse sin nada, sin casa, sin familia, sin cuerpo, y salimos a la calle con la sensación absurda de que lo nuestro sigue en pie. No hay valentía, es contabilidad: mientras los demás mueren, yo estoy bien. Eso es ruin, y por eso funciona. ¡Míranos, pagando entrada para ver morir a otros y saliendo a cenar tan contentos!

Y hay una segunda cosa, que es la verdadera y que casi nunca digo. Yo veo terror porque me asusta menos la vida cuando la veo de refilón. Una casa maldita, un tren con muertos, un hotel que se cierra para siempre: son formas de ordenar lo que no tiene forma. El miedo real no tiene plano, ni música, ni final. El del cine sí. Y a las tres de la mañana, hecha la cuenta, prefiero el que viene con banda sonora.

Escribo distopías y novelas negras para el mismo sitio al que van estas películas: para el lector que quiere que le pase algo sin que le pase nada. Ahí está el negocio y ahí está la vergüenza.

Y hay una confesión que me debo. Hace dos años, con cuarenta y tantos, me quedé solo en casa una noche de tormenta y me puse una de esta lista, la que menos miedo me daba, para trabajar con ruido de fondo. A los veinte minutos había cerrado el portátil, había encendido la luz del pasillo y había ido a la cocina a beber agua fingiendo que tenía sed. No la acabé. Sentí miedo, y luego sentí vergüenza, y luego —esto no me lo esperaba— sentí un alivio enorme. Al día siguiente la puse de día, con sol, y me reí de mí mismo. Pero esa noche, esa noche concreta, yo era otra vez un crío con una manta por encima de la cabeza. ¡Y le agradezco a esa película un miedo que llevaba años sin darme nadie!

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la mejor película de terror para empezar? Psicosis o La semilla del diablo. Son dos clásicos, no tienen casi sangre y siguen funcionando con alguien que las ve por primera vez hoy. Si lo que quieres es pasar realmente miedo, Hereditary, pero aviso: no es una película para una primera cita.

¿Cuáles son las mejores películas de terror psicológico? El resplandor, The Babadook, It Follows y La bruja. Ninguna de las cuatro te va a dar un susto: te van a dejar un mal cuerpo que dura días, que es mejor.

¿Hay películas de terror que no den miedo y sí ternura? No en esta lista, y lo siento. Si quieres pasar miedo con una mano en el hombro, el terror de verdad no es tu género: prueba con los mejores libros de fantasía, que también tienen monstruos pero con mejor educación.

¿Por dónde sigo si me gusta el cine de terror? Por la pequeña pantalla y por el fin del mundo. El género se ha mudado a las series, y tengo las mejores series de ciencia ficción de la televisión con un par que dan auténtico pavor. Si prefieres que el horror venga con ceniza y carretera, las mejores películas post apocalípticas son el otro lado de esta misma puerta.

¿Y si prefiero el miedo por escrito? Entonces te espero en los libros que más enganchan, donde hay un par que se leen con la luz encendida. El terror y la lectura se llevan mejor que el cine y el terror: la criatura la pone tu cabeza, y tu cabeza no tiene presupuesto ni efectos especiales.

Lo que queda cuando se encienden las luces

Todas estas películas acaban igual. La casa se queda quieta, la cámara se aleja y alguien sale a la calle todavía temblando. El terror, en el cine, termina siempre con una luz al final del plano. Demasiado limpia para lo que promete.

Yo no sé qué me da miedo de verdad. Sé lo que digo que me da miedo y sé que es mentira. Probablemente lo que me da miedo es exactamente lo que estas películas me enseñan a mirar: una puerta entreabierta, una habitación de la que alguien no ha vuelto, un hijo que me llama por la noche. Lo que se queda, cuando la película se apaga, no es el monstruo. Es la casa.

Así que la próxima vez que alguien te pregunte por una película de terror, no le des un título. Dile que mire la habitación en la que va a dormir esta noche, con la luz apagada, y que aguante ahí treinta segundos. No sabemos cuidar lo que queremos, pero se nos da de miedo imaginarlo maldito y seguir viviendo dentro. A la mañana siguiente, con el sol, ya seremos valientes otra vez. Otra vez mentira.

No Comments

Leave a Reply

 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Featured